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¡Qué sociedad!¡QUÉ SOCIEDAD! Publicado en Huelva Información el día 30 de junio de 1994
odavía no se ha abierto el semáforo y ya está el de detrás pitando, ¡ya voy!, ¡ya voy! Me adelanta enfurecido con un impecable 16 válvulas, con ABS y AIR-BAG y me obsequia con una de esas miradas perdonavidas, mientras murmura algo, será mari…. Empezamos bien, menudo día me espera hoy. Esta tarde cuando salga del trabajo, tengo que asistir a una reunión en la Asociación de Vecinos; si termino pronto llevaré el coche a lavar. Después tengo que ir con mi hija al dentista. Mi mujer lleva no sé cuánto tiempo detrás de mi para que la acompañe a hacer unas compras, ¡huy! que no se me olvide, que hoy es jueves y como todos los jueves tengo un partido de futbito. No sé si después de cenar tendré ganas de darle un repaso a la declaración de la renta, aunque no hay muchas vueltas que darle, porque con una nómina no se puede hacer ninguna trampa, de todas formas a mis amigos les diré que he engañado a Hacienda, tengo que hacerles ver que soy más listo que ellos, además, yo no soy como esos americanos que presumen de pagar todos los impuestos, y como el fraude está de moda, tengo que estar al día, yo también defraudo, aunque sea de “boquilla”. Vivimos tan de prisa que casi no te das cuenta por dónde has pasado hace un instante. Llevamos un ritmo de vida tan acelerado que más bien parecemos máquinas en vez de personas. Nos hemos robotizado y nos comportamos como auténticos autómatas. A las once tomo café, a las once y cinco minutos enciendo un cigarrillo, no me apetece fumar, pero lo hago, siempre enciendo un cigarrillo después del café, y además, ya son las once y cinco minutos. El progreso ha puesto en nuestras manos una serie de comodidades que están muy lejos de ayudarnos a ser felices. Podrás llamar al partilyne y ponerte en contacto con tres personas al mismo tiempo, consultar tu cuenta corriente a través del ordenador o mandar un fax a un amigo, pero si de los veintiocho vecinos que habitan el edificio, sólo te relacionas con tres o cuatro a lo sumo, seguirás incomunicado, y esto ocurre. ¿Sería usted capaz de decir el nombre y apellidos de cinco vecinos de los veintiocho que componen la comunidad?, claro que no. Vivimos una soledad entre multitudes que nos hace ser fríos, distantes, insolidarios y egoístas. No soportamos ser mediocres y nos obsesiona el fracaso. El triunfo, el éxito, ser el mejor, dejar de envidiar para ser envidiado, esa es la meta del menos ambicioso. Se sueña mucho y a veces se sueña lo imposible, y cuando el listón se pone demasiado alto, ocurre que aparece la frustración, la vida está llena de frustrados y muchos desvían sus vidas hacia el mundo de las drogas o del alcohol. Nos preocupamos de los problemas de los demás pero no con el propósito de solucionarlos, sino para eludir los propios. Somos tan materialistas que no hacemos nada por nadie de manera desinteresada y mucho menos de forma altruista, porque eso supondría perder algo y no estamos dispuestos a regalar nada. Dicen que la fe mueve montañas, desgraciadamente al hombre sólo lo mueve una cosa, el dinero, el maldito dinero, y para demostrar el nivel de dominio, el hombre exhibe su status, es decir, presume ante los demás de su posición social. En las sociedades primitivas el status se manifiesta a través de la fuerza bruta, o sea, el más corpulento, se encontraba en una posición social superior al más débil. Todavía hoy, algunas personas, sobre todo jóvenes de escasos recursos económicos, continúan midiendo el valor del ser humano por la fuerza física. En nuestra sociedad el status se manifiesta por el poder del dinero, tanto tienes, tanto vales. Vivimos un clima de tensiones y presiones. El hacinamiento en las ciudades, el ruido, el aburrimiento del trabajo y el hastío, la frustración social, el trabajo en condiciones conflictivas y el fantasma del paro, siempre presente. Esto nos lleva a caer en el estrés, una reacción a una situación de conflicto que va más allá de nuestra capacidad de resistencia y que ocasiona numerosos trastornos al organismo, como: malestares gástricos, alteraciones en el sistema nervioso, problemas cutáneos y cardiovasculares, etc. Algunos pueden pensar que esto es un criterio muy personal y que es una forma muy negativa de ver la sociedad, otros pensarán que esto lo encontramos así cuando llegamos al mundo y que nada podemos hacer para cambiarlo porque así está establecido, pues bien, tal vez tengan razón, pero quien crea que no está contribuyendo a deshumanizar este mundo, que tire la primera piedra. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 30 de 59 } { Pagina siguiente } |
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