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Por las azoteas de Barcelona

Me lo dices o me lo cuentas

 

Sentado frente al ordenador, observando las fotos de la última loca que se atrevió a besar mis labios y lanzarme algún que otro “Te quiero”. He de confesar que su locura duró poco (no llegó a los dos meses), y que ahora debo de ser una mancha de tinta negra en sus recuerdos, si es que de mi guarda alguno. Me consta que sus besos se los bebe otro, uno que ya estaba en lista de espera cuando nos conocimos, y que fue acumulando puntos en su haber mientras nosotros nos prometíamos un futuro que no llegó nunca a ser presente ni pasado. Dice el refrán que en el amor y en la guerra todo está permitido. Os aseguro que se lo tomó bien al pie de la letra el trepa de las narices.

 

Siempre las atraigo. A las locas me refiero. Cuerdas, a cuentagotas. Un par durante mi vida, quizás tres, cuatro a lo sumo. El resto, con el seso algo más “payá” que “pacá”. No las censuro. Al fin y al cabo hay que ser un poco inconsciente para aventurarse a tener algo conmigo. Y digo un poco a sabiendas que es un mucho. Que uno no es un santo, ni nunca lo ha pretendido. De hecho existe una mujer a la cual el Vaticano debería santificar. Me aguantó la no despreciable cifra de cuatro años. Pobrecilla... De las pocas sensatas. Al final tomó las de Villadiego, desquiciada supongo. No podía ser de otro modo. Pero ella es la caperucita de otro cuento.

 

Releo el primer párrafo y advierto que éste os podría llevar a confusión. Las culpas del desastre repartidas, y las responsabilidades del “albóndiga” (¿o era pelota de sopa?) las que menos. Al trepa solo puedo acusarlo de enamorarse hasta las cachas, al igual que hice yo, de un ángel. Y digo ángel adrede, aunque éste hiciera ya tiempo que se había caído del cielo. No exagero si digo que fue como amar a Lucifer aun sabiendo que lo era. Y aun sabiendo que lo era no fui capaz de alejarme de su fuego aun quemándome. Y me quemé con su recuerdo durante mucho tiempo después del día que di el golpe en la mesa y dije “¡hasta aquí hemos llegado!”. El mismo día que ella, al escuchar mis palabras, dijo “¡ancha es Castilla!”. Y vaya si lo fue.

 

De heridas profundas se compuso la herencia, mal cicatrizadas aun, de las que muy de vez en cuando asoma una gotita de sangre, más que nada para recordarme lo que viví. Porque lo viví, es cierto, aunque a ratos desearía no haberlo hecho y en otros me lleno de orgullo aduciendo un “que me quiten lo bailao”. Os juro que nunca creí que cincuenta días dieran para tanto y pudieran marcar hasta tal punto a un hombre. Marcaron, hirieron e hicieron enloquecer hasta el mismo desquicio a un corazón que pecó de ingenuo, mientras se desperezaba después de un siglo haciendo el papel de ceniciento, con más holgazanería que ganas de latir por algo o alguien. Pero latió, vaya si latió. Hasta el punto de enmudecer al juicio y al sentido común, que mucho antes del primer encuentro ya pregonaban el futuro desastre. Pero los oidos ensordecieron al ritmo del tam-tam dirigido por las caricias furtivas, los jadeos y las sabanas revueltas. Y muchos “je t’aime” regalados por sus labios. Que de todo hubo y en muchas lenguas.

 

A mi diablilla: Te doy la razón, porque la tienes, cada vez que me dices que me he librado de una buena loca, que me hubiera vuelto a mí y que más me hubiera valido hacerte caso y no haberme enmarañado en menudo zarzal. Lo dijiste tú y me lo dije yo, pero hay caminos que uno tiene que caminar para poder sentirse vivo, porque hacia más de año y medio que era un difunto con el ataúd acuestas, arrastrando el alma por los pasillos. Y si no lo sabes tú, te lo digo yo. Pero lo sabes, y por ello eres indulgente conmigo cuando vuelvo a mencionar su nombre o me pierdo por sus recuerdos, aunque me hayas visto perder la vida de nuevo. Creo que no  sabes lo afortunado que me siento de ser el objeto de tus regañinas. Permíteme que te diga que hay cosas que no se pagan con dinero, y tú eres una de ellas.

 

En fin, creo que ya es hora de ir acabando el velatorio. Acabaré mencionando al manso. Creo que no sabe en que embolado se ha metido, y estoy seguro que no tardará en echar la vista atrás para ver tiempos mejores. Entre tu y yo, aquella no era precisamente miel sobre hojuelas, pero lo que hace relucir a la última no es oro sino disgustos. Al tiempo...

 

En fin, que con su pan se lo coman y no me esperen para rebañar el plato.

 

 

 

01:24 - 1/11/2009 - comentarios {0} - Publica un comentario

El cuento del psicópata espongiforme

(Basado en hechos reales)

 

Había una vez, en una ciudad llamada Barcelona, cuatro jóvenes estudiantes que compartían piso. En el mismo rellano, justo en la puerta de enfrente, vivía un cuarentón casado y con una hija. Éste, supuestamente, padecía la clásica y conocida "crisis de los 40”. Digo supuestamente, queridos amigos, porque la causa de su entrecejo permanentemente fruncido y su mala leche agria bien podía ser, asimismo, fruto de una falta  de sexo continua y prolongada, bien por un estreñimiento agudo, trauma preadolescente o parálisis facial que le impedía sonreír.

 

Puesto que la alegría y el buen humor supuraba por todos los poros de la piel del vecino, éste, con el fin de no despegar los labios más de lo estrictamente necesario (no fuera que subiera el pan), había ideado un ingenioso sistema para advertir a los  aventureros que se atrevieran a visitar su morada de ciertas reglas que se debían cumplir sine qua non. El sistema consistía en un Post-it, escrito a lápiz, con la siguiente leyenda: “Espacio libre de humo”. Fácil, barato y simple.

 

Cierta mañana de otoño, una de nuestras dicharacheras estudiantes tuvo que acudir a cierta conferencia relacionada con su carrera académica. Al regresar a casa, el resto de los habitantes percibieron cierto estado de desesperación en la muchacha. Le preguntaron la causa, a lo que ella replicó que la conferencia no había resultado todo lo académica y fructífera que esperaba. Y aclaró que no había sido causa del tema de la conferencia, sino del pésimo conferenciante escogido para la misma. Concretamente, los adjetivos empleados para describirlo fueron: prepotente, pedante, borde... y continuó por el espacio de unos cinco minutos más lanzando florecillas al susodicho. Éste hecho hubiese pasado casi desapercibido por nuestros angelicales jovenzuelos a no ser que aquella misma tarde nuestra aplicada estudiante se topó en el ascensor... ¿adivináis con quien? ¡Exacto! Con nuestro caluroso y amable vecino de enfrente, que, casualidades de la vida, coincidía exactamente en cuerpo y presencia con el alabado conferenciante. Y por arte de birlibirloque, lo que hasta entonces no había sido más que un rostro agriado y barbilampiño con el que coincidían en el ascensor, se convirtió en el vecino de enfrente. Y este hecho desencadenó el futuro inmediato de nuestros protagonistas.

 

El hecho de haber localizado al causante del enojo de la compañera tan cerca de casa causó un sentimiento de solidaridad inusitado en el seno del grupo. Casi inmediatamente la imaginación desplegó sus alas y echó a volar, hasta que un día regresó con una maravillosa, divertida e inocente venganza: decidieron arrancar aquel Post-it feo, sucio, cutre y maloliente de la puerta del vecino. Lo que no calcularon nuestros ingenuos chiquilluelos fue con la perseverancia y paciencia de aquel oscuro habitante lindante con su piso.

 

Así fue cómo tras arrancar por primera vez la sentenciosa advertencia, surgió la sorpresa en sus virginales rostros al comprobar la aparición de una nueva nota, exactamente igual que la primera, colocada justo en el mismo lugar. Evidentemente, ésta fue arrancada casi de inmediato. Una, dos, tres veces y las que fueran necesarias harían desaparecer el ambarino papel, decidieron. Pero en cada ocasión ésta era recolocada. ¿Acaso creéis que nuestros amigos cejaron en su empeño? No, mis  adorados lectores. Al contrario. La causa se convirtió en un hábito, un juego divertido y cómplice. Pero un día  Darth Vader decidió variar el rumbo de su estrategia.

