Conectarse:            
Tu propio blog en 2 minutos en Bublegum   
Hector Garrido.........Textos y fotografías (2)

Visita la web de la nueva exposición de fotografías FOTOSPECTIVA: www.fotospectiva1.blogspot.com

09:57 - 17/09/2007

EL Pescador sin mar

.

Pasiones confesadas

(1)

.

El pescador sin mar

.

En el barrio alto de Sanlúcar de Barrameda sobrevive a duras penas el Museo del Mar de José María Garrido, una curiosa colección de objetos marinos recogidos a lo largo de 35 años.

.

Si pronto amanece es porque la mente anduvo entretenida sin notar el paso del tiempo. De hecho, las horas se alargan o contraen dependiendo de la atención que se les preste y en consecuencia la vida se alarga o contrae viviéndola o midiéndola, según. En Sanlúcar de Barrameda, José María Garrido decidió ocuparla entera con un mar sin agua. Setenta años que han debido pasar sin sentirse porque Garrido hoy es tan niño como debió serlo en la Sanlúcar por la que pasó la Guerra Civil Española. Como le correspondió por el tiempo en que le tocó vivir, se echó a la mar con dieciocho años tras crecer, poco a poco y con cada marea, en las orillas de Bajo de Guía. Duró su aventura marinera lo que el mar decidió que durara. Él se echó al mar y con el tiempo el mar lo echó a él, el día en que su compañero fue devorado por una tempestad que marcó para siempre una nítida línea sobre la que navegaría el resto de su vida.

 

Hoy José María Garrido hace suyas las máximas de otros. Las escribe con preciosa letra azul y las cuelga en cartoncitos sobre las paredes completamente cubiertas de caracolas marinas. Frases célebres de autor conocido o nacidas de la conciencia popular, retocadas con pinceladas de tierna ingenuidad. Vírgenes marinas tienen sus altares de conchas y caracolas en lugares de honor. Su casa es el mar en si mismo, su mar. Un mar sin agua.

 

Destila Garrido, como el vino de Sanlúcar, un poso de pueblo llano, sutilmente aromatizado por un hálito extranjero, el que recibió durante ocho años en Francia, a donde partió sin despedirse siquiera de su madre, ya que su sola imagen le hubiera impedido comenzar el viaje. Huyó del recuerdo de su compañero muerto, renegando de su verdadera profesión de patrón, de marino, de pescador.

Si el mar lo echó de su lecho, él decidió llevarlo consigo allá donde no podía llegar, y lo alzó al barrio alto de Sanlúcar y lo encerró para siempre en la sentina de su barco. Así se lo parecerá, desde luego, a todo aquel que oiga el arrullo que sus manos provocan al remover las miles de cáscaras de cañadillas que ha acumulado para evocar la orilla en calma. Ceremoniosamente Garrido apaga la sucia bombilla e invita al visitante a soñar en la oscuridad mientras mueve y remueve con delicada maestría los cascarones marinos. Así resuenan cada día las olas que hace llegar a la orilla de su mar de ensueño, arrastrando la arena, las conchas y los recuerdos para devolverlos al mar de donde nunca debieron salir.

En el mar de Sanlúcar y Doñana encuentra sus tesoros. "Hay dos tipos de tesoros en la playa de Doñana: los que se ocultan para siempre en la arena de las dunas y los que trae el mar y deposita cada día. Los primeros se encuentran de casualidad, andando y andando. Los segundos los indican las gaviotas posadas en la orilla". Hay días que Garrido ha cargado en sacos hasta cuarenta kilos de conchas y desechos marinos. Al fin y al cabo, la basura que cada día amanece en la orilla, no es más que la devolución que el mar nos hace de lo que es nuestro. Cuando la cantidad de tesoros encontrada es demasiado grande, Garrido los entierra en las dunas para poder volver en sucesivas ocasiones hasta transportarlos completamente a su barco. Los cubos de basura de la lonja, del mercado y de los bares también esconden tesoros. De ahí obtiene las amenazadoras mandíbulas de tiburón, que luego limpia a tenaza y cuchillo y saca a la venta en la Plaza del Cabildo. "Hoy se ha dado bien, he cogido diecisiete" comenta, mientras observa con orgullo el pestilente cubo donde asoman del agua turbia unos amenazadores dientes de escualo que han llenado sus manos de cicatrices.

