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Alatriste (Agustín Díaz- Yanes, 2006)No queda sino batirnos Esta es una de las frases más repetidas en los libros del Capitán Alatriste por el personaje de Quevedo, pero inexplicablemente, no se dice en la película ni una vez. Y es que, aunque Agustín Díaz-Yanes haya compuesto una muy digna sinfonía de los libros de Reverte, lo cierto es que hay algunos momentos en los que la película podrá dar más de sí. Adaptar cinco libros (ahora seis) a una película de una duración de dos horas no es un asunto baladí. En ese sentido, se puede afirmar que la película hace aguas en más de un sentido, ya que hay ciertas partes que quedan deshiladas entre sí o que resultan incomprensibles (como cuando Iñigo es condenado a galeras, que no sabemos por qué). Sin embargo, no todo es malo en esta adaptación, que cuenta con el privilegio de haber sido concebida como una gran superproducción. Y eso se nota en materia de ambientación, ya que la película es capaz de transportar al espectador a la España del siglo XVIII, una España en pleno esplendor, pero que comenzaba a probar ya los frutos amargos de la decadencia, la cual vino de la mano de las derrotas en las batallas que se libraron contra las potencias extranjeras. Es la España de los hidalgos y los pícaros, y del Siglo de Oro, de las peleas entre Góngora y Quevedo, de las intrigas en las Cortes, del poderío de la Iglesia Católica y del Honor Calderoniano. En esta España, en una calle del centro de Madrid, cercana a la Plaza Mayor, vive el Capitán Alatriste, soldado de los Tercios de Flandes que sobrevive en épocas de paz alquilando su espada para trabajos de poca monta. Es un individuo callado y práctico, un hombre valiente, según nos muestran las palabras de Iñigo, su ayudante y pupilo. En este sentido, resulta acertada la elección de Viggo Mortensen para encarnar al capitán. Y no sólo por el dominio de la espada y el caballo que mostró en la trilogía de El Señor de los Anillos, sino porque su aspecto silencioso y solitario parece el más adecuado para ponerse en el pellejo de un héroe que tiene algo de perdedor. Pero continuando con el argumento, un día Alatriste recibe un encargo algo comprometido que le involucra en los planes de asesinato de unos extranjeros junto a su máximo rival, Gualterio Malatesta (Enrico Lo Verso), espadachín a sueldo como él. Oliéndose algo raro, y dado que el encargo viene de parte de la misma Iglesia, representada en la figura de Emilio Bocanegra (Blanca Portillo), Alatriste decide no matar a los extranjeros en el último momento, creando una situación complicada para la nobleza del país y los detractores del actual monarca. Sin embargo, Alatriste tiene amigos importantes en la Corte, como es el Conde de Guadalmedina (Eduardo Noriega), e incluso el propio Conde Duque de Olivares (Javier Cámara), que, aunque velando siempre por sus propios intereses, cuidan del capitán para que no muera a manos de sus enemigos. Junto a esta trama principal, se desarrollan otras paralelas, como es la del aprendizaje de Iñigo Balboa (Unax Ugalde) junto al Capitán. Hijo de un antiguo compañero de los Tercios de Flandes, su madre lo envía a la capital a la muerte de su padre, a fin de que Alatriste lo eduque y le quite de la cabeza la idea de ser soldado que tiene. De esta manera, Iñigo entra al servicio del capitán como una especie de paje o siervo, aunque también tiene mucho de confidente y de amigo. Sin saberlo, llegará incluso a poner en peligro al propio capitán a causa de su amor desmedido por Ángela de Alquézar (Elena Anaya), sobrina del uno de los personajes más importantes de la Corte, Luis de Alquézar, y peón de la Iglesia. En este punto, la película difiere de los libros en este personaje, ya que Ángela es un personaje que encarna la pura maldad. En sus motivaciones no median razones políticas ni religiosas, aunque sea un instrumento de su tío para destruir a Alatriste. En la película, sin embargo, se menciona un matrimonio con el Duque de Guadalmedina, que la convertiría en Grande de España. Y se utiliza esta excusa para el abandono de Iñigo. En el libro dicho matrimonio no se menciona, y se hace especial hincapié en la idea de que Ángela hace el mal porque sí, sin tener ninguna razón para ello, salvo seducir a Iñigo y tenerle como un pelele a sus pies. Otras partes de la película se desarrollan fuera de Madrid, en la ciudad de Sevilla, concretamente las que han sido obtenidas del libro El Oro del Rey. Otras partes hacen referencia a las luchas que entablan los Tercios de Flandes fuera de las fronteras españolas, como las que abren y cierran la película respectivamente. Las condiciones de vida de los soldados, olvidados por las administraciones, a pesar de ser los pilares sobre los que se apoya el poderío español en el exterior, es uno de los puntos de crítica de los libros, y por ende, de la película. La última escena, donde sólo un grupo de soldados españoles intenta resistir a un gran ejército holandés, es muestra de lo que seguramente debía ser moneda corriente en aquellos días: grupos de hombres enfrentándose a ejércitos más grandes sin otro arma que su valor. Uno de los puntos más interesantes de la película es la aparición de personajes conocidos, como es el caso de Quevedo (Juan Echanove) y del Conde Duque de Olivares. Quevedo aparece en los libros como alter ego inseparable del Capitán, haciendo siempre sombrías reflexiones sobre la situación de España en aquellos días. Las luchas entre el poeta y su Némesis, Góngora, están reflejados en el libro con una mayor profundidad, lo cual es lógico por razones de espacio. No obstante, sí que se echan en falta algunas peculiaridades de Quevedo que quedan fuera de la película (como su frase de cabecera, no queda sino batirnos), sin que haya una razón clara para ello. Otros personajes como el Conde Duque están reflejados de una manera similar a como el autor los pinta en los libros. El Monarca Felipe IV también resulta bastante creíble, gracias sobre todo a la caracterización que lo hace parecer al personaje de los cuadros. La vida española de aquella época giraba en torno al teatro y esto también aparece reflejado con gran fidelidad en la película. Y ya no sólo porque los teatros que vemos debieron de ser de una manera muy aproximada en la realidad, sino porque los actores eran verdaderos ídolos dignos de adoración por parte del pueblo. Es el caso de María de Castro (Ariadna Gil), capaz no sólo de seducir al público, sino también al propio Capitán e incluso al rey. El otro amor del capitán, Caridad la Lebrijana, no se menta en absoluto en la película. En definitiva, que es una película que no escatima ningún esfuerzo en cuanto a ambientación o escenas de batalla, siendo, según parece, la película de más presupuesto del cine español. Pero lo malo es que parte de este presupuesto se ha destinado a contratar a actores famosos para papeles de un par de minutos (como Pilar López de Ayala o Pilar Bardem). No por ello deja de ser una buena película, pero no deja de darnos la sensación de que podría ser todavía mejor. 23:26 - 5/10/2008 - comentarios {0} - Publica un comentarioBarton Fink (Joel & Ethan Coen, 1991)Puede que no haya lugares tan anodinos como los hoteles, sitios a los que acuden las personas a dejar parte de sus vidas, edificios que no pertenecen a nadie, cuyos inquilinos son olvidados pronto y reemplazados por otros. Pero también puede que no haya lugares tan inquietantes como los hoteles, lugares fronterizos entre la realidad y la locura, entre la normalidad y el misterio. Lugares donde habitan asesinos en serie u ocasionales, desesperados y solitarios. Esta es la propuesta de la que parte Barton Fink, dirigida por Joel Coen en 1991 y en la que el hotel aparece como un ente alienante y vampirizador, capaz de succionar las vidas y las mentes de quienes viven en sus habitaciones. Desde el primer momento, el hotel es percibido bajo una pátina de amenaza difusa, con sus altos techos, sus ventanales por los que entra la luz tamizada, su aspecto vetusto y polvoriento. De este modo, entramos en el hotel Earle, que, según reza su lema, es “para un día o para toda una vida”, bajo el punto subjetivo de su protagonista. Porque si a nosotros, meros espectadores de la historia, nos produce esa sensación, ¿qué pensará el protagonista, un joven escritor de guiones cinematográficos que atiende al nombre de Barton Fink (John Turturro)? El escritor en cuestión es un autor teatral que abandona su Nueva York natal y sus pretensiones de realizar un teatro destinado a la clase media americana para escribir en Hollywood, ciudad que es presentada desde el principio como un lugar demente, lleno de productores desquiciados que pretenden encumbrar a personajes anodinos. Un sitio en que todo pasa y nada permanece, en el que las estrellas del ayer son las cenizas del mañana. De este modo, Barton debe buscar alojamiento en esta ciudad, yendo a parar con sus escasas pertenencias y su inseparable máquina de escribir a un sitio inenarrable y surrealista, con personajes que parecen sacados de pesadillas y que deambulan por las estancias del hotel sin ninguna misión fija, como espectros irreales. No sabemos con qué personal cuenta el hotel, porque sólo aparece un servicial botones, a quien da vida Steve Buscemi y que se encarga de expeler una abrumadora cantidad de datos referentes al hotel ante la mirada atónita de Barton. También es notable la figura del ascensorista (Harry Bugin), que parece flotar en la película, con toda una vida a sus espaldas, pero encerrado en un