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Casas Viejas- Benalup

Publicado por Donatello el 25/03/2008 a las 19:29 . 0 comentarios. Permalink.

 

 

                                CASAS VIEJAS

 

Represión de una insurrección rural anarquista

 

"El campesinado está maduro para la revolución: no les faltaba nada más que un ideal que canalizara su desesperación. Y con el comunismo libertario lo han encontrado." José Buenaventura Durruti.

No hay revolución posible: cuando el pueblo lucha por matar el hambre, la desesperación no lleva a la revolución.

 Iñaki de Villa. 

 

INTRODUCCIÓN.

La Historia, como todo, tiene una o varias funciones más o menos manifiestas. Habitualmente la Historia está al servicio de los grupos que concentran el poder político-económico.

 

LA VIDA COTIDIANA EN CASAS VIEJAS.

La insurrección que se produjo en Casas Viejas en enero de 1933 se encuadra dentro de las pésimas condiciones de vida que sufrían los campesinos y dentro de la gran difusión de las ideas anarquistas que existía entre estos. Teniendo en cuenta estas causas estructurales era relativamente fácil que se produjera una insurrección en Casas Viejas: sólo faltaban unos detonantes. Esos detonantes o causas coyunturales se estudiarán en el próximo apartado.

Casas Viejas (Benalup de Sidonia) es una aldea gaditana que depende y dependía de Medina Sidonia. Está situada en una región ganadera al sur de la provincia de Cádiz y se halla rodeada de dehesas improductivas. Se halla próxima a los fértiles y anchos valles de los ríos Álamo y Barbate. El río Álamo desemboca en el río Barbate, que forma la Laguna de la Janda. La aldea de Casas Viejas está en la falda de una meseta orientada al mediodía, extendiéndose de este a oeste. En la parte baja se halla una plaza, que constituye el centro de la aldea. Alrededor de la plaza, como es habitual, se encontraban los edificios que representan a los diversos poderes locales: la iglesia, la casa-cuartel y las viviendas de los terratenientes. En la parte alta se hallaban las míseras chozas con tejados de paja, que dieron el nombre de Casas Viejas a esta aldea.

A la hora de estudiar el número de habitantes de Casas Viejas existen serias dificultades, ya que en los censos oficiales la población de Casas Viejas se incluye en la de Medina Sidonia. El número de habitantes de Casas Viejas nunca fue elevado, aunque creció en la segunda mitad del siglo XIX, manteniéndose estable durante las tres primeras décadas del siglo XX. Las cifras que se proponen para la población de Casas Viejas durante la Segunda República varían según los estudios, ya que en algunos sólo se cuenta la población de la aldea y en otros se cuenta también la población de los alrededores. Según Gerard Brey y Jacques Maurice, en 1930 Casas Viejas tenía 1.843 habitantes.

La mayoría de los hombres de Casas Viejas se dedicaban al trabajo agrícola y ganadero. El trabajo agrícola seguía siendo mayoritario en España en 1933 (3). En Casas Viejas, la mayoría de los campesinos eran trabajadores eventuales. Estos trabajadores vivían en la propia aldea, pero dejaban sus casas durante uno o varios días para trabajar la tierra a cambio de un salario. Entre los trabajadores eventuales se pueden distinguir los jornaleros (que eran contratados por una tarea estacional) y los peonistas (que eran contratados por uno o varios días para hacer una tarea específica). Los jornaleros eran pagados cada diez días, mientras que los peonistas eran pagados a la mañana siguiente y tenían un salario mayor que los jornaleros. Estos trabajos eventuales eran estacionales y dependían de los ciclos agrícolas, la cantidad de cosecha,... Por tanto, los trabajadores eventuales dependían del propietario agrícola, que cuando necesitaba mano de obra mandaba a la plaza del pueblo a un contratador. Durante los meses de junio y julio, cuando había que recoger la cosecha se realizaban contratos a destajo, por medio de los cuales se pagaba a los trabajadores según el número de fanegas que recogieran. Otros trabajadores eventuales eran los gañanes, que trabajaban en granjas y se reunían por la noche en unas míseras casas denominadas gañanías, en las que la ventilación y la higiene brillaban por su ausencia. El tiempo de trabajo de los gañanes estaba más regulado que el de los jornaleros y peonistas. Por otra parte, también existían unos pocos trabajadores fijos. Estos trabajadores vivían todo el año en los cortijos o fincas. Entre estos trabajadores, que tenían unas condiciones de trabajo mejores que las de los trabajadores eventuales, estaban: un administrador, un operador, un pagador, un boyero mayor, un manijero, un ganadero, un yegüero, un porquero, un pastor, un cabrero y un casero. También existían en Casas Viejas algunos trabajadores independientes tales como molineros, carpinteros, ebanistas, albañiles, zapateros, herreros, barberos y panaderos. No obstante, estos trabajadores eran muy pocos, debido a que la mayor parte de la población de Casas Viejas tenía unos niveles de rentas ínfimos.

