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Del Rosa al AzulDEL ROSA AL AZUL Publicado en Huelva Información el día 9 de abril de 1995
urante muchos siglos la mujer estuvo limitada a las tareas del hogar, y al cuidado de los hijos, mientras que el hombre se encargaba del sustento y de las relaciones sociales. En la antigua Grecia, las mujeres estaban sometidas a una reclusión o encierro doméstico para preservarlas de las miradas de los demás. Sócrates decía que la mujer debía dedicarse sólo y exclusivamente al interior, y el hombre al exterior, porque así lo habían querido los dioses. Todavía hoy, algunas culturas como la musulmana ocultan el rostro de la mujer cubriéndolo con un velo. Hoy en nuestra sociedad la mujer disfruta de un amplia cuota de participación en todos los campos: educativos, económicos, laboral y político, y tiene libertad de escoger entre la vida de hogar y la actividad exterior. La igualdad hombre- mujer es un derecho que se contempla en las constituciones de todos los países democráticos, contemplación justa y razonable, pues las diferencias entre los sexos han de basarse únicamente en las diferencias naturales, es decir, en las diferencias biológicas y en nada más. Hombre y mujer han de gozar de la misma legitimidad y han de tener la misma igualdad de oportunidades. Pero a veces ocurre que esta igualdad del sexo social implica una igualdad de géneros. Ellas en el empeño de equipararse a ellos, abandonan su feminidad y adoptan formas masculinas, perdiendo su propia identidad y renunciando así al papel que les ha sido asignado por la naturaleza. El sexo diferencia a las personas en hombres y mujeres, pero ser hombre o mujer no depende sólo de los órganos genitales, lo determinan los gestos, las relaciones sociales, el trabajo y la propia personalidad. Sexo es un término psicológico y cultural. Evidentemente, si al nacer nuestro sexo biológico es varón, estaremos predestinados a comportarnos como tal en el transcurso de la vida. La madre que viste al niño, lo peina y lo trata como a un hombre, hará de él un hombre; pero si a este niño se le educa como a una mujer, en el futuro será biológicamente un varón, pero psicológicamente su conducta será la de una hembra, o sea, será un transexual. Por tanto la masculinidad y feminidad no son de origen innato, sino adquirido y del mismo modo que se adquiere se pierde. La igualdad del sexo social no es el único motivo que lleva a la mujer a identificarse con el género masculino. En la infancia aparecen trastornos o cambios en la personalidad que cambian a los niños para el resto de sus vidas. Sobre los cinco años, tanto niños como niñas ven en el hombre un modelo de comportamiento a seguir. Lo que más les llama la atención, y esto es algo que debemos lamentar, es su agresividad, porque ella produce respeto y miedo a los demás. Niños y niñas modifican su propia conducta imitando todo lo masculino. Como resultado de unos procesos psíquicos inconscientes, la mujer siente deseos de ser hombre, y algunas veces lo exterioriza sin ningún pudor y otras lo reprime para mantener su feminidad. Esta desviación del género no sólo le ocurre a la mujer. El hombre, ese tipo duro y sólido también tiene su “vena” femenina, que generalmente oculta para mostrarse como un auténtico macho, ¿cuántas veces a lo largo del día el hombre adopta gestos, posturas y actitudes femeninas y automáticamente las corrige para no dañar su hombría? Freud, dijo en innumerables ocasiones y así quedó plasmado en su obra, que las personas son por naturaleza bisexuales, todos tenemos un poco de rosa y un poco de azul, sin embargo se nos educa para ser hombre o mujer, pero volvamos a lo que nos ocupa. Las mujeres que luchan en competencia con los hombre se guían por patrones masculinos, imitando todo lo varonil: la forma de andar, de expresarse y de hablar. La mujer que llega a ocupar algún cargo de poder, hasta entonces exclusivo del hombre, se comporta de un modo más agresivo, exigente, insensible e intolerante. Es frecuente que al alcanzar este éxito, finalmente se sienta frustrada y experimenta una especie de castración. Los divanes de los psicólogos son testigos mudos de más de una confesión de ese tipo. Debemos admitir que hay trabajos específicos del hombre y trabajos específicos de la mujer, esto sería absurdo negarlo, pues bien, nuestra distribución de roles y tareas específicas no sólo determina nuestra conducta como uno u otro género, también determina nuestro cuerpo. Si una mujer realiza trabajos específicos del hombre tiende a que su cuerpo pierda la feminidad. ¿Se imaginan a una mujer con veinte años de actividad laboral abriendo zanjas con un perforador neumático?, ¿cómo sería su cuerpo, sus gestos, su voz…?. Evidentemente tendría más parecido a Arnold Schawarzenegger que a Sharon Stone. Se han descubierto esqueletos prehistóricos que según estudios arqueológicos y antropólogos corresponden a épocas donde existía una igualdad entre ambos sexos, y curiosamente el cuerpo de la mujer apenas se diferenciaba del cuerpo del hombre, presentando la mismo fortaleza, estatura y fracciones. En el vivir cotidiano podemos observar como muchas mujeres se comportan de forma varonil, sirva como ejemplo las mujeres políticas que hablan y se expresan de la misma manera que lo hacen sus líderes masculinos. Si Dios hubiera querido que sólo hubiese hombres en la tierra, no habría creado a la mujer. Por esta razón la mujer ha de sentir como mujer, pensar como mujer, vivir como mujer. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 44 de 59 } { Pagina siguiente } |
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