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Sociología de la religión

Publicado por Donatello el 8/04/2008 a las 13:06 . 0 comentarios. Permalink.

LA SOCIOLOGÍA DE LA RELIGIÓN

Y EL FENÓMENO RELIGIOSO

(ERNST TROELTSCH Y LA REFORMA PROTESTANTE) (*)

 LA FUNCIÓN DEL PENSAMIENTO MÁGICO

En el año 1970, después de un simposio celebrado en la «Ecole pratique

des Hautes Etudes», un grupo de especialistas en ciencias de las religiones

reunió sus aportaciones en doce textos con una documentación extremadadamente rica. Estos trabajos fueron sometidos a un análisis crítico por Antoine Saucerotte .

El estudio de la escuela funcionalista de Durkheim y de Raddiffe Brown y ¡a escuela estructuralista conduce a R. Bastide a la conclusión de la necesi' dad de abordar con nuevos planteamientos el debatido problema de una nuevaetnología religiosa. Para el funcionalismo, la religión cumple una misión detipo «real»: contribuir al funcionamiento del sistema social total (2). La aparición de nuevos elementos psicológicos estudiados por Malinowski, permite aeste autor aventurar la tesis de que la función del pensamiento mágico esarrancar de los espíritus el sentimiento de ansiedad. En el origen de la magiacomo en el de la religión prima pues una función que esencialmente podríaconsiderarse como de seguridad. Las manifestaciones externas, ritos y ceremonias,aseguran frente a la individualidad la solidaridad del grupo frente a

JOSÉ SÁNCHEZ CANO

un peligro inesperado, que contribuirá a crear un sentimiento de seguridad.Donde el hombre puede usar de sus conocimientos y su técnica la magia es inoperante, mientras que en situaciones de inseguridad y peligro, no fácilmente explicables por la razón, aparece un complicado ritual tendente a una afirmación de la seguridad y a la obtención de buenos resultados. Se aprecia una incipiente coexistencia entre magia y racionalidad.La función del rito mágico es, en definitiva, una consecuencia aseguradora, gracias a un ceremonial que compensa un conjunto de frustraciones, de presiones susceptibles de «hacer estallar el orden social». Así, pues, para A. Saucerotte, en su crítica a R. Bastide, «La etnología religiosa, sin pretender erigirse en ciencia de todos los hechos religiosos se inscribe en el marco más amplio de la antropología, por el hecho de que se fundamenta en manifestaciones inconscientes (ansiedad y deseo de seguridad)». La etnología religiosa, según Saucerotte, está capacitada para emitir un juicio acertado sobre la «religión cerrada», pero no podría, en opinión de R. Bastide, hacer llegar a conclusiones finales sobre la individualización del fenómeno religioso, para lo cual se hace imprescindible la dialéctica yo-otro. Y es en este proceso dialéctico donde el «sobreyo» encarna él mismo las trabas sociales pero interiorizadas.

En estas premisas es factible la posibilidad de una antropología totalizante. Levi-Strauss, desde su posición incardinada al estructuralismo, dedicadocomo tal al problema de la mitología, ha intentado una aproximación a la definición del mito, que para él es el plano de la realidad, un lenguaje que evoluciona hacia eí intelectualismo. Levi-Strauss constata, en efecto, que «la importancia de la brujería disminuye progresivamente a medida que pasamos de las sociedades fragmentarias a las jefaturas, y después a las estructuras feudales y a las monarquías centralizadas» (3). Todo mito «se compone de varios códigos mezclados en un mismo relato (sistemas o códigos pueden ser de naturaleza muy diferente* geográfica, cosmogónica, botánica, técnica, sociológica) ». Pero «si consideramos un amplio conjunto mitológico en el que se pueden utilizar las leyes lógicas de transformación», estos códigos mezclados forman -verdaderos sistemas (4). Así pues, el mundo del mito deviene en una manifestación superior que no implica ser el simple reflejo de las instituciones sociales. La transformación presupone el paso de un planteamiento individual a la conversión en «universo del pensamiento», y el problema estriba en buscar una metodología que nos permita hallar las leyes psicológicas que condicionan el surgimiento,