El trabajo de los hombres constituía la principal fuente de ingresos de las familias, pero estos ingresos entre los jornaleros solían estar lejos de las necesidades de gasto de las familias. Así, durante el invierno los campesinos podían obtener tres reales por día, mientras que durante el verano sus salarios se doblaban. De ahí que las mujeres y los niños se vieran obligados a aportar importantes sumas a la renta familiar. Frente a la afirmación de Jerome R. Mintz que señala que las mujeres no trabajaron en el campo hasta la década de 1950, hay que tener en cuenta los datos aportados por Gérard Brey y Jacques Maurice, que demuestran que las mujeres trabajaban en el campo, siendo peor remuneradas (4). Además, algunas mujeres trabajaban como costureras en sus propias casas y otras cuidaban gallinas. Los niños empezaban a trabajar pronto, la mayoría como guardas de ganado, por lo que trabajaban alejados de la familia y no podían ir a la escuela. Las niñas servían a las ricas familias de las ciudades.

Cuando no faltaba trabajo todos los miembros de las familias de jornaleros podían comer. Esto se veía facilitado al no ser raro que en el propio trabajo recibieran comida. Sin embargo, estas familias se movían en los niveles de subsistencia y el paro forzoso o desempleo podía traer con facilidad el hambre. El desempleo no era extraño en Casas Viejas. En el ámbito nacional, según la Oficina Central de Colocación y Defensa del Ministerio de Trabajo en julio de 1933 había 544.837 parados y en agosto 588.174; de ellos un gran porcentaje pertenecía a la agricultura (211.818) (5). El paro aumentó entre 1931 y 1933, aunque se caracterizó por su estabilidad. Para sobrevivir durante las semanas en las que se estaba en paro era necesario ingenio, iniciativa y la ayuda de otras familias. Además, los parados recibían en la iglesia "la limosna" (una peseta diaria a los solteros y una y media o dos a los casados). Esta "limosna" fue creada por los terratenientes y era entregada en forma de bonos canjeables en comercios propiedad de gentes ligadas a los terratenientes (6). Los trabajos públicos ocasionales también permitían reducir el número de parados. Ante el paro y el hambre no era raro que se recogieran espárragos en el monte ni que se cazaran pájaros, conejos y zorros en las dehesas de los terratenientes, por lo que los cazadores podían ser sancionados (7).

La alimentación de la mayoría de la población de Casas Viejas era muy sencilla y pobre, debido a la escasez de ingresos ya señalada. El kilo y medio de pan costaba 0´90 pesetas (8). Un litro de leche costaba 50 o 20 céntimos. La carne era demasiado cara, siendo más frecuente el consumo de sardinas. La comida más frecuente era el gazpacho.

Las viviendas de Casas Viejas constituían un fiel reflejo social y económico de la población existente. Así, la mayoría de la población de Casas Viejas vivía en chozas míseras. Estas chozas eran autoconstruídas cuando los hijos se casaban y se separaban de sus padres. Estaban formadas por un hoyo de un metro de profundidad, alrededor del cual se construían las paredes con barro y ramas secas, siendo la techumbre de paja. Las chozas, en general, tenían una puerta pequeña y eran de planta cuadrangular, teniendo unas dimensiones muy reducidas (9). Algunas chozas tenían paredes hechas de barro y piedra de 20 centímetros de espesor estando blanqueadas. Las chozas tenían, generalmente, una habitación, en la que existía una o dos camas, una lata de carburo como cocina, sillas de paja, cacharros pobres,... Las chozas solían tener una corraliza con cerca de piedra.

