Estás en el humo que desprende mi incienso y su aroma me trae el aroma de tu cuerpo.
Y la rosa que compro cada domingo en el pueblo lleva entre los pétalos tu adorado recuerdo.
Y oigo en la lluvia que cae, sobre el gris pavimento y golpea mis cristales, el eco de tu acento.
Y se me asemeja la fuerza del mar la fiera fuerza de tu férrea voluntad.
En el sol y las estrellas, en esas noches plateadas, en esas noches azules de luceros blancos y cometas errantes, busco el signo de tu zodiaco.
En la brisa que acaricia mis cabellos y los naranjos, quiero sentir las caricias de tus adoradas manos.
Cuando bebo del agua fresca de mi vaso me parece que bebo la vida de tus labios.
¿Y sabes qué me pasa cuando me baño en el océano? Que pienso que en tu océano tu te estarás bañando y que un roce mínimo de la espuma contra tu cuerpo las olas arrastrarán hacia mi y así formarás parte de mi pequeño universo.
Y quiero sentir en la primera gota de lluvia que cae en mi frente o labios, que en ella lleva un beso de tu boca robado.
Y me asomo al espejo y cierro mis ojos, para hacerme la ilusión que estás a mi lado.
Y miro de nuevo al cielo y veo el camino de Santiago y me imagino que los dos juntos por él caminamos descalzos, llenando nuestros pies de reflejos plateados, capaces de perseguir sueños que la vida nos ha arrebatado y que con ellos fabricamos collares sin miedo al lejano futuro, mirando al horizonte juntos, siempre, siempre juntos.