Dedicado a PERE BESSÓ | |
PERE BESSÓ TRADUCE A CRISTINA BERNABEO DE BERBARI
(Cris al centro de la foto de Daniel Grad)
Cristina Bernabeo de Berbari, Cristina de Berbari o, simplemente, Cristina Berbari es una de las primeras voces que Pere Bessó conoció de la poesía argentina, junto a Lina Caffarelllo o Cristina Villanueva Y una de las que más tempranamente tradujo. El tema de la belle dame sans merci nos llega hoy recreado de la mano de Cris como sombra o abrazo de la noche. Una dama más hamletiana que villoniana, sin duda. Y que llega a nuestro espacio para que saboreemos la mano de gracia de quien nos otorga la merced. Cristina Berbari nació en Buenos Aires (Argentina). Ha publicado los siguientes libros: Penúltimo Portal (Ediciones Carrá, Buenos Aires, 1983); Los lagos y la tortura (Generación dos mil, gente de arte, Buenos Aires, 1999); Incandescencia (plaqueta, 2001); ¡Oh, La bella dama sens mercé t’ha fet el seu esclau! John Keats
Alimenta la meua ombra. Dóna de beure a l’assedegada, la petita oculta. En temps de pleniluni estimula el seu costat, la seu profunditat, la seua geometria, el seu tènue va-i-vé. Vetla la seua son en hora sense lluna. Ella, la incerta, certament esdevindrà la meua rival. Bri rere bri hauràs d’esfilegar ordits misteriosos. Ombra que et nomena i ens meravella. Atent a la crida de lluerna persegueix-la, darrere de la estela ateny aquella fúlgida tenebra, nu nua aqueixa buidesa -voràgine espenyador- penetra-la, afona’t, traspassa-la, així, fins a la cremor, fins al crit, fins a reconéixer la forma nova: voraç, insaciable abraç de la nit. ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo! John Keats Alimenta mi sombra. Da de beber a la sedienta, la pequeña oculta. En tiempo de plenilunio estimula su costado, su profundidad, su geometría, su tenue vaivén. Vela su sueño en hora sin luna. Ella, la incierta, ciertamente devendrá mi rival. Hebra por hebra habrás de deshilar urdimbres misteriosas. Sombra que te nombra y nos asombra. Atento al llamado de luciérnaga persíguela, tras la estela alcanza aquella fúlgida tiniebla, desnudo desnuda esa oquedad -vorágine despeñadero- penétrala, húndete, traspásala, así, hasta el ardor, hasta el grito, hasta reconocer la forma nueva: voraz, insaciable abrazo de la noche. Deja un comentario { Pagina anterior } { Pagina 24 de 92 } { Pagina siguiente } |
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