La cultura estaba basada en las tradiciones campesinas y en la religión cristiana. La educación era escasa. Así, en Casas Viejas sólo existían una maestra y un maestro, que basaban la educación en la religión (10). Muy pocos niños podían ir a la escuela ya que trabajaban. Los niños solían aprender a leer y escribir cuando se unían al grupo anarquista de Casas Viejas. Entonces los que aprendían a leer leían en corros la prensa libertaria a los demás (11).

En resumen, hemos visto que en Casas Viejas existían, en general, unas míseras condiciones de vida que contrastaban con la riqueza de los terratenientes y de sus propiedades. Muchas de estas, a pesar de su riqueza natural, estaban sin explotar. Para comprender por qué vivían tan mal la mayoría de los habitantes de Casas Viejas es necesario analizar la estructura de la propiedad agraria en Casas Viejas, que constituye la base de las desigualdades existentes. Así, esta se caracterizaba por el dominio general de los grandes latifundios, que pertenecían a la nobleza y, sobre todo, a la burguesía (12). El municipio de Medina Sidonia, según Pascual Carrión, tenía 41 fincas que ocupaban entonces un total de 22.518 hectáreas (el 42´43 % de la superficie del municipio), teniendo cada finca un promedio de 550 hectáreas. De las 41 fincas, 11 abarcaban 10.467 hectáreas, siendo la media de 951 hectáreas. Por otra parte, entre 42 propietarios (que suponían el 6´85 % del total de propietarios del municipio, que eran 612) poseían el 61´62 % de la riqueza total (13).

En este contexto, la introducción del anarquismo en Casas Viejas ayudó a que la mayoría de su población tuviera esperanzas de que su situación podía cambiar y les permitió tomar conciencia de la situación en que vivían. La presencia del socialismo en Casas Viejas antes de 1933 fue muy escasa, existiendo sólo unos 25 o 30 socialistas (14).

Sobre la destacada implantación del anarquismo en Andalucía, reflejada en el gran porcentaje de afiliados andaluces a la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) (15), se ha escrito bastante, aunque muchas de las explicaciones que se han dado no tienen fundamento (16). Así, la importante presencia del anarquismo en Andalucía se ha atribuido al temperamento regional andaluz o a la existencia de latifundios. Sin embargo, estos dos factores no explican por sí solos por qué la mayoría de los trabajadores andaluces se inclinaron hacia el anarquismo y no hacia otras opciones políticas. Tampoco explica por qué un buen número de andaluces tuvieron ideas socialistas ni por qué en los años treinta el 43´6% de los afiliados a la anarcosindicalista CNT eran urbanos. Otra hipótesis sobre la destacada implantación del anarquismo en Andalucía defiende que el anarquismo tuvo un fuerte carácter milenarista. No se puede negar que en ocasiones algunos anarquistas emplearan un lenguaje religioso, pero tampoco su crítica racional a la religión ni el uso de una estrategia racional para crear una sociedad libertaria (17). Frente a estas hipótesis habría que tener en cuenta las circunstancias particulares de cada localidad o región, la adaptación del anarquismo a la cultura popular y, en cualquier caso, la elección racional por parte de los individuos.

