DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
EL CORAZÓN DE LA PRINCESA
{ 16:44, 23/03/2007 }
{ 0 comentarios }
{ Link }
Los días continuaron pasando mientras Griselda y León proseguían su viaje. Dejaron atrás pueblos y aldeas y, por fin, en una de ellas, accedieron a comprarle el equipamiento de batalla que tanto le estaba costando vender. León había decidido vender aquella armadura, la espada y el escudo de una vez por todas, sin más regateos. Aceptaría lo que le dieran sin pensárselo. Con aquella disposición había entrado en la herrería y salió de ella con la mitad de lo que le costó. -Si hubieras achuchado un poco, podrías haberle sacado veinte piezas más. -Ya está bien así. Nos hemos quitado un buen lastre de encima. Griselda se encogió de hombros: -No he visto peor comerciante que tú. -Seguro que tú lo habrías hecho mejor- masculló irónicamente León. -Te he oído.- Contestó agria.- ¿Es que piensas que por ser hombre sabes hacerlo todo mejor que yo? -No, no es porque sea hombre. Es que soy más inteligente que tú. Griselda miró la cara divertida de León: -¿Por qué siempre intentas enfadarme? -Porque me hacen gracia tus rabietas. -No te hacían tanta gracia cuando te robé y te encontraste desnudo tras los setos, teniendo para vestirte sólo ropas de mujer. -Eso ha sido un golpe bajo. Griselda se encogió de hombros. Entraron a comer en una taberna. El tiempo se estaba volviendo frío con la llegada del otoño y, dentro de la posada, se estaba calentito y al resguardo del furioso viento que se había levantado. No habían hecho más que sentarse a la mesa para cenar, cuando la puerta de la taberna se abrió violentamente dejando entrar una fuerte corriente de aire que hizo bailar, de forma enloquecida, las llamas de la chimenea de piedra. Las hojas secas se arremolinaron en torno a las sucias botas del hombre que había entrado tan inesperadamente. Todos se habían vuelto para ver al recién llegado y unos cuantos reaccionaron justo a tiempo para recogerlo en los brazos antes de que cayera, medio inconsciente, al suelo. El posadero acudió enseguida con un vaso de hidromiel que vertió poco a poco entre los labios del desvanecido. -Está herido.- Señaló Griselda. León miró hacia el punto que señalaba la joven y vio una gran mancha roja en el jubón del recién llegado. La hidromiel hizo pronto su efecto y pareció reconfortar al herido, que abrió los ojos y consiguió balbucear: -Han vuelto... los Tigres de Lincourt... El murmullo corrió por toda la estancia como si se tratara de un fuego que se propagara rápidamente: -Los Tigres de Lincourt... Han vuelto los Tigres. -Bueno,- habló en voz alta el tabernero,- ¿Por qué os asombráis? Ya es bien sabido que por esta época vuelven a hacer su aparición todos los años. -Sí,- concedió uno de ellos,- pero yo había oído que esta vez era la definitiva... -¿La definitiva? La definitiva, ¿qué? Llevad a este pobre hombre a la habitación del fondo y corred a avisar a un médico, si no ésta sí que será su noche definitiva. Los clientes no se hicieron repetir la orden y, en volandas, lo más rápido y cómodamente posible, trasladaron al herido. Los demás volvieron a sus comidas o a sus juegos entre murmullos. Cuando León comprobó que ya todo el mundo parecía haber olvidado el tema, se levantó de la mesa. -¿Dónde vas? Ni siquiera has terminado tu comida. -Tú quédate ahí. Come lo que quieras, yo no tengo apetito. Griselda asintió mientras sorbía con ganas el caldo de puerros. León se acercó al posadero: -¿Querríais algo más, señor? -Sí. Me gustaría saber qué son esos Tigres de Lincourt. No sabía que hubiera bichos de esos por aquí. -¡Por Dios!- El hombre se acercó a él.- Hablad más bajo. Nombrarlos trae mala suerte.- Hubo un corto silencio durante el cual el mesonero puso ante León una jarra de cerveza.- Invita la casa, no os preocupéis. Ahora, ya que tanto interés tenéis en el asunto, oídme: Hace tiempo, en los tiempos de mi tatarabuelo, existió una aldea justo donde ahora ha vuelto a crecer el bosque. Esta aldea cuyo nombre era Lincourt, fue arrasada por la que ahora os encontráis. Rencillas entre vecinos de las que no se saben las causas por las que empezaron, pero que nadie consiguió apaciguar. Se dice que uno de los vecinos de Lincourt mató a otro de esta aldea y que los ciudadanos de ésta marcharon sobre aquélla, provocando una masacre y arrasando de tal forma Lincourt que no hubo supervivientes, a excepción de un niño que, nadie sabe dónde ni cómo se crió. Se dice que el mismísimo demonio lo amamantó