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BOLA DE SEBO // Guy de Maupassant

Publicado por snake peter punk el viernes 3 agosto 2007 a las 12:35 en GOTICO. 0 comentarios. Permalink.

 

BOLA DE SEBO // GUY DE MAUPASSANT (link-enlace)



NOTA: UN RELATO SOBRE LA HIPOCRESIA DE LAS PERSONAS, Y LA INGRATITUZ.


Durante varios días los restos del ejército derrotado habían cruzado la ciudad. No era
tropa: eran hordas desbandadas. Los hombres tenían la barba larga y sucia, uniformes en
harapos, y avanzaban con paso blando, sin bandera, sin regimiento. Todos parecían
abrumados, extenuados, incapaces de un pensamiento o de una resolución. Caminaban
únicamente por costumbre y caían de fatiga en cuanto se detenían. Sobre todo, los
movilizados, gente pacífica, rentistas tranquilos, se doblaban bajo el peso del fusil; pequeños
voluntarios alertas, fáciles para el espanto y rápidos para el entusiasmo, prontos al ataque
como a la huida. Luego, en medio de ellos, algunos pantalones rojos, despojos de una
división diezmada en una gran batalla, artilleros sombríos alineados con esos infantes
diversos; y a veces, el casco brillante de un dragón de pie lerdo que seguía con dificultad la
marcha más liviana de los infantes.
Legiones de francotiradores con apodos heroicos: "los Vengadores de la Derrota",
"los Ciudadanos de la Tumba", "los Compartidores de la muerte", pasaban a su vez con
aspecto de bandidos.
Sus jefes, antiguos comerciantes en telas o en granos, ex vendedores de sebo o de
jabón, guerreros de circunstancias, ascendidos a oficiales por su peso o por el tamaño de sus
bigotes, cubiertos de armas, de franela y de galones, hablaban con voz retumbante, discutían
planes de campaña, y pretendían sostener, solos, la Francia agonizante sobre sus hombros de
fanfarrones, pero temían a veces a sus propios soldados, gente de horca y cuchillo, temerarios
hasta la exageración, saqueadores y libertinos.
Los prusianos iban a entrar en Rouen, se decía.
La guardia nacional, que desde hacía dos meses efectuaba reconocimientos muy
prudentes en los bosques vecinos, fusilando a veces a sus propios centinelas, y preparándose
al combate cuando un conejito se movía entre las malezas, ya había regresado a sus hogares.
Sus armas, sus uniformes, todo el equipo mortífero con el cual aterrorizaban otrora a tres
leguas a la redonda los límites de las rutas nacionales, había desaparecido súbitamente.
Los últimos soldados franceses acababan, en fin, de cruzar el Sena para llegar a Pont-
Audemer por Saint-Sever y Bourg-Achard; y caminando a la zaga, el general desesperado,
que no podía intentar nada con esos pingajos informes, desesperado él también ante la gran
catástrofe de un pueblo acostumbrado a vencer y desastrosamente vencido a pesar de su valor
legendario, se iba a pie entre dos oficiales de orden.
Luego, una paz profunda, una espera aterrada y silenciosa había caído sobre la ciudad.
Muchos burgueses barrigones, embotados por el comercio, esperaban ansiosamente a los
vencedores, temblando de que sus asadores o sus grandes cuchillos de cocina fueran
considerados como armas.
La vida parecía detenida; las tiendas estaban cerradas; la calle ...........................................................................................................



Tema de Roy Tanck adaptado por Bublegum.net