Conectarse:            
Tu propio blog en 2 minutos en Bublegum   
Google

Espacio para el crecimiento personal, la ciencia, la interactividad con propuestas evolutivas, la fotografía y pinceladas con tintes sociológicos y otros intereses humanos. (Aviso: Fotografias tomadas de google, salvo las de creación propia. Si algún autor/a no desea que sean publicadas en este blog, se ruega avisen y serán retiradas)

Principal : Perfil : Archivos : Amigos : Album de fotos : RSS

Firma en la campaña para pedir recursos para Patologia Dual. Apoya a María y a su familia

Publicado por Evolucion el jue 11 enero 2007 a las 02:27 en Sociedad y Política. 1 comentarios. Permalink.

Colaborando con mi amiga María, he firmado para solicitar recursos para Patologia Dual. Para conocer más sobre el tema visita su página en:

http://cadenadefavores.wordpress.com/2007/01/08/peticion-de-ayuda-recogida-de-firmas-para-solicitar-servicios-en-patologia-dual/

Para firmar:

Texto procedente de enlace anterior

Hemos confeccionado dos tipos de formularios, dependiendo de tu posición respecto a la situación:

- Si eres una persona afectada por la inexistencia de recursos en Patología Dual (ya sea porque padeces Patología Dual o porque tienes algún familiar que este en esta situación con el sufrimiento que ello conlleva tanto a ti como al resto de la familia) dispones de este formulario: http://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=448

- Si no has sufrido esta situación en tu propia piel, por padecerlo directamente o por tener un familiar en estas circunstancias pero crees que debes dar apoyo a esta campaña, dispones de este otro formulario. http://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=450

Si deseas contactar con nosotros sobre este tema puedes hacerlo a través del Foro de Patología Dual que hemos creado, pinchando en este enlace. http://patologiadual.foro.st

Te vamos a agradecer difundas esta nota, ya que necesitamos que la mayor cantidad de personas conozcan y apoyen esta iniciativa para conseguir hacer más fuerza ante la Administración.

Es posible que si pasas esta nota a tus contactos y estos a los suyos alguna de las personas que lo reciba se encuentre en la misma situación y le alegre saber que hay alguien que está intentando hacer algo, dejando así de sentirse totalmente desamparada e impotente como es la sensación general de las personas afectadas por la inexistencia de estos recursos ocasiona..

Un consejo para evitar correos Spam: copia y pega el texto directamente, no hagas reenvíos y envíalo como CCO (Copia Oculta) a tus contactos y con dirección de destinatario a ti mismo/a, así si este correo llega a los que envían Spam no estarás colaborando con ellos ya que no dispondrán de direcciones.

Carta a la militancia socialista de Socialistas en Positivo, un ejemplo universalista

Publicado por Evolucion el sáb 16 diciembre 2006 a las 01:38 en Sociedad y Política. 2 comentarios. Permalink.

No me pronuncio políticamente en una dirección muy concreta. Quizás porque creo en una opción universalista muy, muy minoritaria. Asumo que salvo cierto contenido de Ciudadanos de Cataluña, no hay muchos partidos que representen mi opción tan "particular". Sin embargo me he encontrado con un grupo "disidente" del Psoe (Partido Socialista Obrero Español, para lectores que no sean de España), que adopta unas fuertes actitudes universalistas. Por ello, me interesa darlo a conocer desde aquí, para la reflexión:)

Carta a la militancia socialista

Apreciado compañero, apreciada compañera, como militantes del PSC preocupados por la deriva nacionalista de nuestro partido, deseamos compartir contigo nuestras reflexiones. Bajo la presidencia de Pascual Maragall, nuestro gobierno ha impulsado la redacción de un nuevo Estatut para Cataluña. El objetivo de fondo, expresado de manera explícita por el propio presidente, es definir un nuevo marco de relaciones entre Cataluña y España que supere el modelo igualitario de Constitución desarrollado por Felipe González y que dé paso a un segundo periodo constituyente inspirado en una “asimetría” federal.

Durante este debate sobre el Estatut nuestro partido ha dejado claro su convencimiento de que el catalanismo es el único modelo político posible (natural e incuestionable) para Cataluña. En nuestra opinión, esta posición ideológica de base —que no toma en cuenta a los numerosos ciudadanos de Cataluña que, siendo catalanes, no son catalanistas— condena al fracaso cualquier intento de nuestro partido de obtener una mayoría real de gobierno.

El catalanismo encierra al PSC en los límites marcados por el nacionalismo. Al dejar fuera del ámbito político a todos los catalanes que no son catalanistas, el PSC abona el terreno a los nacionalistas. Esto nos ha conducido a una situación política viciada, en la que una comunidad como Cataluña, donde el soberanismo es sólo residual, tiene unos representantes políticos mayoritariamente soberanistas. Por añadidura, pese a ser una posición minoritaria en Cataluña, este soberanismo condiciona incluso la política del resto del país.

Creemos que ha llegado el momento de poner en cuestión el catalanismo que define nuestro partido. Han pasado ya más de 25 años desde que los fundadores del PSC decidieron que socialismo y catalanismo serían las dos caras indisociables del mismo proyecto. El catalanismo cumplió con su función de prestigiar lo que había sido injustamente atropellado. Pero la realidad del país ha cambiado y el partido debe cambiar con ella.

Ser catalanista en 1977 era dar voz a quienes no la tenían, ser catalanista en el 2005 es quitársela a quienes también deberían tenerla.