habitáculo de dimensiones reducidas, cual ataúd en el que desarrolla su no existencia, pues parece pertenecer a otro mundo, y cuando Barton le pregunta si ha leído la Biblia, sólo se limita a contestar que ha oído hablar de ella. El hotel además es sobrio hasta la náusea, con interminables pasillos en los que los zapatos de los huéspedes de los virtuales inquilinos aparecen diabólicamente ordenados por obra de invisibles manos sobre la polvorienta moqueta, dibujando un cuadro de patética desolación. Sin embargo, pronto Barton comprobará que no está solo, ya que una serie de ruidos inquietantes escuchados a través de las pareces le revelarán que hay otras atmósferas contiguas, en las que se desarrollan existencias tan míseras como la suya. Y es de esta manera como entrará en contacto con su vecino Charlie Meadows (John Goodman), el típico hombre de clase media americana que encarnará todos los valores que el escritor intenta trasladar a su utópico teatro. Aunque los primeros encuentros con el vecino son tensos, pronto irá tomando confianza con él, sobre todo cuando los estudios para los que trabaja le encargan la elaboración de un guión sobre la lucha libre, tema que le repugna, pero que está obligado a aceptar por el contrato establecido. Esta circunstancia le llevará a conocer de manera accidental a uno de sus escritores favoritos, William P. Mayhew (John Mahoney), encarnación del Faulkner tardío, alcohólico y endiosado, que mantiene una relación de amor y posesión con su secretaria Audrey (Judy Davis), único personaje femenino de la película y única persona capaz de poner orden en el caos de Fink. Porque paralelamente al crecimiento de la amistad con su vecino, Barton atravesará un proceso interno de bloqueo creativo que se traducirá en la paulatina decadencia del hotel, que representa el infierno privado de cada uno de los personajes. Charlie se quejará de la infección de oídos, que le lleva a supurar mientras el empapelado del hotel se despega dejando una especie de grumo líquido de composición indefinida, similar a las heridas del inquilino. El proceso vivido es comparable al que protagoniza Jack Nicholson en El Resplandor (The Shining, 1979), film de Stanley Kubrick en el que se muestra cómo un solitario hotel, unido a las trabas creativas del protagonista, da lugar a un proceso de desintegración mental que desemboca en la locura. De esto modo, Barton ha de enfrentarse también a la misma situación: encerrado en su habitación, sin vistas al exterior, y con la única obsesión de un folio en blanco, acabará por desarrollar una percepción adulterada de la realidad. Su única vía de escape será un extraño cuadro en la pared en que se ve a una muchacha en la playa mirando el mar. Barton será capaz de contemplarlo durante horas, aunque siempre será interrumpido por golpes en la puerta o por el sonido del teléfono. Hora tras hora, día tras día, transcurrirá la tediosa existencia del escritor, entre estériles promesas a su editor e intentos por conquistar a Audrey. A partir de este punto, dos hechos sacudirán la vida del protagonista. El primero de ellos es que la mujer cederá ante los ruegos de Barton para que le ayude a escribir su guión sobre lucha libre. El encuentro entre ambos resulta revelador para el escritor y acabará acostándose con la mujer de su ídolo. Pero a la mañana siguiente puede constatar que algo no va bien, y es que la mujer ha muerto asesinada. En plena crisis de histeria, aparece Charlie, quien promete ocuparse de todo, mientras conduce a su amigo hasta el baño. A nivel formal, la escena está representada por primeros planos del lavabo, lo que viene a ser una práctica habitual en los hermanos Coen, ya que esta forma de filmar también fue utilizada en su primer filme, Sángre Fácil (Blood Simple, 1984). Estéticamente, las escenas que rodean al trágico hallazgo son impecables, de una frialdad estremecedora, sin violentos cambios de plano, sobrias. Todo un triunfo de la narración fílmica. El segundo y no menos estremecedor de los hechos es que, tras una absurda entrevista con dos policías antisemitas, Barton descubre que el inofensivo Charlie es en realidad un asesino en serie llamado Mundt el Loco, a quien le gusta coleccionar las cabezas de sus víctimas. De hecho, el escritor comienza a sospechar del contenido de un paquete que el homicida le ha pedido que guardara antes de ausentarse durante unos días, aparte de darse cuenta de quién ha matado a Audrey. Paradójicamente, este descubrimiento será lo que acabe con su bloqueo creativo y será capaz de escribir finalmente un guión de un hombre que lucha contra su propia alma. No obstante, la idea no gusta en los estudios, y el escritor se verá sometido a toda clase de humillaciones por parte del directivo, a quien le acusará de haber perdido “el toque Barton Fink”. Pero antes de la entrevista, todos los personajes han perdido el control, sobre todo Charlie, quien revela su auténtica personalidad de asesino ante un impasible Barton. Sudoroso, le confiesa al escritor que mata por hacer un favor a las demás personas, ya que es lo que le gustaría que le hicieran a él. Pero al preguntarle por qué ha asesinado a Audrey, le espeta a Barton “porque tú nunca escuchas”. Es entonces cuando el escritor comprende que su vecino ha guardado en su interior todo este tiempo gran cantidad de historias que podían haberle ayudado a elaborar su guión. La vida, los acontecimientos que podían haberle salvado, se han desarrollado en el exterior de una habitación a la que ha estado encadenado, autista, sin ni siquiera atender al teléfono, encerrado en su propia obsesión. El tiempo que ha perdido mirando el cuadro era su oportunidad de haber creado una gran historia, si es que hubiera escuchado. Pero ya es demasiado tarde, y coincidiendo con el gran sofoco de Charlie/Mundt, el hotel se consume en las llamas que parecen haber creado la cabeza del homicida, quien sólo comenta “Dios, hace tanto calor que me gustaría salir de mi piel”. Ese es el final de Charlie y ese es el final del Earle, porque si la cabeza de Barton era su habitación, la de su vecino es el hotel entero. Es el edificio que ha respirado con él, que se ha infectado con él, y que en el punto de la disolución final, es el hotel el que se desintegra con él. Barton abandonará finalmente a su vecino-hotel caminando con el guión que disgustará a los estudios y llevando como única pertenencia la caja que su vecino le confió antes de su partida. De este modo, lacónico e imperturbable, paseará por una playa, donde se encontrará con la musa de su desesperación: la misteriosa mujer del cuadro. Así, Barton será incorporado de una manera definitiva a las entrañas del hotel Earle, porque si pudiéramos ocupar la misma habitación que el escritor, veríamos con toda seguridad a dos personas en el cuadro: a la muchacha del traje de baño y al frustrado Barton Fink. 23:23 - 5/10/2008 - comentarios {0} - Publica un comentarioLas Trece Rosas (Emilio Martínez Lázaro, 2006)En un año particularmente controvertido en temas sobre la Guerra Civil (como la polvareda levantada por la Ley de Memoria Histórica), aparece esta película, Las Trece Rosas, dirigida por Emilio Martínez Lázaro. En ella, se narra un suceso histórico que tuvo lugar en 1939, al término de la Guerra Civil española. El bando socialista se encontraba desmembrado, dado que sus dirigentes habían huido de España y habían dejado el control del mismo en gente sencilla, esperando que pasaran desapercibidos. A pesar de todo, no pudieron evitar que algunos archivos cayeran en manos de la policía. Por otro lado, el 29 de julio de ese mismo año, el comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón, su hija de dieciocho años y su chofer fueron asesinados en un incidente poco claro, que acabó con la detención de un gran número de militantes socialistas, entre los cuales se encontraban trece adolescentes, siete de las cuales eran menores de edad (teniendo en cuenta que la mayoría de edad en aquella época se situaba en los 21 años). El grupo de mujeres fue trasladado a la prisión de las Ventas, un edificio con capacidad para cuatrocientas personas, donde se encontraban hacinadas unas cuatro mil. Tras los interrogatorios, las muchachas y sus familias se encuentran tranquilas, porque esperan que a lo sumo las condenen a unos cuantos años de cárcel. Pero no fue así. Las jóvenes fueron acusadas del asesinato del comandante de la Guardia Civil (que no habían cometido), y la madrugada del 5 de Agosto de 1939, fueron fusiladas en la tapia del Cementerio de la Almudena de Madrid, en la calle que hoy día lleva su nombre. Curiosamente, la película no refleja la vida de las trece muchachas, sino solamente de cinco de ellas. El reparto es fundamentalmente joven, destacando entre las actrices Pilar López de Ayala, Verónica Sánchez o Marta Etura. La película se basa además en el libro del mismo título de Carlos Fonseca. La única licencia que se permitió su director fue la de acusar del atentado a un grupo de izquierdas, ya que la autoría del mismo nunca salió a la luz. Por otro lado, las historias vitales de las muchachas también fueron alteradas, ya que se trataba de jóvenes normales, partidarias de la República, que tenía oficios sencillos de la época, como modistas o criadas. La inclusión de sus historias sentimentales es un añadido del director, más porque era lo que correspondía a muchachas de esa edad que porque fuera lo que realmente pasó. Varios grupos reivindicaron la memoria de las Trece Rosas después de su fusilamiento. Con el tiempo, consiguieron que se pusiera una placa en el lugar donde murieron, y hoy en día la calle posterior del Cementerio de la Almudena lleva ese nombre. Ellas desaparecieron demasiado jóvenes, pero su memoria nos da testimonio del absurdo de todas las guerras de este mundo. Trece jóvenes con una vida por delante que cayeron por un malentendido o por el infortunio. Aunque en ocasiones la película pueda caer en el tópico fácil y lacrimógeno, no hay duda de que es un hecho que tuvo lugar en días no tan lejanos a los nuestros y que nuestro deber radica en no permitir que vuelva a ocurrir algo así jamás. 12:54 - 23/08/2008 - comentarios {1} - Publica un comentarioSin City (Robert Rodríguez, 2005)
