Buenas noticias
Leo estos días El mundo es plano, un nuevo éxito de ventas para el periodista premiado en múltiples ocasiones con el Pulitzer, Thomas Friedman. Ideológicamente no estamos muy cercanos Friedman y un servidor, seámonos sinceros Thomas, pero es necesario leer lo que otra gente tiene que decir con respecto a lo que sucede en este planeta cada vez más pequeño (para quienes son cada vez más grandes) y plano, según Friedman. No he acabado de leer el libro, así que no entraré en más detalles sobre él, sino más bien en el optimismo irrefrenable que desprende.
En parte el optimismo está justificado, vivimos en medio de una revolución tecnológica que está modificando nuestra forma de vida hasta límites insospechados, más parecidos a los relatos de ciencia ficción que a nuestras propias expectativas. Hace apenas veinte años no todos los hogares contaban con línea telefónica fija en los países considerados desarrollados, hoy existen más líneas móviles que habitantes en estos mismos países y a través de ellas enviamos todo tipo de información. Con la extensión de las conexiones inalámbricas de internet, el concepto “llamada internacional” está llamado a desaparecer.
Con las nuevas tecnologías como base, (que por ejemplo permiten a una persona cualquiera escribir en un ordenador portátil sentado en un sofá azul y que el resultado viaje a cualquier rincón del planeta sin separar los muslos del sofá azul) Friedman, y no sólo él, defiende que este planeta plano permite a cualquier persona con acceso a un dispositivo electrónico y una conexión a internet competir y ofrecer sus servicios a todo el planeta. Es esta tecnología la que ha permitido que la India comience a reclamar un papel relevante en la economía mundial y que a muchos de sus ciudadanos les vaya mejor que nunca, si bien esto es, evidentemente, discutible. Esta misma conjunción de elementos tecnológicos posibilitó que China se convirtiera en la mayor cadena de montaje del planeta.
Estos grandes fenómenos económicos han provocado todo un cambio en Asia. Según el último informe semestral sobre Asia Oriental publicado por el Banco Mundial, el número de personas que sobrevive en la región con menos de dos dólares al día ha caído por primera vez por debajo de los 500 millones. Se trata, sin duda alguna, de todo un logro, habida cuenta que en 1990 la cifra se situaba en 1.000 millones. En términos porcentuales las cifras también hablan por sí mismas. Mientras que en 1990 el porcentaje de población que vivía en Asia Oriental con menos de dos dólares diarios alcanzaba un aberrante 69%, en 2006 la situación había virado para situarse en el 29,5%, en un sólo año la reducción continuó para cerrar 2007 con un 27%.
Qué duda cabe que estos millones de personas que han logrado abandonar la pobreza absoluta continúan con dificultades para la subsistencia, pero el avance en términos generales parece imparable. En un plazo de quince años China espera contar con 500 millones de personas encuadradas en el concepto clase media, el número total de ciudadanos estadounidenses.
A estos hechos se contrapone la situación en las economías occidentales, donde la distribución de la riqueza sufre un proceso de polarización y donde, debido a la pérdida de puestos de trabajo ligada a la deslocalización, las clases medias parecen en retroceso. Esta fragilidad, percibida por los trabajadores occidentales, genera que quienes siempre defendieron una política liberal de apertura de fronteras, ahora piensen en adoptar un proteccionismo que evite la pérdida de empleos.
Sin embargo, por importante que pueda ser la pérdida de empleos en Occidente, si Asia sigue por esta senda, en términos generales la humanidad habrá salido ganando. (Mención aparte merece la distribución de la riqueza y quiénes son realmente los grandes beneficiados.)
Podríamos desplazar el debate de las cuestiones materiales, para centrarlo en aspectos más metafísicos o a la simple cuestión de si el dinero da la felicidad. Pero me temo que dos tercios de los habitantes de este planeta preferirían resolver en primer lugar la cuestión económica para luego entrar a analizar las bondades de la pobreza y la locura que genera la persecución sin escrúpulos del capital.
Y si el sistema está funcionando en términos generales para reducir la pobreza, esto son buenas noticias que plantean serias dudas ideológicas que al menos yo necesito aclarar.