Es preciso que el PSC abra el campo de la política. El PSC no puede perseverar en mantener fuera de juego a buena parte de su electorado potencial. Tanto por honradez como por estrategia política, el PSC debe dirijirse a todos los ciudadanos de Cataluña, sean o no sean catalanistas. Estamos seguros de que en Cataluña existe espacio político para defender abiertamente, sin miedo y sin eufemismos, un proyecto común. La realidad catalana del presente es mucho más rica y diversa que lo que su Parlamento dice de ella. Si alguna misión histórica le corresponde hoy a nuestro partido, ésta es la de proponer un nuevo modelo de país abierto y plural, no identitario, en el que todos sus ciudadanos podamos sentirnos incluidos.

Para avanzar en esta línea, proponemos que nuestro partido tome en consideración las doce peticiones que formulamos seguidamente:

1. El PSC debe ceñirse al discurso socialista
Denunciamos que el socialismo en Cataluña está impedido por el catalanismo. Los
planteamientos identitarios “homogeneizadores” como los que defiende la cúpula del PSC son incompatibles con el discurso de una izquierda moderna y pluralista. Desde su constitución hace más de seis años, Ágora socialista viene reivindicando que el PSC se ocupe de la actualización del pensamiento de izquierdas, de redoblar sus esfuerzos en defensa del Estado de bienestar, de atender, en fin, los asuntos que realmente interesan a la inmensa mayoría de los ciudadanos: corregir las desigualdades, ampliar la justicia social en los ámbitos de salud, cultura, enseñanza y vivienda, ensanchar las libertades, fomentar las políticas de trabajo y empleo, desarrollar la industria, el turismo y el comercio…

Sin embargo, según Pascual Maragall, las políticas identitarias deben ser previas a esta acción política. ¿Por qué motivo? Tal vez el demos catalán ya existente no sea de su gusto y considere necesario crear otro más “apropiado”... Recordamos al señor Maragall que la Generalitat ya tiene un “pueblo” para el que gobernar: el conjunto de ciudadanos que conformamos la comunidad política catalana. El demos no debe identificarse como una comunidad de creencia. Consideramos que es muy negativo para Cataluña que el catalanismo político se obsesione por cohesionarnos identitariamente: no queremos que se nos religue en torno a una identidad uniforme, no queremos que la acción política se supedite a la  construcción de la nación, no queremos que se pongan más fronteras a la ciudadanía. El demosque desea crear el catalanismo político ya existe, no hay que “normalizarlo”, sino respetarlo.

2. El PSC debe dejar de ser nacionalista
Denunciamos que el catalanismo del PSC es en realidad un nacionalismo implícito. De hecho, el nacionalismo en Cataluña obtiene sus mayores éxitos con la colaboración imprescindible del PSC. El catalanismo político es una estrategia: gracias precisamente a que no se reconoce como nacionalismo puede avanzar sin obstáculos hacia sus metas, que apenas se diferencian de las del nacionalismo explícito que hemos padecido hasta la fecha. Entre el nacionalismo explícito y el implícito la diferencia fundamental no es de fines, sino de medios (la calculada ambigüedad catalanista es más efectiva). Denunciamos que tras la pretendida superación del debate entre nacionalistas y no nacionalistas existe una estrategia diseñada por ERC y reconocida por sus dirigentes: lograr que todos los votantes seamos oficialmente catalanistas —lo sepamos o no, lo
queramos o no—, una vez que se ha logrado que no exista vida pública al margen del
catalanismo. Nadie se puede declarar “no catalanista” si desea participar en la política... o incluso en la sociedad.

La deriva nacionalista del PSC es tan acusada que en los últimos años se manifiesta incluso en la escenografía de nuestros actos: la desaparición de las banderas socialistas en los mítines, la presencia solitaria de la senyera —incluso de la estelada— y del himno de Els Segadors en distintos actos, la desaparición del castellano como lengua habitual en reuniones, documentos, etc., o incluso el guiño de nuestro anagrama, donde la “C” tiene mayor importancia que la “S”... Estos “detalles sin importancia” son en realidad un síntoma del virus que el nacionalismo ha inoculado al discurso socialista. Nuestro mensaje y nuestra acción política se ven perjudicados por aquellos que defienden que PSC y PSOE deben ser partidos independientes, por aquellos que consideran que para ser socialista en Cataluña es imprescindible ser catalanista. Estos “liquidadores” del PSC-PSOE llevan años ocupándose de sacrificar lo más característico del programa socialista (políticas sociales, solidaridad, libertad, lucha contra la discriminación — también por razón de lengua y cultura—, erradicación de la pobreza, justicia, etc.) en aras de su ilusión identitaria.

3. El PSC debe atender a sus bases
Denunciamos que el discurso oficial del PSC se distancia cada vez más del sentir mayoritario de sus bases. El catalanismo nos conduce a un socialismo en negativo, pues supone anteponer lo propio a lo justo (lo cual lesiona el principio de solidaridad) y definir lo propio desde criterios de identidad (lo cual lesiona el valor del pluralismo). A pesar de ello, la ausencia de autocrítica hace que desde posiciones progresistas sea hoy tan difícil superar el catalanismo como difícil fue en su día renunciar al marxismo. Para lograr que este pensamiento único haya calado hondo en el discurso de nuestro partido, la élite catalanista del PSC se ha servido de la espiral de silencio, una estrategia que le ha permitido ganar el debate impidiendo que se produzca.