Tampoco es fácil sobrevivir en el mar en el que navega. Apenas sesenta euros le han quedado de paga después de ocho años de trabajo en Francia. Lo demás viene de la generosidad del visitante y de la venta de las bocas de los tiburones. Las redes que cala cada día en su mar sólo pescan sueños, y los sueños no se comen.

Su barco mide catorce metros de eslora y seis de manga, justamente la medida de la azotea de su casa del siglo XVI, anclada para siempre en el sanluqueño callejón del Truco, antaño casa de amores portuarios. El barco de Garrido tiene por tripulación tres o quizás cuatro marineros, que en su anterior vida, ejercían de cabezas de maniquíes en alguna trasnochada tienda de ropa o de vasija de barro pulida por el roce del mar. Tres palos aguantan las velas roídas y ridículas, que nunca consiguieron mover el barco del mundo de abajo, donde el Rey Neptuno de la especulación pincha cada día un poco con su tridente al casco del viejo buque esperando verlo caer para levantar en su lugar paraísos hipotecables.

No hay duda de que Garrido con su barco de Peter Pan tendió un puente desde la niñez hasta su madurez, y va y viene de una a otra todo el tiempo y sin control. En la cubierta de su barco, allá en la azotea de lo que en tiempos debió ser una casa, hay una caña de pescar de cuyo sedal cuelga un pequeño pez de metal. La malicia infantil de Garrido brota a borbotones de sus ojos cuando, preguntado por el pez, tira de otro sedal mayor para sacar de su mar de aire, entre carcajadas, un gigantesco pez de chapa que sacude dándole vida para alborozo del visitante. Más tarde, el rostro de niño se vuelve adulto y triste mientras muestra su pieza más sentida: derritiendo pequeñas muñecas de plástico sobre conchas marinas ha creado su propia aportación para que el triste recuerdo de la barbarie humana que supuso la segunda guerra mundial no quede preso del olvido. Bajo el pequeño monumento un letrero reza "en memoria del holocausto judío, paz".

  

 

El mar que rodea el mundo de Garrido, hecho de aire y mas aire, huele a bodega y pescado podrido. Bajo su superficie vive Sanlúcar cada día. Si el visitante se asoma a la borda del barco y presta la suficiente atención, podrá ver el mundo real cubierto por el agua: los callejones del viejo pueblo portuario, aún habitado y hoy transitado por turistas y curiosos que ignoran que sobre sus cabezas navega tan magnífico navío. Y es que muchos de sus vecinos desearían que se hundiera para siempre, con sus miles de caracolas y recuerdos. El propio Ayuntamiento le ha vuelto la espalda evitando que conste como museo en cualquier publicación o medio que refleje lo que interesa visitar en la villa. Hoy, de hecho, el barco se tambalea y hace aguas, ya que la demolición de la casa contigua ha debilitado la histórica estructura que lo sostiene y corre peligro de desaparecer bajo la superficie de su mar. José María ha decidido no abandonar el barco y sentencia: "si algún día os enteráis de que el barco ha caído, podéis estar seguros de que Garrido ha muerto". Mientras ese día llega, si es que esos momentos llegan al mundo de los sueños, Garrido anochece en la litera de su camarote, construido fielmente en las entrañas del barco, arrullado por más de ochenta mil caracolas que adornan las paredes. El visitante puede llegar a imaginar cuánto de su alma oculta allí el mar, si en una sola de esas caracolas, pegada al oído, se puede escuchar el alma del mar al completo.

© Héctor Garrido, agosto de 2004 (fotografías y texto).