Los sociólogos de principios de siglo XX comenzaron a mirar con cierto recelo las ciudades, catalogándolas como un compendio de deshumanización y de miseria, una estructura artificial que a todas luces iba contra la naturaleza del hombre. Las jornadas de trabajo agotadoras, el estrés, el tráfico, los edificios colectivos, fueron algunos de los factores que alienaban a todos aquellos que vivían en ellas. La falta de infraestructuras y la segregación dio lugar a los primeros ghettos o barrios marginales, donde la deshumanización se hacía todavía más patente. En ellos latían gérmenes de violencia, de desarraigo, de delincuencia, de pandillas urbanas, en definitiva, de todo aquello que las clases altas querían expulsar de sus calles. El expresionismo alemán quiso dotar de cuerpo esta ideología, presentando en el cine terribles edificios, calles oscuras y pasadizos subterráneos que escondían horrores innombrables. Heredera de una estética oscura y gótica, Sin City (Robert Rodríguez, 2005) ha resultado ser una adaptación digna que ha sido trasladada a la pantalla siguiendo los criterios con los que fue concebida por el dibujante Frank Miller. La película, en la que también intervino Quentin Tarantino, es un mosaico sobre la vida de Bassin City, coloquialmente conocida como Sin City. Para ello, el director se sirve de un elenco de actores que encarnan a personajes siniestros o puros: no existen medias tintas en un conglomerado de barrios separados por sus propios intereses. El poder, que ostentan las clases altas, se encuentra corrompido por vicios que han de ser castigados. Sin embargo, los oprimidos se encuentran desarmados frente a los poderosos, y han de defenderse como pueden. Este es el caso del Barrio Viejo, el barrio de las prostitutas, que tiene sus propias leyes, sus propios premios y sus propios castigos. Han llegado a un acuerdo con la policía. Ésta no interviene en sus asuntos y ellas tratan de que estos no lleguen a oídos de la autoridad. La cinta arranca en una soberbia escena que mezcla el blanco y negro y el color con un resultado que recuerda sobremanera al cómic en el que se basa la película, en la que el rojo, el blanco y el negro destellan como una llamarada. Marv (Mickey Rourke), un gigantón que expresa lo poco que tiene que decir con sus puños, llora la muerte de Goldie (Jaime King), asesinada durante la noche tras haber dado a Marv algo más que cariño. Marv se mueve por calles que conoce bien, por tugurios en los que es bien recibido y en los cuales va recogiendo las piezas para completar un peligroso puzzle. A medida que Marv va atando cabos, una galería de personajes va haciendo aparición conectando de manera experta las distintas vidas de Sin City. En Kadie’s, un bar de striptease regentado por un transexual, aparece una sensual Nancy (Jessica Alba), bailando en el escenario vestida de cowboy mientras, en otra mesa, Dwight (Clive Owen) toma una copa. Estos personajes tendrán peso en otras historias, pero no en esta, porque si por algo se caracteriza la obra de Miller, y la conversión del papel al celuloide de Robert Rodríguez, es por dar al espectador unos destellos, guiños o pistas que le dan a entender no sólo que todos los personajes componen el mismo escenario sino también una misma línea temporal. La historia se complica cuando la hermana gemela de Goldie, Wendy, dispara desde un coche a Marv creyéndole autor de la muerte de su hermana. Aquí es donde hacen aparición por primera vez las prostitutas del Barrio Viejo, eje principal de la última historia. Tras el difícil encuentro, Marv descubrirá el verdadero autor del asesinato: el hijo adoptivo del Cardenal Roark (Rutger Hauer), Kevin (Elijah Wood), el cual rapta a las prostitutas para comérselas y colgar sus cabezas en la pared. Los últimos minutos de esta historia derrochan violencia y sangre, no sólo por la muerte de Kevin, mutilado y devorado por un perro, sino también por el enfrentamiento con el Cardenal Roark y el irremediable final de Marv. La segunda historia, tocada por el talento de Quentin Tarantino, nos presenta a un policía a punto de jubilarse, Hartigan (Bruce Willis), el cual quiere rubricar su despedida del cuerpo atrapando a un violador de niñas que lleva persiguiendo desde hace tiempo. Los problemas de Hartigan son dos: su corazón ya no es el del muchacho que ingresó en el cuerpo de policía de Basin City y, en segundo lugar, ser el único policía honesto de la ciudad. Su particular cruzada le llevará a un viejo almacén donde encuentra a Roark Jr (Nick Stahl), cuando se dispone a torturar y violar a una Nancy que en esos momentos cuenta con 11 años. El final de esta historia, predecible tras el final de la primera, no es sino un corte en la narración con el sello indiscutible del genio que ideó Pulp Fiction. En este segundo capítulo de las vidas de los habitantes de Sin City, la familia Roark vuelve a hacer aparición demostrando que su huella es imborrable en los callejones de Sin City, en sus habitantes y en todo lo que toque la corrompida ciudad. Con el olor de la traición, la pólvora y la sangre la narración pasa a la tercera historia: La Gran Masacre. Esta vez le toca el turno a Dwight, el bebedor solitario que miraba a Marv desde una mesa en Kadie’s. Dwight mantiene una relación con una de las camareras, Shellie (Brittany Murphy), la cual, a su vez, mantiene otra relación con Jackie Boy (Benicio del Toro). La situación de triángulo amoroso estalla cuando Jackie y sus amigos van al apartamento de Shellie e intentan propasarse con ella estando Dwight escondido en el baño tras haber estado compartiendo sábanas con la rubia camarera de Kadie’s. Jackie y su tropa salen del apartamento y se dirigen hacia el Barrio Viejo, seguidos de cerca por Dwight. Cuando llegan al barrio de las prostitutas se encuentran con Becky, una joven meretriz interpretada por Alexis Bledel. El Barrio Viejo es propiedad de las prostitutas, lideradas por Gail (Rosario Dawson), la cual tiene una historia pasada con Dwight. El enfrentamiento entre policías y prostitutas acabará de manera nefasta para Jackie Boy y sus camaradas, rompiéndose el pacto por el cual el Barrio Viejo era propiedad de chicas de Gail si no se mataba ningún policía. Es en este momento cuando la mafia, las prostitutas y la propia policía comienzan una batalla por el control de Barrio Viejo y sus habitantes, las prostitutas, único negocio sobre el que nadie ha puesto las manos. En esta guerra abierta hay una figura que sobresale del resto, y que, si la segunda parte de esta gran película es fiel, aparecerá también en ella, es el personaje de Manute, interpretado por el gran Michael Clarke Duncan, un individuo que hace de la tortura un arte, arrancando más de un grito a Gail. El colofón final a este capítulo hace un guiño a 300, otra de las obras de Miller. La parte final de la película retoma la historia de Hartigan, el único buen policía de Bassin City. Hartigan, ingresado en un hospital, es operado para salvar su vida por orden del Gobernador Roark (Powers Boothe) con el único objetivo de humillarle y vengarse por lo que le hizo a su hijo. La salida del hospital de Hartigan continúa con su encarcelación en una sucesión de imágenes y diálogos que, si bien el resto de la película también lo son, aquí calcan al milímetro las viñetas del cómic. La imagen del policía sentado en su exigua celda es un claro ejemplo de la fidelidad con la que Rodríguez ha rodado la novela gráfica de Miller. Tras pasarse varios años en prisión, tiempo en el cual su mujer le ha abandonado, vuelve a buscar a Nancy para protegerla, según cree él, de las garras de los Roark. Aquí es donde las tres historias se cruzan, en Kadie’s, donde un anciano policía llega en el momento en que una joven hipnotiza a todos con un sensual movimiento de caderas mientras agita un lazo de cowboy, un bebedor anónimo contempla la escena y un gigantón se mueve entre la gente buscando respuestas. Roark Jr., convertido ahora en un engendro amarillo por las múltiples operaciones y experimentos que ha sufrido, por capricho de su padre, para poder conservar su hombría (Hartigan se la arrebató de un disparo), ha encontrado a su presa gracias a su cazador. La cinta, como las anteriores historias, comienza un crescendo de violencia y sangre que termina, como no podía ser de otra manera, en la muerte del héroe. Rodríguez y Miller retratan una ciudad en la que sus habitantes nacen, crecen, lloran y mueren entre los muelles, La Granja, Los Pozos, el Barrio Viejo, piezas todos de un mismo elemento. Estas zonas, estos barrios, son los verdaderos componentes de Bassin City, y de cualquier otra ciudad, porque sin los barrios no habría ciudades, y sin las ciudades no habría historias que contar como las que ocurren en Sin City. 12:51 - 23/08/2008 - comentarios {0} - Publica un comentarioLibro: Creer lo Increible (Rocío Tizón, 2007)Ya sé que no es cine, pero a lo mejor os interesa...