Las causas de la lengua, la nación y la relación con el PSOE son algunos de los temas tabú sobre los que no se permite mostrar el menor desacuerdo, so pena de ser marginado. Condenando al silencio a buena parte de su militancia, esta élite catalanista ha ido alejando paulatinamente el partido de su electorado natural. Pero cada vez se hace más patente la separación entre las ideas de las bases y la dirección política; cada vez es mayor la frustración ante la acción política de los miembros socialistas del Govern. Por ello decimos que es preciso estimular la militancia y la participación de los afiliados y de los simpatizantes dentro de un marco permanente de debate y acción política. El PSC debe colaborar en la profundización de la democracia interna y la renovación política y organizativa del partido: es necesario romper la espiral de silencio.

4. El PSC debe atender a la realidad de Cataluña
Denunciamos que el catalanismo acentúa la fractura entre la Cataluña real y la Cataluña oficial. Durante dos décadas de normalización y de apoyo al “hecho diferencial”, el nacionalismo ha defendido que la parte “diferencial” de nuestra cultura es la única que nos es “propia”, y que lo que compartimos con el resto de españoles es “impropio” de los catalanes. Así el nacionalismo, con la complicidad “implícita” del PSC, ha creado una identidad falsa para Cataluña, que sólo se corresponde con su ilusión identitaria. El discurso oficial del PSC no acepta que la identidad de Cataluña no es otra cosa que la suma de las identidades de los catalanes. El catalanismo del PSC sí acepta, en cambio, el modelo nacionalista de país y sigue gobernando para una Cataluña que tiene más que ver con la ficción normalizada que representan las series de TV3 —donde todos los personajes, desde una portera hasta un director de multinacional, pasando por un camarero o un taxista, hablan un catalán fabriano— que con la Cataluña real.

Con su empeño por privilegiar todo hecho diferencial, el catalanismo ha pretendido hacernos creer que lo que nos diferencia —con frecuencia interesadamente exagerado, incluso inventado— es lo “único” que nos caracteriza. Por el contrario, los estudios sociológicos demuestran, por ejemplo, que Barcelona es, inmediatamente después de Madrid, la provincia con menor “hecho diferencial” de España, o dicho de otro modo: los barceloneses somos, tras los madrileños, lo más parecido que existe a un “español tipo”. ¿Acaso El cor de la ciutat es más catalán que la película Tapas? ¿Isabel Clara-Simó es más catalana que Juan Marsé? ¿Els Pets son más catalanes que Estopa?... Los catalanes que han sido ignorados durante más dos décadas por el nacionalismo conservador hoy siguen siendo ignorados por el catalanismo. El PSC debe dejar de utilizar la política como elemento compensador de las dinámicas sociales. El
PSC no debe seguir dando la espalda a la realidad.

5. El PSC debe atender al presente de Cataluña
Denunciamos que, con la voluntad del PSC, en el nuevo Estatuto “el autogobierno de Cataluña se fundamenta en los derechos históricos del pueblo catalán”. Nuestro partido rechaza el concepto de “derechos históricos” para legitimar el “blindaje” de todas las competencias, pero lo considera esencial para justificar el autogobierno de Cataluña y las competencias en materia de lengua, cultura, derecho civil y organización territorial. Sin embargo, desde un socialismo en positivo debemos negarnos a admitir que la historia sirva de excusa para reclamar privilegios y no podemos aceptar otra legitimidad para la acción política que la fundada en el presente. Toda alusión a la nación catalana busca su referente identitario en una supuesta realidad histórica, anterior al Decreto de Nueva Planta y, muy en especial, anterior a las grandes migraciones que han tenido lugar a lo largo del siglo XX y que han cambiado de una manera profunda la realidad social del pueblo catalán. Para el catalanismo, la pluralidad de la Cataluña de hoy no es el fruto de siglos de convivencia, de matrimonios, de millones de desplazamientos e inversiones, de ilusiones y proyectos compartidos…, sino el odioso resultado de una guerra civil que hay que enderezar (“normalizar”) para resarcir a la Nación catalana.

En efecto, del discurso catalanista se deduce que la Nación catalana es un organismo “histórico” superior al individuo y anterior a cualquier voluntad asociativa: Cataluña sería una entidad distinta de los individuos que la componemos, con unas características esenciales, permanentes, que no dependen del albur de la voluntad democrática de los ciudadanos ni se ven afectadas por la mudanza de los tiempos. Más bien al contrario, como se trata de “un hecho incuestionable que precede al derecho” (en palabras de Joaquim Nadal), son los ciudadanos catalanes quienes debemos adaptarnos (“normalizarnos”) a esas características esenciales de Cataluña para
preservar o recrear la identidad nacional.

Reflexionar sobre la historia es lícito, emotivo, entretenido..., pero de lo ocurrido en el pasado no pueden derivarse derechos políticos que puedan exigirse en el presente. Los territorios más felices son aquellos que no han tenido que cargar con la pesada losa de su historia. Rectificar el presente de Cataluña para acercarlo a sus mitos del pasado es empobrecer irremediablemente — y en todos los sentidos— su futuro.

6. El PSC debe garantizar el respeto a la pluralidad
Denunciamos que en Cataluña se está avanzando hacia un modo de organización política que no garantiza el pluralismo y la igualdad de derechos. Las políticas identitarias son muy peligrosas. Hannah Arendt describió tres pasos en el camino hacia el totalitarismo:

1. El primer paso se da cuando se permite que la identidad colectiva del “pueblo”
prevalezca sobre la libertad del individuo. Este paso se ha dado ya en Cataluña, donde
las políticas de cohesión social tienen como fin la creación de una “nación catalana”
religada en torno a una lengua y una cultura únicas. Los catalanistas equiparan el justo
reconocimiento de las minorías con la injusta aprobación de todo tipo de restricciones
de derechos individuales en el seno de esas minorías.

