París, mon amour
Publicado el 21/07/2008 a las 12:22 en Viajes
Previo: Este diario es el resultado de un intercambio de viviendas en periodo vacacional entre una casa en Fuenteheridos –Huelva, propiedad de mis buenos amigos Eduardo y Loly y dos apartamentos en París, gracias a los recursos que tenemos hoy día vía interné.
PARIS
Lunes, 6 de Agosto de 2007
Viaje a París de la Francia en compañía de Eduardo Corona, padre e hijo, María Dolores González y Victoria Sesé. Iniciativa surgida por un intercambio de casas entre Fuenteheridos (Casa de Eduardo y Loly) y el mismísimo París ( Casas de Natalie y Daniel).- Salimos de Sevilla a las 15’50h. del aeropuerto de San Pablo, luego de un servicio taxístico de Rocío. Allí consumimos las primeras horas del viaje en un ambiente que ya nos sonaba a familiar tanto a Victoria como a mí, pero que nunca habíamos hecho en la compañía Clikclair ni en compañía de nadie.- Con experiencia pero con el pellizco en el estómago hicimos un viaje de dos horas hasta el aeropuerto de Orly en París donde cogimos un par de taxis que nos llevaron por la Port D’Italie hasta la 31 rue Vandrezanne donde habíamos quedado con nuestra anfitriona, que no era otra que Natalie, una persona joven que ya tenía las maletas preparadas para en pocos día desplazarse hasta Fuenteheridos donde le esperaban sus amigos. Nos enseñó su departamento entendiéndose en inglés con Eduardo, que puso en práctica sus muchos años de academia, mientras su hijo permanecía atento para corregir posibles errores.- Este primer departamento que visitamos nos dejó un poco a todos que no sabíamos como reaccionar porque era más que raro. Nos hizo subir a la planta siguiente, puerta 25, y aquello ya era otra cosa: cantidad de detalles lo hacían mucho más acogedor: aquella puerta-pizarra que daba acceso a la cocina y donde nos habían dejado escrito un mensaje de bienvenida, además de sus teléfonos de contacto; un enorme salón funcional con posibilidades de interné y teléfono y una terraza larguísima que mostraba unas vistas de la ciudad que nos acogía.- Allí se instaló la familia Corona, mientras que nosotros decidimos utilizar el departamento de Natalie para dormir y ducharnos. El dormitorio tiene el suelo tapizado con una especie de colcha de cáñamo, enea al modo de los capachos que se utilizaban en las almazaras; un amplio ventanal sin protección alguna contra la luz que daba a una pequeña terraza y que a la mañana siguiente nos hizo despertarnos como las gallinas, a pesar del cansancio que teníamos encima.- Se puede salvar de la casa el salón que es muy amplio, cómodo y por supuesto con exceso de luz exterior – se ve que por aquí escasea el sol -, sino es inexplicable no tener ni unos simples visillos. Al edificio, que no es demasiado grande, se accede mediante portero codificado y al ascensor y a la escalera y además con códigos distintos, aunque el mantenimiento deja bastante que desear en líneas generales.- En nuestro primer acercamiento el idioma nos las tuvimos que ver con el taxista, pero salimos vivos del evento y conseguimos que nos dejara a dos pasos de nuestro destino y sin dar demasiadas vueltas.- Nuestra primera visita fue para la Place D’Ìtalie que tenemos a dos pasos y en la que destaca un centro comercial con una entrada acristalada y una torre lateral supermoderna que se puede distinguir desde bastante distancia.- Un pequeño paseo para tomar tierra y hacernos a la idea de que estábamos en París – o al menos en Francia – donde la multiculturalidad se nota desde el primer momento. Una boca de metro, a lo que aún no nos hemos hecho en Sevilla, limpieza, muchísimas bicis de alquiler, pero pocas bicicletas; muchas motos con enormes cadenas y poco más para ser nuestra primera tarde en París.