El problema esencial pasa a ser el de las estructuras mentales inconscientes

: «se trata... de reconciliar sobre una base amplia y más sólida que la de

Kant el analítico de la razón trascendental. A través de este proceso de reflexión

se manifestaría el papel del "pensamiento simbólico". Punto de vista

muy semejante al de la

creación y desarrollo de las obras culturales, leyes que son las «formas inconscientesde nuestro espíritu a través de las creaciones de este último» {5}.Gestaltpsychologie».

Levi Strauss, a partir de este momento, se aleja de la efectividad pura,

La cual no desaparece, sino que permanece en forma de seguridad, y en una

segunda etapa como comunicabilidad. La comunicabilidad tiene como fin asegurar

al hombre un mayor dominio sobre la naturaleza o, en el supuesto

de fracaso, elaborar mitos colectivos compensadores. La intelectualización creciente

del mito procede del funcionamiento de este método de pensar.

El mito, al desarrollarse el pensamiento profano, no queda ya limitado

al objeto religioso del que partió Levi Strauss, y los mitos religiosos, señala

Saucerotte, no son más que un subconjunto del conjunto general de la mitología.

El padre Schmidt, sostiene que al subconjunto de los mitos religiosos

e interfiriendo con ellos se une progresivamente el de los mitos filosóficos y

posteriormente científicos —el mito evoluciona así de lo puramente mágico a

lo racional—-. A través de este complicado proceso, Levi Strauss llega finalmente

a la elaboración de un conjunto general en el que el mito se define

como «racionalización, ideología, filosofía del universo» (6). El mito se intelectualiza

en función de la evolución de la historia y lo religioso, afirma Levi Strauss, no es más que un material, como los sistemas de parentesco.

Al llegar a este punto surge la fuerza singular del marxismo en cuanto antropología.

La lingüística contemporánea nos muestra que el estudio científico del lenguaje, cuyas reglas y material son el pensamiento consciente mismo, conduce a una superación de la estructura sincrónica y a instalarse en una

estructura nueva, la diacronía {7).

Ahora bien, toda concepción del mundo elaborada en función del tiempo

"irreversible y de lo que Guillaume llama el «eje de sucesividades» conduce

necesariamente a atribuir a todo mito, incluso intelectualizado, un valor relativo

al momento de la historia en que fue elaborado. Y esta relativización

del mito se efectúa, para los teóricos marxistas, en función de la historia material,

es decir, del proceso de la evaluación del complejo socio-económico.

(5) lbid., pág. 16.

(6) Cit., por A. SAUCEROTTE: Op. cit., pág. 17.

v

(7) lbid., pág. 17.

Í41

JOSÉ SÁNCHEZ CANO

Saucerotte concluye su crítica a Bastide afirmando que el marxismo se convierte de esta forma en la única concepción adecuada a las exigencias de un pensamiento totalmente desmitificado.

2. EL PROTESTANTISMO Y EL MUNDO MODERNO. EL PLANTEAMIENTO

DE ERNST TROELTSCH

a)

Racionalización y secularización

Algunos estudiosos del mundo moderno —Thode, Noshorm, Ferguson,

Boran, Burckhard, Meinecke, Von Martin—, a través de sus publicaciones,

niegan que la razón surgiera repentinamente en el siglo XVII. Spengler ha insistido

en la relación, constante entre el cristianismo primitivo y la religiosidad

antigua. No obstante, hay también notables diferencias. Por encima de estas

semejanzas hay una vivencia de novedad en el cristianismo ante la vida política

y religiosa.

Se ha insistido también en la inexistencia de una actitud completamente

opuesta entre el hombre medieval y el moderno. Han sido los autores cristianos

quienes han señalado como frente a la noción de que el hombre moderno

adoptaba una actitud diferente a la del hombre medieval, ya los franciscanos

habían iniciado el ataque contra las formas de vida existentes.

