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Criticas de Cine

Belle de Jour (Luis Buñuel, 1966)

  

Belle de Jour fue rodada por Luis Buñuel en el año 1966 y corresponde a su etapa del cine francés. La película está basada en la novela de Joseph Kesell y presenta muchas de las constantes buñuelianas: la confusión entre realidad, ficción y deseo, el poder de los objetos, el erotismo, los símbolos oníricos, etc. Asimismo, también contiene algunos elementos surrealistas y de vanguardia.

Belle de Jour narra la historia de un matrimonio acomodado en el que la mujer, Severine, es incapaz de hacer el amor con su marido y rechaza su proximidad hasta el punto de dormir en camas separadas. Ambos tienen un matrimonio amigo y la mujer le cuenta a Severine que una amiga común de ambas se prostituye por dinero. Severine queda consternada por el descubrimiento, pero poco a poco empieza a considerar la postura de su amiga y acude a Anäis, quien regenta un burdel para que la introduzca en ese mundo. Al principio, Severine es reticente y pone la condición de quedarse sólo medio día, por lo que sus compañeras la apodan Belle de Jour (Bella de Día). En el burdel conoce a extraños personajes, como el coreano o el duque necrófilo, hasta que la descubre un amigo de su marido (quien se le había insinuado a Severine) y amenaza con contárselo. Ante esto, Severine se despide de su vida de prostituta, pero no contaba con que Marcel, uno de los clientes habituales del burdel se ha enamorado de ella y la sigue hasta su casa. Al enterarse de que está casada, dispara contra su marido. El final se torna confuso hasta el punto de no distinguir bien la realidad y la ficción, pero al final se nos muestra cómo Severine ha superado sus obsesiones y parece dispuesta a entregarse a su marido.

 

Belle de Jour: el libro

La obra pertenece al escritor francés Joseph Kessel, quien combinó la literatura con la labor periodística. Se hizo famoso por sus crónicas en los diarios Journal de Débats y Le Matin, donde narró la aventura de los pilotos en la Primera Guerra Mundial. Entre sus obras destaca El León (1958), Tiempos Salvajes (1975) y Belle de Jour (1929). Buñuel cambió algunos de los elementos de la novela para hacer la película, como el doble plano ficción- realidad en el que se mueven los personajes. El personaje interpretado por Francisco Rabal es en el libro un sirio, mientras que en la película Buñuel cambia su nacionalidad a española para que pueda cantar flamenco.

 

 

La película presenta una estructura lineal, pero tiene un final doble o en palabras de Buñuel “tiene dos finales”. El propio cineasta confiesa que dudaba a la hora de elegir un final para la película, de modo que ésta queda abierta a la interpretación personal de cada espectador. El ambiente que refleja la película es burgués y los decorados oscilan entre el bosque donde se desarrollan las fantasías de Séverine, el burdel, la casa y los ambientes urbanos. Se han detectado en la película algunos fallos de raccord, como cuando Severine entra en casa del duque necrófilo con un abrigo y sale con otro distinto, aunque al propio Buñuel le extrañó esta observación, pues llegó a confesar que las películas de su etapa francesa estaban más cuidadas que las de otras épocas, como las mexicanas.

 

El tema de la película es el de la obsesión, reflejada en forma de barrera para llevar a cabo un acto concreto, en este caso, la consumación del matrimonio. La crítica religiosa está implícita en la película, pues nos son presentadas escenas en las que se relaciona el supuesto miedo de Séverine con problemas morales (hombre que abusa de ella y negación posterior a tomar la comunión). Lo que Buñuel está reflejando es una época burguesa e hipócrita, casi victoriana en la que las relaciones sexuales se consideraban como algo retorcido y pecaminoso. La hipocresía se ve en el personaje del marido de su amiga, quien defiende toda clase de creencias religiosas, pero que ha frecuentado las casas de citas. El director pone de manifiesto el problema de la doble moral, tan frecuente en la época.

La película nos presenta una clara dificultad para distinguir entre la vigilia, el sueño y la fantasía sexual. Siempre dudamos de si la imagen que se nos presenta es real o imaginada y no sabemos si la vida del burdel es una invención de Séverine o si lo es su supuesta vida “normal”, aunque Buñuel siempre ha defendido que la vida de prostituta es fantasía pues “una mujer que nunca ha estado en un burdel no puede saber las aberraciones que hay allí”.

Destaca la incapacidad de las heroínas buñuelianas para tener relaciones amorosas adecuadas. El amor como sentimiento nunca es presentado de una forma clara en las películas del cineasta. Por el contrario, son frecuentes las relaciones incestuosas (Tristana) o prohibidas (Viridiana), llenas de traumas y de problemas. Las relaciones aparecen viciadas en sus películas.