Las ideas anarquistas fueron introducidas en Casas Viejas desde Medina Sidonia, a causa de su dependencia administrativa. En el otoño de 1872 se estableció en Medina Sidonia una federación local de la Federación Regional Española (FRE), que formaba parte de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Los enfrentamientos producidos entre los partidarios de Marx y los de Bakunin concluyeron con la expulsión de la AIT de los partidarios de Bakunin en el Congreso de La Haya de l872. Inmediatamente después de este congreso, los antiautoritarios partidarios de Bakunin celebraron el Congreso de Saint-Imer. Ante estos hechos, Medina Sidonia dio "cuenta del malestar resentido como consecuencia de la conducta observada por el Consejo general precedente y por la artificial mayoría del Congreso de La Haya y, al mismo tiempo, se felicita por las decisiones tomadas en el Congreso de Saint-Imer" (18). De esta forma, se afirmaron en Medina Sidonia las ideas anarquistas. A partir de 1874, la federación local de Medina Sidonia pasó a la clandestinidad debido a que la AIT fue declarada ilegal. A partir de entonces Medina Sidonia desaparece de las listas de las federaciones locales, pero en 1882 se vuelve a mencionar, tras volver a la vida pública la AIT y reconstituirse la FRE en la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) en 1882 (19). Desde entonces, se incrementaron la propaganda y las protestas, siendo probable que las ideas anarquistas llegaran a Casas Viejas. Frente a este incremento de la actuación de los anarquistas andaluces, las autoridades respondieron con una fuerte y constante represión, mostrando su incapacidad para realizar unas necesarias reformas económicas y sociales. Esta actitud represiva desmanteló las organizaciones anarquistas públicas, disolviéndose en 1888 la FTRE. A pesar de esto, persistieron numerosos grupos anarquistas en la clandestinidad que se reunían en centros obreros o en el campo. A principios del siglo XX, la "Semana Trágica" de Barcelona (1909) dio un pretexto a las autoridades para cerrar el centro donde se reunían los trabajadores anarquistas de Medina Sidonia, pero ante las enérgicas reclamaciones de la apertura del centro, las autoridades permitieron abrirle en 1913, fecha en la que se creó la Federación Nacional de Agricultores, que se integró en 1919 en la CNT, creada en 1911.

Ante el aumento de la persecución por parte de los terratenientes de los anarquistas más activos de Medina Sidonia, José Olmo, un destacado anarquista de esta localidad, llegó a Casas Viejas en 1914. A partir de la llegada de José Olmo, los trabajadores de Casas Viejas se fueron organizando. Para frenar esta creciente organización, las autoridades maquinaron un complot en 1915. Para ello indujeron a Gaspar Zumaquero, un presidente del nuevo centro obrero de Casas Viejas, a suicidarse y descargaron las responsabilidades sobre José Olmo y sus amigos, que fueron detenidos. De esta forma se consiguió cerrar el centro obrero que se había creado en Casas Viejas. A partir de entonces se mantuvo en Casas Viejas un grupo de trabajadores conscientes que durante el reinado de Alfonso XIII y la dictadura de Miguel Primo de Rivera se reunía secretamente en el campo. Cuando se proclamó la Segunda República sus reuniones se hicieron públicas. Entonces todavía permanecían activos algunos campesinos que conocieron a José Olmo, tales como José Monroy, Juan Estudillo y Pepe Pareja. En 1932, se reabrió el sindicato de Casas Viejas, que se afilió a la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) (20). Se estima que unas 300 personas, casi todas campesinas, se unieron al sindicato de Casas Viejas (21). El sindicato, que se denominó "Los Invencibles", se hizo con una casita céntrica de una planta, que se convirtió en un lugar de lectura de prensa anarquista, reunión y debate. El sindicato de Casas Viejas, junto con el de las localidades próximas (Medina Sidonia, Paterna de Rivera, Jerez de la Frontera,...) formaba una federación comarcal, que a su vez estaba englobada en la Confederación Regional de Andalucía Occidental, que tenía su centro en Sevilla. Desde la confederación regional se informaba al comité nacional de la CNT, y viceversa. Este sistema de organización de carácter federal y descentralizado, que permitía la existencia de peculiaridades al mismo tiempo que la organización a escala nacional, responde a las ideas antiautoritarias anarquistas. Además del sindicato local cenetista, existía en Casas Viejas un grupo de afinidad de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), que estaba unido a un grupo local de la Federación de la Juventud Libertaria (FJL), formada por jóvenes miembros, que se convirtieron en los más militantes. Entre estos miembros estaban Pepe Pilar, Manuel Quijada y Antonio Cabañas Salvador (llamado "Gallinito").

NOTAS

1 : Sobre el menosprecio al anarquismo por parte de la mayoría de los historiadores se puede consultar la introducción de José Luis Gutiérrez Molina al libro de Abel Paz Durruti en la Revolución española. Volver.

