Te sentaste al borde de la cama con los pies en el suelo apoyados, mi espalda apoyada en tu pecho, mis rodillas flexionadas y los pies apoyados en mi lecho. Yo soy la que con un vaivén llevo el lujurioso movimiento. Impaciente por tu placer, loco por llegar al final del deseo, levantas con tus manos mi redondo trasero. Y ansioso por poseer por entero mi cuerpo me acaricias también clítoris y pecho.
LOS PIES EN LA TIERRA Los dos de pie, yo dándote la espalda. Las manos de los amantes como flores y hojas enlazadas. Me aprietas contra tu sexo y por fin me siento penetrada.
EL CANDELABRO Me tumbé sobre mi espalda y sobre un almohadón, al borde de la cama, mi pelvis estaba esperándote levantada. Tú te colocaste de rodillas con esa sonrisa pícara en tus labios y en tu mirada. Elevo mis piernas y te ofrezco mis nalgas para que me penetres como quieras y me hagas sentir la mujer más deseada.
APERITIVO SABROSÓN Te sentaste, inocente, sobre mi lecho de sábanas blancas y de olor a romero. Estiraste una pierna y la otra la mantuviste doblada. Yo te monté apoyándome en ti, como una amazona, a horcajadas. Tú me sujetaste fuerte por la espalda para asegurarte esa penetración profunda por ambos tan deseada. Y mientras yo te abrazaba con toda mi pasión y con toda mi ansia, tu boca cubría de besos y cálida saliva mis duros pezones de puntas de lanzas.
LA TORTILLA FRANCESA De nuevo sentado, en tu mano derecha cómodamente apoyado y las piernas estiradas para permitir que me coloque de espaldas y a horcajadas. Me apoyé en mis manos, lascivamente arrodillada y llevé el movimiento de lujuria y lascivia alocada
EL CLIP Te tumbaste de espaldas con las piernas muy unidas, monté sobre ti como si fueras un semental salvaje, rodeando con mis piernas tus caderas de tesoros más valiosos que el mismísimo oro. Apoyándome sobre los brazos, con mi pecho hacia atrás soy la que llevo el movimiento de lujuria y ansiedad, mientras tú acaricias mi sexo con plena libertad.
CONFIDENCIAS Te colocaste entre mis piernas y me tumbé de costado para abrazar tu cintura con ellas. Mientras tú me embestías con tu cuerpo fuerte y amado, yo acariciaba tu nuca y tu sexo tocaba con mi otra mano. Y esta vez nuestras voces, diciéndose cosas de amantes enamorados, fueron las que los gemidos de siempre con palabras secretas acallaron.
EL DESAFÍO Puse mis pies sobre el asiento con el torso doblado y los codos en mis rodillas. Tú me sujetaste con fuerza de titán como si estuviera sentada y me penetraste con esa pasión y te moviste como te dio la gana, hasta llegar al mayor grado de excitación jamás alcanzada.
EL DOMINIO Nos pusimos de rodillas uno frente al otro. Para hacerme tuya colocaste entre mis piernas tus pantorrillas. El movimiento lo llevamos ambos y el placer sacudió nuestros cuerpos y nos dejó temblorosos y agotados.
LA CARRETILLA Me apoyé sobre mis antebrazos y sobre mis rodillas. Tú te arrodillaste y me sujetaste por la pelvis y elevaste mi pierna hasta tu cintura. Me penetraste a horcajadas y llevaste tu el movimiento hasta dejarme satisfecha y agotada.
LA TARÁNTULA Te apoyaste sobre tus manos con las piernas estiradas. Yo, apoyándome en mis pies y en mis manos, monté sobre ti a horcajadas. Soy yo la que llevo el movimiento suavemente con mi pelvis en pequeños círculos animados por el estremecimiento de tu cuerpo.
