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Obsesiones

09:31, 4/12/2006 .. Publicado en Artículos de Opinión .. 0 comentarios .. Link
 

OBSESIONES

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M

arta tiene la cabeza llena de obsesiones, y entre ellas, hay una que la está consumiendo —a ella y a su cartilla de ahorros—. Marta tiene un ligero parecido físico a la actriz Concha Velasco, aunque ella es bastante más joven y aparenta ser bastante más vieja, pero, en fin, de eso no tiene la culpa ella, sino Concha, que con esa imagen juvenil y esa sonrisa permanente, hace que muchas mujeres —no ya de su edad, sino bastante más jóvenes—, se sientan viejas, feas, gordas y celulíticas. Pues, a pesar de ese ligero parecido, Marta está empeñada en ser igual que Concha en todo lo que a su perfil físico se refiere, y en ese empeño se deja una fortuna en mastoplastias, rinoplastias, lifting y liposucciones. Yo le he dicho en varias ocasiones que esa actitud suya responde a una falta de personalidad y de baja autoestima; que uno tiene que ser como es y aceptarse así mismo, pero quién convence a un obstinado...

Ya desde muy pequeña, Marta empezó a admirar a Concha; primero profesionalmente, y luego como mujer. Tiene varias fotografías con ella y autógrafos que guarda como oro en paño. La última vez que estuve en su casa, sacó el álbum que guarda dentro de una vitrina, y como si de un valioso tesoro se tratara, me dijo: «Mira... ¿Te acuerdas? Fue el día que nos llevaron al teatro Serantes». A ella la llevaron porque de lo contrario nunca se lo hubiera perdonado a su madre, a mí; porque no había nadie en el barrio que quisiera quedarse un par de horas con un niño conflictivo. Marta tenía entonces catorce años y estaba muy simpática con aquella falda plisada de cuadritos y peinada con cola de caballo. Concha —Conchita, por  entonces— tenía veintitrés y estaba igual que ahora. Hoy, Marta tiene cincuenta y seis, y Concha, bueno, Concha, debería tener sesenta y cinco, pero en esto de las edades de las actrices, dos y dos no son cuatro, ni los números son redondos ni las matemáticas exactas.

El otro día, mientras cenaba, Concha apareció en la pantalla de la “tele” con sus presuntos sesenta y cinco años, y tan guapa como siempre. Me quedé de piedra al escuchar lo que dijo: confesó que se mea y que usa Indesec, una compresa con Neutraolor y Aloe Vera, que le permite llevar un ritmo de vida normal. ¡Con lo que ha cuidado esta mujer su imagen!, y resulta que ahora dice ¡que se mea!, y lo dice pública y periódicamente a lo largo del día para que todas las mujeres se enteren. Ya sé, ya sé, que a ciertas edades estas cosas ocurren, que es un trastorno común del que nadie debe avergonzarse, pero Concha no es solamente una actriz estupenda, también es una estupenda señora y un modelo de mujer envidiable: el espejo donde muchas mujeres se miran todos los días. ¡Concha no se puede mear! Concha tiene que seguir cultivando esa imagen de chica ye-ye.

Pensé  en todas esas mujeres que, queriendo ser como Concha, se gastan miles de euros en cirugías, cremas y potingues, y me dio mucha lástima. Pensé también en Marta ¿Cómo se sentiría? Seguro que tendría que estar destrozada. ¡Qué decepción!

Ayer, Marta y yo coincidimos en un hipermercado. Hacía tiempo que no nos veíamos, y la encontré como siempre: con el rostro cada vez más cerámico y una sonrisa desmesurada. Me detuve en la calle de las conservas y allí estaba ella, sonriendo generosamente, no se sabe a qué, si a una lata de espárragos de Navarra o a un bote de pimientos del Piquillo. Marta, con tal de parecerse a Concha sonríe a todo lo que se le ponga por delante. Mientras me contaba lo contenta que estaba con su nuevo lifting, yo dejé que mi vista se recreara en los artículos de su carro: todo light. Y cuál fue mi sorpresa, cuando en medio de aquel montón de productos superfluos, veo que asoma un paquete de Indesec Maxi No sabía yo que Marta sufría incontinencias urinarias... ¿Se meará adrede?... Seguro.

 

Jose Antonio Mayo Abargues

 

 


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