 

 

18:35 - 16/07/2007 - comentarios {2} - Publica un comentario

18:34 - 16/07/2007

Pasiones confesadas

(2)

.

Ovíparos en cuatro latas

.

 

Felipe Martínez Hernández descubrió un día la forma exacta en que los pollitos rompen el cascarón para eclosionar del huevo. Debió ser un momento tan profundamente esclarecedor que su vida cambió bruscamente de sentido para siempre. Hoy vive para demostrar su teoría ante la Ciencia, pero esta gran señora no ha hecho más que mostrarle su cara amarga. A pesar de todo, Felipe persevera. Creyente, un día comprendió que un descubrimiento de semejante tamaño no podía haberle sido encomendado por pura casualidad y decidió hacerlo llegar al mundo, “dedicaré a esto hasta mi último aliento”.

 

La cosa es simple. La cáscara no es picoteada o mordida para eclosionar. En realidad la cáscara está adherida al diamante del pico o al hocico, en el caso de los reptiles. Durante todo el tiempo que dura la incubación, el embrión respira de la burbuja de aire que se encuentra dentro del huevo, hasta que el oxígeno se acaba, momento que viene a coincidir con el final del desarrollo. Entonces, y ante la inminencia de la asfixia, “en los estertores de la muerte, el pollo o el pequeño reptil se debate moviendo bruscamente la cabeza y ocasionando la rotura del cascarón”. Algunos hechos casuales pueden provocar el desprendimiento del cascarón del diamante y ocasionar, en definitiva, la muerte del polluelo. El paso de un avión o algún ruido brusco o vibrante puede ocasionar este desenlace fatal. Es la parte más interesante de su teoría: “imagínese usted la cantidad de pollitos que podríamos salvar si pudiéramos evitarles la exposición a estos ruidos”.

 

Su teoría demuestra además por qué los dinosaurios se extinguieron en la Tierra. Según el señor Felipe, el mundo no era como es hoy. “Ahora gira de Este a Oeste, pero antes giraba de Este a Oeste y de Sur a Norte, todo a la vez, de modo que el clima era uniforme en toda la superficie del planeta y los dinosaurios vivían  en un interminable paraíso tropical”.  Una tremenda lluvia de meteoritos cambió este movimiento por el actual de rotación que hoy nos es tan familiar. El frío de las glaciaciones afectó al desarrollo de los huevos, que no pudieron eclosionar “porque no fueron incubados, ya que hacía mucho frío”.

 

Felipe viste pantalón y camisa negros y se ayuda de un bastón oscuro. Arrastra con él ochenta y un años, es viudo y sufren por él cinco hijos y algunos nietos. Nacido en Ceclavín, Cáceres, aunque considerado natural de Plasencia, donde ha pasado toda su vida. Vive en una finca denominada “Calzoncillo”, que es todo lo que hace constar en su escueta dirección postal.

 

Su peregrinar le llevó a Madrid, donde visitó la Universidad Complutense, y allí se entrevistó con d. Francisco Bernis Madrazo, el que fue hasta hace poco el más insigne de los científicos estudiosos de los pájaros de España. Las teorías de Felipe fueron menospreciadas por el profesor, que no volvió a recibirlo. Felipe interpretó que los científicos no podían permitir que un hombre sin estudios desprestigiara  la ciencia con una teoría bastarda, por muy interesante que esta fuera. Otro estudioso, del que no recuerdo el nombre, llegó a cartearse con Felipe durante un tiempo. Trasladado a los Estados Unidos se supone que recibía las cartas de Felipe a través de unos familiares en España. Un día Felipe llamó a estos para preguntar la causa de la ausencia de respuesta. Le contestaron que el tal científico había obtenido una plaza (el número uno, por cierto) en una Universidad de California. Felipe nos comenta con dolor y convencimiento que la plaza la obtuvo por el apropiamiento de su teoría de los ovíparos.