22:36 - 27/12/2007 - comentarios {2} - Publica un comentarioLa Milla Verde (Frank Darabond, 1999)El sistema carcelario a veces se cobra sangre. Lejos de considerar la estancia en la cárcel como una reinserción, la pena de muerte se reserva para aquellos individuos que han dañado el tejido del sistema de una manera tan tajante que no queda esperanza para ellos de rehabilitarse ni para la sociedad de volverles a acoger en su seno. No entraré aquí en un supuesto debate moral sobre la conveniencia o no de la pena de muerte, pero sí que cabe destacar que un porcentaje relativo de los ajusticiados a la pena capital son inocentes. Esta es la historia de un hombre que no cometió un crimen, pero que sin embargo, pagó por ello.La Milla Verde (The Green Mille, Frank Darabond, 1999) alude al color que tiene el pasillo que lleva a los condenados hasta la silla eléctrica. Está basada en una novela homónima de Stephen King y narra la conmoción que se produce en un pequeño pueblo de América cuando un gigante negro es encontrado acunando los cuerpos sin vida de unas niñas pequeñas. Todos los indicios apuntan a que ha sido él quien ha matado a ambas hermanas, por lo que es detenido y trasladado a la cárcel del condado de Cold Mountain, hasta que un juez se haga cargo de su situación. Allí, el jefe de la cárcel, Paul Edgecombs (Tom Hanks), debe vigilar a cuatro condenados a muerte. En este tiempo traba amistad con uno de ellos, el negro que supuestamente ha matado a la niña, que responde al nombre de John Coffey (Michael Clarke Duncan). El carácter tranquilo del condenado, su ingenuidad, y por encima de todo, la capacidad de que tiene el preso para hacer milagros hacen que poco a poco Coffey se pregunte si una persona de este naturaleza es capaz de llevar a cabo un acto tan atroz como por el que se le condena. De hecho, él es el encargado de llevar por el corredor de la muerte a gran cantidad de personas todas las semanas, pero nunca se había cuestionado la verdadera naturaleza de su trabajo hasta conocer al gigante negro. ¿Cómo ha podido una persona esencialmente buena llevar a cabo un acto tan abyecto como un asesinato? Sin embargo, todas las pruebas apuntan a que fue él quien lo cometió, pues lo encontraron abrazado a los cadáveres de las niñas. De hecho, tanto el juez como los ciudadanos de Cold Mountain exigen la cabeza del culpable. Este hecho se ve acrecentado por la presencia en la cárcel de un odioso familiar de un alto cargo, que entra a trabajar en la penitenciaria discutiendo las órdenes de los jefes e intentando hacerlo todo a su manera. Uno de los momentos en que se ve la catadura moral de este personaje es cuando aplasta con el pie a un ratón blanco que los guardianes han adoptado como mascota y a quien cuida especialmente John. Tras la muerte del roedor, seremos testigos de uno de los milagros del preso cuando, mediante un soplo, sea capaz de devolver la vida al animal. De este modo, Paul sigue con su dilema moral: un hombre malvado y sádico (capaz incluso de alterar los más elementales detalles del protocolo de la silla eléctrica sólo para contemplar la agonía de un condenado) es libre y lo que es más, tiene derecho a vivir su vida, mientras que un hombre bueno como Paul, e incluso capaz de obrar milagros como la resurrección, se encuentra en las puertas del corredor de la muerte. A pesar de sus dudas, el proceso contra John avanza y llega el día en que Paul tiene que escoltar a su amigo por el fatídico pasillo. Conscientes de que van a ejecutar a un buen hombre, los guardas de la prisión lloran mientras el condenado se debate en la silla eléctrica. Pero como no podía ser de otra forma, ha muerto inocente, ya que el asesino es otra persona, un tal Wild Bild Wharton, (Sam Rockwell), sádico criminal capaz de asesinar incluso a animales y que se librará de la pena capital. No en vano las iniciales del protagonista son J. C., las mismas que uno de los inocentes más famosos que fueron condenados a muerte en Estados Unidos. Pero John no es el único castigado en la película. El personaje de Paul se ve afectado por la maldición de vivir casi eternamente. Es el precio que ha de pagar por llevar a la silla a un hombre lleno de bondad y tocado por la gracia de Dios. Con el tiempo le confesará esta historia a su amiga Elaine (Eve Brent), a la que además, tiene que sobrevivir, añadiendo mayor dolor al que ya tiene. Como dice el propio Paul: te confieso algo: he hecho cosas en mi vida de las que no me siento orgulloso, pero es la primera vez que me siento como si fuera al infierno, por permitir la muerte de un milagro de Dios. 22:31 - 27/12/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioDe Repente, El Último Verano (Joseph Mankiewicz, 1959)Hay épocas del año proclives a la locura. Parece que la mente humana se resiente ante el calor y el frío excesivos. El cerebro se dilata y la cordura se resquebraja. Esta es la historia de un verano en que no todo salió como estaba previsto.Sebastián era un muchacho adorable. Un poeta que solamente escribía un cuaderno de versos cada verano. Era culto, era agradable, era inteligente. Era el soporte de su madre, la cual estaba orgullosa de su hijo y así lo hacía saber en sociedad. Pero en el último verano, las tornas cambiaron. Sebastián eligió otra compañía para su viaje, justo en el año en que habría de morir. Tennessee Williams fue uno de esos escritores especializados en reflejar la dorada superficie de la clase media americana. También era un experto en levantar la pintura que la cubría hasta mostrar el verdadero interior de las familias aparentemente normales. Un interior que la mayoría de las veces estaba lleno de gusanos y podredumbre. De Repente, el Último Verano (Suddenly, Last Summer, 1959) cumple las pautas del escritor, y logra además un toque adecuado gracias a la mano maestra de su director, Joseph Mankiewicz. El doctor Cukrowicz (Montgomery Clift) tiene ocasión de comprobar cuán cierta es esta premisa tras entablar una relación de amistad con la encantadora Violet Venable (Katharine Hepburn). Él es médico en un modesto sanatorio mental y se encuentra en fase de demostrar si la lobotomía es capaz de ayudar a pacientes mentales con problemas graves. Sin embargo, la falta de fondos y las precarias condiciones de trabajo impiden que su investigación avance. La suerte se pondrá de su lado cuando la viuda Venable le invite a su mansión a fin de proponerle algo. Su sobrina está internada en el sanatorio de Sant Mary, pero las monjas, cansadas de su comportamiento obsceno, se han negado a tenerla bajo su custodia por más tiempo. Dado que ha escuchado hablar de los buenos efectos que las operaciones que practica Cukrowicz tienen en los enfermos, está dispuesta a donar una generosa cantidad a su hospital si accede a intervenir a su sobrina. Durante el paseo, el doctor se dará cuenta de que Venable no para de hablar de su hijo muerto el verano anterior. Comenta que era poeta, que construir aquel jardín fue idea suya, que solían viajar por el mundo solos los dos, etc. La conversación poco a poco comenzará a fluir de una manera más íntima y más terapéutica, y la anciana le confesará al doctor pasajes especialmente oscuros de la vida de su difunto hijo, como las visiones que tenía o la búsqueda desesperada de un dios malévolo y voraz que amenaza con devorar el mundo. Estos diálogos vienen reforzados de manera simbólica por las imágenes utilizadas, como el primer plano de una planta carnívora siendo alimentada por Venable. Tras esta primera toma de contacto con la excéntrica madre y sus desvaríos, Cukrowicz accede a visitar a la sobrina en Sant Mary. Allí se encuentra con una auténtica sorpresa al darse cuenta de que la joven Catherine Holly (Elizabeth Taylor) es una persona encantadora, lejos del prototipo de erotómana compulsiva del que le quiere convencer la familia. El único problema que parece presentar la joven es una especie de bloqueo mental al tratar de recordar los momentos posteriores a la muerte de su primo Sebastián. Al llegar a ese punto, se comporta como una desquiciada, gritando y llorando sin que nadie pueda hacer nada por tranquilizarla. La presencia de Sebastián pende como una espada de Damocles sobre toda la película. Es una de esas presencias que hemos visto en otras muchas historias, tales como Rebecca o Laura en las que la sombra de los muertos eclipsa las luces de los vivos. Violet no solamente adoraba a su hijo, hasta el punto de sentir su pérdida más que la de su marido, sino que es capaz de enfrentarse directamente a su sobrina acusándola de haberle arrebatado el amor de la persona que más quería en el mundo. El último y fatal verano, cuando la relación entre madre e hijo comenzó a enfriarse, éste le pidió a su prima que le acompañara en sus vacaciones. Curiosamente, fue el único verano en que dejó sin concluir su cuadernillo de poesía. Fue también el verano en que murió repentinamente por un ataque al corazón. La madre no deja de atormentarse pensando que es su sobrina la culpable de haber conducido a Sebastián hasta ese punto, y que su locura no es más que el enmascaramiento de una verdad que no está dispuesta a asumir. El otro pilar importante de las turbias relaciones familiares lo constituyen la madre y el hermano de la chica, una pareja egoísta e insoportable cuyos intereses giran alrededor de la herencia que les ha legado Sebastián. Pero para acceder a la ella, deben quitarse de en medio antes a una persona, a Catherine, y para ello nada mejor que colaborar con tía Violet y convencer a su amigo el doctor de la necesidad de una lobotomía para la joven. Afortunadamente, al igual que en otras películas como Luz de Gas o Recuerda, el terapeuta cree la versión de la joven, aunque en esta ocasión sea necesario aplicarle un suero de la verdad a fin de que pueda contar su historia sin cortapisas. Para ello convoca además a la familia. Catherine relata entonces aquel último día de la vida de su primo, en el que la muerte le alcanza de una manera surrealista y absurda, perseguido a manos de unos muchachos isleños a los que llevaba días provocando. La extrañeza que rodea a las circunstancias y la existencia de ciertos elementos sobrenaturales (los muchachos que tocan el mismo sonido con sus tambores mientras dura el asesinato de Sebastián), hacen pensar a la muchacha que se trata de un crimen ritual con el único fin de ofrendar a su primo a una deidad desconocida. Este hecho es suficiente para que pierda su cordura y tenga que ser ingresada en el ya mencionado sanatorio de Sant Mary, donde las monjas no tardarán en escandalizarse ante la libertina conducta de la joven. ¿Qué parte de la historia corresponde a los traumas escondidos en el subconsciente de Catherine y qué parte es una invención de una familia desesperada por conseguir una herencia? Cukrowicz se inclina al final por la versión de la joven, asumiendo el tópico del cine de la época en la que el héroe salva de la injusticia a la pobre muchacha y se la lleva lejos del peligro, permitiendo por tanto que acabe el verano, que Sebastián por fin pueda descansar en paz ahora que se han descubierto los pormenores de su muerte. Por fin el otoño puede poner fin al último verano. 