| Por las azoteas de Barcelona |
Volver a empezar
No se si a tí, estimado lector, te ha sucedido alguna vez. He de confesar que a mí en muchas ocasiones. Quizás por mi carácter, que me obliga a emprender siempre una huida hacia delante. O por mi cobardía, que disfrazo de valentía para no tirar la mirada al suelo cuando alguien clava sus ojos en los míos. Quizás te has sentido como hoy me siento yo. Confieso que soy culo de mal asiento. Que casi nunca acabo lo que empiezo. Que me marco metas a las cuales nunca llego. Que todo lo empiezo con una ilusión tremenda, que se desvanece poco a poco a medida que pasa el tiempo. Y que me siento culpable cuando abandono y tiro la toalla. Y que disfrazo de ilusión la culpabilidad para sentirme satisfecho. Confieso que soy raro y que me gusta llevar la contraria. Por ello nunca he hecho las cosas cuando debía. Es decir, cuando la sociedad impone que las debía haber hecho. Y que he engañado a mis amigos. Sí, os he engañado, porque os he vendido a un Deshollinador valiente, osado, audaz, intrépido… Vuelvo a confesar que no soy más que un cobarde. Cada aventura que he emprendido en mi vida encubre un fracaso que he escondido debajo de la alfombra. No he sido capaz nunca de afrontar mi fracaso como persona. He borrado al Deshollinador para redibujarlo en otra ciudad, en otro ambiente, con otra gente, con otro color. Con la firme promesa de no repetir los mismos errores. Con la alegría que brinda la promesa de una nueva vida en un nuevo lugar. Con la diferencia que no ha sido la vida quien me la ha brindado. Es una nueva vida construida artificialmente por mis manos artesanas, cimentada en el arrepentimiento. Pero sigo siendo el mismo. Con los mismos errores, las mismas impertinencias y los mismos chistes malos. Un Maquiavelo de segunda. Siempre buscando a la persona que me gustaría ser y que única seré. Volver a empezar. Esta idea me ronda otra vez por mi calenturienta sesera. Volver a empezar… Volver a empezar para volver a ser yo. Que idea más inútil. Y aun así me sigue atrayendo. Aunque admito que en esta ocasión el cansancio puede conmigo. Hasta que cobre fuerzas y vuelva a coger mis bártulos, y me largue de aquí con el gitano que tengo anclado en el alma. Para una vez que decido volver a escribir, os muestro el corazón más negro. No me lo tengáis en cuenta. Por una vez perdonarme. Yo lo intentaré una vez más. Pero no os prometo nada. Que ustedes lo vuelvan a empezar bien.
20:31 - 1/06/2007 - Publica un comentario
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