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Tocar maderaTOCAR MADERA Publicado en Huelva Información el día 15 de abril de 1994 Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los venenos del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago la muerte. Miguel Hernández La vida y la muerte, el bien y el mal, dos fuerzas antagónicas que circulan en paralelo. La vida, vigilante y desconfiada; la muerte a su lado, como una sombra, constante e inevitable. Y por ser inevitable tendríamos que aprender a familiarizarnos con ella, para cuando llegue la hora decirle «Aquí estoy para morir». Pero no es fácil, al gran enigma se le tiene respeto, pone carne de gallina y provoca escalofríos. Esto se debe fundamentalmente a la falta de preparación que tenemos para enfrentarnos a la muerte. Nos preparamos para afrontar la vida, pero no para afrontar la muerte. La extinción del cuerpo, el día final o el último viaje, como la definió Machado, es cruel y siniestro, ya sea de muerte súbita, senil o violenta, y por lo tanto, el temor hacia ella es completamente natural. Nos enfrentamos con algo que nos amenaza con el peor de todos los males, con algo que casi siempre sobreviene de modo inesperado, y a lo que nadie escapa, así es la muerte de inexorable. Por si esto fuera poco, nosotros nos encargamos de hacerlo más dramático todavía. Cada vez que representamos la muerte, en vez de hacerlo de la manera más significativa y menos cruel, por ejemplo, con un reloj de arena, utilizamos figuras y motivos macabros, como el esqueleto empuñando la guadaña, la calavera, etc. Es herencia de nuestros antepasados, ellos siempre la pintaban con un rostro horrible. Hay que romper con todas estas figuras tan repulsivas para que la muerte no sea una continua obsesión y poder entenderla como el modo más lógico de terminar la vida. El cuerpo se atrofia, se degenera, se desgasta, y, aunque se pudiera prolongar la vida más allá de su término habitual, sería absurdo, no tendría sentido vivir por el solo hecho de existir. A veces la vida nos hace pasar malos tragos e hipócritamente reaccionamos descalificándola, despreciándola con frases come esta: la vida no vale nada, la vida es una mierda, qué asco de vida. Sin embargo mostramos un respeto absoluto hacia la muerte, que es lo que verdaderamente nos repugna. De la muerte ni hablar, toca madera. Es un hecho demasiado trágico sobre el que se han creado un montón de mitos y leyendas. La muerte ha sido siempre importante tema de estudio. La psiquiatra americana Elisabeth Kübler-ros, hizo un estudio en el año 1969 con algo más de 200 moribundos, con el fin de conocer el proceso de agonía, y descubrió que el paciente pasa por cinco etapas diferentes antes de la inminencia de la muerte: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. El paciente comienza por negarse a aceptar el pronóstico, piensa que se trata de un error y visita a varios médicos con el propósito de encontrar un pronóstico favorable. En la segunda etapa pasa a aceptarlo y siente ira y resentimiento, siendo víctimas de ello todas las personas que estén a su alrededor. En la tercera etapa el paciente pretende negociar con Dios o con la propia enfermedad, fijando objetivos: vivir hasta la boda del hijo, hasta el nacimiento del nieto, etc. La cuarta etapa tal vez sea la más dura, admite la proximidad de la muerte y cae en una terrible depresión. Y por último el paciente, cansado, débil y apático, termina aceptando la muerte con total serenidad. El rechazo a la muerte es la actitud más normal, todos nos aferramos a la vida, pero como hemos visto hay un momento en el que se llega a aceptar. Además, el moribundo, siendo consciente de su inevitable muerte, no sufre por ello, es la gente de su entorno la que sufre por su desaparición, en esto coinciden varios científicos. Llegue a conocer a una persona relacionada con la sanidad, que por su trabajo estaba muy familiarizado con la muerte. Cuando murió su padre no derramó ni una sola lágrima por él, incluso en el velatorio, cuando todos estaban presos de dolor, tuvo el atrevimiento de gastar alguna broma entre los asistentes, lo que le costó más de una crítica, y no es que sintiera alegría por la desaparición de su padre, ni mucho menos, sentía un cariño especial por él. Lo que ocurre es que entendía que le había llegado la hora y estaba tan concienciado que no soportaba ver sufrir a la familia. He reflexionado mucho sobre la muerte y he llegado a la conclusión de que no es la muerte en sí lo que me preocupa. Soy consciente que desde que nací estoy caminando hacia ella y que el camino es cada vez más corto, que cada día que pasa es un día menos de vida, que voy muriendo poco a poco, y de que la vida no es más que un suspiro. Lo que me preocupa es la clase de muerte que tendré. No quisiera una muerte violente ni prematura; pensar que sea así me produce dolor y amargura. Mi idea es enfrentarme a ella cuando la máquina esté desgastada, y hacerlo con plena conciencia. Y lo que más me preocupa de la muerte es su actitud traicionera, a veces te deja ganar un pulso y después… La muerte lo arrebata todo de un plumazo: sensibilidad, respiración, pulso; todo. Con ella también se va algo que la vida jamás tenía que haber traído: la mentira, la envidia, el odio y el rencor. Pero mientras llega, su abstracta presencia nos hace amar la vida. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 16 de 59 } { Pagina siguiente } |
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