 

Intentando demostrar que los traviesos, y aún desconocidos, ladronzuelos habían consumido su paciencia pero no su ingenio, elaboró un nuevo plan: el insulto sorpresivo. Éste nuevo ingenio del diablo consistía en la superposición de dos Post-it. En el primero de ellos, que era el que estaba a la vista del publico, escribió la conocida advertencia “Espacio sin humo”. En el segundo, de tamaño más reducido, escribió la palabra “idiota”. De este modo, cuando uno de nuestros vivaces estudiantes arrancara el primero de ellos se encontraría con una nueva sorpresa. Se relamía solo con imaginar el resultado y esperanzaba que este nuevo ardid le reportaría la victoria final. Pero las reacciones humanas son tan variopintas como los seres vivos que habitan nuestro planeta azul, y lejos de hacer desfallecer a nuestros angelicales rateros, les redobló el interés, puesto que supusieron que la victima había entrado en el juego. De este modo continuaron sus fechorías, colmados de impaciencia ante la futura reacción de éste.

 

Entre tanto, Gargamel sucumbía  ante la desesperación. La impertinencia y el descaro del desconocido rufián habían herido su orgullo, y por ende, resolvió zanjar la cuestión de una vez por todas. 

 

Transcurría la madrugada de un sábado. Tras haber visitado durante gran parte de la noche algunos de los más intachables, correctos y abstemios locales de la ciudad, una de nuestras inocentes almas estudiantiles dispuso a recogerse en casa, puesto que ya no eran las horas adecuadas para que una señorita de bien rondara por las calles. Entró en el portal del edificio y enfiló sus pasos hacia el ascensor. Tañeron las campanas de una iglesia cercana, anunciando las cuatro de la madrugada. El elevador llegó a su destino. Ella salió al rellano. Cuando se disponía a introducir la llave en la cerradura de su vivienda, una sensación de sentirse vigilada la obligó a girar la mirada. Allí estaba, sobre el fondo marrón de la puerta, tentándola, como tantas otras veces. Vive Dios que luchó contra aquella fuerza que parecía provenir del mismísimo diablo. Pero esta vez no pudo resistirse ante tal poder de atracción. El Post-it la reclamaba: “Mi tesoro”. Cuatro rápidos y seguros pasos la emplazaron ante aquella fuente inagotable de maldad. Su conciencia se debatía en una lucha sin cuartel, mientras que su mano, dotada de vida propia, se elevaba hacía el anillo de poder. Cuando por fin sus dedos rozaron la presa...

 

“¡Hijo de puta!, ¡Hijo de puta!, ¡Ya te tengo, hijo de puta!”, resonó repentinamente por todo el rellano.

 

En este álgido instante de la narración, me veo en la obligación de interrumpir brevemente nuestra historia e informar a mis estimados lectores, que los hechos que a continuación se relatan son el producto de un largo trabajo de investigación e interpretación, puesto que la víctima de los gritos antes descritos, tras el susto, se quedó en profundo estado de shock y fue internada posteriormente en un centro psiquiátrico, en el que aún hoy, un mes después de los hechos, continua ingresada bajo sedación y tratamiento psicológico.

 

Según hemos podido saber, nuestra estudiante, presa del pánico, se abalanzó hacia la puerta de su piso, la abrió y la cerró de un portazo. A continuación dio dos vueltas a la cerradura y atrancó la entrada con una silla y un par de muebles. Realizó una llamada a una amiga suya desde su habitación, también atrancada por una mesa de escritorio, y esperó la llegada del resto de sus compañeros.

 

Cuando el resto de los habitantes de la casa llegaron de un inocente paseo nocturno, tras cumplir con el habitual rito (es decir, arrancar el Post-it), estuvieron cerca de veinte minutos para convencer a su compañera de que les abriera, tras lo cual, y viendo el estado catatónico de la susodicha, llamaron a una ambulancia.

 

En lo referente al psicópata espongiforme del piso de enfrente, hemos podido deducir que, harto de verse humillado, decidió montar un puesto de guardia permanente ante la mirilla de su vivienda. Tras pedir vacaciones a sus superiores y tras treinta y seis horas (una más, una menos) de concienzuda vigilancia, por fin logró identificar al ladrón, tal y cómo hemos descrito anteriormente. Lamentablemente para él, el ratero no pudo ser denunciado, puesto que las fotografías que hubieran servido cómo prueba no pudieron ser reveladas tras el misterioso velado del carrete, contradiciendo gravemente sus intenciones iniciales.

 

Por supuesto el Post-it ha sido repuesto, pero con una nueva leyenda: “Espacio libre de humo y ruido”.

 

Actualmente, el resto de los integrantes del piso intentan encontrar una nuevo método de venganza, barajando diversas posibilidades. Nos han anunciado que cualquier sugerencia por parte de nuestros lectores será jugosamente recompensada.

 

Y  colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

 

 

 

 

12:29 - 1/12/2008 - comentarios {3} - Publica un comentario

¡ Que me devuelvan el dinero!

 

Señoras y señores, lamento comunicarles que el mundo no se ha acabado. Hoy, 10 de septiembre del 2008, se ha puesto en funcionamiento el mayor acelerador de partículas de mundo y no ha pasado nada: ni agujeros negros, ni materia extraña, ni nada. Una lastima.

 

Os estaréis preguntando porque me lamento tanto. Me quejo porque  hemos perdido una gran oportunidad. ¿Sabéis la cantidad de historias terroríficas que corren sobre el fin del mundo? Que si los cuatro caballeros del Apocalipsis, que si lloverá fuego, que si habrá plagas, que si nos visitara un tal anticristo que camina bocabajo... Sangre, destrucción, sufrimiento... Solo de pensarlo, un hipocondríaco como yo se pone histérico. Y para una oportunidad que teníamos de hacer las cosas bien, van los científicos y no se equivocan. Mira que tenemos ejemplos de científicos locos: Dr. Frankenstein, Dr. Octopussy, Dr. Maligno... Y películas. Que me decís de las películas. ¿Quién no se acuerda de Parque Jurasico? Pues siento anunciaros que en la realidad los científicos se empeñan en hacer las cosas bien. No deben ser funcionarios. Ni españoles, claro. ¡Hay que joderse!

 

Porque este fin del mundo que nos habían anunciado era genial. Las cosa iba mas o menos así: se ponía en funcionamiento el acelerador de partículas, los protones chocaban entre sí y provocaban un agujero negro microscópico. Este agujero negro decidía llevar la contraria a Stephen Hawking y no evaporarse. Entonces empezaba a chupar, y chupar, y chupar... Perdón. Recordadme que no vea más  películas de Lucia Lapiedra. Como decía, el agujero negro empezaba a absorber energía, y como es insaciable, en menos de un segundo se tragaba al planeta Tierra. Pim, pam... En 0,8 segundos el fin del mundo listo. Si, reconozco que un poco soso, pero al fin y al cabo, después del fin del mundo no podríamos reunirnos para comentarlo ni cotillear sobre lo que llevaba puesto tal, ni el peinado de cual... Por lo tanto, que mas da si dura 0,8 segundos o 7 días. Era un fin del mundo limpio, eficiente, rápido, barato...  Porque,  ¿sabéis lo que puede llegar a costar todo lo que esta escrito en la Biblia?

 

El otro día estaba con Dios tomando unas cañas en un bar de la Rambla de Barcelona y me lo dijo: “Estoy harto de vosotros. Sois egoístas, viciosos, ladrones, asesinos...  ¡Si hasta cuando envié a mi único hijo lo crucificasteis! Si ya me lo decía mi madre: un día hijo, de tanto jugar al Quimicefa crearas un monstruo. Hasta que creé a Adán.” A lo que le contesté: “¿Y porque  no haces el Apocalipsis?”. Y me contestó:  “¡Uy! El Apocalipsis dices... ¿Tu sabes lo caro que es eso? Entre la hipoteca del cielo, que aun me faltan 4500 años para pagarla, todos los Ángeles gorrones que he de mantener, Sant José y la Virgen, no llego a fin de mes. Una vez intenté pedir un crédito para financiarla, pero claro, los banqueros no me lo quieren conceder porque dicen que cuando se acabe el mundo no podrán cobrar.” Si es que los banqueros no tienen un pelo de tontos.