22:29 - 27/12/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioDark City (Alex Proyas, 1998)Los extraterrestres constituyen una brecha por la que se escapa la lógica. H. P. Lovecraft, versado en entidades del espacio exterior, afirmaba que había territorios en los que la razón humana perdía pie. Eterna fuente de polémica y debates encarnizados entre sus defensores y detractores, entre los que defienden las conspiraciones y los que las niegan, lo cierto es que los extraterrestres permanecen en un aparente silencio, solamente roto algunas veces por historias de luces en el cielo, de aviones perseguidos por naves de otros mundos o por autopsias poco claras. De momento esperan.La gran mayoría de las películas han presentado a los extraterrestres desde dos puntos de vista. El primero de ellos es el que considera a las criaturas como enemigos de los humanos, siendo la Tierra un planeta más para conquistar. A esta corriente pertenecen principalmente las películas apocalípticas de los años 50, de la época de Joseph McCarthy y de la caza de brujas, en las que se equiparaba la amenaza de las naves de otros mundos con la de los comunistas en ciernes. Ejemplo de estas películas son Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951), Plan 9 del Espacio Exterior (Plan 9 From the Outer Space, Ed Wood , 1959), Independence Day (Roland Emmerich, 1996) o La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds, Byron Haskin, 1953). La otra gran corriente es la que presenta a los marcianos como amigos de los terrestres o como redentores de los mismos, tal y como se ve en Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), E.T. (E.T. The Extraterrestrial, ídem, 1982), Cocoon (Ron Howard, 1985) o Starman (John Carpenter, 1984). Sin embargo, a pesar de las dos corrientes predominantes, Dark City (Alex Proyas, 1998), consigue abrir un hueco en medio de las mismas, consiguiendo una película con un decidido tono oscuro que la aleja de los habituales productos de extraterrestres. Dark City es una ciudad en la que nunca brilla el sol, aunque sus habitantes acaban por olvidar este hecho. En medio de esta ciudad despierta un hombre (Rufus Sewell) en una bañera de una habitación. A su lado hay una jeringuilla. No sabe cómo ha llegado allí ni quién es, ni qué hace en ese lugar. Sólo sabe que responde al nombre de John Murdoch y que está siendo buscado por el asesinato de varias mujeres a las que no conoce. Durante la búsqueda de su verdadera identidad, será ayudado por el Doctor Daniel Schreber (Kiefer Sutherland), gracias al cual se reencontrará con Emma (Jennifer Connelly), su esposa, a la que llevaba tres meses sin ver ya que se supone que huyó de casa tras la infidelidad cometida por ella. No obstante, las piezas no parecen encajar. En primer lugar, porque John se ve asaltado por recuerdos en los que se ve a sí mismo cuando era un niño corriendo por una playa soleada y abrazándose a una mujer que suponemos que es su madre. Pero a pesar de la vivacidad de estos pensamientos, John no consigue hacerlos encajar en ninguna de sus vivencias personales. El segundo factor que desestabiliza su recién descubierta vida es la persecución que sufre por parte de unos extraños hombres vestidos con abrigo y sombrero negro. En una ocasión en que consigue escapar de sus captores y abatir a uno de ellos, descubrirá estupefacto cómo una especie de gusano abandona el cuerpo para morir unos metros más allá. Dedicado a la búsqueda de la verdad, pero persuadido por su mujer de que lo único que padece es una enfermedad mental, John se empeñará en llegar a Shell Beach, la playa que aparece en sus sueños. Gracias a la ayuda del doctor Daniel, John se entera de que de pequeño vivió en aquel sitio hasta que un incendio mató a sus padres, siendo él el único superviviente. Sin embargo, un tercer peón entrará en juego. El inspector Frank Bumstead (John Hurt), convencido de que John es un peligroso asesino de mujeres, tratará de detenerle. No obstante, se pasará a su bando cuando juntos constaten un escalofriante hecho: nadie recuerda haber hecho nada a la luz del sol, de hecho, la película se desarrolla siempre en la oscuridad. Y luego están esos misteriosos desmayos colectivos que se producen a una hora determinada. Parece ser que John no es quien le han dicho que es y que el problema va más allá de él mismo, implicando a toda una raza de hombres de negro que se empeñan en perseguirlo mientras los edificios de la ciudad cambian y aparecen nuevas casas donde antes había calles y viceversa. El único que parece tener respuestas es su viejo tío, quien vive en un cine abandonado. Allí le mostrará una serie de diapositivas sobre su infancia que John trata de asimilar, hasta darse cuenta de la verdad: le han adjudicado una vida falsa en un lugar falso, y la única forma de obtener respuestas es acudir al lugar donde supuestamente pasó su infancia, Shell Beach. Pero dicha playa no existe más que en sus recuerdos, y cuando por fin llega a ella, ésta resulta ser un decorado pintado sobre un muro. Al derribar el muro, aparece la inmensidad del espacio y la galaxia. Un mundo que no es la Tierra, en un lugar donde nunca brilla el sol porque sencillamente no existe. Y unos hombres de negro que se reúnen bajo tierra y que parecen estar controlando a la raza humana. Estas son las piezas del puzzle que deberá montar John y que le llevarán a comprender la verdad que se esconde tras los misteriosos hombres negros y la relación que tienen éstos con sus falsos recuerdos. Y no solamente él, sino la totalidad de las personas que viven en la nave-ciudad y a los que los hombres de negro intercambian los recuerdos de manera constante para experimentar las reacciones de los humanos. Y de este modo, John no sólo se conocerá a sí mismo, sino que descubrirá que el poder para acabar con la tiranía de los hombres de negro ha residido siempre en él y en su capacidad para alterar la realidad a su gusto (en este sentido, la película adelanta interesantes conceptos que luego encontrarían un desarrollo completo en la trilogía Matrix, tales como la ya citada capacidad para alterar las cosas o el concepto del Elegido, una persona con la suficiente fuerza de voluntad como para ver más allá de los sentidos). Comenzará entonces la lucha de un hombre para recuperar el poder de su libre albedrío en medio de una nave con apariencia de ciudad en la que viajan criaturas desconocidas. El primer paso que dé John será el de recuperar el calor y la luz del sol, imprescindibles para la vida humana, pero secundarios para la extraterrestre. Y la segunda, intentar recuperar a Enma, que ahora es otra persona que no le reconoce. En cierto modo, esta inversión de los papeles puede parecer paradójica, pero tiene mucho sentido. El extraterrestre, el alien, significa ajeno, extranjero. Y no hay mayor extraño a nuestros ojos que nuestra otra mitad. 22:28 - 27/12/2007 - comentarios {0} - Publica un comentario300 (Zack Snyder, 2006)A veces los desafíos más arriesgados son también los más épicos. Son aquellos que se tiñen del color de la desesperación, de las acciones perdidas de antemano. Tienen un regusto suicida que hacen que inmediatamente nos pongamos del lado de aquellos que los protagonizan, aunque sepamos que la cosa no va a terminar bien.300, dirigida por Zack Snyder y basada en el cómic homónimo de Frank Miller, cuenta la historia de la desesperada resistencia de tres centenas de espartanos para preservar su libertad y sus valores ante el avance inexorable del ejército persa. La historia, no exenta de tintes épicos, se basa en un hecho real que tuvo lugar en Sin embargo, los espartanos ya no buscaban la guerra con sus vecinos. Habían peleado en el pasado hasta lograr todo aquello de lo que se jactaban: la paz, la prosperidad y la estabilidad. El rey Leónidas (Gerard Butler) gobierna apaciblemente junto a su esposa la reina Gorgo (Lena Headey), una mujer capaz que tiene potestad incluso de hablar en nombre de su marido. No obstante, hay dos pilares podridos que sirven de sustento al sistema político espartano: por un lado, el consejero real, Theron (Dominic West), infame y corrupto, que buscará su propio beneficio antes que el del reino. Por otro lado, el Consejo, pagado de sí mismo, cuyos individuos prefieren mantener sus privilegios dentro de una paz injusta antes que perderlos embarcándose en una guerra. Pero Leónidas se encuentra en un brete, ya que Jerjex (Roberto Santoro), el rey de los persas, que pasa por ser el soberano más poderoso de la época, ha enviado un emisario para que dejen pasar a su ejército por suelo espartano, en una maniobra disimulada de invasión. Tras matar al emisario, Leónidas se da cuenta de la magnitud del problema, ya que enfrentarse a una guerra con el ejército persa es poco menos que un suicidio. Pero quedarse de brazos cruzados implicaría que la civilización que han creado con tanto esfuerzo desaparecería, y los hijos de ésta, pasarían a ser esclavos de los persas. Para complicar todavía más las cosas, hay un tercer problema, y es que ni el Consejo ni el oráculo han autorizado la guerra, por lo que Leónidas se encuentra atrapado por sus propias leyes, lo que le acarrea un grave problema de conciencia: por un lado ve la necesidad de actuar, pero por otro está atado de pies y manos. Gracias a su ingenio y al de sus generales Stelios (Michael Fassbender) y Dilios (David Wenham) recurrirá a un truco para poder evadir la ley: reclutará a trescientos espartanos, y