Max Weber lleva a cabo una interpretación del mundo europeo, afirmando

que el principio de la razón aparece ya desde muy antiguo en Europa.

Esta racionalidad iniciada en Grecia, sustenta de modo subyacente al mundo

medieval. En el nada equivalente a la construcción racional del Derecho canónico en la Europa

medieval, dando la razón a Weber.

El reino de la razón, dice Hans Freyer, comienza en medio del reino de

Dios, pues no es algo distinto, sino una construcción dentro de él. Que la

razón se haga paz, contentando a Dios, es una idea europea.

El término secularización no implica una descritización del mundo. La

secularización del mundo occidental empieza ya desde muy antiguo. Aparece

en San Agustín y en Duns Escoto; Suárez seculariza la vida del individuo

más que Santo Tomás. El mundo político hasta Santo Tomás no tenía autonomía,

unos principios

Por lo tanto, el mundo moderno, que arranca de una crisis, va a proseguir

el racionalismo del pensamiento político medieval, y va a tener una radical

autonomía, una total independencia. El Renacimiento extrema el sentido

racional de la vida ya descubierto. Pero ese mundo renacentista hasta

mediado el siglo xv no consigue una racionalidad unitaria. Antes

una racionalidad que en ciertos aspectos es más irracional de lo que era en

el mundo medieval. La reforma protestante presupone una irracionalidad. Durante cien o doscientos años la racionalidad del mundo europeo es bastante dudosa, no completa.

El humanismo renacentista tiende a la erudición y al intelectualismo. La

antigüedad ha estado siempre más o menos presente para el hombre occidental.

La poesía, por ejemplo, busca sus fuentes en los clásicos. Pero, incluso los

negadores de los clásicos estaban determinados por ellos. Nietzsche, que ha

estudiado a fondo el mundo antiguo, afirma que casi todas las épocas y formas

de cultura han querido deshacerse de los griegos, porque todo lo que

hacían ellos era rutinario. Algunos historiadores como Spengler y Prumm han

tratado de rescatar a los grandes artistas del Renacimiento mostrando que su

arte es completamente nuevo y contrario al arte greco-romano.

Lo cierto es que lo occidental no es lo único ligado con vínculos filiales

a la antigüedad. En el caso de Occidente aparece una mezcla de ingredientes que le ha dado rasgos de originalidad. Los hombres modernos si no hubieran tenido la experiencia del mundo antiguo hubieran tenido que vivirla de nuevo, empezando por el principio. En consecuencia, el amplio movimientoque despertó la conciencia europea no fue exclusivamente el humanismo, sino el fenómeno religioso conocido con el nombre de protestantismo, el cual tampoco se explicaría sin el primero. Las utopías, como producto del movimiento humanístico, no están exentas en los textos religiosos, así, la tecnocracia de Calvino o las comunidades del milenio reflejan el espíritu que animaba los "esquemas utópicos, como ha señalado Mannheim.

Desde el marco de una perspectiva histórica limitada, el protestantismo debe

ser entendido como una herejía más comparable a las que surgieron en.

la Edad Media. Estas herejías, se debilitaron o desaparecieron no sólo por la eficacia

de los Tribunales de la Inquisición, sino porque su concepción religiosa

del mundo se aproximaba a la de los ortodoxos.

La política renacentista crea las condiciones adecuadas para que se produzca

una herejía con éxito. La institución monárquica, uno de los ejes del

mundo medieval, sobre todo desde finales del' siglo X, va a utilizar el saber

de los juristas y del Derecho romano. Pero también se van a salvar las formas germanas.

La lucha entre la Monarquía y el principio representativo da lugar al fraccionamiento, impidiendo la formación del Estado nacional. • Así, Alemania e Italia sólo adquieren categoría de Estado nacional en el siglo XEX. Este

fraccionamiento es el resultado del peso de dos instituciones del mundo medieval:

el Imperio y el Papado. La alianza de los reformistas con el poder

secular alcanzará tales dimensiones, que los historiadores dejan de llamar a la

época Renacimiento para llamarla Reforma, aunque la Reforma es una conse

El mundo medieval ha de verse desde dos puntos de vista: el de la dualidad

y el de la unidad.

