Blanco o negro, valiente o cobarde, sola o acompañada ¿qué es este sentimiento?Nada, no siento nada. "Cuando te haces tanto daño ya no sientes nada", esa frase es mi favorita, la cuestioné, ahora ya no poseo temor, sólo guarda todo aquel resentimiento. Mientras tanto un sin fin de copos de nieve me cubren cambiando mi aspecto a un helado cubo, todo a mi entorno se vuelve brillante, alzo la mano derecha haciendo sombra a mis pupilas que se van dilatando poco a poco, alcanzo a ver sobre mí un tenue matiz móvil... (¿acaso serán memorias pasadas?¿se habrán de quedar atrapas esperando el momento para escapar y respirar de nuevo?) ¿porqué? ¿porqué se habrán de manifestar en estos momentos?...
“No encuentro a Koichi, ya lo he buscado bajo la mesa de té, debajo del tapete, en las habitaciones, en la planta alta, sólo queda un lugar: los jardínes...
A ese lugar mi padre le llamaba “jardínes de ilusiones”, siempre que le preguntaba por el nombre, él me decía con una sonrisa, que con el tiempo lo averiguaría. (Mi padre es el hombre más importante del país: el primer ministro; es una persona muy ocupada, todo el tiempo está viajando a diferentes lugares, y de en cada uno de sus travesías me trae un pequeño obsequio). Camino sigilosamente hacia los arbustos, Koichi salta sobre mí tirándome al suelo, ensuciando aquella túnica larga y dejando el obi en la tierra. Mi nombre suena en toda la casa, me levanto con Koichi entre brazos, mi madre desliza la puerta preguntando dónde me encontraba y el por qué de la ropa sucia. Después de un rato, ella me dice: “no se por qué me molesto, desde pequeña has sido una travieza” dando un fuerte suspiro. (Mi madre es una de las mujeres más famosas y hermosas de todo Japón, se dedica al diseño de kimonos femeninos de tipo: Furisode, hómongi, Iromugi, Mochigi, Mofuku, Tomesode, Tsukesage y Shiromaku. Ella cada noche antes de acostarme me repetía:“cuando hayas crecido vas a tener esto y aún más, serás más famosa que yo” arropandome y dandome un beso en la frente).
Me dirigí hacia donde se encontraba ella, sus suaves y largos dedos tocaron mi mejilla, tomando con un cariño sin igualmi rostro y sonriéndome, hice lo mismo mientras pensaba en aquellas palabras que me decía antes de dormir.”
-Te equivocaste madre-, una lagrima resbala hacia mi oreja
“Llegó la primavera, mi padre me toma de la mano para llevarme a los jardines, caminamos por una pequeña vereda rodeada de hierbas coloridas, de flores, de retoños y de capullos, mi padre me dice: “Estas flores son bellas ¿verdad?”, con un movimiento de la cabeza y una sonrisa afirmé “Hay una flor aún más preciosa que éstas y se encuentra aquí, lo único malo es que todavía es un botón… -hincandose frente a mi y golpeando mi nariz con un dedo- eres tú”, me abraza fuertemente seguido de un beso en la frentre. Koichi sale de los matorrales siguiendo una mariposa que jugaba con la rapidez del pequeño diablillo. Mi padre y yo nos quedamos en esa posición un rato, mientras el traviezo se divertía atrás mío, nos separamos, (ese día mi padre llevaba puesto su hakama y su haori que mi madre había diseñado especialmente para él); mete su mano en la haori, saca una pequeña caja, toma mis manos y la coloca sobre ellas, abro con cuidado el estuche, era un hermoso prendedor con piedrillas incrustradas. Desde ese día mi padre se comportó de manera extraña, su mirada se volvío penetrante, fría, preocupada, hiriente, de vez en cuando nos veiamos en el corredor pero ya no nos hablabamos, era incapaz de ver sus ojos por miedo a que pudieran encontrar un “algo” que le desagradara.”
Este retoño nunca florecío padre. Otra gota salada se desliza hacia mi oído.
“Juego con Koichi en el campo, me detengo repentinamente, un camino invisible lleno de secretos, de intriga, de dudas, de… sentimientos que me hace seguirlo, subo la mirada, las nubes oscurecidas son las sombras del despertar de los fantasmas que quieren ser huéspedes de mis ojos, eso es lo que pensaba en ese momento. Sigo el sendero con el pequeño a mis espaldas, me conduce entre árboles con rostros temerosos, angustiados, carentes de razón, finalmente volvemos a mi casa. Mis piernas no reaccionan, totalmente pasmada caigo sobre mis rodillas, con el pasar de los segundos quedo sentada sobre mis pies mirando una incandecente llamarada quemar mi hogar. Las cosas bonitas que había en la casa se tornaban de color rojo: los kimonos, las vajillas, las pinturas, los libros, los jardines… aquellos recuerdos pasaron como rafagas de viento que se escabullen sin invitación en aquella temporada de otoño. Mis ojos hospedaron aquellas presencias esa noche”
Mis manos oprimen brutalmente la superficie blanca esperando haber cambiado algo.