La religión aparece tratada no sólo en esta película (comunión de Séverine), sino en toda la obra buñueliana. A pesar de que Buñuel se declaraba “ateo gracias a Dios”, en sus películas se profundiza en los temas religiosos.

El sexo aparece relacionado con la muerte, de tal manera que se vuelve a repetir el tándem Eros- Tánathos que se ve en películas como Un Perro Andaluz y que responde a los presupuestos surrealistas que consideran el amor como la desaparición física e individual. Entra también el aspecto de la religión, que es la que impide que se llevan a cabo las relaciones con normalidad.

Los personajes que hay en ella también viven sus relaciones de una forma confusa y viciada. Desde el duque necrófilo ante el cual Séverine ha de descansar en un ataúd hasta el ginecólogo que se humilla ante las prostitutas, pasando por el oriental que lleva una cajita que emite un zumbido. A modo de anécdota, la caja del coreano ha suscitado la curiosidad de estudiosos del cine, siendo tema de controversia al que Buñuel no respondió en su época, siempre en su empeño de defender la libre interpretación de la película que debe hacer cada espectador. Después reconoció que ni él mismo sabía lo que contenía. Tomás Pérez afirma que debe tratarse de algún insecto (señala un abejorro) que sería símbolo de la depravación de Séverine y del burdel.

 

Hay símbolos surrealistas en la película, comenzando por la ya señalada incapacidad cartesiana para diferenciar la vigilia del sueño. Casi todos los símbolos son eróticos, como el sueño- fantasía de Séverine en el que ve pasar a unos toros que llevan el nombre de Arrepentimiento y Expiación. Destaca además la frase  “me gustas porque cicatrizas”.

En la película aparece además reflejada la escala social, sobre todo en la escena primera, en la que los lacayos azotan a Séverine. También aparece reflejada la aristocracia con el duque, la burguesía (Séverine, su marido y amigos) y las clases bajas (chulos y prostitutas).

 

En la época en que se estrenó la película, se la consideró machista y a Buñuel se le calificó de misógino, dado que en todas sus películas se otorgaba un trato negativo a la mujer. Él ha negado estas acusaciones, aunque ha manifestado que no ha compartido el punto de vista de ninguna mujer, sino el del deseo, que sí que toma forma de mujer.

El cineasta se identifica además con el personaje de Piccoli, quien parece encontrarse a sus anchas en el burdel. Califica además como “acto de piedad” el que haya delatado la doble vida de Séverine a su marido, pues se encontraba ciego y paralítico y le serviría para odiarla. Buñuel, no obstante, lo arregla con el doble final en el que parece no haber pasado nada.

El fetichismo aparece en la película, sobre todo con los primeros planos de los pies y las piernas de Séverine, además de sus zapatos. Esto puede reflejar una obsesión por parte de Buñuel (la pierna amputada en Tristana), pero el cineasta nunca lo reconoció de una manera consciente. Los zapatos como símbolo erótico aparecen también en Diario de una camarera.

Aparece en la película un sentido del humor un tanto oscuro, también recurrente en toda la obra buñueliana. Se trata más bien de una socarronería. Este sentido del humor es fundamental, pues da la vuelta a la realidad y la muestra desde otro punto de vista, descubriendo además sus ángulos ocultos.

 

La película presenta una estética muy cuidada, aunque a Buñuel se le acusó de lo contrario. De hecho, la película anterior a Belle de Jour, Simón del Desierto, está mucho menos cuidada. Esto no implica dejadez, sino adecuación de la película a los medios de que se dispone. Los colores están muy bien tratados, buscando siempre el simbolismo (el blanco representa la frigidez) y el contraste.

 

Por último, señalar que las mayores influencias de Buñuel son Fritz Lang y Buster Keaton. El cineasta español ha influido a su vez en una gran cantidad de directores, como Hitchkotch (la cuchillada en el ojo de Psicosis o el atrezzo de Kim Novak en Vértigo), Kubrick (la perversión de los personajes de Eyes Wide Shut) o Fellini.

Entre los directores españoles que confiesan su admiración por Buñuel se encuentran Vicente Aranda, Icíar Bollaín, Imanol Uribe y Daniel Monzón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

23:17 - 8/07/2007 - Publica un comentario

precisión en bella de día

Estimado.. me parece que hay una leve confusión, Sévérine nunca tuvo contacto real con el necrófilo, sólo fue una de sus tantas ensoñaciones, fantaseaba con su nueva profesión
http://luppanar.blogspot.com

Anonymous - 05:21 - 12/07/2007

belle de jour

hola que tal , vi la pelicula y realmente me sorprendio , la critica a la pelicula que has hecho me parecio buena . Talves es una pelicula para hablar horas y horas . En cuanto tenga un análisis para presentar se los compartiré con gusto. un beso

Anonymous - 03:30 - 16/08/2008

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