EL ABANDONO Me tumbé en el suelo con las rodillas dobladas. Te introdujiste entre mis muslos y me levantaste la pelvis para poder ser penetrada. Mientras te vuelcas hacia delante con tu boca de lascivia ahogada, yo me abandono a tus vaivenes y a tus palabras lujuriosas entrecortadas.
SUMISIÓN Me apoyé sobre mis brazos y también sobre mi vientre, con una pierna plegada. Tú te colocaste sobre mi, con los brazos en tensión sin dejarte caer. Me penetraste efectuando el vaivén que nos elevó al cielo en las alas del placer.
LA TUMBONA Te echaste hacia atrás en tus manos apoyado y yo sobre ti, con mis piernas en tus hombros. Tú te moviste en mí, con movimientos fieros, la penetración fue profunda y el placer intenso.
LA SIRENA VOLADORA Te sentaste en la silla y yo monté a horcajadas echando mi cuerpo hacia atrás hasta quedar con mi busto colgando y mi cabeza en un almohadón apoyada. Tus movimientos me dejan una vez más, loca de lujuria ansiada, mientras las orquídeas de mis pechos por tus ásperas manos son mil veces acariciadas
LA CASCADA Te tumbaste sobre tu espalda y yo sobre ti, también de espaldas y con las piernas dobladas y mis pies sobre tus rodillas amadas. Unes tu sexo a mi sexo de forma serena y cálida y comenzamos con el movimiento que libera nuestras almas.
EL DELFÍN Yo me tumbé en la cama, sobre cabeza y hombros apoyada. De rodillas, tú, te colocaste a horcajadas manteniendo mi pelvis a la altura de tu sexo para poder ser penetrada. Esta posición conduce
a una excitación rápida.
CABALGANDO HACIA ATRÁS Tú tumbado sobre tu espalda, yo sentada sobre tu sexo a horcajadas, con las rodillas apoyadas en el suelo y dándote la espalda. Soy yo la que llevo el movimiento. Mientras, puedo acariciar mi clítoris o tu sexo al mismo tiempo con mis dedos mojados en saliva o en la secreción de nuestros cuerpos.
FLOR DE LOTO Sentado con tus piernas cruzadas me acoges sobre tu cuerpo al montarte a horcajadas. Tú con tus manos me enseñas el movimiento mientras con tu lengua me vuelves loca al lamer mis senos.
EL CARTERO Yo tumbada de espaldas, mis nalgas al borde de la cama, tú te encuentras arrodillado en el suelo sobre una almohada. Me penetras mientras me acaricias clítoris y pecho y muslos y nalgas. Puedo sentir las pulsaciones de tu pelvis y tú las contracciones de mi húmeda vagina de caricias olvidadas.
LA AMAZONA Te sentaste en aquella silla, yo sobre ti montada. Mientras yo llevo el movimiento, tú lames mi pecho y acaricias mi espalda.
EN CAJA Tumbada de lado te doy la espalda. Encajo mi pelvis en tu pelvis deseada. Aprisionas mis piernas con tus piernas musculadas. Tus manos acarician mi sexo y yo quedo a tu dominio entregada
LA ESTRELLA Yo me encuentro tumbada en la cama sobre mi espalda, con una pierna doblada y la otra estirada. Y pasas una pierna bajo la mía flexionada, nuestros cuerpos hechos un nudo y nuestras almas enamoradas.
EL PINO INDIO Con mis brazos extendidos, apoyada sobre mis manos, en nuestra cama, paso mis piernas por debajo de tus brazos y tu me sujetas para darnos el placer que nos pide el cuerpo y caer en brazos del otro sudorosos y agotados de cansancio muertos, con nuestros labios sedientos de inacabables besos.
¿Qué no haría yo contigo? ¿De cuántas formas no te amaría yo? Se estremecerían las fuentes y lo ríos, temblaría la tierra y se conmovería el cielo, el fuego nacería de nuestros danzantes cuerpos y el aire se llenaría de suspiros y amor y deseo. Y sólo seríamos uno hasta el final de los tiempos.