aduciendo que es su guardia personal, marcharán a la batalla a espaldas del Consejo y del Oráculo. El resto de pueblo, sobre todo la reina Gorgo, les apoyan, porque es la mentalidad que han inculcado a todo espartano desde pequeño. De hecho, la reina, lejos de lamentarse por la marcha de su marido, le conminará a que vuelva con su escudo o sobre él, en clara alusión a la postura en que traían a los caídos en el campo de batalla. Si un espartano volvía con su escudo, no sólo era señal de que regresaba vivo, sino también de grandes honores, puesto que el escudo era el libro sobre el que se iban imprimiendo las diferentes batallas que había librado en su vida. A pesar de la magnitud del ejército con el que se iban a enfrentar, Leónidas sabía de antemano el punto débil del mismo: un pequeño desfiladero llamado Paso de las Termópilas que parecía ser el Talón de Aquiles de los persas. Es en torno a ese pequeño desfiladero donde los espartanos organizan la defensa entre bromas y carcajadas del ejército contrario. Al fin y al cabo, sólo son trescientos hombres los que se enfrentan a los millares de persas. Sin embargo, y contrariamente a cualquier presagio, los espartanos ganan la primera batalla. Y no sólo eso, sino que además consiguen que los persas tengan un número considerable de bajas. Los espartanos, no obstante, consiguieron ayuda de otros pueblos (aunque en la película solo aparece uno), que, aunque no eran soldados profesionales, al menos les ayudaron a sumar fuerzas. La estrechez del paso obligó a los persas a pasar en pequeñas unidades, con lo que los espartanos consiguieron que su gran fuerza numérica no les reportara ninguna ventaja táctica sobre el terreno. Hay una anécdota referida por Herodoto sobre esta disparidad numérica, y es que dado el gran número de arqueros que tenía el ejército persa, uno de sus comandantes les advirtió a los espartanos que sus flechas iban a tapar el sol, a lo que los espartanos contestaron: tanto mejor, así lucharemos a la sombra. La frase parece ser que no es textual, sino atribuible a la imaginación de Miller, pero los historiadores afirman que las palabras que se pronunciaron no diferían mucho en sentido que las que el dibujante imaginó. Esto llevó a los espartanos a ganar un par de batallas más y a poner a Jerjex contra las cuerdas, de manera que acudió en persona a parlamentar con Leónidas. Ofreció oro, tierras, y libertad, pero para el rey espartano era una cuestión de honor, ya que su disciplina no contemplaba la retirada. Por lo tanto, los Trescientos, ya sin la ayuda de sus vecinos, se dispusieron a enfrentarse a la desesperada con el ejército persa. Pero Leónidas, previsor y práctico, manda huir antes de la batalla a Dilios, a fin de lograr que su hazaña no caiga en el olvido y sea recordado en la posteridad. Será él quien dé testimonio de la gesta espartana ante el Consejo y les convenza de la necesidad de enviar a la guerra contra Persia a todos los destacamentos disponibles. De este modo, la muerte de Leónidas y los Trescientos no fue en vano, sino que sentó las bases de una revolución helénica que tendría como objeto la expulsión de los persas de los territorios griegos. La película refleja con gran fidelidad lo que debieron ser esos días tensos en los que los espartanos intentaron hacer lo imposible y resistir con todas sus fuerzas al avance persa. Es impresionante en este sentido, uno de los últimos planos de la batalla, en el que Leónidas toma impulso para intentar atravesar con su lanza al propio Jerjex, antes de caer acribillado por las flechas persas. El cuerpo de Leónidas y sus Trescientos, muertos, ensangrentados, cubiertos de flechas en medio del campo de batalla pueden rememorarnos lejanamente la inutilidad de su lucha suicida. Sin embargo, la posteridad reconoció su hazaña y le asignó un lugar entre los grandes de la historia. 22:26 - 27/12/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioLa Vida de Brian (Terry Jones, 1979)Desde su inicio hasta el final, "La Vida de Brian" es una carcajada continua, un sano ejercicio propuesto para despojar de seriedad a la vida.El argumento es de sobra conocido: Brian es un muchacho judío que vive una existencia normal al lado de su madre. Su tranquilidad se verá rota cuando se una a un grupo anti romano y cuando sea proclamado mesías. Desde este punto hasta el final de la película, se sucede un carrusel de situaciones a cual más absurda. Los Monty Phyton cuentan con la habilidad de mezclar el humor más primario (de pisotones, caídas y puñetazos), con un refinado humor inglés (impagables las escenas del eremita del desierto o la del César gangoso), todo ello aderezado con gotas del surrealismo a la que este grupo de actores nos tiene acostumbrados. Los ingleses parecen haber comenzado una cruzada particular contra todos los símbolos y amenazan con no dejar títere con cabeza. "Los caballeros de la Mesa Cuadrada" o la serie "Flying Circus" son buenos ejemplos de ello. No por dedicarse al humor absurdo dejan de ser grandes cineastas, en especial Terry Gilliam, quien con "Brasil" y "El Rey Pescador", dejó bien claro que también sabe manejar otro tipo de narrativa. "La Vida de Brian" fue la causa de su excomunión por parte de la Iglesia Católica, pero lo cierto es que los alumnos de catequesis siguen comentando sus gags por los que no parece pasar el tiempo. Es una de esas películas que se nos quedan grabadas en la memoria, porque son agradables de ver, y porque nos hacen pasar un buen rato. Los extras del DVD no tienen desperdicio. Que la disfrutéis. 19:39 - 26/07/2007 - comentarios {1} - Publica un comentarioLa Parada de los Monstruos/Freaks (Tod Browning, 1932)"Freaks" o "La Parada de los Monstruos" es otra de esas obras de culto inaccesibles para el gran público y destinadas desde su estreno a formar parte de círculos cinéfilos muy concretos.Tod Browning alcanzaría el éxito por películas más comerciales, como "Drácula", que cuenta por añadidura con el descubrimiento de Bela Lugosi en el papel del Conde. La película "Freaks" es ante todo un poema de inocencia. El director supera el manido lema de "la belleza está en el interior" para trascender el plano estético y llegar al filosófico. La belleza y la moral no van de la mano en este caso y los monstruos como tales no son necesariamente los fenómenos del circo, sino la gente aparentemente "normal", que esconden un alma corrompida y hedionda. Algunas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador, como la de la celebración de la boda entre el monstruo y la belleza del circo. La chica está asqueada ante la aparente depravación que se despliega ante sus inocentes ojos de heroína en peligro. Nietzsche llegó a demostrar la relación entre la fealdad y la maldad usando como ejemplo a Sócrates. Pero la película desmiente esta teoría. La maldad anida dentro de los seres humanos, independientemente de su apariencia. Si el espejo pudiera reflejar el interior de las personas, seguramente se haría añicos en más de una ocasión. Interesante, por tanto, la reflexión que propone el director en el más puro estilo de pensamiento de Eugenio Trías. Es una pena que muchas veces se vea esta obra de arte por el morbo malsano que suscita en los espectadores la visión de seres deformes, en vez de por la perla del cine que es. No es necesario tener estómago para verla, simplemente considerar que ante el plano de la maldad, no hay deformidades que valgan. El mal está en todos nosotros. 19:36 - 26/07/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioSeven (David Fincher, 1996)Decía Milton en "El Paraíso Perdido" que "largo y escabroso es el camino que desde la oscuridad conduce a la luz". La frase es repetida en la película y puede considerarse un resumen de la misma.Un asesino pone a prueba los nervios de dos polcías, uno a punto de jubilarse (Morgan Freeman) y otro novato (Brad Pitt) al seguir en su serie de asesinatos el modus operandi de atenerse a los siete pecados capitales. Su condición de protomártir pondrá en jaque a ambos hombres cuando su propia estabilidad se vea amenazada. David Fincher es un director dinámico, capaz de articular una película peliaguda como es esta. Cada pequeño argumento de la misma, compuesto por un día de la semana y un pecado capital, constituye en sí mismo un todo. Otra de las bazas con las que cuenta el director es con su capacidad para crear ambientes opresivos, perfectamente demostrado en "Alien 3". En esta ocasión, usa la lluvia durante la mayor parte de la película, para sustituirla por el sol cuando llega el momento de las revelaciones. El asesino de "Seven" es uno de los mejores psicópatas que nos ha dado la historia del cine, y uno de los más peligrosos, que nos demuestra cuán grande puede llegar a ser el poder del fanatismo. Su metodología perversa roza lo sublime, en el sentido religioso del término. Y su reflexión sobre la degeneración de la sociedad resulta harto convincente. Por contra, Brad Pitt encarna un papel soso, que podía haber dado más de sí. Pero se empeña en encasillarse en el rol de policía novato que se las da de listillo. Morgan Freeman compone un papel digno, sin sobreinterpretaciones, con la sobriedad a la que nos tiene acostumbrados. Muy buena película, cuya visión recomiendo a todo el mundo. No ya porque sea otra película de asesino psicópata aterroriza a la ciudad, sino como reflexión de la moral en nuestros días. 19:34 - 26/07/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioBelle de Jour (Luis Buñuel, 1966)Belle de Jour fue rodada por Luis Buñuel en el año 1966 y corresponde a su etapa del cine francés. La película está basada en la novela de Joseph Kesell y presenta muchas de las constantes buñuelianas: la confusión entre realidad, ficción y deseo, el poder de los objetos, el erotismo, los símbolos oníricos, etc. Asimismo, también contiene algunos elementos surrealistas y de vanguardia. Belle de Jour narra la historia de un matrimonio acomodado en el que la mujer, Severine, es incapaz de hacer el amor con su marido y rechaza su proximidad hasta el punto de dormir en camas separadas. Ambos tienen un matrimonio amigo y la mujer le cuenta a Severine que una amiga común de ambas se prostituye por dinero. Severine queda consternada por el descubrimiento, pero poco a poco empieza a considerar la postura de su amiga y acude a