Hay una dualidad entre dos polos, de un lado el universalismo y, frente

a este polo, el otro del particularismo. El hombre se siente ligado, de un lado,

a su feudo, a su tierra, y de otro, se considera miembro de un universo

cristiano. El sentido de lo particular y lo concreto junto con su universalidad

es más agudo en la Edad Media.

Otra dualidad es entre lo político y lo religioso, entre el Imperio y el

Papado. Esta distinción viene de San Agustín, pero a fines del siglo xv esta

distinción se institucionaliza.

Una tercera dualidad es la existente entre el mundo romanizado y los germanos.

El elemento germano que inunda las provincias romanizadas representa

un estrato superpuesto entre estas provincias.

Un cuarto rasgo de dualidad es consiguiente al desplazamiento geográfico,

que se realiza hacia el interior del continente; la cultura se desplaza desde

el Mediterráneo al centro de Europa, pero sigue subsistiendo la ciudad mediterránea.

El elemento principal, predominante, es el campesino, pues las ciudades

están encuadradas en un estilo de vida agrario.

La quinta dualidad es la dualidad entre pensamiento político y realidad

política. El pensamiento político está expuesto por los teólogos, es un pensamiento

demasiado abstracto que no se corresponde con la realidad. En la

práctica todo ese mundo en ebullición está sometido a un orden universal.

Por eso es necesario saber enfocar el mundo medieval. Si lo vemos bajo el

prisma de Juan de Salisbury y Tomás de Aquino sólo tenemos la estampa

•de un mundo ideal.

El contenido esencialmente espiritual de la mayoría de estos factores potencian

una cultura eclesiásticamente dirigida y, por consiguiente, todo el

período precedente a la Reforma está caracterizado por una cultura esencialmente

eclesiástica.

Con el renacimiento las ideas culturales autónomamente engendradas se

enfrentan a la autoridad eclesiástica. La legislación de las nuevas autoridades

se funda siempre en una convicción puramente autónoma y racional.

El universalismo cristiano es sustituido por un individualismo que mantiene

sus convicciones, opiniones, teorías y fines políticos. La relatividad y la

tolerancia humanas sustituyen a la infalibilidad divina y a la intolerancia ecle-

-siástica.

Ernst Troeltsch aclara este punto: «En vez de la revelación gobernó la

-ciencia, y en lugar de la autoridad eclesiástica, la creación espiritual encau

de la cultura moderna, con el cual el individualismo se ejerció unas

veces libremente, y otras, como es natural, comenzó a limitarse. El heredero

de la teología, su antagonista y, al mismo tiempo, su réplica, fue el sistema

natural-racional de las ciencias y de las ordenaciones de la vida del llamado

racionalismo» (8).

Estas características del espíritu moderno vienen complementadas por otras

que pertenecen al dominio de circunstancias y relaciones puramente reales. Se

trata, en definitiva, de la formación de las monarquías absolutas con sus gigantescos

aparatos militares, que destruyen el sueño de un Imperio eclesiástico

universal, se trata del desarrollo de la economía capitalista moderna y el desarrollo

de nuevas clases sociales engendradas por estas nuevas situaciones.

Todo ello se une a los nuevos planteamientos espirituales que provocan el

resquebrajamiento del viejo sistema y su ética. Esto no fue posible en la Edad

Media, justamente porque los hombres medievales se ponen a imitar al Imperio

romano en una circunstancia que no lo permitían —no había una economía

monetaria, ni jurisprudencia, ni una minoría directiva como la romana—.

Ortega señala que ésta es una de las causas por las cuales no ha habido

Imperio en Europa. Por eso, cuando se descubren los

sacar de ellos instrumentos políticos imperiales y adaptados a. las circunstancias

jurídicas medievales, lo que se hace es ir contra el Imperio y fortalecer

las monarquías nacionales modernas.