 

En definitiva, que me han decepcionado. Me siento engañado.  Lo que más me cabrea es que uno de los científicos que había pronosticado este fin del mundo era español: Luis Sancho. Si es que nunca estamos en el bando de los buenos. Si lo hubieran contratado para construir el dichoso acelerador de partículas, a estas horas ni yo estaría escribiendo esto ni tu estarías leyéndolo. Ahora tenemos que esperar que Dios ahorre y  nos envíe el Apocalipsis de las narices. De momento y hasta que ello suceda solo me queda gritar: ¡Que me devuelvan el dinero!

 

 

 

21:17 - 10/09/2008 - comentarios {2} - Publica un comentario

Hoy toca divagar

 

“Un hombre nunca aprende nada de sus victorias. En cambio, el acto de perder puede repercutir en una gran sabiduría, cuyo acto menor sería que se disfruta mucho más ganando. Es inevitable perder de vez en cuando. El truco consiste en no convertirlo en un hábito.”

 

Lamentablemente esta reflexión no es mía. Y lamentablemente también me avergüenzo un poco del lugar de donde la he tomado; pero sin ningún genero de dudas debo deciros que estoy completamente de acuerdo con esas palabras.

 

Hoy voy a volver a hablaros de mí. No resopléis. Ya sé que hace tiempo que no invento nada, y que ni siquiera he contado algo alegre des de... Uf, ni yo mismo me acuerdo. Pero tengo ganas de escribir y no se me ocurre nada. Así que vamos a hacer un trato: hoy soportáis mis divagaciones y la próxima vez os daré la oportunidad de sufrir alguno de mis relatos. Como podéis comprobar la diferencia es minima.

 

Tengo noticias.

 

La primera de ellas es que a partir de septiembre hay un gran numero de posibilidades que comparta mi vida con tres mujeres. Tras la desbandada de finales de junio, el nuevo curso me trae tres substitutas. Bárbara y Paloma son las dos primeras. La tercera la convenceremos mañana.

 

Tanto los que estéis apunto de felicitarme como los que estéis llorando por mi falta de suerte, tan solo os pido tiempo. En octubre, máximo principios de noviembre, os daré el veredicto. Por si acaso, ir reservándome un tratamiento antiestrés. Y los más optimistas saber que se reducen las visitas al piso a una al mes. No os quiero ver revolotear a menos de quinientos metros de distancia, que nos conocemos...

 

No estoy muy orgulloso de ello, pero en este mes de julio ha corrido el suficiente alcohol por mis venas y mi cuerpo ha sufrido la falta de las suficientes horas de sueño como para creer que he compensado los numerosos años de recato y recogimiento. Y yo, pobre incauto, pensaba que no me gustaba salir. ¡Idiota! ¡Lo que pasaba es que se me había olvidado!

 

Ahora toca un mes de intenso estudio. En septiembre he de aprobar cuatro asignaturas o me echan de la carrera. Así que me estoy desperezando. Y porque no decirlo, destilando el alcohol que aun corre junto a mi sangre.

 

Un día, mientras estaba en una de las atracciones del parque se me acercó un profesor de la facultad:

 

-         ¡Esto es más fácil que mi asignatura!

 

Y más divertido señor profesor, mucho más divertido. Por cierto, los ronquidos en sus clases no eran míos, sino de Pablo. Se lo aclaro por si aun le quedaba alguna duda.

 

En fin, me cansé ya por hoy. ¿No ha sido tan duro, verdad? Hasta pronto...

01:45 - 9/08/2008 - comentarios {3} - Publica un comentario

Brindis al sol

 

Hasta hace pocos días creía en tu existencia. No había pruebas, tan solo la esperanza de encontrarte algún día en mi portal, escondida en la noche como un susurro, como un soplo de viento directo al corazón. Un acto de fe. En  mi ingenuidad tenia miedo; miedo a no reconocerte, a volver a equivocarme y volver a sufrir. Y a pesar de ello te buscaba, como he hecho toda la vida, detrás de una sonrisa cálida, de cada caricia. Pero nunca eras tú. Y volvían los adioses, las lágrimas y el sentimiento y la rabia de otro fracaso.

 

Ahórrate el discurso y no intentes convencerme de lo contrario, porque los dos sabemos que si algún día me encontrases nunca sería la causa de tus suspiros, ni el compás de los latidos de tu corazón, ni el amante guardián de tus pasiones. Quizás pueda llegar a ser el hombro en el que puedas posar tu rostro y verter las lagrimas de otra desdicha, el cofre de tus secretos. Porque he sido y soy el oído que siempre te escucha, la comprensión y el consejero. El amigo. Siempre el amigo. Pero no puedo aspirar a más. Incluso cuando confundí y engañé a alguna inocencia infantil y creyó amarme en alguna ocasión, el tiempo me castigó por mi insolencia y me desterró de su vida. Y hoy por fin he comprendido que el futuro no será diferente del pasado.

 

Sólo me queda aceptar que nunca gozaré de una compañera de viaje. Que caminaré solitario. Mi corazón no recibirá  nunca tus besos ni tus caricias; tan solo el aliento amigo que entibia, pero que no calienta. Porque hoy has dejado de existir.

12:21 - 8/07/2008 - comentarios {3} - Publica un comentario

Melodía en Re mayor

 

Una melodía envolvía el ambiente. ¿Era blues? No, era el ritmo que seguían sus caderas a cada paso por el andén. Un vestido ajustado, unos zapatos a juego, cabellera castaña y el mar en sus ojos. Rojo fuego en sus labios y una tímida sonrisa. Sonrisa que apareció en cuanto se percató que todas aquellas miradas viajeras seguían una única dirección. Su presencia era el blanco de todas ellas.

 

Se abrieron las puertas y la marabunta la escoltó hacia el interior del convoy. Sólo un vago recuerdo, una madeja en sus mentes, fue el rastro que conservaron todos ellos de aquel instante: el deseo irrefrenable de ir tras los pasos del ángel. Ninguna explicación que pudiera revelar la razón, tan sólo aquella imperiosa necesidad.

 

Con cada nuevo gesto de aquel moderno flautista de Hammelín el hechizo se dotaba de más fuerza. Ratoncitos eran, dispuestos a ahogarse en el río arco iris del transporte suburbano. Sus destinos perdieron toda importancia. Incluso el titán Crhonos había decidido dejar a un lado sus obligaciones conteniendo las arenas del tiempo. Y allí estaba yo, sentado en uno de los extremos del vagón, tan sumido en mis pensamientos que no me percaté de su presencia.

 

Conocí a Noelia una tarde en un foro de Internet. La conversación, en principio intranscendente, se alargó toda la noche y el alba nos sorprendió tecleando vorazmente. Cuando por fin nos venció el sueño, nos despedimos no sin antes hacernos la firme promesa de volver a coincidir en breve. “Casualmente” esa coincidencia se produjo aquella misma tarde. Y tarde tras tarde devoramos las horas el uno para con el otro. No recuerdo muy bien quien de los dos propuso aquella primera cita, pero lo cierto es que esa era la razón por la cual estaba yo acomodado en el rincón del aquel vagón, nervioso y ausente de todo lo que me rodeaba.

 

Sentado en una terracita a las puertas de Santa María del Mar esperé a Noelia. Ella se había negado a un intercambio de fotografías con la excusa de mantener cierta incertidumbre. En consecuencia no tuvimos más remedio que recurrir al clásico ardid del libro y la flor para reconocernos: “La sombra del viento” en mi mesa y un clavel blanco en su pelo. Y entonces apareció ella…

 

En un principio creí que era una de las numerosas cicerone de la ciudad, camino de descubrir el magnifico gótico catalán al numeroso grupo de turistas que iban tras de sí. Cual fue mi sorpresa al darme cuenta que sus largas piernas encaminaban sus pasos hacia mi mesa. Se plantó ante mí y me nombró:

 

- ¿Carlos?

 

Asentí embobado.

 

- Soy Noelia, ¿sorprendido?

 

Volví a asentir y dirigí mi mirada hacía el considerable grupo que estaba plantado detrás de ella.

 

- No te preocupes por ellos - me susurró - Yo tengo el antídoto. Cierra los ojos.

 

Y tras obedecer sentí sus calidos labios posarse en los míos. Al recuperar la vista ya sólo quedábamos ella y yo en la plazoleta, y una dulce melodía en el ambiente. ¿Era Joao Gilberto? No, pero la magia de Ipanema estaba sentada a mi lado y mi corazón volvía a latir.

