¿Quieres saber qué significas en mi vida? Eres el jardinero fiel que cuando en el sueño yo moría, me hizo florecer. Mira bien y lee, porque estaba dormida e hiciste abrirse flores en mi cuerpo marchito de mujer, y ahora tengo pétalos abiertos y en mis desiertos un vergel.
Son mis cabellos manojos de glicinias, formas violetas de sogas desesperadas que, con tallos de acero y fuego, se aferran a tu ser de esencias deseadas.
Y es mi frente, blanca de nieve, una alfombra alba de nomeolvides, para que nada tu recuerdo lo borre y ni siquiera la eternidad se lo lleve.
Y son mis ojos amapolas blancas, preñadas de sueños dorados: sueños de mil vidas contigo y noches de besos apasionados.
Y un acónito es mi nariz que me dice que vendrá la muerte: una muerte de placer, de carne, amor y simiente, cuando te tenga desnudo ante mí y en tu aroma pueda perderme.
Y dos margaritas, una en cada mejilla, han nacido, tímidas, para preguntarte casi sin atreverse: "¿Me amas?" y volver rápidamente a esconderse.
Mi lengua has convertido en un crisantemo blanco para que ni una mentira acuda a mis labios.
Mis dientes ya no son perlas, que son tréboles de cuatro hojas, para que al morderte suavemente en plena pasión desenfrenada, y susurrarte al oído con voz entrecortada: "Sé mío", tu respuesta sea: "Sí, lo soy.
Como tú eres mía, amada".
"Alivia mi ansiedad de sequía de besos: une tu boca a la mía y cúbrela de deseo" Eso dice la rosa de navidad que ahora son mis labios, que desean unirse a los tuyos y ya nunca más separarlos.
Y mi cuello es la verbena que se desmaya de encanto cuando posas tus labios en ella y tu aliento queda marcado.
En mi pecho, bajo tus manos de caricias de hombre apasionado, se abren del antorium los pétalos, deseando acoger en ellos tu boca de lengua salvaje y tus manos.
Y es en mi vientre entonces cuando se abren mis pétalos de claveles asilvestrados, para gritarte en un suspiro: "Quiero ser uno contigo, mi tesoro, mi bien amado".
De mis tobillos a mis caderas, convertidas en enredaderas, suben lenguas de fuego para ceñir tu cintura, para que sientas fundirse entre ese calor de infierno, sobre mi cuerpo trémulo tu cuerpo moreno.
Y sí, no se me olvida mi sexo, pues él también floreció de enebros y orquídeas para acogerte cálidamente en mi interior.
Verás mis pies trocarse en hermosos pensamientos que habrán de recordarte que caminan junto a los tuyos, que nuestros senderos van unidos y pase lo que pase, siempre juntos.
Verás mis brazos y hombros de verde sabina para que te aferres a ellos cuando necesites apoyo y compañía.
Y en los malos momentos en mis manos reposa tu cuerpo porque se han convertido para ti en pequeños alhelíes amarillentos.
Y si buscas paz y esperanza, échate sobre mi espalda que está verde de olivos y de flores iris blancas.
Y este es mi jardín, el que ha florecido con tus palabras. Sólo se me olvida una cosa: es mi corazón un nido de rosas: blancas, rojas, sin espinas, solas. Y en todo mi cuerpo mezclado, ramos y ramos de suaves mirtos, que no sólo es deseo y pasión lo que me hace tener ansias de ti, sino algo más profundo y sagrado que sólo dos palabras son: Verdadero amor.
¿Y sabes, amor mío, dónde puedes encontrarme? Sólo mira a tus pies porque soy un completo girasol en plena adoración. Sí, has acertado, porque a la sombra de tu cuerpo es donde florezco yo.