DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
CAPÍTULO IV
{ 17:13, 29/03/2007 }
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CAPÍTULO IV Dos besos fríos de su hermana fue lo único que recibió Carmelo, ambos cortantes como filos de navajas. Y el apretón de manos de su cuñado fue como un bofetón en la cara, imprimiendo en su fuerza palabras de fastidio y rabia. En respuesta a aquella boca apretada y a aquella mirada de desagrado, sonrió abiertamente Carmelo y preguntó: "¿Cómo va esa úlcera de estómago?" José le soltó enseguida la mano y Teresa, por suavizar el ambiente algo, le digo que cogiera las maletas y que la siguiera a su cuarto. Clara quiso ir con ellos pero viendo de su padre el manifiesto enfado, se quedó allí desayunando. El pan con mantequilla se le hacía bola en le garganta y el café le abrasó la lengua cuando lo tragó con ansia. Cuando varios minutos más tarde fue a ver cómo lo llevaba, lo encontró sentado en una silla, rasgueando las cuerdas de una guitarra. "¿Estás componiendo?" Carmelo negó sin molestarse en mirarla: "No compongo, sólo jugaba" "¿Por qué se ha apagado tu voz, por qué ya no cantas?" "¿Qué edad tienes, chiquilla?" "Diecisiete cumplí la semana pasada" "Cuando cumplas los cuarenta entenderás qué me pasa". El enfado se apoderó de la persona de Clara: "Pensé que tú eras diferente, pero igual que todos me tratas. Crees que soy sólo una niña que no tiene voto ni habla." Y salió dando un portazo, las lágrimas a sus ojos asomadas. Carmelo respiró hondo y dejó a un lado la guitarra. Metió su mano en la gabardina y tomó dos pastillas que bebió con agua. Luego salió de la habitación y llamó al cuarto de Clara. A la tercera llamada sin contestación, entró para ver qué pasaba. No había nadie allí, no había rastro de la muchacha y a pesar que buscó en baño, comedor y sala, no fue capaz de encontrarla. Fue a la cocina donde su madre y cuñado desayunaban y en voz baja hablaban y conspiraban. "¿Habéis visto a Clara?" José lo miró y volvió a bajar la mirada: "Acaba de salir, ¿para qué la buscabas?" "Bueno, sólo quería hablar con ella. Es mi sobrina y me gustaría conocerla." José terminó por dar un golpe en la mesa: "Tú no tienes que conocer nada". "Tranquilízate, cuñado, que ya sé que mi visita no te agrada. Y tampoco es gusto mío quedarme donde no se me traga." "A mi hija no te acerques, no la toques, no la mires, no le hables. Demasiado malo es ya que esté a todas horas escuchándote". "Sólo son letras de canciones." "¡Una vida de desorden!" "¿Se puede saber, José, qué es lo que tanto te hace cabrearte?" "¿Te parece poco el dinero que nos robaste? ¿Qué es lo que me molesta? Tu vida de pordiosero loco, tus aires de grandeza creyéndote tenor importante. Me molesta tu desfachatez, tu pobreza, tu insolencia, tu cara de siempre de aquí no pasa nada. ¿Sabes qué me molesta? Tu liberalidad que en libertinaje raya. Me molestan tus incoherencias de no hay Dios que valga, tu gusto por las juergas, el juego y las putas baratas. ¿Quieres más razones para no querer que te acerques a Clara?" La mandíbula de Carmelo tensa como cuerda de arco estaba: "¿Qué sabes tú de mis batallas? Sólo me ves como a un vago redomado, un bueno para nada". "¡Cállate y trabaja!" "Te consiento todo menos que me llames ladrón. Toma mi tarjeta y cóbrate tu medio millón." Y se la tiró a la cara: "No me esperéis levantados, que no vendré hasta mañana y será para recoger mis cosas y dejaros libre la cama." "Huye, que eso se te da muy bien. Huiste cuando la familia quedó totalmente arruinada. Huiste cuando mamá enfermó de cáncer de mama. Cuando tienes problemas es cuando te acuerdas de tu familia negada" "¿Cómo me acusas así, hermana, cuando tú mejor que nadie conoces mis circunstancias?" "Yo de tu vida no conozco nada. Siempre has vivido en tu mundo perfecto de aguardiente, ron y madrugadas, y poco te han interesado nuestros problemas o lo que a tu alrededor pasaba. Si quieres irte, vete, que tienes franca la entrada. A mí ya no me importa lo que pueda pasarte: si te roban o te matan. Lo único que te pido es que dejes en paz a Clara. Tú eres su ídolo, tu palabra es ley sagrada. Puedes conducirla por donde quieras y ella te seguirá cegada. Pero para evitar eso, ya estamos aquí nosotros, para protegerla y guiarla." Carmelo, sin creer lo que oía, los miraba: "¿A qué viene todo esto, pensáis que he venido a robarla?" "No te hagas el tonto que estamos al corriente de aquel lío de Granada." "Teresa, ¿tú creíste aquella mentira, creiste aquella farsa?" "¿Acaso no te condenó el juez por aquella falta?" "Pensé que no estabas enterada, ni una mala llamada para ver qué pasaba. Ni siquiera me concedes el don de la duda, soy culpable porque una loca así lo proclama. Ni siquiera te quedas tranquila aunque el juez sobreseyera mi causa. Porque, entérate, no había pruebas, hermana. No os preocupéis, que no me acercaré a Clara, pero estáis muy equivocados si pensáis que no tiene las ideas despejadas. Me pasaré mañana a por las maletas, no toquéis mi guitarra. Que paséis buena noche y que consigáis dormir con calma." Y cogiendo la puerta, el corazón henchido de indignación y rabia, puso Carmelo, cansado de la vida, los pies fuera de aquella casa. Issis-Gabriel 17 Marzo 2007 (01:30) { Publica un comentario Comment } { Pagina anterior } { Pagina 847 de 1059 } { Pagina siguiente } |
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