2. El segundo paso se da cuando a un “pueblo” definido de una manera concreta se le
reconocen unos derechos “históricos” en exclusiva sobre un territorio determinado. El
resto de personas quedan excluidas de esa relación privilegiada con el territorio donde
viven, pues tienen identidades o sentimientos de pertenencia “impropios” y sólo serán
consideradas ciudadanas de pleno derecho en la medida en que se “rediman” de su
herencia o costumbre y adopten la identidad “propia del país”.

3. El tercer paso se da cuando el “pueblo” religado y unido en torno a una identidad
cerrada (primer paso) y constituido en nación con derechos en exclusiva sobre un
territorio (segundo paso) reclama su derecho de autodeterminación, que no es otra cosa que la voluntad de secesión de un “pueblo” para hacer coincidir “nación” (comunidad identitaria de unos cuantos) y Estado (organización política de todos).
Las entidades políticas con intereses contradictorios —y una comunidad libre de ciudadanos lo es por definición— nunca pueden ser sujetos de derechos colectivos, pues siempre habrá algún “conductor” del pueblo que se sienta capacitado para interpretar rectamente la voluntad general, con la iluminación suficente para decidir cuál es el genuino interés de ese pueblo, su inalienable “derecho histórico”. Queremos que el Estatuto sume al conjunto de sus ciudadanos y reconozca expresamente la realidad plural de Cataluña. La pretendida “identidad” de Cataluña no es otra cosa que la suma de las identidades de los catalanes. Exigimos al PSC que lleve a cabo una política de reconocimiento de la diversidad cultural catalana: las personas tienen identidades múltiples y todas son acreedoras de iguales derechos de ciudadanía. Una idea de ciudadanía que se vincula a la identidad oficial del “pueblo” es, por definición, excluyente y reaccionaria, ajena a la cultura política de la izquierda y contraria a las identidades de los ciudadanos.

7. El PSC debe renunciar a institucionalizar el concepto de “nación”
Denunciamos que la voluntad de constituirse como “nación” es la clave de bóveda del
nacionalismo. El nacionalismo nunca nombra la “nación” en vano. Introducir este término en el Estatuto no es en absoluto una trivialidad, sino que está en la base de la estrategia nacionalista diseñada hace años y que sigue avanzando con éxito: paso a paso, alcanzar pequeños hitos graduales que no despiertan rechazo gracias a su aparente intrascendencia, pero que favorecen el logro del siguiente hito. Detener el avance nacionalista en el tercer paso del punto anterior (o sea, no conceder la autodeterminación, como desea ERC), concediendo el segundo (o sea, aceptar la existencia de una nación de identidad homogénea, con privilegios sobre un territorio,
como desea el PSC), es un grave error, porque no sólo no frena el avance del nacionalismo, sino que lo fortalece al legitimar las inevitables reivindicaciones de futuro: “¿Si somos nación, por qué no tenemos Estado?”, oiremos en pocos años. Igual que la mención a los “derechos históricos”, la mención a la “nación” es un “caballo de Troya” de los grupos soberanistas.

Quienes afirman que Cataluña es una nación tratan de cimentar su apuesta política en al menos uno de estos tres pilares: historia, cultura o voluntad del pueblo. Como ya hemos dicho, desde principios socialistas no es admisible que de una determinada lectura de la historia se deduzca la existencia de una nación, como tampoco es admisible desde el socialismo construir una nación a partir de elementos identitarios culturales. En cuanto a la idea de la “voluntad de autogobierno expresada a lo largo de la historia” —lo que los catalanistas llaman la “conciencia nacional”—, desde el más puro respeto a la democracia sólo podemos afirmar que ese plebiscito popular no se ha producido: aunque nuestros representantes parlamentarios defiendan de manera unánime que Cataluña es una nación, en la calle esa opinión es respaldada por una minoría (según una reciente encuesta de La Vanguardia, por un 21% de los catalanes). Cada ciudadano puede denominar a Cataluña como quiera; jurídicamente, en cambio, la cuestión es distinta: que la palabra “nación” figure en un texto jurídico la convierte en un término gramatical con valor normativo, con fuerza jurídica y con importantes consecuencias políticas. Defender en estas circunstancias que el Estatut consagre a Cataluña como una nación, pretendiendo ocultar todo lo que se esconde tras este término, es asumir el credo nacionalista.

¿Cómo se define la Nación catalana? ¿Son catalanes, por ejemplo, quienes tienen el castellano como lengua propia? Los catalanistas nos han dejado bien claro que la lengua no es un mero instrumento de comunicación valorable por su extensión, ni la lengua habitual de cada ciudadano, ni siquiera, necesariamente, la de la mayoría... Para Maragall, la lengua es “el ADN del pueblo”, una característica esencial del cuerpo político independientemente de su realidad y peso como fenómeno social. Para los catalanistas, “la lengua es el vínculo de unidad de los catalanes, el alma misma de la Nación, pues sólo en la lengua se manifiesta y se acuña la totalidad del carácter nacional...”. Así las cosas, si se sanciona por ley la existencia de una Nación catalana, ¿en qué situación quedarán los ciudadanos catalanes que no formen parte —por voluntad o por fatalidad— de esa Nación?

