DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
DIARIO DE GINEBRA II
{ 13:44, 24/03/2007 }
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14 Enero 510 Paso las tardes enteras en el inmenso jardín. El frío hiela mis manos y por él mis mejillas tienen el color del rubí. ¿Qué tiene el frío que prefiero mil veces su abrazo cortante que el abrazo de otro, por más lleno que esté de promesas y besos amantes? No quiero probar más encantos que los tuyos, y si no puedo tenerlos prefiero que sea el viento el único que me abrace. Hoy me ha acometido la locura: he montado en mi caballo y he galopado más lejos de lo que jamás antes había osado. Iba a buscarte allá donde estuvieras, pensaba en seguirte al fin del mundo, cruzando todas y cada una de sus fronteras. Y cuando de aquel enajenamiento volví en mí, caí en la cuenta de mis deberes, del respeto que te debo a ti, y sentí que el corazón se me abría en mil llagas sangrantes y no pude hacer otra cosa que aferrarme con mis manos al tronco de un árbol y llorar contra su corteza, hiriéndome con sus asperezas. Sé que me volveré loca en mis noches de ansiedad, cuando muerdo hasta las sábanas y maldigo todo cuanto de mí, tan lejos, te hace estar. Entonces me asusto a mí misma: me doy cuenta que, en lugar de mujer, parezco diablo endemoniado. valga la horrible redundez. Dime qué hago con mis noches cuando, asomada a la ventana ojival y granate de mi alcoba me digo cuán dulce sería inclinar mi cuerpo, soltar mis manos y ser engullida por las sombras. Dime, amor mío, si tal pasara... ¿seguirías en tu lejanía o vendrías al tañido fúnebre de las campanas? 15 Octubre 2006 (01:19)
Esta noche volé hacia ti en sueños: me metí entre las sábanas de tu lecho para mirarte toda la noche en tu somnolencia; benditas imágenes bajo tus párpados... ¿quién fuera ensoñación para estar tras tus ojos cerrados? Me desperté en la madrugada y, aún soñolienta, volví hacia un lado la cara y, al comprobar tu ausencia, mi amor, mi todo, mis ojos tristes se han llenado de lágrimas. Lo que de oscura noche quedaba me ha sorprendido deambulando descalza entre las sombras negras y aterciopeladas, como si de un alma en pena me tratara. Mis manos de palomas blancas, delicadas, han volado hasta mi vientre, donde llevo tatuada la negra marca de tu carta... Vientre vacío, de mujer infecundada, vientre muerto de hijos y esperanzas... Dime, amor mío, ya que ni ese consuelo puede esperar esta mujer abandonada, dime, mi deseo, mi lujuria, mi rey verdadero: ¿cuándo vendrás a mis brazos y dejarás las veredas, los caminos y los senderos? Déjate de moralidades, olvida amistad, lealtad, fidelidad y juramentos. ¿Acaso no vale mi amor la condena de mil infiernos? ¿Acaso no arrastro yo por vos la ignominia, el pecado y el riesgo? ¿Acaso no abandono sueños de riquezas, comodidades y amparos para enfrentarme a un abismo sin final, sin certidumbre e ignorado? ¿Acaso estoy esperando a alguien que piensa que es insuficiente mi mano para saltar al negro y profundo acantilado? Dime, amor mío, mi dios adorado: ¿tan pavorosos encuentras mis besos, mis días, mis noches y abrazos?
Mi amado Lancelot, hoy escribo estas líneas mientras de mis labores descanso. He cortado mis cabellos y voy tejiendo con ellos una capa negra con los paisajes de Camelot. Mientras los hilos por mis dedos deslizándose deprisa, volando, más que corriendo, alocados por llegar al final del trabajo, yo sólo imagino el glorioso día en que, cabalgando en medio de los soldados, te destaques de entre todos con esta capa del color de las olivas. Que nadie pueda descubrir jamás qué hilos la tejieron y que, al preguntarte las damas les confieses que son hebras de un alma enamorada. Tejo esto para ti, para que cuando vuelvas a irte no sientas a tu mujer y a tu patria tan distantes, tan lejanas... ¿Cuándo volverás , mi amor? Ya está la primavera en las puertas y ventanas y yo llevo todo el invierno acompañando a la lluvia con mis lágrimas. ¿Cuándo vendrás, amor, a mis brazos y a mi cama, a apagar con tu fuego este corazón en llamas? 17 Octubre (11:52)
Hoy cierro este diario hasta que vuelvas a partir. Hoy regresas a mis brazos, hoy se acabó mi sufrir. Hoy puedo ver el florecer de las rosas y el frescor de los árboles en el frondoso jardín. Hoy aprecio por primera vez en semanas, en meses, el azul del cielo, el brillo del sol, de las mariposas el vuelo... la sonrisa de Dios. Hoy mi amado Lancelot, vuelve a mi corazón. Issis-Gabriel 17 Octubre 2006 (11:56) Copyright © 2007 [Issis-Gabriel]. Reservados todos los derechos. { Publica un comentario Comment } { Pagina anterior } { Pagina 984 de 1059 } { Pagina siguiente } |
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