 

Felipe ha llegado desde Plasencia conduciendo su destartalado y llamativo Renault cuatro. Popularmente estos coches eran conocidos cuando eran parte habitual del paisaje rutero español como “cuatro latas”. Sobre la oxidada baca luce en posición vertical un enorme huevo blanco, que con unos pocos tornillos reta las leyes de la gravedad y las de la aerodinámica. Las puertas y el techo están llenos de mensajes pintados con pintura, a mano, que intentan hacer llegar su mensaje al transeúnte: “no pido ni vendo nada. Quiero entregar un mensaje a la humanidad”. También promulga: “reto a la ciencia porque está equivocada”. O sentencia: ”ignorado: ¿hasta cuando?”.

 

También ha conseguido entrevistarse con Jesús Garzón, con un tal Secundino y ha visitado diferentes organismos oficiales e instituciones científicas. Hace unos días vio una entrevista que hacían a Luís García en televisión y decidió venir a conocerlo al Parque Nacional de Doñana para explicarle su teoría. “Estoy seguro de que ese hombre me va a escuchar. Lo supe cuando lo vi cuidando las aves de Doñana, con ese mimo y ese convencimiento”. Han pasado tres días y aún no ha podido hablar con Luís García. Anda apostado con su viejo Renault Cuatro y una buena carga de embutidos del pueblo a la espera de que aterrice de su vuelo el hombre de los pájaros. Ya hace tiempo que ha visitado distintos programas de televisión, pero se siente objeto de burla y no quiere volver. Así se lo hizo sentir Sardá y también José Luis Coll. Finalmente hoy ha decidido volver a Plasencia, después de pasar varios días acechando al tal Luís García. Desde su casa ha vuelto a insistir llamándolo por teléfono y recibiendo sólo excusas y “ahora no puedo atenderle”. Felipe, tras un silencio triste me dice “están endiosados y no son capaces de escuchar durante tres minutos lo que un viejo tiene que decirles. Ni siquiera saben lo que les voy a contar. Antes de que empiece ya han dicho que no”.

 

Vive Felipe de una exigua pensión de 40.000 pesetas mensuales (lo que ahora son unos 240 euros). En sus viajes carga el viejo Renault Cuatro de fiambres y con eso puede ir tirando. Se acompaña desde hace poco de una cámara de video donde graba aquello que le llama la atención (las masas de gente que visitaban la aldea del Rocío el día que nos encontramos, por ejemplo). Las cintas que graba las entregará a la vuelta a la televisión local de Palencia, para que sus vecinos puedan ver los lugares donde ha estado.

 

Tiene publicado un pequeño folleto que regala al curioso con las bases de su descubrimiento. Lo ha titulado “Cómo nacen los ovíparos. Lo ignoran los científicos”. Abre su primera página el lector y encuentra un mensaje en el lugar que suele estar reservado a la dedicatoria: “quiero que esto llegue a la Ciencia y a la Cultura. Ayúdenme”.

 

Pero ¿qué es la Ciencia?¿Dónde reside  tamaño ser? Felipe la busca  allá donde oye que aparece. Pero la Ciencia, siempre seria y ocupada, escapa a su persecución.

©Héctor Garrido (Texto y fotografías), 2005

 

 

18:30 - 16/07/2007 - comentarios {1} - Publica un comentario

18:00 - 16/07/2007

.

.

.

Si deseas saber más sobre Héctor Garrido visita su blog principal:

www.bublegum.net/hectorgarrido

 

También puedes visitar el blog oficial de su exposición de fotografías FOTOSPECTIVA:

www.fotospectiva1.blogspot.com

 

.

.

 

01:30 - 16/07/2007

Descripcion
"Textos y fotografías" es complementario al Blog principal de fotografías: http://www.bublegum.net/hectorgarrido

«  Diciembre 2008  »
LunMarMiéJueVieSábDom
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031 

Principal
Perfil
Archivos
Amigos
FOTOSPECTIVA

Entradas recientes
- Sin título
- EL Pescador sin mar
- Sin título
- Sin título
- Sin título
- Sin título

Amigos