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El triángulo de la movidaEL TRIÁNGULO DE Publicado en Huelva Información el día 2 de julio de 1995
ombustible, oxígeno y calor, son los tres elementos necesarios para iniciar el fuego. Fuego como el que arrasa todos los veranos nuestros bosques, dejándonos un panorama triste y desolador. Pero no menos desolador es el que nos presenta el triángulo de la “movida” de los fines de semana: noche, alcohol y coche, que al igual que los incendios forestales tiene su máximo riesgo en el período estival. Un fenómeno social de nefastas consecuencias, que a pesar de ser una preocupación colectiva, por el gran número de víctimas que causa, no lo sabemos afrontar con la debida responsabilidad. Los jóvenes necesitan divertirse, y para ello eligen la noche, beben alcohol y se desplazan en coche. Pero a veces ocurre que cuando intentas extraer de la vida los placeres más exquisitos, te sorprenden las desgracias más dramáticas. Noche, alcohol y coche es una mezcla tremendamente explosiva que provoca numerosos accidentes de tráfico, primera causa de muerte prematura en los países desarrollados. La carretera mata más que el cáncer, que el sida y casi tanto como las guerras. Pero analicemos por separado cada uno de los lados de este triángulo. La noche es propicia para el sosiego y la reflexión, y al mismo tiempo para la fiesta y la diversión. Aunque permaneciéramos varios días con los ojos vendados y perdiéramos la noción del tiempo, sabríamos cuando es de noche, y cuando es de día. En el cerebro se produce una hormona, la melatonía, que transmite al cuerpo la llegada de la noche y hace que cambien nuestras reacciones. La noche nos hace diferentes, altera nuestra conducta, nos libera de muchos problemas y nos invita a explorar lo prohibido. Los jóvenes encuentran en la noche una válvula de escape, escape en cierto modo al control y al acoso del adulto. La noche puede ser creativa, de hecho muchas personas encuentran en la intimidad de la penumbra un motivo de inspiración, aunque también puede ser terriblemente destructiva. Al llegar la noche algunos sufren una sensación de soledad e indefensión, sin embargo otros experimentan una euforia y una prepotencia que los lleva a cometer ciertos excesos, tal vez escudados en la impunidad que les brinda la noche. Pero la noche no se concibe sin alcohol. Beber alcohol se ha convertido en un rito social en las horas de diversión. Y es que, aunque resulte vergonzoso decirlo, el alcohol fomenta la relación social. Beber forma parte de un comportamiento que parece ser inevitable cuando varias personas se reúnen. Los jóvenes no beben para evadirse, por ansiedad o por problemas psicológicos, beben por lo que los mayores han llamado siempre “alternar”. “La litrona” o los llamados botellones (combinaciones de bebidas destiladas), son un triste espectáculo muy frecuente en calles y plazas de cualquier ciudad. El alcohol ha dejado de ser consumo exclusivo de los hombres, y como en cualquier otro aspecto social no hay diferencia de sexos. Chicos y chicas abusan desmesuradamente del alcohol durante el fin de semana. Generalmente, los más jóvenes prefieren la cerveza, por ser ésta una bebida de baja graduación alcohólica, pero no por eso menos peligrosa que las demás, ya que se consumen en grandes cantidades. Además el joven no tiene conciencia de hasta donde puede llegar bebiendo, piensa que es capaz de dominarse así mismo: yo controlo, yo domino la situación; cuando en realidad está subyugado al poder etílico. Este hábito de consumo socialmente aceptado incide decisivamente en los accidentes de tráfico. El alcohol merma la capacidad para conducir, aumentando las posibilidades de sufrir un accidente. Actúa como depresor del sistema nervioso disminuyendo la actividad de las neuronas, sus efectos son inmediatos. Al beber alcohol las neuronas se duermen y la persona pierde el sentido de la responsabilidad y de la realidad. Se produce una sensación engañosa de bienestar y una falsa seguridad en sí mismo, aumentando el riesgo de accidente. Provoca actitudes violentas, cansancio, somnolencia, pérdida de coordinación, disminución de reflejos, torpeza general, y confusión, que puede llevar a un reconocimiento erróneo de las señales. Por último un dato muy importante que los noctámbulos han de tener en cuenta, es que entre las dos y las siete de la mañana el cuerpo presenta más dificultades para eliminar el alcohol de la sangre. Afortunadamente está surgiendo en la juventud un cambio de hábitos que está desplazando al alcohol, o al menos dejándolo relegado a un segundo plano. Existe una cierta pasión por el culto al cuerpo: deportes, sauna, masajes y una inclinación por las “bebidas inteligentes”, una moda sana, basada en una mezcla de bebidas naturales que estimulan física y mentalmente. El coche es, sin duda alguna, la pieza principal de la movida. En él, el joven escapa a lo cotidiano. Coche es sinónimo de independencia y libertad. Su interior es un pequeño refugio donde se prolonga la fiesta; música, alcohol y “a toda pastilla”. Quien conduce ejerce el papel de líder e intenta demostrar a los demás que posee algo especial exhibiendo su habilidad. El coche transforma a la gente de tal manera, que la persona más pacífica se puede convertir en la fiera más peligrosa. Algunos piensan que la vida sin aventura y riesgo no tiene sentido, que es necesario encontrar sensaciones fuertes, incluso jugándose la vida y poniendo en peligro la de los demás, y buscan en el volante la manera de reafirmarse como seres humanos. Tal vez ignoran que existe otra forma más creativa de experimentar esas sensaciones, por ejemplo colaborando en acciones humanitarias en Bosnia, eso sí que es tener cojo…. Los padres somos en gran medida responsables de este comportamiento, por ser demasiado tolerantes con nuestros hijos. No se trata de ser autoritarios con ellos, porque cometeríamos el mismo error de nuestros padres, pero tampoco se les puede llenar el depósito de gasolina, admitir el consumo de alcohol como un signo de madurez, y pensar que la diversión nocturna es un producto de la sociedad moderna contra el que nada se puede hacer. La película Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz, basada en la novela del mismo nombre, obra de José Ángel Mañas, nos muestra la actitud de estos jóvenes, que a pesar de tener de todo, viven en un mundo de incertidumbres e inseguridades. A veces cuando los adultos hablan de los jóvenes lo hacen de una forma despectiva, con vocablos poco halagüeños como niñatos, tal vez dolidos por haber perdido algo tan preciado como es la juventud. Y lo más grave, siempre se generaliza: la juventud está loca, la juventud está echa polvo. No es justo. Si aquí se habla de los jóvenes no es con un carácter general, pues hay un gran sector que no bebe alcohol y que se comporta de manera ordenada en el tiempo de ocio. Por tanto, no sería correcto colgarles una etiqueta que no les corresponde. Los accidentes de tráfico no afectan sólo a la vida del conductor o la de sus desafortunados acompañantes. Además del doloroso impacto que causa en el entorno familiar, tiene serias repercusiones sociales. Las víctimas nos duelen a todos un poco, y también nos suponen un importante daño económico: costes materiales, hospitalarios, administrativos, etc. Lo más grave de todo esto, es que los jóvenes muertos en accidente de tráfico por estas circunstancias ya no son noticias, sólo son mencionados en las estadísticas, pasando a engrosar la larga lista de victimas. Ocurre como en las guerras, al principio todo es dramático y terrorífico; después la gente se acostumbra a vivir entre las balas. José Antonio Mayo Abargues Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 29 de 59 } { Pagina siguiente } |
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