“Koichi y yo caminamos en sentido contrario a la corriente del río Teshio. Mis ojos estupefactos, sin reacción, perdidos, sin inociencia, sin alma, sin sentido; mientras el pequeño jugaba con las líbelulas, me sente a orillas del río sintinedo la fría agua que pasaba entre mis dedos, me incline a ver mi reflejo, introduje las manos un rato para jugar con la corriente, junte las manos formando un pequeño tazon, las aparto lentamente del líquido azul cristalino, observo mi imagen mientras se vacian mis extremidades, gotas y gotas caen sin intenciòn alguna por los pequeños agujerillos dejando unas cuantas lagrimillas solitarias todavía en las palmas, me agazaparro mientras presiono con fuerza mis zarpas, poco a poco comienzo a reflexionar en lo ocurrido, una sonrisa maliciosa se empieza a dibujar en mis labios, poco a poco mis pupilas se abren enseñando aquellos círculos negros, una risa maliciosa comienza a brotar de mí sin saber la razón”
Una pequeña mueca de felicidad se dibuja -ahora recuerdo muy bien el porque-
“Ya han pasado 10 años desde que llegue a una ciudad llamada Sapporo como una desconocida, Koichi ya no se encontraba conmigo desde aquel día en el río, se quedo con una pequeña familia en el camino. Un día, recíen había arrivada en aquel lugar, comprando comida se rumoraba en la ciudad que la hija de aquel ministro de relaciones exteriores se encontraba en esa región y que debería tener mi edad, no les preste atención y seguí escogiendo los ingredientes de esa cena. Me las había arreglado para rentar un cuarto a una anciana de aspecto cansado pero agradable. Me pregunta por mi nombre, no sabía que contestarle, me quedaba callada, sólo le decía mi apellido: Hiranate. Mis pupilas estaban vacías, cansadas de haber soltado tantas emociones en esos días, trataban de buscar la esencia de los objetos, se habían vueltos profundos, recíos, sin temor, observaban dentro de la mirada ajena y robaba aquello que le fue arrebatado una vez, buscaban aquel calido sentimiento, sólo buscaban un…abrazo.”
-Nunca llegó esa caricia, la esperé tanto como pude lo más que pude. Ahora solo la puedo crear en mi mente aquel boceto rodeandome con su hakama y haori, y su mochigi olor a jazmín- Lentamente cierro los ojos, tratando de imaginar por última vez aquel borrador. El sueño me invade…una voz se oye en la lejanía…mis pupilas se separan poco a poco, una sombra se acerca a mí, poniendo una mano sobre mi frente y dándome una sonrisa me dice – ohayo, suki
Furisode: para las solteras, con llamativos colores, manga larga y cuerpo entero. Se usan para ocasiones formales y fiestas.
Hômongi: posee un escudo en la espalda, rico en bordados, tejidos y tintes que van desde el cuello pasando por el brazo, luego por delante y al final por la parte posterior. Se usa para ocasiones formales e informales.
Iromugi: de varios escudos, común para los jóvenes y de uso semiinformal.
Mochigi: de manga corta, diseños y colores sobrios y sencillos.
Mofuku: de color negro y se usa exclusivamente para funerales, con un fondo interiormente blanco y varía con las estaciones, tanto para solteras como para casadas.
Tomesode: de color negro, posee hasta cinco escudos de familia y es usado por mujeres casadas en ocasiones formales y en matrimonios con parientes cercanos.
Tsukesage: no llevan ningún escudo. Son de uso semiinformal. Los bordados, tintes y tejidos vienen desde el hombro en mano izquierda, así como en mano derecha y al posterior.
Shiromaku: kimono nupcial de color blanco (shiro es blanco y maku pureza). Se usa con un gorro en forma de media luna, indicando la entrega y la infinita fidelidad de la esposa.
Hakama: es un pantalón holgado que a veces se usa en artes marciales y posee hasta siete pliegues, cada uno representa las virtudes del guerrero tradicional.
Haori: es un chaleco (tradicionalmente hasta las rodillas) que se coloca encima del kimono. Usado por hombres y mujeres.
Ohayo: Buenos días
Yume mirai: sueño futuro
