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Viaje a ninguna parteVIAJE A NINGUNA PARTE Publicado en Huelva Información el día 25 de septiembre de 1993 Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos del mar. Antonio Machado Toda vida tiene su fin, y la humana no iba a ser una excepción. Somos conscientes de nuestra mortalidad, pero sólo pensar en ella nos produce una terrible angustia, y es que la muerte nos horroriza. Nos horroriza por temor a lo desconocido, al dolor físico, a la separación de los seres queridos y a su incierto futuro; pero lo que más nos horroriza es la desaparición perpetua de nuestro ser. Según algunos sociólogos, la preocupación por la muerte es mayor hacia los treinta años, pues es cuando se toma más conciencia de la mortalidad y, al mismo tiempo coincide con el deseo más intenso de vivir. De la muerte hablamos poco o casi nada, es un tema tabú que preferimos no tocar, solamente su nombre resulta aterrador. Pero es evidente que nuestro cuerpo morirá, se corromperá y se lo comerán los gusanos. Ante esta clara evidencia hemos creado un hipotético más allá, donde una hipotética alma inmortal seguirá fantásticamente subsistiendo, o sea, que moriremos pero seguiremos viviendo, y de esta forma hacemos que la vida triunfe sobre la muerte. ¡Qué absurdo! Las diferentes religiones encuentran en esta teoría un excelente caldo de cultivo e inventan una vida futura en la que los adeptos que les sigan encontrarán su premio y los que no lo hagan, su castigo eterno. Dado que la muerte se concibe como una entidad maligna, es lógico que la gente se refugie en estas creencias religiosas, aunque después, la gran mayoría acuda a la iglesia solamente en tres ocasiones: nacimiento, boda y muerte. Para Las creencias sobre la inmortalidad del alma o la existencia de otra vida, han existido desde las civilizaciones más remotas. En el siglo 19, muchas familias albanesas se arruinaban con los gastos de los funerales para que el difunto tuviera un paso feliz hacia la otra vida. Los gastos de comida, bebida y ofrendas, servían según sus creencias para el sustento del alma en el más allá. En algunos pueblos del Pacífico, los parientes del difunto se reunían en un banquete fúnebre durante el cual era ingerido el cadáver, cuidando, eso sí, de no romper ningún hueso. La finalidad de este rito tan repugnante, era la de apropiarse del espíritu del difunto. La religión budista prolongaba la permanencia del cadáver en la casa para que el alma no se fugara. Paradójicamente, en el norte de China se amortajaba al agonizante y la mesa mortuoria se colocaba en la misma entrada de la casa para que el alma pudiera abandonar fácilmente la morada. El cadáver se ataba de pies y manos para evitar la reencarnación o las apariciones. Las numerosas afirmaciones de la existencia de otra vida, de personas que han tenido alguna experiencia cercana a la muerte, alimentan más esta creencia. Todos describen experiencias muy similares: se deslizan por un túnel oscuro, al mismo tiempo que escuchan un ruido ensordecedor. A continuación se encuentran fuera de su cuerpo, observándolo desde fuera. Bajo una agradable sensación de paz, son recibidos por otros espíritus, entre los que se encuentran parientes y amigos ya fallecidos. La semejanza de los diferentes casos hacen creer en su veracidad, pero estas experiencias pueden ser producto de alucinaciones o estados mentales engañosos, provocados por las medicinas administradas al enfermo: estimulantes, anestésicos, etc., o bien pueden ser sueños de cumplimientos de deseos. La muerte siempre está presente en el subconsciente, y en la somnolencia, la mente se nutre de imágenes que después se viven muy intensamente. Algo similar ocurre en delirium tremens alcohólico. Los sueños están llenos de imágenes muy vivas y, durante el crepúsculo del delirium se presentan angustiosas alucinaciones. El alcohólico tiene que defenderse de numerosos animales microscópicos que tratan de apresarle. También es muy frecuente que entable diálogos repentinos con personajes imaginarios, que para él son reales. Como hemos visto, el hombre necesita creer en algo. La certeza de la muerte le entristece y se consuela con la supuesta inmortalidad del alma o con la existencia de otra vida. Nacer, vivir y luego morir, parece no tener mucho sentido. Pensar que nuestro cuerpo quedará reducido a la nada… En cambio, si pensamos que después hay otra vida nueva y eterna, la muerte se acepta con más serenidad. Pero no nos engañemos, la realidad es así de dramática, el alma del hombre muere, como muere la de los animales o la de las plantas porque no puede existir sin el cuerpo, se necesitan mutuamente, y habrá que buscar fórmulas que reemplacen a esas primitivas ideas y que nos permitan llegar a la muerte de la forma menos traumática, como se llega a la adolescencia o a la tercera edad. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 17 de 59 } { Pagina siguiente } |
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