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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE

DIARIO DE GINEBRA I

{ 13:45, 24/03/2007 } { Link }

  DIARIO DE GINEBRA

                                A P.C.

11 Octubre 509

Vuelven a caer las hojas del otoño,

el suelo se cubre de oro

y los árboles se quedan desnudos.

El agua del lago comienza a helarse,

a cubrirse de hielo frío y opaco,

y mi corazón parece

que, al igual que el agua,

también se ha cristalizado.

Te vas y mi corazón se parte:

es como frágil cisne

en el frío mordiente del invierno.

Te vas y me dejas vacía

de tus locuras maravillosas,

de tus risas de ensueño.

Dime a qué lugares vas

llenos de exóticos acentos,

dime en qué lechos

hallará reposo tu cabeza

y se llenarán tus ojos de sueños.

Dime cómo puedo sobrevivir

ante la ausencia fría de tu cuerpo.

Dime, amor mío, cómo puedo

sobrevivir a esto que siento

si no tengo de tus brazos el abrigo

y no tengo de tus labios el aliento.

Si ansío por las noches

los latidos de tu corazón

bajo las palmas de mis manos

y bajo las yemas de mis dedos.

Dime cómo sobrevivir a esta ausencia,

a estas tardes hambrientas de tu presencia

y a mis noches frías sin el recuerdo de tu risa.

Vuelve pronto, mi amor,

vuelve pronto a mis brazos amantes,

vuelve pronto con tus iras ardientes,

vuelve pronto, mi caballero andante.

Tu Ginebra te está esperando

con espera febril, palabras encendidas

y el corazón desbocado ansioso por amarte.

 11 Octubre 2006 (23:22)

 12 Noviembre 509

Hoy no deja de nevar

Todo el jardín y todo el bosque,

hasta donde la vista alcanza,

están cubiertos de capas de nieve blanca.

Hoy, mi alma melancólica

por tu ausencia tan prolongada,

tiene un leve consuelo

de súbita paz tranquilizadora:

hoy se presentó un ángel rubio

en mis sueños de lágrimas y sombras,

y trajo en sus alas de alondra

la imagen de tu rostro y el aliento de tu boca,

permitiendo que se fundieran en mi pecho

como se funde el hielo al calor de las llamas.

Resbalaron por mi piel

impregnándome entera de tu aroma

y de tus recuerdos de miel.

Amor mío, que estás tan lejos,

luchando quizás con algún infiel.

o durmiendo en brazos de alguna damisela

y matándome de angustias y celos

y dejándome sola en mis noches

de tormentos sin cuartel:

me pregunto si sabrás de mis sufrimientos,

del esfuerzo sobrehumano por esconder

este amor puro que por tu persona siento...

Amor de calor de verano:

¿cuándo volverás con tus rayos

para volver a calentar mi corazón helado?

Para que la nieve ya no sea más un tormento,

para que pueda admirarla contigo a mi lado,

y en el calor de nuestros abrazos

podamos en el refulgir de su bruñido espejo

ambos, en un beso apasionado, admirarnos.

¿Cuándo, mi amor, cuándo volverás a mi lado?

Las semanas se hacen meses

y los meses se hacen años.

¿Cuándo volverás a mi lado?

Te llevo tan dentro de mí

que el que nadie se de cuenta, es milagro

porque tu nombre me sale

por los ojos, los poros y los labios.

¿Te acuerdas de mí, amor?

¿Me llevas tan hondo en tu pecho

como yo te llevo incrustado en mi piel?

¿Recuerdas el aroma de mi cuerpo

como yo tengo el tuyo desde aquella primera vez?

¡Qué veneno no me diste en aquel abrazo

cuando te sentaste a mi lado!

¡Qué veneno no me diste

que desde entonces vivo sin vida,

muero sin muerte

y no encuentro el calor que me dio tu cuerpo

ni siquiera envuelta en pieles!

Por tu persona ando en vigilia gimiente

y mis sueños sólo son los lagos profundos

de la mirada negra de tus ojos

a cuyo fulgor y profundidad

sin voluntad y sin fuerzas me abandono.

Qué veneno no me diste

que, desde que lo probé,

me sigue quemando el corazón y el alma.

Qué veneno no me diste

que, desde que lo probé,

ya no sueño con cielo ni infierno,

sino tan sólo con las puertas abiertas

de tu amor y los placeres de tu cuerpo.

Qué veneno no me diste,

que desde entonces ya sólo espero

el encontrarme de nuevo entre tus brazos

y ocultar en tu cuello mi rostro

y desear que el fin del mundo

me encuentre perdida en tus recodos.

Qué veneno no me diste,

que abandonaría por seguirte

mi comodidad, mis principios,

mi reputación y mi orgullo

y arrostraría por estar contigo

mil peligros y mil enojos.

Vuelve pronto, sir Lancelot,

vuelve pronto, amor mío...

vuelve pronto porque sin tu calor

siento que muero en este frío.

12 Octubre 2006 (12:58)

13 Diciembre 509

Mi amado Lancelot,

aquí estoy escribiéndote

jirones de tinta negra

en pergaminos arrugados.

La velocidad con la que escribo

la van marcando mis latidos ahogados

tan lentos que parece que van a detenerse

de pena por tu viaje tan prolongado.

Centro mis vista en los documentos amarillentos:

vistas que tengo que firmar,

procesamientos injustos y pasados...

Y no consigo centrar mi atención:

en cada línea aparece tu rostro amado.

Hoy me llegó carta

por un mensajero lento y pesado.

Me juró que le había dado alas el viento,

yo le respondí que debería habérselas pedido [prestadas

al veloz y raudo Eros.

La apreté contra mi pecho y corrí a ocultarme

en el rincón más oscuro del jardín,

allá donde crece el blanco almendro

que fue testigo del primer beso

en aquella tarde de Mayo

mientras las sombras caían

y tañían las campanas del campanario.

En semejante hora, abrí la carta.

Mis ojos besaban cada oscura palabra:

les hice el amor con mis ojos

como si ellos fueran mis labios

y ellas tu cuerpo poderoso.

No sé cuántas veces la leí

ora sonriendo, ora derramando lágrimas sin fin,

hasta que la oscuridad se hizo tan densa

que las frases ya no podía distinguir.

Doblé aquel trozo de papel

donde iba encerrada tu alma,

la guardé en mi pecho ardiente,

y entonces sucedió algo

que jamás podrá irse de mi mente.

Como si al doblarlo hubiera escurrido

un paño empapado en agua hirviente,

resbalaron mis lágrimas,

las que habían caído en la carta,

como un río por mi pecho y por mi vientre.

Y al cerrar los ojos en éxtasis y apretar mis manos

sobre la seda oscura de mi talle ardiente,

se escurrieron mis lágrimas por mis ingles y mi sexo

y se detuvieron allí, con un latido sordo e intenso.

Y en la soledad de mi cuarto,

al sacar la carta de mi seno,

vi que las letras ya no estaban:

el papel estaba blanco y nuevo.

Me habías enviado en esa tinta

tu alma y tu cuerpo

y habíamos hecho el amor

con lágrimas y palabras de deseo.

La marca del pecado bajaba

por mi pecho hasta mi sexo,

pintando en mi piel blanca

un largo y oscuro reguero.

Esta tarde hicimos el amor

a pesar de estar tan lejos...

 13 Octubre 2006 (19:06)






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