y lo enseñó a luchar. El caso es que ese niño es el vivo retrato de su padre, Jacques “El Arrastrao”, bien conocido porque nadie como él fabricaba las botas. Su calzado se conocía hasta más allá de las fronteras. Bien, el hecho es que su hijo, que lleva el mismo nombre que su padre, fue el único sobreviviente y que apareció aquí en invierno, refugiándose en el bosque como los proscritos y, a partir de ese momento cualquier viajero que quiera pasar por el bosque, sea ciudadano o no de este pueblo, es atacado por Jacques y su banda de forajidos. -¿Tiene una banda? -Así es. Muchos creen que son los mismísimos demonios que vienen a sembrar el terror bajo su mando. El caso es que, cuando llega el buen tiempo, Jacques desaparece para volver a hacer acto de presencia con los primeros fríos. El año pasado, cansados ya de sus fechorías, nos armamos bien con objetos benditos e hicimos una batida. Tropezamos con ellos en pleno bosque, en las ya casi inexistentes ruinas de lo que fuera Lincourt y, justo cuando comenzamos a hacer los rituales religiosos, huyeron. Muchos de nosotros lanzamos piedras y lanzas y algunos fueron heridos por ellas, se hicieron vulnerables, pero ninguno cayó, ninguno quedó atrás. León bebió su cerveza de un trago: -Pero si lo que cuenta es cierto, ese Jacques debe tener, al menos, más de cien años, si no más. El posadero asintió: -Tendría la edad de mi bisabuelo, si éste aún viviera. -Eso es imposible. El hombre se encogió de hombros: -Es lo que se cuenta y son los hechos, yo los he presenciado. La única explicación coherente es la del pacto con el diablo. -Mal asunto entonces. El tabernero asintió y dio media vuelta para atender al doctor que acababa de llegar, dando por concluida la charla. León volvió junto a Griselda: -¿De qué habéis estado hablando tanto tiempo? León no contestó enseguida: -Escucha, voy a dejarte dinero para que pagues la comida y una habitación. Si mañana por la mañana no he vuelto, vuelve a tu casa. Intenta rehacer tu vida y no trates de buscarme porque habré muerto. -¿Dónde demonios vas? -Tú misma lo has dicho: tengo una cita con el mismísimo diablo. -Pues yo voy contigo. -¡No!- La orden de León fue tajante.- Tú te quedas aquí. Yo tengo que librar el bosque de esa plaga. -Pero, ¿quién te crees que eres? Lo que no ha conseguido nadie en años, ¿lo vas a conseguir tú solo? No eres el salvador del mundo. Es un suicidio. He escuchado la conversación de esos dos hombres de aquella mesa y no han dicho cosas que se deban pasar por alto. -Mi padre me dará fuerzas para afrontar esta tarea y, si es la Voluntad de Dios, pereceré luchando por una causa justa. -¿Luchar? Apostaría lo que fuera a que nunca antes te has batido en duelo, ni has asistido como participante en una justa. -Mi profesor me enseñó a luchar.- Se picó León.- Entrenábamos todos los días tres horas. Griselda suspiró: -León, esto no es un simulacro de lucha como hasta ahora has venido haciendo. Esto es una batalla real y ni siquiera es con un enemigo corriente. ¡Es con el mismísimo diablo con el que te las vas a tener que ver! León se aproximó a ella: -No levantes la voz, ¿vale? Mira, no puedo pasar de largo como si no ocurriera nada. Juré luchar por la justicia. -Sí, pero cuando tengas una posibilidad al menos de vencer. Lo contrario es una locura. -Pues no puede ser de otra forma. Mi conciencia no me permitiría volver a conciliar el sueño si actuara de otra manera. -Entonces déjame que vaya contigo. -No. -¿Es tu última palabra? -Sí, rotundamente. Extracto de El Corazón de la Princesa Copyright © 2006 [Issis-Gabriel]. Reservados todos los derechos. { Publica un comentario Comment } { Pagina anterior } { Pagina 1003 de 1059 } { Pagina siguiente } |
Sobre miMi perfil Archivos Amigos Album de fotos
LinksForo transexualPágina transexualismo Pregunta lo que quieras: transexualidad Foro EM CategoriasBienvenidoCine Cumples De soledades El último bohemio Harry Potter Ítaca Las musas Lecturas recomendadas Mi libro de visitas MIS MANUALIDADES Mis obras en prosa Mitología Oraciones Páginas hermosas Para momentos de angustia Poemario a Lancelot Poemas de Amor, Seguridad y Equilibrio Poetas consagrados Primer encuentro PRISON BREAK Quatro de Abril Tablón anuncios Tus poemas VELAS Viajes y ciudades Entradas recientesAmigosRakelbeatrizlarom gusi1976 amittye Arruillo Jesther luferhiva Luceromiguel Kara dalipas Calion hastalacoronilla Janinat feelings Jesthers ladymoon83 arquion Burrito Kadesh |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||