2 : La cita procede del libro de Josep Fontana Historia: análisis del pasado y proyecto social, Crítica, Barcelona, 1982. Volver.

3 : A este respecto, se pueden señalar las cifras que aporta Julio Gil Pecharromán: en diciembre de 1933 existían 1.437.447 trabajadores asalariados en el trabajo forestal y agrícola, mientras que el total de población asalariada empleada era de 3.839.448. Volver.

4 : Gérard Brey y Jacques Maurice señalan que las bases de la campiña para la siega de 1932 afirman que: "Las mujeres ganarán las tres cuartas partes de lo que ganen los hombres empleados en la misma faena". Volver.

5 : Estos datos han sido tomados de la obra consultada de Manuel Tuñón de Lara. Volver.

6 : A este respecto, Ramón J. Sender comenta: "Para evitar el levantamiento de esos centenares de hombres existe el subsidio. Lo que todos los obreros llaman - sin intención política, sin sarcasmo - la limosna. (...) El subsidio les permite hacer sopas de pan una vez al día si la familia no es muy numerosa". Volver.

7 : Acerca de esto, Eduardo de Guzmán recoge este testimonio: "Para no morirnos de hambre tenemos que cazar furtivamente, exponiéndonos a ser cazados por los guardas. O buscar espárragos silvestres y comer higos chumbos, yerbajos y raíces. A pesar de todo, nunca comemos hasta jartarnos". Volver.

8 : Según Ramón J. Sender. Volver.

9 : Según el testimonio de Ramón J. Sender las chozas tenían unas dimensiones de tres metros de lado y tres de altura. G. Mallada señala que una choza de Casas Viejas tenía seis metros cuadrados (CNT, 22 de febrero de 1933). Volver.

10 : Ver Solidaridad Obrera 16 de febrero de 1933. Volver.

11: Antonio Ramos Espejo recoge el siguiente testimonio al respecto de Manuel Prieto, el yerno de "Seisdedos": "Siempre había unos cuantos que se prestaban a leer a los demás". Volver.

12: La propiedad burguesa era mucho más importante que la nobiliaria (entre la cual destacaban las posesiones del marqués de Negrón), tanto por el número de propietarios como por el de hectáreas. Además, la burguesía compró más tierras durante el primer tercio del siglo XX. Por otra parte, los burgueses de nueva fortuna (tales como José Espina, Antonio Pérez Blanco y José y Juan Vela; que son nombrados el 31 de enero en CNT) eran más intratables y más explotadores para los jornaleros. Además, tenían poder político y vivían en el pueblo, mientras que muchos terratenientes solían residir en Jerez de la Frontera. Volver.

13 : Estos datos proceden de las obras de Gérard Brey y Jacques Maurice, que toman los datos de la obra de Pascual Carrión: Los latifundios en España. Su importancia, origen, consecuencias y solución, Madrid, 1932. Volver.

14: Según Manuel Azaña. Ver Gérard Brey y Jacques Maurice. Volver.

15 : En 1919 los afiliados andaluces a la CNT eran el 15 % del total, en 1931 el 20 % y en 1936 el 30 %. Ver José Luis Gutiérrez Molina, La Anarquía según Andalucía. Volver.

16: Un análisis crítico de las hipótesis sobre la implantación del anarquismo en España y en Andalucía se encuentra en Juan Gómez Casas, Sociología del anarquismo ibérico. Volver.

17: La crítica al pretendido carácter milenarista se puede encontrar en la obra de Temma Kaplan citada en la bibliografía. Volver.

18 : Este texto citado por Gérard Brey y Jacques Maurice procede del libro Actas de los Consejos y Comisión federal de la Región española (1870-1874), Tomo I. Volver.

19 : Según Antonio M. Calero el 66´2 % de los federados a la FTRE (es decir, 38.349 personas) eran andaluces, principalmente agricultores. Volver.

20: Al abrirse el sindicato anarquista de Casas Viejas, Miguel Pérez Cordón, joven y activo militante de la FAI y perteneciente al sindicato de Paterna de la Rivera, dio un mitin.

 

 

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