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La concienciaLA CONCIENCIA Publicado en Huelva Información el día 2 de diciembre de 1994
o hay una regla absoluta que distinga el bien del mal, a excepción de aquellas acciones evidentes y universales como el crimen o el robo; el altruismo o la solidaridad. La bondad es muy relativa, lo que para unos es bueno, puede ser malo para otros, una cosa es buena o mala según sea estimada. Y por eso las sociedades establecen normas generales de conducta que diferencian el bien del mal, derogando unas y promulgando otras al mismo tiempo que avanza la sociedad. Surge aquí una discrepancia entre lo que parece ético y lo que es legal que puede llegar a provocar un conflicto psicológico: Matar no es bueno, matar es malo, sin embargo hay casos en que la sociedad aprueba o justifica la muerte, ¿debo seguir lo que me dicta la conciencia o debo aceptar las reglas que la sociedad me impone? Si voy a favor de mi conciencia iré en contra de la ley, esto da lugar a una reflexión, es decir, a una vuelta de la conciencia sobre sí misma para analizar su contenido. En este proceso mental, ética y legalidad tendrán que luchar, y tal vez la conciencia se anteponga a la ley, pues la ley puede ser justa o injusta, en cambio si la conciencia es sana, o sea si no es corrupta, siempre será justa, aunque incurra en error, y buscará lo ético y lo correcto sin importarle si es conforme a normas y leyes. La conciencia es un fenómeno cerebral que comienza a formarse o a desarrollarse desde la infancia, en un proceso que pasa por tres etapas. En primer lugar los niños empiezan por obedecer reglas y órdenes para evitar el castigo. Después las reglas son obedecidas para evitar el sentimiento de culpabilidad, resultado de la represión de padres y educadores. Finalmente reglas y órdenes son obedecidas por principio o toma de conciencia, y no por temor o sentimiento de culpabilidad. Bondad y maldad, virtud y vicio, lícito e ilícito, son actos que sólo la conciencia está plenamente capacitada para juzgarlos. Las leyes morales y religiosas varían según las necesidades sociales, en cambio la conciencia está fundada en la misma naturaleza y obra siempre conforme a la razón. Digamos que la conciencia es un pequeño laboratorio donde se analizan e interpretan las informaciones que llegan de los sentidos. Nos indica el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar, aprueba o reprueba, y premia o castiga nuestra actuación. Se manifiesta antes, durante y después de la acción, es decir, te advierte, te aconseja y juzga tu proceder. Esta autoridad interior que tiene voz propia y que además es perfectamente perceptible, es tan severa que no admite engaños ni disculpas y su juicio no tiene apelación. El concepto de la conciencia ha ido evolucionando a través de la historia. Se ha dicho que la conciencia procede de un espíritu o incluso que se trata de una entidad divina. Santo Tomás la denominaba como un espíritu corrector, Sócrates como uno de los aspectos del demonio. Aristóteles afirma que procede del sentido. Para los psicólogos es un atributo de la persona dotada de razón, y tiene su órgano en el cerebro, aunque no tiene una localización precisa. Esta teoría la refuerza el hecho de que la conciencia en su último término es memoria y ésta se ubica en el cerebro. A veces se utiliza la expresión corazón para hablar de la conciencia: no tiene corazón, en vez de no tiene conciencia, quizás se deba a la relación de éste con los sentidos. Tiene mala conciencia, no tiene la conciencia tranquila, le remuerde la conciencia, son frases que se escuchan frecuentemente en el vivir cotidiano, y es que la conciencia es algo que nos preocupa. Cuando cometemos acciones que no están bien experimentamos cierta vergüenza, remordimientos y temores, es la factura que hay que pagar. Tener la conciencia limpia o tranquila es una necesidad de primer orden. Si está tranquila disfrutamos de un sosegado equilibrio psíquico y moral, sin embargo, si está intranquilidad nos tortura y atormenta. Para remediar la situación e intentar reparar el mal recurrimos al arrepentimiento y en ocasiones nos vemos impulsados a confesar exteriormente la culpa, es una forma de quedar en paz con uno mismo. La educación juega un papel muy importante en su formación, pero no es determinable: dos hermanos educados del mismo modo, actúan de manera distinta por motivos de conciencia. La educación sirve para definirla o enriquecerla, pero la conciencia es algo muy íntimo, es la estima de sí mismo, la imagen de sí mismo. Su voz ha de ser escuchada y nunca hay que obrar en su contra, pues ella es el testigo de la vida, el juez y el verdugo. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 40 de 59 } { Pagina siguiente } |
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