Anäis, quien regenta un burdel para que la introduzca en ese mundo. Al principio, Severine es reticente y pone la condición de quedarse sólo medio día, por lo que sus compañeras la apodan Belle de Jour (Bella de Día). En el burdel conoce a extraños personajes, como el coreano o el duque necrófilo, hasta que la descubre un amigo de su marido (quien se le había insinuado a Severine) y amenaza con contárselo. Ante esto, Severine se despide de su vida de prostituta, pero no contaba con que Marcel, uno de los clientes habituales del burdel se ha enamorado de ella y la sigue hasta su casa. Al enterarse de que está casada, dispara contra su marido. El final se torna confuso hasta el punto de no distinguir bien la realidad y la ficción, pero al final se nos muestra cómo Severine ha superado sus obsesiones y parece dispuesta a entregarse a su marido. Belle de Jour: el libro La obra pertenece al escritor francés Joseph Kessel, quien combinó la literatura con la labor periodística. Se hizo famoso por sus crónicas en los diarios Journal de Débats y Le Matin, donde narró la aventura de los pilotos en la Primera Guerra Mundial. Entre sus obras destaca El León (1958), Tiempos Salvajes (1975) y Belle de Jour (1929). Buñuel cambió algunos de los elementos de la novela para hacer la película, como el doble plano ficción- realidad en el que se mueven los personajes. El personaje interpretado por Francisco Rabal es en el libro un sirio, mientras que en la película Buñuel cambia su nacionalidad a española para que pueda cantar flamenco. La película presenta una estructura lineal, pero tiene un final doble o en palabras de Buñuel “tiene dos finales”. El propio cineasta confiesa que dudaba a la hora de elegir un final para la película, de modo que ésta queda abierta a la interpretación personal de cada espectador. El ambiente que refleja la película es burgués y los decorados oscilan entre el bosque donde se desarrollan las fantasías de Séverine, el burdel, la casa y los ambientes urbanos. Se han detectado en la película algunos fallos de raccord, como cuando Severine entra en casa del duque necrófilo con un abrigo y sale con otro distinto, aunque al propio Buñuel le extrañó esta observación, pues llegó a confesar que las películas de su etapa francesa estaban más cuidadas que las de otras épocas, como las mexicanas. El tema de la película es el de la obsesión, reflejada en forma de barrera para llevar a cabo un acto concreto, en este caso, la consumación del matrimonio. La crítica religiosa está implícita en la película, pues nos son presentadas escenas en las que se relaciona el supuesto miedo de Séverine con problemas morales (hombre que abusa de ella y negación posterior a tomar la comunión). Lo que Buñuel está reflejando es una época burguesa e hipócrita, casi victoriana en la que las relaciones sexuales se consideraban como algo retorcido y pecaminoso. La hipocresía se ve en el personaje del marido de su amiga, quien defiende toda clase de creencias religiosas, pero que ha frecuentado las casas de citas. El director pone de manifiesto el problema de la doble moral, tan frecuente en la época. La película nos presenta una clara dificultad para distinguir entre la vigilia, el sueño y la fantasía sexual. Siempre dudamos de si la imagen que se nos presenta es real o imaginada y no sabemos si la vida del burdel es una invención de Séverine o si lo es su supuesta vida “normal”, aunque Buñuel siempre ha defendido que la vida de prostituta es fantasía pues “una mujer que nunca ha estado en un burdel no puede saber las aberraciones que hay allí”. Destaca la incapacidad de las heroínas buñuelianas para tener relaciones amorosas adecuadas. El amor como sentimiento nunca es presentado de una forma clara en las películas del cineasta. Por el contrario, son frecuentes las relaciones incestuosas (Tristana) o prohibidas (Viridiana), llenas de traumas y de problemas. Las relaciones aparecen viciadas en sus películas. La religión aparece tratada no sólo en esta película (comunión de Séverine), sino en toda la obra buñueliana. A pesar de que Buñuel se declaraba “ateo gracias a Dios”, en sus películas se profundiza en los temas religiosos. El sexo aparece relacionado con la muerte, de tal manera que se vuelve a repetir el tándem Eros- Tánathos que se ve en películas como Un Perro Andaluz y que responde a los presupuestos surrealistas que consideran el amor como la desaparición física e individual. Entra también el aspecto de la religión, que es la que impide que se llevan a cabo las relaciones con normalidad. Los personajes que hay en ella también viven sus relaciones de una forma confusa y viciada. Desde el duque necrófilo ante el cual Séverine ha de descansar en un ataúd hasta el ginecólogo que se humilla ante las prostitutas, pasando por el oriental que lleva una cajita que emite un zumbido. A modo de anécdota, la caja del coreano ha suscitado la curiosidad de estudiosos del cine, siendo tema de controversia al que Buñuel no respondió en su época, siempre en su empeño de defender la libre interpretación de la película que debe hacer cada espectador. Después reconoció que ni él mismo sabía lo que contenía. Tomás Pérez afirma que debe tratarse de algún insecto (señala un abejorro) que sería símbolo de la depravación de Séverine y del burdel. Hay símbolos surrealistas en la película, comenzando por la ya señalada incapacidad cartesiana para diferenciar la vigilia del sueño. Casi todos los símbolos son eróticos, como el sueño- fantasía de Séverine en el que ve pasar a unos toros que llevan el nombre de Arrepentimiento y Expiación. Destaca además la frase “me gustas porque cicatrizas”. En la película aparece además reflejada la escala social, sobre todo en la escena primera, en la que los lacayos azotan a Séverine. También aparece reflejada la aristocracia con el duque, la burguesía (Séverine, su marido y amigos) y las clases bajas (chulos y prostitutas). En la época en que se estrenó la película, se la consideró machista y a Buñuel se le calificó de misógino, dado que en todas sus películas se otorgaba un trato negativo a la mujer. Él ha negado estas acusaciones, aunque ha manifestado que no ha compartido el punto de vista de ninguna mujer, sino el del deseo, que sí que toma forma de mujer. El cineasta se identifica además con el personaje de Piccoli, quien parece encontrarse a sus anchas en el burdel. Califica además como “acto de piedad” el que haya delatado la doble vida de Séverine a su marido, pues se encontraba ciego y paralítico y le serviría para odiarla. Buñuel, no obstante, lo arregla con el doble final en el que parece no haber pasado nada. El fetichismo aparece en la película, sobre todo con los primeros planos de los pies y las piernas de Séverine, además de sus zapatos. Esto puede reflejar una obsesión por parte de Buñuel (la pierna amputada en Tristana), pero el cineasta nunca lo reconoció de una manera consciente. Los zapatos como símbolo erótico aparecen también en Diario de una camarera. Aparece en la película un sentido del humor un tanto oscuro, también recurrente en toda la obra buñueliana. Se trata más bien de una socarronería. Este sentido del humor es fundamental, pues da la vuelta a la realidad y la muestra desde otro punto de vista, descubriendo además sus ángulos ocultos. La película presenta una estética muy cuidada, aunque a Buñuel se le acusó de lo contrario. De hecho, la película anterior a Belle de Jour, Simón del Desierto, está mucho menos cuidada. Esto no implica dejadez, sino adecuación de la película a los medios de que se dispone. Los colores están muy bien tratados, buscando siempre el simbolismo (el blanco representa la frigidez) y el contraste. Por último, señalar que las mayores influencias de Buñuel son Fritz Lang y Buster Keaton. El cineasta español ha influido a su vez en una gran cantidad de directores, como Hitchkotch (la cuchillada en el ojo de Psicosis o el atrezzo de Kim Novak en Vértigo), Kubrick (la perversión de los personajes de Eyes Wide Shut) o Fellini. Entre los directores españoles que confiesan su admiración por Buñuel se encuentran Vicente Aranda, Icíar Bollaín, Imanol Uribe y Daniel Monzón. 23:17 - 8/07/2007 - comentarios {2} - Publica un comentarioEl Séptimo Sello (Ingmar Bergman, 1957)Cuando pienso en "El Séptimo Sello", me viene a la cabeza una frase de "Gladiator", en la que se dice "la Muerte nos sonríe a todos. Lo único que puedes hacer es devolverle la sonrisa".Los temas de Bergman son sobradamente conocidos: la angustia existencial, el silencio de Dios, el vértigo de la propia mente, el vacío, etc. Nadie como él ha sido capaz de revolver la conciencia del espectador hasta hacerle pensar, plantearse las cuestiones que el propone, y comprobar desesperadamente que muchas veces no hay salida. La especial hondura de su cine lo hace inaccesible para gran parte de los espectadores, aunque esta sea su película más conocida. Se puede considerar "El Séptimo Sello" como una de las obras maestras de Bergman, aunque "Persona", "La Hora del Lobo" o "El Manantial de la Doncella" la sigan de cerca. Max Von Sydow, actor fetiche del sueco, está impecable en su papel de caballero. La imagen está muy lograda, como no cabía esperar otra cosa de este genio del cine. La imagen de la Muerte no es otra que la aparece en nuestras pesadillas y en nuestros temores más atávicos. Bergman supo también contrastar el hondo existencialismo del caballero con el carpe diem de su escudero, y en esta disonancia de caracteres se encuentra la verdadera reflexión que ha angustiado a tantos y tantos filósofos a lo largo de la Historia. ¿Hay algo después de la muerte o es simplemente una falacia de la mente humana que se niega a aceptar el vacío? El director arroja la pregunta como una bofetada a la dormida conciencia de la humanidad, como una forma de aviso. La partida de ajedrez es algo más que un juego, es un símbolo de que poderosos y humildes tienen en común un mismo destino. Y que cuando acabe la partida, el rey y el peón volverán a la misma caja. 20:55 - 15/06/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioDogville (Lars Von Trier, 2003)Hablar sobre un director como Lars Von Trier es ante todo controvertido. Digamos que es un creador que no deja indiferente a nadie, pero en el que tampoco caben medias tintas: o se le adora o se le odia.