8. El PSC debe llevar la iniciativa política
Denunciamos el seguidismo de nuestro partido del discurso de ERC. Somos conscientes de que también entre los dirigentes del PSC hay quienes se sienten muy incómodos compartiendo la acción de gobierno con estos defensores de la exclusión. Conocemos su análisis: “Pactar con los fanáticos de ERC —se justifican— es necesario para evitar un frente soberanista CiU-ERC en Cataluña”; pero no compartimos su estrategia. En primer lugar, porque reducir el terreno de juego político al ámbito nacionalista implica disminuir nuestras posibilidades de obtener una mayoría real en Cataluña: no podemos renunciar a que el PSC dé respuesta a todo su electorado y represente también al voto tradicionalmente desatendido; el PSC tiene la obligación de evitar que otras iniciativas al margen del socialismo puedan recoger parte de este voto.

En segundo lugar, porque ninguna razón estratégica para obtener poder político justifica el abandono de los principios del socialismo. Pedimos que el PSC marque nítidamente las distancias con el discurso de ERC, hegemónico en el tripartito. Si esto no es posible, mejor será mantener la dignidad desde la oposición que envilecerse desde el poder. El pensamiento y la acción política de ERC son progresistas sólo de nombre: su compañía nos deslegitima. En el resto de Europa sus planteamientos políticos son asumidos únicamente por partidos ultranacionalistas y derechistas que defienden modelos de sociedades de privilegio, cerradas en sí mismas y en las que no todos sus integrantes tienen derecho al mismo reconocimiento oficial.

9. El PSC debe tener una relación federal con el PSOE
Denunciamos que la relación entre PSC y PSOE no atiende al significado de la palabra federal. El PSC se ha ido desnaturalizando como partido marcando las distancias con el PSOE y configurando su relación como confederal. Este tipo de relación limita los derechos de sus militantes, ya que la participación en la conformación de la voluntad del PSOE no resulta de su voluntad, sino de la de sus elites: no existe una relación de militancia directa. Las bases del PSC no ganamos nada con este modelo, al contrario: perdemos la posibilidad de conformar la voluntad del partido resultante de la federación. Este modelo, sin embargo, sí es interesante para la cúpula dirigente, que por un lado puede prescindir de la opinión de sus militantes —que ven así secuestrada su posibilidad de intervenir en asuntos del partido federal que le conciernen— y por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, puede actuar ante el PSOE como una voz
única territorial, que no transmite adecuadamente el pluralismo interno existente en el PSC. Con este modelo, toda “distancia” entre el partido federal y el partido federado redunda siempre en beneficio de la cúpula dirigente, que ve aumentado su poder.

Por ello no es de extrañar que incluso las siglas PSOE hayan desaparecido de nuestro anagrama. Además, no deja de ser una incongruencia decir que España es un estado federal y al mismo tiempo propiciar una estructura de partidos cuyos lazos sean confederales. A no ser que lo que se pretenda sea exportar el modelo “federal” descrito a la relación entre Cataluña y España. Esto sería muy preocupante, ya que supondría una limitación de los derechos de los ciudadanos catalanes, cuya voluntad ya no tendría una representación directa en la conformación de la voluntad federal, sino que estaría siempre mediatizada por la voluntad de la oligarquía local dirigente.

Por otra parte, este modelo de relación confederal, de distanciamiento del PSOE, nos aleja de la realidad de nuestros votantes, que nos identifican con el PSOE. Muchos de ellos nos votan sólo gracias a esta relación con el PSOE. Si seguimos trabajando para ser un partido diferente, corremos el riesgo de que, como sucede en las elecciones autonómicas —cuando más claramente se visualiza la diferencia—, una gran parte de nuestro electorado potencial se sienta huérfano de opción política y deje de votarnos.

10. El PSC debe destapar el oasis catalán
Denunciamos que el catalanismo utiliza la reivindicación nacional para desviar la atención de la acción de gobierno. El PSC ha contribuido a que en el pequeño mundo de la política catalana se consolide una política de falta de transparencia que se traduce en la ausencia de exigencia de responsabilidades políticas. Episodios como el del 3% han generado en nosotros un sentimiento de desconfianza y decepción que va a ser difícil de superar: lo importante no ha sido aclarar si ha habido pago de comisiones ilegales, sino buscar a toda costa el consenso para el Estatut de la nació.

El oasis catalán es un “hoy por ti mañana por mí”, un agradable sentimiento de seguridad para los políticos directamente proporcional a un desagradable sentimiento de fraude para el electorado. Por cierto, el auténtico autogobierno no es una cuestión de proximidad, sino de participación y control de la acción del gobierno. Y de hecho, la experiencia nacionalista nos está demostrando que la proximidad puede servir para lo contrario: blindaje de las elites, medios de comunicación acobardados, clientelismo empresarial y políticos que se han socializado juntos y que resuelven en comidas de amigos lo que deberían debatir en el Parlamento.

