El pasado sábado 3 de febrero hicimos nuestra última timba de poker. Seis amigos, rodeando una mesa, desde las 12 a las 5 de la madrugada y con las cartas como único juez. De todos los presentes había uno que jamás había jugado al poker, los demás nos reíamos en su jeta por lo poco que iba a durar en la mesa y hacíamos apuestas sobre quién le sacaría más pasta. A la media hora el chico ya había perdido la mitad de sus fichas, algo normal si vas al 90% de las manos, o si por ejemplo te faltan dos cartas para escalera y buscas milagros en el Turn y el River.
¡Pues el milagro sucedió!
Cuando acabó la noche, el individuo, tocado por una gracia divina, había doblado su dinero después de cuatro colores, tres full, innumerables escaleras y varias dobles parejas. La guinda del pastel la puso al final de la noche cuando buscaba un color en el River. Había tres tréboles en la mesa, él solo tenía uno y, por supuesto, en la quinta carta salió el trébol que necesitaba. Pero lo mejor de todo es que su carta era un TRES DE TRÉBOL!!!! De los otros ¡¡¡tres!!! jugadores que aguantaron hasta el River ninguno tenía color.
La conclusión de aquella noche la tenemos todos muy clarita: además de aprendernos la "Teoría del Poker", saber de memoria las probabilidades estadísticas y memorizar las tablas preflop, ahora también rezaremos tres padres nuestros antes de enfrentarnos con algún jugador que tenga un áurea azul sobre su cabeza.
Marc
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