 

 

 

23:03 - 20/04/2008 - comentarios {1} - Publica un comentario

Visiones

 

Señoras y señores, reconozco que soy un poco clásico en el tema de las modas. Sobretodo si se refieren a la forma de vestir. Y es que debo confesar que aun no le he encontrado la gracia a los pantalones de cintura baja. Sobretodo a los que lucen el género femenino mundial, y de este país en particular.

 

Imaginaos estar en un aula de la universidad esperando a que empiece la clase. De repente aparece una morena, melena al viento, ojos verdes, sonrisa tipo “encantada de haberme conocido”, que se dirige al asiento situado justo delante del vuestro. Deja el bolso, se quita la chaqueta, se dispone a sentarse… Y justo entonces sucede el terrible desenlace. Aparece lo que comúnmente conocemos todos como la “hucha”.

 

La “hucha”: esa regatera situada donde la espalda pierde su nombre. Que en cuanto la ves te cambia la cara por completo. Parece que hayas mordido un limón, o media docena, del guiño que aparece en tu rostro. Y por arte de magia, ese ángel de ojos verdes ha desaparecido de tu mente y de tus calzoncillos.

 

Y es que, al aparecer tan terrible imagen, te entran unas ganas locas de sacar la cartera, buscar una tarjeta de crédito y pasarla. Porque, sinceramente, yo creo que tiene premio, porque sino no me explico. Yo nunca me he atrevido y no conozco a nadie que haya hecho el gesto. Pero estoy seguro que el día que algún individuo coja la tarjeta y la pase, inmediatamente comenzará a llover confeti y globos del cielo, sonará una fanfarria de fondo y aparecerá un maromo trajeado con sonrisa “Profident” y un talón al portador por valor de un millón de euros.

 

Y ahora me diréis que exagero, que no es tan terrible. Y os doy la razón. Lo verdaderamente terrible es la desilusión que provoca. Porque des de la aparición de este tipo de pantalones y la generalización del tanga, miles de buitres andaban a la caza de la visión de tan codiciada prenda intima femenina. Hecho que se acrecentó tras la incorporación de la cámara al teléfono móvil. Las escenas las podría haber relatado el mismísimo Rodríguez de la Fuente, como si del águila real se tratara. Pero claro, los buitres estaban acostumbrados a los sexys tangas vistos en los medios de comunicación. Y ahí llegó el gran desengaño. Permitidme repetir la escena: morena, melena al viento, ojos verdes, sonrisa tipo “encanta de haberme conocido”… Deja el bolso, se quita la chaqueta, se dispone a sentarse, y aparece la presa: color azul cielo, con una estampación de no se que muñeco japonés, marca “Delmer”. Del mercadillo, para los no entendidos. Un OH!! de desconcierto recorre toda la sala. Y justo en ese instante los buitres emigran hacia nuevos pastos, en busca de una nueva presa y de mejor suerte.

 

Pero según la opinión de una intima amiga mía, esto solo le pasa a las chicas sin clase: “A mi nunca se me ve ni la “hucha” ni el tanga”. Evidentemente cariño. La única forma de evitar lo inevitable es tener el culo plano. Pero no me pongas morros. Tú lo compensas con dos fabulosos “bum-bums”.

 

Que ninguna visión les haga anhelar una ceguera transitoria.

 

 

 

 

 

 

 

18:31 - 26/03/2008 - comentarios {4} - Publica un comentario

Pretérito imperfecto

 

Fue en ese instante. Tras cerrar la puerta del coche y dirigirse hacia el portal. Fue entonces cuando se dio realmente cuenta de lo que había hecho. Dudó. Quería volver, pedir perdón… Pero era demasiado tarde. El mundo que habían estado construyendo durante cuatro años había estallado en mil pedazos hacía tan sólo un instante. Definitivamente y para siempre.

 

De hecho el paciente hacía más de seis meses que estaba en coma profundo. Los intentos por reanimarlo habían sido infructuosos. Los “te quiero” hacía tiempo que sólo eran palabras. Tan sólo palabras. Los gestos de cariño se limitaban a aquellos momentos en los que el peligro de un “con Dios…” era más evidente. Y los besos ya no sabían a nada. Qué razón tenía el amigo Sabina.

 

Para decir “con Dios…” a los dos les sobraban los motivos. Pero fue él quién dio el portazo definitivo. Quizás por orgullo, quizás por no llegar a odiar a aquella alma que había creído suya alguna vez. Quizás por… ¡Qué más daba ya el porqué! Como decía el refrán, “¡A buenas horas mangas verdes!”.

 

El principio del fin sobrevino un día de verano. Llegó sin avisar. Con lágrimas en los ojos y un te quiero a pesar de todo… Luego el silencio, que se tornó en palabras vacías el día que decidieron retomar el rumbo perdido. Durante los días de oscuridad aprendieron a vivir el uno sin el otro. Y la vuelta fue casi una formalidad para cubrir el expediente. Una cortina de humo. Hasta el punto que cuando se dijeron el adiós definitivo alguien se sorprendió. No había notado que estuvieran juntos de nuevo.

 

Y cada uno empezó a andar su propio camino. Con la soledad a cuestas y la nostalgia de lo perdido como compañera de viaje. Y al mirar atrás, como el caminante de Machado, divisaron el camino que nunca más volverían a pisar. Y todo el futuro en el horizonte.

 

 

 

 

21:04 - 19/02/2008 - comentarios {3} - Publica un comentario

De visita

 

¡Queridos amigos! ¡Oh! Me alegra mucho verles de nuevo. Perdonen el desorden. Ya no les esperaba. Pero pasen, por favor. No se queden en la entrada.

 

¿Quieren tomar algo? No pongan esa cara de sorprendidos. ¿Acaso creen que vivo como un mendigo? Miren detrás de esa chimenea. Encontraran todo lo que les apetezca.

 

¿Se han servido ya? Bien. Pueden sentarse. Siento no tener sillas, pero últimamente no tengo muchos invitados en mi azotea. Pero estoy seguro que en este poyete estarán de lo más cómodos.

 

¿Qué me cuentan? Venga, digan algo. No se queden en silencio. ¿Cómo? Ya entiendo. Están enfadados conmigo porque hace mucho tiempo que no saben de mi. Si bien es cierto que últimamente no me he dignado a bajar de mi tejado, no es menos cierto que ustedes tampoco han subido a verme. ¿Qué como iban a subir si no sabían por donde andaba? Lo siento, demasiadas chimeneas que limpiar y demasiados problemas que resolver. No, aun no esta todo resuelto.

 

Je, je, je… Que gracioso. ¿Qué como esta Mary Poppins? La broma fácil. Tú debes ser el listo del grupo, ¿verdad? La próxima vez exprímete un poco mas eso que tienes sobre el cuello a lo que tu llamas cabeza y que se parece mas a una caja de serrín.

 

No, no estoy simpático. Comprenderán porque no les he visitado últimamente. Y no se si lo podré hacer en un futuro próximo.

 

Bueno, disculpen que los despida. Estaba apunto de volar a aquella nube. Espero volver a verles pronto.

 

El Deshollinador.

 

21:18 - 22/11/2007 - comentarios {1} - Publica un comentario

Piropos

 

Hoy, una amiga mía, me ha llamado ameba. Por supuesto me ha sonado fatal, y la chica, al verme la cara, se ha apresurado a aclarar que no me lo tomara a mal, que era un piropo. Aunque no soy un experto en piropos, ni en darlos ni en recibirlos, soy consciente que de serlo, no debe ser uno de los más habituales. Es decir, no me imagino a los honorables obreros de la construcción gritar des de su andamio ameba cada vez que aparezca una escandalosa minifalda o un vertiginoso escote. Aunque he de reconocer que a veces la realidad supera la ficción, y que en este mundo hay de todo, como en la viña del señor.

 

El caso es que, según su opinión, las amebas son muy inteligentes. No me permitiré juzgar, pues hay tantos mundos como personas, pero sospecho que el de ella es muy amplio y colorido. Eso, o las interminables horas de estudio que lleva acumuladas le han afectado seriamente.

 

En fin, no me he quedado conforme y en cuanto he llegado a casa he buscado la definición de ameba:

 

Ameba: “protozoo rizópodo unicelular que se caracteriza por su forma cambiante, puesto que carece de pared celular, y por su movimiento ameboide a base de pseudópodos, que también usa para capturar alimentos. Unas especies viven libres en agua o tierra, y otras en el intestino del hombre o de los animales.