11. El PSC debe ocuparse de mejorar la gestión de gobierno
Denunciamos que el catalanismo del PSC empobrece Cataluña, no sólo cultural, sino también económicamente. Una de las acusaciones del PSC más recurrentes —y mejor fundamentadas— al nacionalismo conservador fue la de no gestionar con eficacia los recursos de que disponía y practicar una política victimista que ocultara todos sus fracasos de gestión. Pues bien, parece que el pujolismo ha generado unas inercias difíciles de corregir: tras constatar que la riqueza de Cataluña crece en proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables, nuestros responsables políticos han reaccionado como sus antecesores en el poder, atribuyendo la decadencia económica al expolio al que nos somete el resto de España. El catalanismo nos
propone su solución: la única vía posible para que Cataluña vuelva a ser próspera es reducir la solidaridad con el resto de España y recuperar el concepto de saldo fiscal (concepto que, como bien nos recuerda Felipe González, fue reintroducido por Margaret Thatcher en la discusión del cheque británico). Nada se dice, sin embargo, del despilfarro que supone desviar recursos públicos desde la inversión productiva para fines exclusivos de exaltación patriótica, nada se dice de las desventajas económicas que generan las políticas identitarias —pérdida de mercados y creciente rechazo con riesgo de boicot, desaprovechamiento de oportunidades, suspensión de programas de inversión, deslocalización de empresas, ruptura del mercado de trabajo nacional, multiplicación de gastos no productivos, esclerosis de estructuras subvencionadas, freno a la iniciativa, barreras de entrada y promoción para los trabajadores, disminución del crecimiento económico...—, nada se dice de los problemas de gestión que ocasiona la selección de las personas que ocupan altos cargos con responsabilidades públicas más por su adhesión a la causa nacional que por su cualificación... El catalanismo sigue empeñado solamente en “ser” o en “tener más poder”, en lugar de en “hacer algo” con el que poder que ya tenemos. Nosotros pedimos al PSC que la acción de nuestro gobierno se concentre en modernizar el país, en promover la prosperidad de sus ciudadanos y en mejorar la gestión y la eficiencia de su administración y recursos públicos. La obsesión nacionalista debe dejar de actuar como un lastre para nuestro avance y desarrollo.

12. El PSC debe proponer un nuevo modelo de país
Denunciamos que después de 39 años de nacionalismo español y 23 años de nacionalismo catalán, Cataluña sigue sin conocer un modelo político de país que sume a todos sus ciudadanos. Existen dos Cataluñas: la Cataluña del patio, donde los niños hablan en libertad, y la Cataluña del aula, donde se impone la identidad única; la Cataluña de la calle, donde la convivencia en la diversidad es perfecta, y la Cataluña de la Administración, donde la ficción normalitzada se impone a la realidad normal. Más de un 80% de los ciudadanos de Cataluña vive con naturalidad su sentimiento de pertenencia a Cataluña y a España.

Muchos pensábamos que con la tan esperada llegada del PSC a la Generalitat conoceríamos por fin una Cataluña plural, integradora y abierta, que no desaprovechase su fuerza interior poniendo barreras identitarias, que no echase a perder buena parte de su potencial de crecimiento, que no generase un más que comprensible rechazo en la comunidad española a la que pertenece. Pues bien, el PSC está ya en el Gobierno y, a pesar de ello, la ambición política se sigue reduciendo a la exaltación de los símbolos nacionales y la acción política se sigue suplantando por la reivindicación permanente de mayores cuotas de autogobierno, con lo que se está abonando el terreno para que siga creciendo el independentismo. A Cataluña se le ha vuelto a escamotear un modelo político coherente y honrado con su ciudadanía. Por ello exigimos a los responsables políticos del PSC que propongan para Cataluña un paradigma de sociedad alternativo al defendido hasta ahora por el nacionalismo dominante. Animamos a militantes y simpatizantes socialistas y sindicalistas, a cuantos crean en la necesidad histórica del socialismo democrático, a apostar por un proyecto político que afronte y erradique las injusticias y desigualdades sociales, un modelo socialista libre de las servidumbres del catalanismo.

Fin último de la globalización: Universalismo real. Parte 3º y última.

Publicado por Evolucion el mié 6 diciembre 2006 a las 01:00 en Sociedad y Política. 0 comentarios. Permalink.

 

Partimos de que la sociedad ideal no será nunca una en la que todos vamos a ser iguales y no va a haber problemas, sino una en la que todos podamos aceptar a un “otro” (que a su vez nos acepta simetricamente en nuestra diferencia) y una sociedad donde EXISTAN PROBLEMAS, pero estes problemas se puedan afrontar de manera proactiva.

Creo que el fin último de una
globalización evolutiva, es aquel en el que los seres humanos siendo conscientes de la existencia del otro, y habiendo evolucionando lo suficiente para no necesitar desarrollar ya, mecanismos defensivos frente al miedo “a lo diferente” (puesto que el diferente a su vez, puede asumirnos a nosotros simetricamente), puede asumirlo dentro del respeto sincero y la motivación “benchmarketing” de aprender lo que el otro nos pueda aportar.


A partir de este momento, pasaríamos a una segunda fase, donde se puede ver bajo la superficie, la igualdad que hay detrás de las diferencias, y que para mi será la base fundamental de cualquier
universalismo auténtico.


Personalmente no puedo identificarme con posiciones relacionadas con nación alguna, incluida en la que estoy nacionalizada, aunque por razones puramente pragmáticas, defiendo el marco de convivencia que bajo el concepto nación, me permite vivir en un colectivo
normativizado, que ayuda a conseguir una sociedad en paz. En mi caso, en ese marco de convivencia que intentó ser España, a partir, de la muerte del dictador Franco.

Sin embargo, va contra mis entrañas, creer en identidades individuales, relacionadas con entes geográficos, donde provisionalmente se producen características concretas
diferenciadoras, que desaparecerán en x años.

Por ello, he optado por una opción mía, una opción muy poco de moda, pero que es la única en la que me siento cómoda, y es la opción
universalista, donde mi identidad queda intacta e independiente de ninguna relación geográfica, étnica, o de otra forma, y resulta compatible con el hecho de que todos somos diferentes, y nuestras diferencias pueden llegar a ser complementarias, no excluyentes ni garantes de ningún tipo de sentimiento de alteridad.

