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El hombre, un ser agresivoEL HOMBRE, UN SER AGRESIVO Publicado en Huelva Información el día 27 de noviembre de 1994
a agresión, esa acción encaminada a herir a los demás mediante el daño físico o psíquico, parece ser un hecho inevitable de nuestra existencia. Desde hace varios siglos, filósofos, psicólogos y etólogos intentan ponerse de acuerdo sobre el fenómeno agresivo. Para unos es una conducta instintiva: el hombre es por naturaleza un animal feroz, pero las leyes que la sociedad ha fijado terminan amansándolo. Para otros es una conducta aprendida: el hombre es víctima de una sociedad cruel, con una estructura autoritaria e intolerable que instiga en él la agresividad. Sigmund Freud sostenía que los impulsos agresivos y destructivos del hombre son un instinto congénito: frente al instinto de la vida está el instinto de la muerte y de éste último surge el impulso de destrucción y la agresión. Freud aconsejaba no reprimir estos impulsos, pues la acumulación de energía agresiva podría desencadenar una irrefrenable violencia. Esta teoría fue ratificada más tarde por prestigiosos etólogos como el austriaco Konrad Lorez. Para este investigador los instintos agresivos del hombre son similares a los de otros animales vertebrados, aunque habría que hacer una pequeña pero importante distinción: Los animales, a excepción de algunos, agreden para defender un territorio, a sus crías o bien para conseguir una posición de superioridad, el macho más fuerte y agresivo domina a los demás. Sin embargo, el hombre es capaz de matar de manera sistemática a miembros de su propia especie. Otros científicos más modernos, entre los que se encuentra Moritz Lazarus, discrepan de la teoría freudiana. Creen que la agresividad no se produce por sí sola, y que tampoco es una necesidad de supervivencia. Opinan que la actitud agresiva, más bien se debe a factores biológicos. En efecto, los sistemas nerviosos del cerebro, los genes y las hormonas inciden en el comportamiento agresivo. La hormona sexual masculina, la testosterona, que es la que estimula el crecimiento de la barba y determina nuestra calvicie, es la causa principal de la conducta agresiva, de ahí que el hombre sea más agresivo que la mujer, pues por sus venas circula mayor volumen de testosterona. Esta diferencia en la estructura hormonal entre ambos sexos ha sido motivo de varios estudios, a fin de confirmar la relación entre la hormona y la agresividad. Los científicos han realizado investigaciones con monos y ratas inyectándoles testosterona y han observado que al aumentar el nivel de testosterona, aumenta el grado de agresividad. Asimismo, las investigaciones muestran que cuando un mono es castrado la agresividad se reduce considerablemente. Pero la agresividad puede ser provocada por numerosos motivos: por el dolor, el exceso de ruidos o de calor, la desmotivación y el aburrimiento, por el alcohol y las drogas y por los conflictos de todo género. Tal vez de las situaciones adversas la más instigadora sea la frustración, ya que genera ira y ésta conduce a la violencia. Una persona frustrada reacciona agresivamente ante cualquier hostilidad que se le presente. También puede ser estimulada por amenazas, burlas e insultos, aunque quien las ejerce está de algún modo agrediendo, pero ésta es una agresión no violenta. A veces la agresión no se produce por iniciativa propia, sino por influencias sociales. Hay personas dominantes y persuasivas que pueden llevar a los demás hacia la agresión. Pongamos por ejemplo un linchamiento, donde la gran mayoría es incitada a agredir. En estos tumultos puede ocurrir que el agresor, en un breve análisis ético rechace la violencia, y sin embargo termine solidarizándose con el grupo, perdiendo el sentido de la responsabilidad personal. En la vida cotidiana es muy frecuente observar un acto violento, el mundo está lleno de violencia. Esta es otra forma de estimular la agresividad. Quien presencia un acto violento, está sin duda alguna incrementando su tendencia a agredir, máxime si el observador es un niño, así lo demuestran los diversos estudios realizados sobre la influencia de la televisión en la agresividad de las personas. Niños y adolescentes tienden a identificarse con los ídolos de la pantalla. Personajes como los interpretados por Arnold Schwrzenegger y Sylverter Stallone son un modelo agresivo a imitar por los niños. Socialmente la agresividad es aceptada cuando tiene una finalidad de protección o defensa. Algunos países van mucho más allá y emplean la violencia con quien quebranta la ley: el violador es castrado, al ladrón le amputan la mano e incluso se castiga con la pena de muerte. Resulta paradójico que una sociedad que establece unas normas de conducta antiagresiva, por otro lado ejerza una influencia agresiva. La Ley del ojo por ojo, que algunos desalmados reivindican, sólo sirve para generar más violencia. En EE.UU., país donde en algunos estados existe la pena de muerte, no han conseguimos terminar con los crímenes y asesinatos, ni han sido capaces, no de reducir su altísimo nivel, sino de frenar el trepidante incremento. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 43 de 59 } { Pagina siguiente } |
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