 

La ameba se encuentra típicamente en vegetación en descomposición. Sin embargo, debido a la facilidad con la que se pueden obtener, pueden guardarse en laboratorios, ya que son objeto común de estudio.

 

La especie más famosa se llama "proteus" y mide 700/800 μm de longitud, pero muchas otras especies son mucho más pequeñas. Cada ameba solo posee un núcleo, y una vacuola que mantiene su presión osmótica, y obtienen su comida por fagocitosis.

 

Los naturalistas se refirieron a la ameba como animal de proteus; un dios griego que cambiaba de forma, y el nombre ameba que significa cambio de forma.”

 

Analicemos la definición:

 

En primer lugar dice que es unicelular. Os prometo que si cumplo esta premisa soy la célula más grande del planeta.

 

Si es por mi forma de caminar…  Hombre, no camino como una modelo pero tampoco soy Chiquito en pleno éxtasis humorístico. Así que descarto lo del movimiento ameboide.

 

Si es por el tamaño, declaro bajo juramento que mido 1’80 metros y peso 95 quilogramos. Efectivamente soy más grande que Pulgarcito.

 

También declaro que comer lo hago como cualquier ser humano. Uso los cubiertos e intento mantener las normas de conducta en la mesa. Confieso que se me escapa algún eructo de vez en cuando. Pero jamás, jamás de los jamases fagocito. O eso creo.

 

Si he de ser objeto de estudio, pido por favor que sean comprensivos conmigo. No es culpa mía ser así. Es culpa de mis genes. Si quieren les doy la dirección de mis padres, y ya se entienden ustedes con ellos.

 

Por último sí que reconozco que soy un ser cambiante, y que me transformo. Puedo ser terriblemente encantador, y al cabo de unos minutos ser despreciablemente borde. Pero hay algo en mí que no cambia. La tontería es siempre la misma.

 

Finalmente he decidido correr un tupido velo sobre el tema. No creo que pueda sacarle más punta a este insignificante hecho. Pero estoy convencido que a la próxima rubia que vea le diré ameba. Y espero que vosotros me vengáis a visitar al hospital, porque el par de ostias que recibiré me harán pasar la noche en el aire, y luego en urgencias.

 

Que ustedes lo piropeen bien.

 

PD: Gracias por vuestros comentarios. No soy dado a contestar. Seguro que sabréis perdonarme.

 

 

 

18:07 - 13/06/2007 - comentarios {5} - Publica un comentario

Volver a empezar

 

No se si a tí, estimado lector, te ha sucedido alguna vez. He de confesar que a mí en muchas ocasiones. Quizás por mi carácter, que me obliga a emprender siempre una huida hacia delante. O por mi cobardía, que disfrazo de valentía para no tirar la mirada al suelo cuando alguien clava sus ojos en los míos. Quizás te has sentido como hoy me siento yo.

 

Confieso que soy culo de mal asiento. Que casi nunca acabo lo que empiezo. Que me marco metas a las cuales nunca llego. Que todo lo empiezo con una ilusión tremenda, que se desvanece poco a poco a medida que pasa el tiempo. Y que me siento culpable cuando abandono y tiro la toalla. Y que disfrazo de ilusión la culpabilidad para sentirme satisfecho.

 

Confieso que soy raro y que me gusta llevar la contraria. Por ello nunca he hecho las cosas cuando debía. Es decir, cuando la sociedad impone que las debía haber hecho.  Y que he engañado a mis amigos. Sí, os he engañado, porque os he vendido a un Deshollinador valiente, osado, audaz, intrépido… Vuelvo a confesar que no soy más que un cobarde.

 

Cada aventura que he emprendido en mi vida encubre un fracaso que he escondido debajo de la alfombra. No he sido capaz nunca de afrontar mi fracaso como persona. He borrado al Deshollinador para redibujarlo en otra ciudad, en otro ambiente, con otra gente, con otro color. Con la firme promesa de no repetir los mismos errores. Con la alegría que brinda la promesa de una nueva vida en un nuevo lugar. Con la diferencia que no ha sido la vida quien me la ha brindado. Es una nueva vida construida artificialmente por mis manos artesanas, cimentada en el arrepentimiento.

 

Pero sigo siendo el mismo. Con los mismos errores, las mismas impertinencias y los mismos chistes malos. Un Maquiavelo de segunda. Siempre buscando a la persona que me gustaría ser y que única seré.

 

Volver a empezar. Esta idea me ronda otra vez por mi calenturienta sesera. Volver a empezar…

 

Volver a empezar para volver a ser yo. Que idea más inútil. Y aun así me sigue atrayendo. Aunque admito que en esta ocasión el cansancio puede conmigo. Hasta que cobre fuerzas y vuelva a coger mis bártulos, y me largue de aquí con el gitano que tengo anclado en el alma.

 

Para una vez que decido volver a escribir, os muestro el corazón más negro. No me lo tengáis en cuenta. Por una vez perdonarme. Yo lo intentaré una vez más. Pero no os prometo nada.

 

Que ustedes lo vuelvan a empezar bien.

 

 

 

20:31 - 1/06/2007 - comentarios {3} - Publica un comentario

Audio guía para un triste tigre

Bienvenido al audio guía del Metro de Barcelona. Nuestra empresa quisiera agradecerle el haber escogido nuestro producto.

 

Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona el año 2005 destacaba que un 67% de los usuarios de este medio de transporte cualificaban sus desplazamientos en transporte público como aburridos y rutinarios. Es por este motivo que nuestra empresa ha decidido cubrir este mercado ofreciéndole un producto de calidad que le haga más amenos sus trayectos, destacando esos pequeños detalles que convierten un simple viaje en uno diferente e irrepetible.

 

Puede usted comenzar el viaje con nosotros pulsando la tecla 1 de su audio guía.

 

Avance por el andén y sitúese frente al panel de información situado hacia la mitad del mismo. Una vez situado en ese punto pulse la tecla 2 de su audio guía.

 

Esta usted situado frente al panel de información. Dirija su mirada hacia la derecha por favor. Sentada en uno de los bancos descubrirá a una chica rubia, bien vestida, de unos treinta años. Le proponemos un pequeño ejercicio. Analícela visualmente con detenimiento (y cierto disimulo) durante un minuto y a continuación intente imaginar quien es, cual es su destino y el motivo de su viaje. Una vez realizado el ejercicio pulse la tecla 3 de su audio guía.

 

Habrá observado a una persona bien vestida, maquillada, atractiva y nerviosa. Entre muchas de las opciones, usted podría haber deducido que la persona en cuestión es una alta ejecutiva de una empresa importante del centro de la ciudad. ¿Pero porque de su estado nervioso? Quizás tiene concertada una comida con un cliente importante. Quizás se dirige a una entrevista de trabajo vital para su futuro profesional. Si ha realizado bien el ejercicio, no habrá pasado por alto el libro con tapas llamativas que sostiene entre sus manos. Quizás solo indica su gusto por la lectura. Quizás es una señal para alguien desconocido.  Si desea conocer su verdadera identidad pulse *. En caso contrario pulse la tecla 4 de su audio guía.

 

Ha pulsado 4 y ha decidido mantener a nuestra chica en el anonimato. A continuación suba al convoy que esta haciendo su entrada en la estación en este preciso instante. Una vez instalado en el interior pulse la tecla 5 de su audio guía.

 

Esta usted instalado en uno de los vagones de nuestro trasporte metropolitano. En esta ocasión le vamos a proponer un sencillo juego. En la próxima estación subirá a su vagón una anciana de 84 años. Observe que enfrente a usted se encuentran sentados un ejecutivo, un ama de casa, un estudiante universitario y un obrero de la construcción. Le proponemos que intente adivinar cual de ellos cederá su asiento a la mencionada ancianita. Una vez realizado el ejercicio pulse la tecla 6 de su audio guía.

 

Habrá podido comprobar que ninguno de los personajes mencionados ha cedido su asiento. Pero queremos felicitarle por haber tenido la habilidad de habérselo cedido usted, una vez comprobado que ninguno de ellos ha hecho el mínimo gesto de cortesía. A continuación pulse la tecla 7 de su audio guía.

 

Estos han sido solamente un par de ejemplos destinados a abrirle un nuevo mundo de posibilidades en sus viajes diarios en nuestro Metro. A partir de este instante esta usted preparado para amenizarse dichos viajes. No obstante, en caso de necesitar más ayuda, no olvide recargar el saldo de su audio guía enviando un SMS al **** (precio del mensaje: 6,59 euros. Impuestos no incluidos).