Aunque sé que es una opción muy a largo plazo, creo que es la única viable para garantizar una vida humana. Desde el espacio, no hay fronteras.

Si alguno se siente identificado, puede pasarse por el grupo universalistas
, que ahora acaba de nacer. http://www.orkut.com/Community.aspx?cmm=20342570

Bienvenidos a los que eligen ser diferentes:)



Aspectos positivos de la globalización. Parte 2ª

Publicado por Evolucion el mar 5 diciembre 2006 a las 01:00 en Sociedad y Política. 1 comentarios. Permalink.

ASPECTOS POSITIVOS DE LA GLOBALIZACIÓN
Me ha gustado esta definición positiva“la globalización alude a un proceso de fortalecimiento de las interdependencias entre empresas, individuos e instituciones de países distintos. Habla de un mundo interconectado en múltiples planos de la realidad, que atraviesa fronteras e incluye a distintas naciones, pueblos, regiones, grupos sociales, razas e individuos.”.

A MÁS INFORMACIÓN GLOBALIZADA, PUEBLOS MÁS CONSCIENTES


Cory Aquino, ex_presidenta de Filipinas, hace el siguiente comentario en El Mundo, del Sabado 18 de noviembre de 2006:

Pregunta del
periodista: ¿Imagina un mundo sin dictaduras?

Respuesta de Cory Aquino: Es lo que espero y hoy tenemos menos dictaduras que en el pasado. En parte esto es así gracias a la globalización. Lo que ocurre en otros países ha dejado de ser un secreto. La primera vez que los chinos tuvieron oportunidad de ver algo del mundo exterior en la época de la Cortina de Bambú (etapa de Mao) fue durante la retransmisión de los Juegos Olímpicos por televisión. Las comunicaciones son en gran parte responsables a la hora de mostrar a la gente (bajo dictaduras) como se vive en otros lugares.

Realmente esta afirmación confirma la importancia de la
transmisión global del conocimiento. Si sabemos que los vecinos viven en armonía, sin imposiciones de ningún tipo, con buenos niveles de vida, y en marcos de convivencia no violentos, ya no será tan fácil conformarse con una convivencia sometidos a determinados poderes. La perspectiva psicológica cambia inevitablemente.

Esta es la
increíble fuerza de internet como inesperado motor de la globalización social positiva.


GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA

La interdependencia económica en el mercado del petróleo nos somete a todos a una misma forma de vida. Me resulta curioso ver que hasta el último rincón de Afganistan tiene su pequeñas ciudades con sus coches y sus
semáforos.

Por otra parte, creo que aunque ahora se producen situaciones de muchisimo dolor, en tanto muchas personas están siendo explotadas como mano de obra barata en los países a donde han emigrado empresas que antes se
veían obligadas a respetar los derechos de los trabajadores, la gente siempre acaba reaccionando.. y al igual que no es tan fácil mantener una dictadura como antes, creo que cuando los desmadres pasen los límites, y así lo enseña constantemente la historia, los que no aguanten más comenzaran su propia lucha por la igualdad global en materia de derechos laborales.

Al tiempo se está viendo como en estes países, la
economía mejora, gracias al dinero que genera estas empresas en los sitios en los que se asienta, con lo que combinando ambos factores, existe la posibilidad de que a medio plazo, puedan encontrar su propio equilibrio entre desarrollo económico necesario para que todos los seres humanos puedan vivir con dignidad y el respeto a sus derechos fundamentales.

Y en aquellos sitios de donde se han marchado estas empresas, pueden acabar aguzando su creatividad y encontrar otras alternativas basadas en alguna ventaja comparativa que puedan ofrecer.(Calidad frente a producción más barata pero con menos garantías, etc.)

GLOBALIZACIÓN DE LA JUSTICIA, IMPULSADA POR LA GLOBALIZACIÓN DEL CRIMEN

El año 2001 se manifiesta el primer síntoma de evolución inevitable hacia la universalización. Surge la conciencia de “globalización a través de la presencia referencial constante de los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Aquel año muchos tomamos conciencia de hasta que punto todos los seres humanos del planeta tierra, estábamos inmersos en una realidad que hasta ese día solo era una idea. A partir de ese día pudimos comprender que existía una globalización del crimen.

Esto está muy bien explicado en este enlace: "El carácter global de los atentados (global por los actos preparatorios, los medios empleados, la nacionalidad de los sospechosos y de las víctimas, la diseminación de los elementos de investigación a reunir, etc.) parece conducir hacia una justicia global, mejor adaptada, tanto en términos de legitimidad (garantizaría el juicio un tribunal independiente e imparcial) como en términos de eficacia (facilitaría la investigación, la concentración de las pruebas y la realización de las detenciones en el mundo entero: a crimen global, justicia global".

Es decir, unos hechos terriblemente destructivos y desgraciados, parece que han conseguido hacernos evolucionar hacia una mayor universalización efectiva.


GLOBALIZACIÓN DE LAS IDENTIDADES

Una de las cosas que
machaconamente transmiten desde el poder de determinadas áreas geográficas, es la relación de una identidad (individual y al tiempo colectiva) con una área geográfica determinada.

Igual que propongo la construcción de naciones
proactivas, creo factible asumir sino identidades, al menos características de identidades de manera proactiva. Las posibilidades de interconexión que nos ofrece la globalización nos permite descubrir en otros características a imitar a la manera del benchmarketing. En ese aprendizaje el objetivo no es diluirse en otras culturas, sino de mantener lo positivo de nuestro entorno, y adquirir aquello que deseemos del entorno más lejano.