20:52 - 15/06/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioHistorias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995)La adolescencia es ese periodo de la vida en que todos nos sentimos vulnerables y heridos. Es el desierto que se extiende entre la confortable niñez y las sombras que se avecinan en la vida adulta. La adolescencia es esa época en la que somos millonarios de tiempo, un tiempo que nunca volveremos a tener en tal cantidad en ninguna época de nuestra vida. Un tiempo precioso, desocupado, en el que los días parecen ser calcos de sí mismos y que cuando nos queremos dar cuenta, parece que nos ha expulsado definitivamente de su seno.Sobre el tiempo y la forma de llenarlo versa Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995), que narra los días que pasan una pandilla de jóvenes en Madrid en el verano de 1994. De vacaciones, sin nada que hacer, los días sirven para dormir y las noches para acudir al Kronen, un bar de la capital donde tomarse unas cervezas, pillar unos gramos y escuchar música con los amigos. La pandilla está compuesta por Carlos (Juan Diego Botto), Roberto (Jordi Mollá), Pedro (Aitor Merino), Manolo (Armando del Río), y Miguel (Iñaki Méndez), aparte de un par de novias. El personaje protagonista de la película es el de Carlos, un chaval que tiene ante sí un verano desocupado y lleno de horas que intenta desesperadamente llenar para no caer en el tedio. Vive cada noche como si fuera la última de su vida, llegando incluso a afirmar que el mañana no existe. Cínico incorregible, intenta relativizar las vivencias más extremas, tales como la muerte o el amor y quiere pasar por la vida intentando que las personas le hagan el menor daño posible. Para ello, nada mejor que no establecer lazos, ni de amistad ni de amor. Carlos es capaz de engañar a la chica con la que sale volviendo con su ex novia, quien a la vez, tiene una pareja. Pero el cinismo de Carlos va todavía más allá al saltarse todas las normas morales que le rodean, personificadas en las personas de sus padres y su hermana. Ferviente seguidor de la doctrina del carpe diem, Carlos considera que las cosas que hacen los demás (trabajar, estudiar, hacer cursos), son aburridas, que la vida en sí es tediosa y que no vale la pena vivirla fuera de la sensación extrema que sólo las drogas pueden darle cada noche. Cuando, volviendo a casa una noche, su hermana se le encuentra sangrando y con la ropa rota, a la pregunta de por qué se ha peleado, Carlos sólo puede contestar: porque hace que me sienta vivo. Frente a él está Roberto, su fiel amigo. Puede parecer a primera vista más responsable, pero en el fondo seguirá a Carlos en todas las locuras que se le ocurran, poniendo incluso en peligro su propia vida. La película deja caer un posible atisbo de amor homosexual hacia su amigo, pero no avanza con la idea y ésta se queda en agua de borrajas. Sin embargo, la aparente serenidad de Roberto no hace de él una persona más calmada. Aunque censure a su amigo por salir con dos chicas al mismo tiempo y porque es incapaz de establecer lazos de amistad, no vacila en intentar ocultar las pruebas de una fiesta que se les fue de las manos y en la que acabó muriendo un chico. La adolescencia como sinónimo de existencia vacía y estéril ha sido tratado en gran cantidad de películas y de libros. Sin ir más lejos, hace algunos años (en los que se estrenó la película, concretamente), se empezó a hablar de la llamada Generación X, formada por jóvenes sin futuro, sin expectativas, dedicados a llevar una vida a expensas de sus padres, que se refugiaban en el alcohol, en las drogas y en los conciertos de música. Adolescentes de mirada vacua incapaces de tener relaciones por miedo a todo aquello que comprometiera su propia comodidad. El máximo exponente lo alcanzaron en Estados Unidos los libros de Bret Easton Ellis, que dedicó su obra Menos que Cero a retratar a un grupo de adolescentes que literalmente veían la vida pasar sin tomar parte en ella. En nuestro país, la novela homónima a la película, Historias del Kronen, escrita por José Ángel Mañas, abordaba el mismo tema que sus coetáneos americanos: la vida simple, sin estímulos diarios, reaccionando solamente ante las drogas y el alcohol. Jóvenes que no eran yonkis, pero que robaban dinero a sus padres. Jóvenes que querían tener relaciones sexuales, pero no pareja. Jóvenes que querían dinero, pero no tener que trabajar. Una espeluznante forma de vida que dio que pensar a sociólogos y a psicólogos, aparte de a una cantidad ingente de padres que no hacían más que llevarse las manos a la cabeza preguntándose qué habrían hecho mal. La única forma de escapar a esta forma de vida parece radicar en la misma muerte, que se encuentra en el filo de cada hora, y a la que siempre se la está llamando en forma de sobredosis o coma etílico. La otra forma (más optimista) de romper el círculo es la más sencilla: crecer. Al fin y al cabo, a todos nos ha pasado que, sin saber cómo, un día echas la vista atrás y te encuentras pagando una hipoteca, haciendo horas extras o yendo a la guardería a por el niño. Quizá sea cierto el tópico que disculpaba todas estas locuras diciendo que eran cosas de la edad.
20:49 - 15/06/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioTroya (Wolfang Peterson, 2004)Siguiendo la estructura lineal de "La Iliada" de Homero, el director compone un canto épico aderezado con gran cantidad de efectos especiales, que sin embargo no termina de convencer.
21:10 - 22/05/2007 - comentarios {1} - Publica un comentarioUnderworld (Len Wiseman, 2003)Esperaba con ansia el estreno de Underworld, ya que siento debilidad por el tema de los vampiros. La primera mitad de la película no me defraudó: tenía una pinta soberbia.
21:07 - 22/05/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioBowling for Columbine (Michael Moore, 2002)"Bowling for Columbine" supuso tal revelación que se tuvo incluso que crear una nueva categoría en los Oscar para premiarla, la de Mejor Documental.Su director, Michael Moore parece haberse declarado enemigo público número uno de George Bush y le persigue e instiga no sólo a través del cine (su última creación, "Farenheit 9/11" revela las conexiones económicas entre la familia Bush y la familia Bin Laden), sino también con la literatura ("Estúpidos Hombres Blancos" y "¿Qué has hecho con mi país, tío?"). En el documental que nos ocupa, Moore vuelve al trágico día en el que se produjo la matanza en el instituto de Columbine, y aprovecha este hecho para plasmar su particular idea de por qué en Estados Unidos hay ese gran número de muertes causadas por armas de fuego y en Canadá, donde también se usa y se abusa de ellas, la mortalidad por esta causa es menor. A través de su camara aparecen todo tipo de ciudadanos de la América media: estudiantes, comerciantes, vecinos, políticos, actores, cantantes, cineastas... que declaran sus ideas frente al tema de las armas. Porque parece ser que el problema de todo radica en que el americano medio tiene miedo de todo, y sigue manteniendo en su subconsciente ciertas actitudes retrógadas. El director compara estas ideas y opiniones con las de los canadienses y a continuación explica sus conclusiones. Y no solo eso. Moore aprovecha las declaraciones para hacer una crítica no solamente armamentística, sino para ponderar a fondo el "american way of life" e intentar explicar el por qué de ese puritanismo yanki que suele producirnos perplejidad. A este respecto no tienen desperdicio las declaraciones de Marilyn Manson, crucificado por los padres de familia americanos, y que resulta ser una de las personas más sensatas del vídeo. También es interesante la animación de los creadores de South Park y sus comentarios. Y cómo no, las ideas de Charlton Heston, presidente del Club del Rifle sobre la matanza de Columbine. El documental termina siendo un producto interesante, aunque a Moore se le ve el plumero en más de una ocasión. Si la ves y te gusta, no dejes de ver "Elephant", una reflexión de Gus Van Sant sobre el mismo tema. 20:55 - 11/04/2007 - comentarios {0} - Publica un comentarioEl Padrino III (Francis Ford Coppola, 1990)Escribo en este apartado de "El Padrino III", pero en realidad no tengo preferencia por ninguna en especial de la trilogía. Las tres entregas me parecen sencillamente sublimes y si en la primera Marlon Brandon apabulla con su presencia y eclipsa la mayoría de elementos, en las siguientes Al Pacino remata el papel de Capo de los Corleone.Todo es acertado y está medido con mesura en esta película: la genial novela de Mario Puzo, la elección de los actores, la mano maestra de Francis Ford Coppola guiando a un elenco de estrellas por el complicado tapiz del árbol de familia, todo tiene su justa medida. La banda sonora también constituye toda una obra maestra, sobre todo el tema principal, que no es otro que "El Milagro del Amor" de Nino Rota. Hay muchas y buenas películas que versan sobre el tema de la Mafia, al que se le ha otorgado todos los tratamientos posibles, pero sin duda esta es la primera que nos viene a la cabeza si alguien nos preguntase por este particular. La tensión que recorre toda la película, la sensación de fatalidad que se agazapa en cada plano, y la reflexión de que por muy poderoso que se sea para acabar con la vida de los demás, no se puede usar ese poder para devolver a quienes nos han arrebatado, están presentes a lo largo de esta obra de traición, amor, triunfo y fracaso. Hay algunas escenas dentro de la trilogía que se han ganado por derecho propio un lugar en el olimpo del cine. Desde Marlon Brandon en la primera entrega en la reunión de los Capos, hasta Al Pacino abrazando a sus invitados, pasando por Robert de Niro encarnando a Vito Corleone en su juventud, son de esas escenas que se llevan en la retina aunque no se haya visto la película. Es altamente recomendable para cualquier aficionado al buen cine. Y para los demás también, ya que la universalidad de sus temas basta para enganchar a la pantalla a cualquier espectador. 20:53 - 11/04/2007 - comentarios {0} - Publica un comentario
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Descripcion Críticas de películas del Séptimo Arte
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