 

Nuestra empresa desea haber satisfecho todas sus necesidades. Nuestro principal objetivo es ofrecer un servicio de calidad.

 

Reciba un cordial saludo,

 

Tres Tristes Tigres, S.A.

 

 

14:05 - 21/04/2007 - comentarios {1} - Publica un comentario

Corazones

Cuando abrió la puerta del dormitorio la encontró hecha un ovillo en un rincón. Su cuerpo temblaba como una hoja, y las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Sus sollozos habían causado que él entrara en la habitación. Ella alzó la vista, y al comprobar quien era, le arrojó una mirada de desprecio. A Carlos se le cayó el alma a los pies.

 

Ella lo había descubierto un par de horas antes en la cama con Laura. Dos años eran los que llevaban juntos. ¿Qué podía hacer para remediarlo? ¿Como quitarle el dolor que se le estaba clavando en el corazón? Si bien se moría de ganas de abrazarla, de besarla y arrancarle ese dolor que la estaba consumiendo, sabía que era imposible. Su relación había estallado en mil pedazos.

 

Sabía que Ricardo era un mujeriego. Lo había encontrado más de una vez a la hora en que los bares están a punto de cerrar con otras chicas. Pero no con Noelia. Nunca con Noelia. Eso le albergaba la esperanza de que un día ella lo descubriera todo y lo dejara. Y entonces aparecería él. La acurrucaría en su pecho, le secaría las lagrimas, le susurraría aquellas palabras que siempre se había callado. Y entonces Noelia abriría los ojos: solo él había estado siempre a su lado, solo él la había escuchado y apoyado. Y el le contestaría que él la había amado en silencio todos esos años. Y ella le besaría.

 

La fantasía se había convertido en pesadilla el día que no pudo contenerse y le confesó todo lo que sabia de Ricardo: que no la quería, que tenia aventuras con otras mujeres, que solamente era una más en su vida. Noelia le miró incrédula. Entonces aprovechó para confesarle los sentimientos que había estado ocultando todos estos años. Se puso furiosa. Le acusó de mentiroso y de aprovechado. Lo echó del piso. Su amistad se había roto.

 

Es muy duro amar a una persona que no te corresponde. En primer lugar, el dolor de no tenerla te comprime el pecho hasta que notas que te falta el aire. Y el solo echo de imaginarte lejos de ella… Así que Carlos optó por ocupar el papel de amigo fiel. Si bien nunca la tendría, al menos estaría cerca de ella. Y esa situación lo fue consumiendo poco a poco: cada vez que ella le presentaba a una nueva pareja, cada vez que se quedaban a solas y no podía besarla…

 

¿Y quien secaría las lágrimas de Noelia? Esta vez no dudó. Cerró la puerta del dormitorio y dejó su juego de llaves encima de la mesa. Cogió la maleta y se marchó. Era el día de su liberación. Nunca más sufriría por ella.

 

20:37 - 19/03/2007 - comentarios {1} - Publica un comentario

Ariel no lava más blanco

Para un aficionado a la cocina como yo es un lujo disponer de tantos espacios televisivos como los que nos ofrecen actualmente las diferentes cadenas de televisión. La oferta ha ido creciendo exponencialmente. Y ante tanto puchero y perejil la demanda se ha dispersado, lo que ha significado un problema para las cadenas. La solución lógica seria quitarlos de la parrilla, y reducir la oferta. Pero no. Cada vez hay más, y la calidad cada vez es menor.

 

Antena 3 ha llegado la ultima a esta nueva moda culinaria, como casi a todo. Y como casi siempre, para poder lograr alcanzar la cuota de audiencia deseada le ha dado una vuelta de rosca al formato. Han contratado a Ariel Rodríguez, que no es que lave mas blanco, si no al contrario, algo mas verde.

 

A este señor le llaman “El Maradona de los pucheros”. Supongo que por lo de ser argentino. Su cualidad más destacable no es la cocina. Por mucho que nos sorprenda, en realidad su mayor virtud es ligarse a las amas de casa. En primer lugar aparece con un molinillo de pimienta de más de un metro de altura. El simbolismo fálico del artilugio es evidente, y si no, lo evidencia él. A medida que va elaborando la receta va tirando indirectas, casi todas de tipo sexual. Es como tener a Fernando Esteso cocinando delante de un par de suecas en biquini. Y el final es lo mejor. Una chica del público es invitada a probar el plato del día. Casi siempre rubia, guapa y con un generoso escote y/o minifalda. Ha de puntuarlo. Y la propuesta es clara: si puntúa entre un seis y un siete le ha de dar un beso en la mejilla. Si puntúa con un ocho le ha de dar un piquito. Un nueve corresponde a un morreo con lengua. Un diez es el correspondiente morreo y una cita a solas. ¿Aceptan? Pues claro. Un minuto de televisión es un minuto de gloria.

 

En una entrevista concedida a la revista Interviú el tipo confiesa que en casa, en caso de estar contento, es capaz de cocinar desnudo. Yo propongo que debería deleitar a las telespectadoras con esa imagen. Es más, creo que con un tanga de leopardo aun triunfaría más. Subiría la audiencia como la espuma. Estoy convencido de ello.

 

Mi corta imaginación me impide vislumbrar cual puede ser la respuesta de la competencia si el mencionado Ariel tiene éxito. ¿Os imagináis , al ya de por si ido, Karlos Arguiñano de tal guisa diciendo lo de “rico, rico y con fundamento”? Aunque a decir verdad, las amas de casa preferirán, estoy completamente seguro, al vasco en tanga de leopardo que a José Andrés. Y los hombres a Eva Arguiñano antes que cualquiera de ellos. ¿Que será lo próximo? Mientras que no sometan al polígrafo al melocotón de Calanda o a la anchoa del cantábrico…

 

Recuerdo con nostalgia la corrección política de “Con las manos en la masa”. Pero también recuerdo que era inmensamente más aburrido.

 

Mientras espero acontecimientos recordaré aquel grandioso día en que Ferran Adrià descubrió en vivo y en directo, en un éxtasis televisivo irrepetible, el aperitivo que ofrecería a sus clientes en su restaurante la siguiente temporada: un vaso de agua con una rama de vainilla. Os recuerdo que el mencionado templo culinario ostenta tres estrellas Michelín. Ese día también fue grande para la cocina.

 

Que ustedes lo cocinen bien.

21:19 - 8/03/2007 - comentarios {1} - Publica un comentario

Claqueta, se rueda... ¡Acción!

Recuerdo que hace unos años, durante un corto espacio de tiempo, unos amigos y yo cogimos la costumbre de aprovechar la tarde de los domingos para ir al cine. Íbamos a una sala de Terrassa. Era uno de esos cines antiguos, de una sola sala enorme y decorada como los teatros de principio de siglo.

 

Recuerdo también lo mucho que me gustaba ese cine. Hasta hace poco tiempo creí que lo que me atraía de él era tinte romántico que desprendía. Tenía la sensación de estar en la época dorada de Hollywood, paseando junto a Gene Kelly bajo la lluvia o despidiendo a Ingrid Bergman en Casablanca. Cuánto equivocado estaba.

 

Si que es cierto que aquella sala me evocaba a otros tiempos, y quizás mi imaginación si que volaba junto a Humphrey Bogart. Pero hay algo que me pasó por alto. Ese amor por el cine no nació espontáneamente. Alguien, una persona, me lo inculcó desde pequeño, y sin esa influencia nunca hubiera soñado con las aventuras del Capitán Blood.

 

Más de uno de mis allegados habrá escuchado de mi boca como decía que nunca había tenido padre. Evidentemente si que lo he tenido. Me refería a que nunca lo había tenido de referencia. Mi madre fue quien me enseñó a afeitarme, mi madre fue con la que primero hablé de sexo, mi madre… Mi padre estaba allí, pero nunca fue el típico padre con el que hablar de hombre a hombre. No me inició en el sexo, no me inculcó su deporte favorito... Si nos conocierais a los dos, os daríais cuenta que no hay en el mundo dos personas tan diferentes.

 

De un tiempo a esta parte he reflexionado mucho sobre el tema, y he llegado a varias conclusiones. He temido durante muchos años que el día que él falte y quiera recordarlo, tener un vacío en mi baúl de los recuerdos. Mirar hacia el camino recorrido, y no verlo. Pero ya no tengo miedo. Su herencia será el cine.