Esta idea se comprende mejor, si somos conscientes de que jamás hemos podido evitar como dice la canción, “contaminarnos” de otras culturas, por la fuerza de las armas, o de el intelecto. Y la “contaminación” sobre el colectivo humano ha sido más duradero en tanto las culturas influyentes tenían algo que aportar, como por ejemplo las culturas griega y latina. Ningún país quedo al margen de las ideas provenientes de los intelectuales de moda en determinadas épocas históricas, y estas ideas, se
trasladaron a su vez, practicamente todas las culturas a las que se podía llegar. Una vez que sabemos que la influencia va a llegar, acojamosla con mentalidad constructiva y positiva. Todo el mundo tiene cosas positivas que ofrecer. Otra cosa distinta es asumir como inevitable ser asimilados por culturas invasoras, ya movidas por definidos objetivos imperialistas, o adaptandonos a ellas, por miedo a sus “reacciones”. Se trata de compartir PROACTIVAMENTE lo positivo, no de perder lo positivo que nosotros tenemos y podemos aportar.

Por otra parte, si hay algo que está reñido con la realidad, es creer que nuestro colectivo actual será eterno (haciendo así proyecciones inconscientes sobre el miedo a nuestra propia muerte individual en él). Y para evitar su desaparición, promover o participar (consciente o inconscientemente) en políticas excluyentes, de
imposiciónes identitarias, aisladas entre aduanas y burócratas. En estas formas de nacionalismo, suele haber representantes de intereses superiores, que movilizan con medios sutiles a veces desde la más tierna infancia (en la que los niños no se pueden defender), a toda una sociedad que va a crecer creyendo a pies juntillas, lo que el sistema educativo (previamente programado para ello) le diga.

No existe nunca la completa desaparición de una cultura, sobre todo si ha sido una cultura que ha creado y aportado evolución al conjunto de la humanidad. Características de nuestro colectivo actual, perdurarán de una u otra manera, en las próximas generaciones, sobre todo si hemos formado parte de un colectivo generoso, no excluyente, audaz y creativo.

Aspectos negativos de la globalización. Parte 1ª.

Publicado por Evolucion el lun 4 diciembre 2006 a las 01:00 en Sociedad y Política. 0 comentarios. Permalink.

 

MIEDOS A LA GLOBALIZACIÓN

CUANDO LA GLOBALIZACIÓN SE CONFUNDE CON EL NEOLIBERALISMO 

La imagen que solemos tener del movimiento
antiglobalización es que está contra todo lo que suene a globalización. Sin embargo en wikipedia, podemos encontrar una definición donde deja claro que el movimiento está en realidad en contra de la globalización neo-liberal.


Es importante distinguir entre la
globalización “en general” y la presencia cada vez más palpable, de un “libre” mercado globalizado (por el continuo trasiego de empresas que trasladan sus sedes a lugares con seres humanos “baratos”, y el paro que empiezan a sufrir en aquellos lugares de donde se van las empresas ).

Esta economía , hace surgir enormes oligopolios, fruto de fusiones que acaban influyendo en las decisiones políticas que nos afectan a todos.

 

GLOBALIZACIÓN UNIFORMADORA

Cuando la individualidad no puede ser uniformada..

 

Una de las críticas a la globalización es el hecho de que nos uniforma, en el sentido que decide marcar el país que en ese momento tenga más poder. Todos comemos en McDonalds, bebemos Coca-Cola  y usamos vaqueros. 

 

Sin embargo,  por mucho que se maten, es imposible eliminar el hecho de que somos diferentes, y que muchas personas, no cambiarán jamás el placer de probar las distintas comidas del mundo, antes que comer exclusivamente en McDonalds, o que otras muchas les encanta vestir con pana y muchos otros solo queremos tomar zumos naturales.

 

Hay un punto donde la uniformización se vuelve imposible, y es cuando topa con nuestras únicas individualidades.

 

COLECTIVOS EN DIFERENTE ESTADO EVOLUTIVO

Además de los miedos ya comentados, existe otro peligro. El riesgo de que la globalización pretenda saltarse las etapas evolutivas que necesitan cubrir determinadas sociedades.

Existen diferentes grados evolutivos en las sociedades, desde sociedades cuyo eje es un primitivismo mágico a las sociedades más evolucionadas a nivel científico, que intentan acercarse a la realidad, mediante la razón y la ciencia.

Intentar intervenir en las sociedadades menos evolucionadas (en el sentido de no haber adquirido creencias científicas), intentando asimilarlas,  y tomando como patrón a seguir, el que esté de moda en determinado momento histórico, es un asesinato colectivo. 

 Igual que cada persona tiene que llegar a encontrar sus respuestas a su ritmo, las sociedades “menos evolucionadas”, deben de sentirse respetadas en sus diferencias, sabiendo que evolucionarán donde deseen evolucionar (siempre que estas diferencias no atenten contra la dignidad humana, concepto que va más allá de diferencias culturales,  como el trato diferencial asimétrico contra las mujeres o una de sus consecuencias, la ablación del clitoris).

Igual que la destrucción de cada especie puede representar perder información vital (para por ejemplo curar enfermedades), intentar uniformar las diferencias de pueblos en fase evolutiva, además de ser un atentado a la dignidad humana, puede suponer perder riquezas inmensas imprescindibles para la humanidad. Como ejemplo pongo la importancia que tuvo uno de los pueblos indios de Norteamerica, en la Segunda Guerra Mundial, o por ejemplo, el gran conocimiento en plantas que pueden tener los más sabios de estes colectivos.