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MururoaMURUROA: UN AGUJERO HACIA EL INFIERNO Publicado en Huelva Información el día 15 de septiembre de 1995
esde el comienzo de la Era Nuclear (1945), la humanidad está condenada a desaparecer, a menos que los dirigentes políticos y militares frenen el trepidante incremento de las armas de destrucción masiva y lleguen a un acuerdo internacional; no para la cacareada y burocrática “No Proliferación Nuclear”, que ya tiene cincuenta años de historia, pues nació justo después de la barbarie americana de Hiroshima y Nagasaki, sino para el desmantelamiento y posterior destrucción de los arsenales existentes. Las recientes pruebas nucleares llevadas a cabo por el Gobierno francés en el Pacífico Sur, pone de manifiesto una vez más el interés de las potencias nucleares en continuar con el desarrollo de las armas, por un afán de dominio y superioridad disfrazado de protección nacional. En el año 1963, tres potencias en armamento nuclear: Estados Unidos, Unión Soviética y Reino Unido, siendo conscientes del enorme daño que las pruebas nucleares causan en el medio ambiente, y de las graves consecuencias que tienen sobre los seres vivos, firmaron un tratado en el que prohibían las pruebas nucleares en la atmósfera, en el espacio ultraterrestre y debajo del agua, permitiendo las subterráneas, siempre que los residuos radiactivos no se extiendan más allá de la zona de pruebas. El denominado Tratado de Moscú, invitada al resto de las naciones con armas atómicas a sumarse al acuerdo. Dos naciones con un importante armamento nuclear, Francia y China, renunciaron a la adhesión, a pesar de la insistencia del malogrado presidente John Kennedy. Poco después, en el verano de 1966, Francia realizaba una prueba nuclear a escasa altura del nivel del mar, en la Polinesia francesa, la primera de una larga lista de ensayos que, desgraciadamente, aún no han concluido. Ahora el prepotente y arrogante Jacques Chirac, en contra del rechazo de la opinión pública francesa e ignorando la presión internacional, ha decidido continuar con el devastador trabajo que comenzó su colega De Gaulle. El pasado mes de junio, Chirac anunciaba su propósito de reanudar las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa, a pesar de que en mayo de este mismo año, 165 países firmaran un aplazamiento del Tratado de “No Proliferación Nuclear”, en el que se aconsejaba a todas las naciones la cesación definitiva de todas las pruebas. La organización ecologista- pacifista Greenpeace dio la voz de alarma, e inmediatamente, con pocos medios, pero con una enorme fuerza, la fuerza que emerge del poder de la razón, realizó un amplio despliegue en la zona del atolón para tratar de impedir las maniobras de la armada francesa. Poco pudieron hacer. Los militares franceses, en un acto de piratería asaltaron los barcos de la organización confiscándolos y deteniendo a su tripulación. Algunos periódicos franceses atribuyen la victoria de esta contienda al Gobierno francés. Otros, sin embargo, opinan que aunque las pruebas se han llevado a cabo, la organización Greenpeace ha ganado la batalla. Pero lo cierto es, que los derrotados hemos sido toda la humanidad. El castigado atolón de Mururoa, que ya superan las cien pruebas nucleares, es un peligro inminente de contaminación radiactiva, pues se han detectado grietas en los pozos subterráneos, que pueden llegar a reavivar el volcán que se encuentra debajo del atolón y ocasionar una tragedia. Por otro lado, en al periferia de las pruebas se viene registrando un alto índice de casos de cáncer, de abortos y de malformaciones congénitas, que bien pudieran estar relacionadas con la contaminación radiactiva derivada de las pruebas. Como medida de presión para que Francia paralice el programa de ensayos, que consta de ocho pruebas, varios países entre los que se encuentran: Austria, Nueva Zelanda, Dinamarca y Noruega, han comenzado a realizar un boicot a los productos galos. Greenpeace, de momento no apoya este tipo de medidas porque piensa que ello perjudicaría al conjunto de franceses, y eso no es justo. Un arma nuclear es para una nación lo mismo que una escopeta detrás de la puerta para un ciudadano normal, es decir, es una garantía de seguridad ante cualquier hostilidad que se presente, pero que al mismo tiempo representa un peligro patente. Se puede utilizar como aparato disuasivo, intimidatorio, de defensa o de agresión. Los dirigentes mundiales están empañados en hacernos creer que estas armas se fabrican con un fin pacífico. No es más que un pretexto, su misión es matar, destruir. Hasta hace unos años el mundo estaba dividido en dos grandes bloques: los Estados Unidos y la Unión Soviética. Los Estados Miembros tenían garantizada su seguridad dentro de las respectivas alianzas. Algunos países, como Francia, sintieron la necesidad de independencia en materia de seguridad y comenzaron a desligarse de las dos superpotencias y a fabricar sus propias armar nucleares, adquirieron de este modo un status superior dentro de la comunidad internacional. Este es el motivo principal de la proliferación de armas nucleares. Pero una razón de mucho peso obliga a renunciar a tan inhumana actividad, la seguridad mundial. Todos aseguran que ellos no serán los primeros en utilizarla, pero mientras las armas nucleares sigan existiendo, el mundo depende de un botón. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 50 de 59 } { Pagina siguiente } |
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