 

Cuando era un niño, los fines de semana, justo después de los dibujos animados del mediodía, en la televisión hacían cine clásico. Cine de aventuras en su mayor parte. Mi padre las veía, y yo con él. Escuchaba embobado las historias sobre este o aquel actor y cuando tenía alguna duda, consultaba su enorme enciclopedia sobre la historia de las estrellas de Hollywood. Y me explicaba sus travesuras, de cómo se colaba en el cine del pueblo cuando era un mocoso, puesto que no se podía permitir pagar la entrada. Aun hoy me da lecciones, y conoce a cualquier actor de cualquier país a partir de los años 40.

 

Sí, sin duda su herencia será mi amor por el cine. Aunque, estoy seguro, que en los próximos años descubriré que no es la única. La juventud nos hace creer que nos podemos comer el mundo, que ya podemos andar solitos. Y somos tan ciegos que no vemos que para andar, alguien antes nos tuvo que coger de la mano para hacer el primer paso.

 

He de ser honesto con vosotros. No hubiera escrito esto si algo no me hubiera tocado la fibra esta noche. Ha sido, no lo dudéis, una película: The Majestic.

 

A los que me conocéis quiero pediros un pequeño favor. Recordarme que cuando vea a mi padre le de un fuerte abrazo y le pida perdón por ser tan injusto con él.

 

Esta madrugada me despediré de ustedes con simple buenas noches.

 

01:56 - 24/02/2007 - comentarios {3} - Publica un comentario

Dos mas dos igual a cinco

Hace tiempo alguien me dijo que la suma de dos y dos podría ser igual a cinco. Me explicó que a través de una reflexión filosófica se podía llegar a dicha conclusión, y demostrar que dos mas dos no tan solo podía dar el resultado de cuatro. He de confesar que me quedé algo perplejo, pero ese hecho me hizo darme cuenta de la enorme capacidad que tenemos los seres humanos para complicarnos la vida, o para complicársela a los demás.

 

El otro día se le rompió a uno de mis sobrinos el triciclo que le compré de oferta en reyes. El chaval es un poco adicto a las colisiones con los muebles de la casa, y en esta ocasión el juguete decidió decir basta. El tornillo que sujetaba la rueda delantera se partió en dos. El tiíto deshollinador consoló las lágrimas del niño, y le convenció que eso tenía fácil arreglo. Asi que el tiíto deshollinador, experto en ver Bricomania pero poco hábil en la parte práctica del asunto, se dirigió a la ferretería más próxima.

 

Nada mas entrar detecté una cola inmensa, y a dos dependientes volando a ras de suelo por el establecimiento. Cuando por fin me tocó el turno, dibujé una enorme sonrisa de complicidad, y le confesé al ferretero el problema:

 

-Ferretero: ¿Ha traído el tornillo?

-Yo: No, pero es más o menos así de largo- le dije balbuceando y gesticulando, al tiempo que me maldecía por mí  despiste.

- F: ¿Sabe si es métrico o pulgada?

- Y: Es un tornillo.

-F: Si, si… Pero me refería si sabía el ancho del tornillo y el tipo de rosca.

 

Un sudor frío empezó a correr por mi espalda. Solo era un tornillo.

 

Y: No lo se.

F: Es que sin la medida exacta lo mas seguro es que no le de el tornillo correcto.

Y: Mire, es para un triciclo del niño. Déme uno mas o menos así de largo y así de ancho- le dije, indicándole las medidas con el lenguaje universal de los dedos.

 

Pues bien. Me dio el tornillo y me fui para casa. Al llegar a ella intenté arreglar la rueda. El tornillo no entraba por el eje, era corto y además la tuerca no enroscaba en el.

 

Así que me tocaba volver a la ferretería, pero esa vez andaba hacia ella con paso firme y seguro, porque en esa ocasión sí llevaba el tornillo original. La solución estaba próxima, creía incautamente.

 

Entré y guardé la media hora de cola correspondiente. Cuando fue mi turno saqué triunfalmente el tornillo y se lo presté al dependiente. Lo cogió entre sus dedos. Sacó de un cajón un pie de rey y lo midió, lo revisó, le dio media vuelta, lo giró otros 360 grados hacia el sur, comprobó la velocidad del viento y consultó un par de veces el mapa del Meteosat por Internet. Finalmente, con cara de gran decepción, dejó salir de sus labios la terrible sentencia:

 

F: Creo que es pulgada.- y volvió a repetir la comprobación oportuna- Sí, es Wilworth. ¿Qué el triciclo esta fabricado en china?

 

Mi paciencia empezaba en esos momentos a desaparecer.

 

Y: No lo sé. Es del Toys r’us. ¿Acaso es importante? Si quiere llamo a la tienda para que me informen- dije con impertinencia.

F: No, si lo decía porque la medida vigente en la CEE es el métrico. Como es pulgada, he creído que seria chino. Allí les da igual chicha que limonada.

 

Con esa magnifica,oportuna y "útil" información ya estaba yo mordiendo el mostrador, dudando si lanzarme o no a la yugular del catedrático de la Facultad de Ferretería. Pero justo en ese instante remató la jugada:

 

F: Yo no tengo este tipo de tornillo.

 

Jekill emergía rápidamente, pero la transformación fue detenida hábilmente:

 

F: No lo tengo, pero podríamos buscar un tornillo de métrico 6. Es algo mas fino, pero creo que le servirá. Lo único es que la rueda quizás no quedará del todo ajustada y bailará un poco.

 

Suspiro…

 

Acepté rápidamente, no fuera a cambiar de idea. Me dio el tornillo y su tuerca, junto a dos magnificas arandelas para fijar mejor la unión metálica, y me fui a casa.

 

Efectivamente el tornillo era mas fino, y la rueda desde entonces baila un poco. O un mucho, depende del punto de vista. Si antes el niño chocaba una vez tras otra contra los muebles de mi cuñado, imaginaros ahora que el triciclo padece de Parkinson en la rueda delantera. La cuestión es que el niño ha vuelto a soñar con emular a Fernando Alonso. Aunque sinceramente, se parece más a Carlos Sainz a 500 metros de la meta.

 

Desde ese día pánico me da pensar que pasará el día que quiera comprar un sistema de riego por goteo para el jardín. ¿Os lo imagináis?

 

Que ustedes se lo compliquen bien.

 

20:34 - 20/02/2007 - comentarios {4} - Publica un comentario

Salseando

 

¿Os habéis preguntado alguna vez porque ponemos salsa de tomate a los macarrones? Por supuesto, si alguna vez habéis intentado comer un plato de pasta sin ningún tipo de aditivo culinario, tendréis la respuesta. Ese plato es soso, insípido… Aunque le pongamos un chorrito de aceite de oliva al agua de cocción, o unas hojas de laurel. Es inútil. A la pasta le falta algo. Y ese algo es la salsa.

 

Algo parecido sucede en una relación sentimental. No al principio, claro. En los primeros meses la pareja está en un estado narcótico considerable, y todo es mágico y maravilloso. Me refiero al momento en que el cerebro decide dejar de generar endorfinas y se nos cae la venda de los ojos. En ese preciso momento en que comenzamos a detectar los defectos del otro, sus tonterías y sus ridiculeces. ¿Cuál es la razón por la que continuamos con esa relación? Si dejamos aparte los motivos sentimentales, un factor clave es la salsa.

 

La salsa es, indudablemente, el motor de toda relación sentimental que pretenda ser duradera. Hay, como en botica, infinitas modalidades de salsas amorosas. Entre las principales cabe destacar:

 

En primer lugar la salsa picante. Se utiliza habitualmente para condimentar la vida sexual de la pareja. Sus ingredientes pueden ser muy variados, pero básicamente destacaría la imaginación, el buen humor y la confianza como componentes básicos. Hay libros muy conocidos y poco recomendables, a no ser que seas contorsionista profesional, que versan sobre el tema.

 

La salsa agridulce es aquella que condimenta los conflictos de la pareja. Destacaría como ingredientes básicos una pizca de mala leche, algo de buena voz (para los correspondientes gritos), habilidad (en caso de objetos volantes), compresión y sobretodo poca tozudez para saber cuando bajarse del burro y pedir perdón. Esta salsa no es muy agradable al paladar en principio. Más tarde, cuando hay reconciliación, se convierte en una de las más dulces. Es en ese momento cuando se puede experimentar culinariamente y mezclarla con la salsa picante.

