Llora la madre tierra,
derramando lágrimas
de pena y dolor.
Llora por qué los hijos
que parió y crió,
nada saben del legado
que se les dejo.
Sobre sus hijas
caen lágrimas de desolación,
que desde el cielo,
tiernas y dulces,
empapan y cierran,
profundas heridas
que duelen al cicatrizar.
Ellas, con el legado
que les dejo su madre,
cuidan y velan
la herencia que los hombres
intentan dominar.
Ellos, con sus rudimentarias herramientas,
con sus grandes ideas
y afán de superación,
quieren doblegar a sus pies,
el dominio de la tierra,
la voluntad de la madre,
sin darse cuenta de que
en ella nacieron
y en ella morirán,
sin importar nada de lo que hicieron,
nada de lo que construyeron,
nada de lo que lograron.
Ella, con su infinito amor,
los albergara en las entrañas
de sus mas intimas
profundidades y misterios,
sin que ellos, ignorantes,
lleguen jamas a descubrirlo.
Al igual que la noche acaba,
el día comienza.
Al igual que el atardecer da paso al anochecer,
éste anuncia el amanecer;
y entre unos y otros
la vida comienza y se acaba,
la vida camina y descansa,
la vida se da y se otorga,
la vida, simplemente, nace;
y los hombres, a pesar de sus grandes conocimientos,
misterios y sabidurías,
jamás podrá doblegar la,
como tampoco lograra
dominar la voluntad de La Madre;
pues ella, a pesar de todo,
los bendecira
con su eterno, dulce
y apreciado amor.
Ella, que camina
entre los misterios
de la vida y la muerte;
que busca en las profundidades
de las aguas tranquilas,
la paz y el sosiego
que los hombres
se empeñan en negarle.
Aguas, profundas e insondables,
que ocultan los mas preciados
tesoros de la tierra,
de la tierra castigada y maltratada
por las necedades de los hijos
incultos e ignorantes
del verdadero significado
del amor, paz y libertad
que la madre tierra concede
sin limite, concesión ni interés.
Quieren volar alto, muy alto,
como las aves en el cielo,
pero solo ella
es capaz de volar
tan alto como ellos.
Los ven volar y desean volar,
pero no quieren aprender
de la dignidad y belleza
con la que fueron bendecidos.
No quieren reconocer
que no pueden volar,
por que no le otorgaron alas,
como a las aves.
Por eso aprender a destruir
y a imaginar que vuelan
en sus maquinas de hierro.
Y cuando por fín lo entienden,
un manto de olvido
cubre sus sueños,
que la madre tierra
con amor, los adorna.
{ 19:29, 9/09/2008 }
{ Publicado por beatrizlarom }
Nos imaginamos tan grandes, y somos tan poquilla cosa...
Bienvenida la nueva faceta.
Un besote.
Pd: Hay veces que queremos guardar algo tan profundamente ( como el huevo del avestruz ) que luego se nos olvida donde lo pusimos... y terminamos perdiendolo... será por eso que es mejor dejar la cabeza metida bajo la tierra. ;)