Martes, 7 de Agosto de 2007
La noche del lunes recibimos una llamada de teléfono de los dueños del piso, que habían llegado a Fuenteheridos y que estaban encantados con el sitio, la casa y el plato de fiambres que le había preparado Edu. Nosotros degustábamos sus quesos y una botella de cava que nos encontramos en el frigorífico. El martes se presenta luminoso, con buena temperatura y con ganas por nuestra parte de comenzar a conocer la ciudad. Nos compramos en la estación de Metro de la Place D’Italie un bono para el transporte público y nos encajamos en la Isla de la Ciudad como el que no quiere la cosa. Teníamos según nuestro libro de ruta que recorrernos siete puntos importantes, pero como desconocíamos la situación de las calles y edificios emblemáticos, no quisimos darle importancia al orden, por lo que nos encajamos en el Arco del Triunfo del Carrusel, para empezar a tener funciones de turistas al uso; previo habíamos atravesado por primera vez el Sena y comprobado la muchedumbre que había por todas partes incluidos los barcos para navegar turísticamente: algunos de ellos parecían auténticos transatlánticos.
El Arco destaca por esos dorados de su parte superior donde una cuadriga ya nos da idea de la grandeza de Napoleón. Avistamos las Tullerías, pero no era nuestro itinerario volvemos hacia la pirámide acristalada que nos señala la entrada del Louvre. Colas serpenteantes nos dan idea de lo que puede albergar el histórico Museo; unas cuantas fotos y seguimos nuestro camino para encontrarnos otra vez con el Sena, sus puestecillos perfectamente resguardados de la intemperie, donde abundan las ofertas de libros por encima de otra cosa, y gente, mucha gente de un lado para otro haciendo lo mismo que nosotros. Nos detenemos en algunos puestos de flores hasta dar con Saint Chapelle y la Consergerie, donde nos vuelven a sorprender los dorados de las rejas en sus terminaciones. Nos enteramos de precios y horarios, pero no entramos. Visitamos una primera iglesia que en su fachada exterior presenta los mismos elementos (quimeras) que la catedral de Notre Dame; tiene unas excelentes vidrieras y sillas en lugar da bancos, como nota destacada: su nombre Saint Germain l’Auxerroit.
Descubrimos el puente Nuevo y acto seguido la peculiar fachada de Notre Dame con una cola impresionante para ser visitada. La rodeamos para apreciar su encanto y terminamos en un jardín posterior donde degustamos unos bocatas excelentes, acompañados de un grupo de yazz que amenizó toda la comida. También nos acompañaron los gorriones, las palomas y un montón de gente que ocupaban todos los bancos libres, haciendo lo mismo que nosotros. La temperatura seguía siendo magnífica, aunque ya había más nubes que cuando comenzamos la jornada. Próximo a nosotros teníamos la pasarela que nos llevaba a la isla de Saint Louis, por lo que no lo dudamos y nos fuimos a conocer su iglesia, que era uno de los siete hitos que teníamos en el programa. Tomamos café a precio de turistas (4’5€) y retornamos a la Catedral para ponernos en cola y con suerte poder entrar en un templo lleno hasta la bandera, pero impresionante por dentro. Sus cristaleras, sus columnas y la imagen central destacan por encima de todo: también tiene sillas de enea para las misas. Desistimos de subir a sus torres por el precio y la cola de espera; también fracasamos con la Saint Chapelle y la Consergerie por la hora, así que en vista de la situación nos vamos a la parada del 47 para enseñar nuestros bonos y retornar a la Place D’Italie a través de la Rue Gravilons, que ya nos empieza a sonar. También el super Champion, situado en la galería comercial se nos va haciendo familiar.
Una agradable velada con interné y subidón por felicitaciones inesperadas del blog completan el día, que nos mete en la cama al filo de las doce y con un cansancio de aupa.
JOSÉ RODRÍGUEZ INFANTE
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