 

En último lugar me gustaría destacar el almíbar. Usada normalmente en los postres, es muy adecuada para los reencuentros después de largas temporadas de separación de la pareja. La cara de bobo/a, la sonrisa y las ganas de hablar son parte de su composición. Importante no pasarse con el azúcar, puesto que en tal caso la salsa tiende a ser demasiado empalagosa.

 

En próximas entregas ampliaremos el recetario, y por supuesto, me gustaría que aportarais de vuestra propia cosecha. En este restaurante aceptamos sugerencias.

 

Y para despedirme, permitidme un pequeño consejo. Tal como cantaba Celia Cruz, la reina de la salsa, pónganle “sazón” a su vida. ¡Azúcar!

 

Que ustedes lo salseen bien.

23:35 - 18/02/2007 - comentarios {2} - Publica un comentario

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán

Decía Pablo Tusset que lo mejor que le puede pasar a un cruasán es que lo unten con mantequilla. Permitirme no estar de acuerdo.

 

Hay mil cosas que le podrían suceder a un cruasán. En primer lugar, podría ser mojado en un tazón de café con leche. O quizás estar acompañado por una onza de chocolate... Cada uno de nosotros podríamos imaginar mil y una situaciones en que un cruasán estaría mejor que untado con mantequilla. Aunque si nos pusiéramos en su piel, seguramente lo mejor que le podría suceder es no ser comido.

 

Actualmente estoy en una encrucijada de caminos. Depende cual escoja mi vida se dirigirá hacia un futuro u otro.

 

Creo estar en una edad lo suficientemente madura como para tomar decisiones por mi mismo. Es más, a mis años, lo lógico es que tuviera que tomar las mías y las de algún hijo. Pero me veo envuelto por las más diversas y variopintas presiones. Como dijo en su día Camilo José Cela, “No me puedo tirar un pedo sin que alguien lo huela y le parezca mal”.

 

En primer lugar me presionan mis padres. Y más concretamente, la parte femenina de esa palabra. En cuanto estoy en su presencia, alguien aprieta el botón “Start” de la maquina del tiempo y me traslado a mi adolescencia. Es más, a veces creo que a mi infancia. De repente estoy desnudo, con unos pañales y un chupete en medio de una cuna inmensa.

 

En segundo lugar están aquellos que en su día me animaron a hacer el viaje en el que estoy actualmente. No pueden reconocer la posibilidad de fracaso. En el mundo actual no hay lugar para ello. “Éxito” pregonan los profetas actuales. Y nos invaden miles de triunfitos.

 

Por ultimo, los compañeros de viaje. Ellos que sufren cada día, al igual que yo, las pasiones y vocaciones de otros profetas, ahora disfrazados de honorables doctores.

 

Todos y cada uno de ellos opinan y me intentan convencer. Todas y cada una de ellas intentan evitar que salte del tren en marcha. Pero la verdadera luz que alumbraría la noche del mi camino nadie me la enciende. Es precisamente por este último motivo por el cual me siento presionado. Porque no soy capaz de encontrar la solución al problema. Necesito una salida de emergencia, no una lluvia de buenas intenciones. Necesito un faro que me lleve a la orilla, no un guardacostas que me lleve detenido a tierra.

 

Pensándolo bien, quizás lo mejor que le puede pasar a un cruasán quizás sí sea ser untado con mantequilla. ¿Usted que opina?

Que ustedes lo unten bien.

P.D: Y digo todo esto a sabiendas que el reflejo de este texto será la de un desagradecido. Vosotros sabéis que me siento tremendamente afortunado de teneros a mi lado.

23:15 - 15/02/2007 - comentarios {3} - Publica un comentario

Con la muerte en los talones

 

 

El cine ha dado títulos ilustres del genero del suspense: “Vértigo”, “El premio”, “Con la muerte en los talones”… Y de todos los directores de Hollywood, ¿quien fue el rey del suspense? Dicen que fue Alfred Hitchcock.

 

Te voy a pedir a ti, querido lector, que hagas un ejercicio de imaginación. Cierra los ojos e imagínate que eres el protagonista de uno de esos films. Elige el que mas te guste. Ahora sitúate en la escena... Sabes que algo va a pasar, que alguien o algo va a aparecer, que tu vida esta en peligro, que has de escapar. Siente el sudor frío que corre por tu espalda. ¡Corre, corre! Te persiguen. Te falta el aliento y no puedes dejar de correr. Y de pronto te sientes acorralado en un callejón…

 

Si has hecho bien el ejercicio, la sensación que debes tener ahora no debe ser muy agradable. Y aun menos en el momento que te diga que algo así ya esta sucediendo, y que nos sucede a muchos de nosotros. Es algo que nos hace sentir el pánico… ¿Sabes que es? EL TIEMPO.

 

Señoras y señores, estoy en plena época de exámenes. Y el tiempo se me escapa entre los dedos de mi mano, como un puñado de arena de playa. Vivo en un estado perpetuo de nerviosismo. Que digo nerviosismo, ¡estoy histérico! Cada vez que abro un armario de mi casa creo que va a aparecer Chucki con un reloj en la mano: “Hola, ya estoy aquiiiii…”

 

Todo empieza a principios de diciembre. Cinco exámenes se divisan en el lejano horizonte de enero. Y justamente en ese momento es cuando pronuncias la fatídica frase que te llevará a la perdición: “Si aun falta un mes para el primer examen”. Inocente incauto. Pero el peor momento es cuando de verdad te das cuenta del problema. Te pones el uniforme de azafata del "1,2,3" y calculas: “5 asignaturas a doce temas por cada una de ellas… ¡60 TEMAS!” Y empiezas a desesperarte. Desempolvas todos los apuntes e intentas organizarte. ¿Pero por donde empiezas? Y justo en ese instante el parpado empieza a temblar.

 

Por supuesto no has tenido en cuenta las fiestas: Noche buena, Noche vieja y Reyes. Y todos los imprevistos de mundo han descubierto que estas estudiando a marchas forzadas, y se han reunido con el más “decoroso” de los objetivos: robarte poco a poco el tiempo que te queda. Y notas que él te persigue. Tu corres, pero él mas que tú. No importa lo que hagas porque él te acaba atrapando. Y es imposible defenderse. Ni siquiera puedes arañarle un poco, puesto que ya te has comido hasta las uñas de los pies.

 

Evidentemente esto a un buen estudiante no le sucede. Pero si todos fuéramos buenos estudiantes, ¿de que vivirían las academias? Y lo más importante: ¿con quien se divertiría el tiempo? Seria tan cruel quitarle ese privilegio como negarle a la muerte el derecho a que se llevara nuestras vidas. Pero mientras tanto nosotros podemos emular a Cary Grant en “Con la muerte en los talones”. Todo un lujo oiga.

 

Que ustedes lo estudien bien.

 

El Deshollinador.

 

01:26 - 27/01/2007 - comentarios {5} - Publica un comentario

El primer dia

Hoy es como el primer día de universidad. Ese día en que tu vida desembarca en un lugar nuevo, rodeado de gente desconocida. Por un lado te invade el miedo al futuro más próximo y a lo desconocido. Mientras que por otro, estas lleno de ilusión.

 

En este día tan señalado te marcas dos objetivos básicos. En primer lugar, conocer gente. Da igual cual sea su sexo, raza, ideología… Lo importante es encontrar alguien tan perdido como tu para ver si se te quita la cara de novato. Y en segundo lugar te marcas el objetivo del curso académico: estudiar mucho, o mejor, muchiiisimo. Lo dices realmente convencido, pero es casi tan falso como las tareas que nos marcamos en año nuevo.

 

Normalmente, el hecho de conocer gente es relativamente sencillo, puesto que no eres el único con la palabra “SOS” escrita en la frente. El miedo une al grupo. Con el tiempo estos grupos primerizos se van desgranando, puesto que ves las enormes diferencias que tienes con el “neng” o el empollón recalcitrante que te han tocado en el grupito. También puede suceder que seas “ el especial” y te quedes marginado.

 

Pues bien, este es mi primer día. Poco a poco me leeréis y me clasificareis: bueno/malo, divertido/aburrido… Y os gustará o no. Y me escribiréis comentarios o no. O al contrario. O nada de lo anterior. De momento os saludo a tod@s y os invito a leerme.

 

Bienvenidos,

 

El Deshollinador

23:52 - 23/01/2007 - comentarios {7} - Publica un comentario

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