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Vivir sin amorVIVIR SIN AMOR “Me he enamorado de ti Y es enfermedad tan mala Que ni la muerte la cura Según dicen los que aman Manuel Machado Publicado en Huelva Información el día 2 de julio de 1993
n la edad media, la selección de la pareja no estaba determinada por el amor, ni siquiera por el afecto, sino por intereses sociales y económicos. Las parejas se unían para tener hijos y perpetuar la posesión de un título o de una propiedad familiar. Las relaciones sexuales antes del matrimonio eran muy frecuentes e incluso aceptadas por la sociedad, pero eran unas relaciones donde no existía la pasión erótica. Se permitía que el hombre comprobara la fertilidad de la mujer, dejándola embarazada, y si esto no se llegaba a producir, la mujer quedaba condenada a la soltería, pero aquellos eran otros tiempos. Hoy el matrimonio es algo más que una ceremonia y un documento. Está ligado al amor y a la sexualidad. Las parejas se unen por mutua atracción física y personal, o lo que es lo mismo; por amor romántico, y buscan en su relación la realización personal y sexual como seres humanos que son. El amor conyugal es, comprensión, sinceridad, respeto y armonía, pero cuando se cae en la monotonía, cuando falta la comunicación, se transforma en discordia, tensión, disputa y angustia. Por eso es necesario buscar nuevas ilusiones para mantenerlo vivo, porque no es eterno, a veces desaparece con la misma rapidez que se rompe un cristal, en contradicción con el optimismo romántico de Machado —que ni la muerte lo cura—El amor necesita ser estimulado y sustentado día a día. Es como una hoguera, que si no se alimenta se reduce a cenizas, y entonces el matrimonio pierde su razón de ser, quedando sujeto por un simple pacto que no tiene sentido. Dicho de otro modo, el amor es dar más importancia a la felicidad del otro, que a la propia, o al menos dar la misma cantidad que se recibe. Si descuidamos estos valores tan fundamentales para el sostenimiento de la pareja, y que son la fuente del amor, sólo nos quedará la compañía y la convivencia. Una convivencia limitada al plano afectivo y al amparo, que con el paso del tiempo degradará las relaciones de manera irreversible. Es lo que llamamos fracaso familiar o matrimonio roto. Muchos, muchísimos matrimonios, a pesar de vivir sin amor, manteniendo una relación fría y distante, incluso dentro de un clima hostil, permanecen juntos, bajo el mismo techo. Saben que existe una solución para su angustiosa situación: separación divorcio, llámese como se quiera, pero sin embargo, no hacen nada al respecto y pretenden solucionar el problema con mutuas acusaciones. Y es que la disgregación de los lazos familiares es un asunto muy delicado. El matrimonio ha dejado de ser un dogma incuestionable, ya no está sujeto a los patrones moralistas y religiosos, sino es por propia convicción, aunque hoy es difícil que una pareja se aferre a vivir junta por el ideal del matrimonio indisoluble. Son otros los motivos que llevan al matrimonio en conflicto a mantener esa dramática situación. Por un lado existe un temor a la separación social, es decir, temor a pasar de unas relaciones “íntimas”, a vivir en soledad. Por otro lado se suele dar más valor a la relación del ambiente social: amigos, amistades, que a la propia felicidad. No olvidemos el factor económico, muy decisivo a la hora de la separación. Y el más importante: los hijos. El amor conyugal es la base de la educación de los hijos. La discordia no contribuye en nada a una correcta educación, tengamos en cuenta que los niños adoptan formas de comportamiento características de los padres. Por ello, evitar la separación para no dañar el fruto del amor, es una tremenda equivocación. Es cierto que el impacto emocional que recibe el niño ante la separación es duro, pero más duro es vivir en un hogar traumatizado por las continuas desavenencias de los padres. No se puede vivir representando una continua comedia, hay que pensar en uno mismo, aunque suene un tanto egoísta, y sacudirse los absurdos perjuicios, romper la coraza que encierra el amor en un mundo de tormentos y derribar ese muro cimentado sobre la base del desamor, que impide ver el horizonte de la felicidad. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 20 de 59 } { Pagina siguiente } |
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