La economía ensancha su horizonte y sus posibilidades son más amplias,

ya que la economía doméstica y la esclavitud son sustituibles por la economía

nacional cerrada, en un intercambio internacional por medio del dinero y el

crédito. La aglomeración de la población, la centralización de los medios de

producción y la concentración de la propiedad en pocas manos, aceleró la

centralización política.

La aparición del sistema burgués va ligado al descubrimiento de América,

la apertura de Asia y el consiguiente desarrollo de mercados mundiales. Marx

y Engels han señalado que «la necesidad de ensanchar constantemente los

mercados impulsó a la clase capitalista a extenderse por todo el globo. La

producción y el consumo adquirieron carácter cosmopolita. Y esto originó

una interdependencia entre las naciones. Las creaciones intelectuales se hicieron

también internacionales y se empezó a desarrollar una literatura universal.

Las naciones más bárbaras son atraídas.a la civilización» (9).

cuencia inmediata de la nueva concepción del mundo impuesto por él Renacimiento.zada por los nuevos métodos. De aquí surgió el carácter científico —racionalista—Pandectas y se pretende

(8) E. TROELSCH: El

Cultura Económica, 1967, pág. 18.

protestantismo y el mundo moderno, 3.a edición, Fondo de

(9) KARL MARX y F. ENGELS :

10.

Communist Mamfest, Ed. Rand School, 1919, página

JOSÉ SÁNCHEZ CANO

De todo esto y como consecuencia de la división del trabajo surge una

estratificación social completamente distinta, que ha acarreado, junto al burócratismo político y militar, el fenómeno completamente nuevo de la burguesía

capitalista y culta, y que hace posible que la población trabajadora libre se

afane no sólo por una igualdad jurídico-formal, sino también real. Y es precisamente

la clase capitalista la que dará al proletariado la posibilidad del cambio

al solicitar su ayuda en las disputas del capitalista con los de su país o

de otros países. Es decir, la clase directiva suministra al proletariado sus propios

elementos de educación general y política (10).

En el año 1600 Europa sólo conocía en el campo científico el principio

de Arquímedes. A partir de este momento se va a desarrollar la ciencia que

utilizó las matemáticas en expresión de Whiteheard, como instrumento en que

está escrito el libro de la naturaleza. El Renacimiento implica una afirmación

del legado científico de la antigüedad al mismo tiempo que una revisión de

la antigua ciencia. K. Lowith ha señalado este punto. «A partir de Bacon y

de Descartes, la ciencia no es ya aristotélica exclusivamente, sino ciencia

operativa, práctica y utilizable para el dominio técnico de la naturaleza por

parte del hombre.

El sistema educativo y la imprenta han permitido que la ciencia se convierta en una potencia práctica efectiva, en un medio para la lucha por la existencia accesible a las diferentes capas sociales de la sociedad.

La ciencia natural racionaliza la naturaleza en amplitud e intensidad y, ya es posible,

hablar de un efectivo dominio espiritual de la naturaleza. Al mismo tiempo,

la técnica liberada ya de los planteamientos empíricos que descansan en un

conocimiento «legal» pueden seguir desarrollándose indefinidamente.

Finalmente, en el mundo moderno el individualismo se arraiga profundamente

en su íntima índole metafísica.

No se trata de la continuación y ampliación del racionalismo o del escepticismo

antiguo ni es la conciencia espiritual del alma del platonismo y del

estoicismo antiguo, que estrechamente fusionados con el cristianismo, vieron

crecer ese mundo. Cierto que ambas cosas fueron renovadoras y renovadas

en el Renacimiento y, desde ese momento, han ejercido una notable influencia.

Troeltsch analiza los supuestos del individualismo al escribir: «La base

del individualismo moderno se halla, en primer lugar, en el Renacimiento. Se

trata de la metafísica del personalismo absoluto que penetra directa o indi

Ibid., pág. 14.

(11) K. LowiTH:

Buenos Aires, 1956, pág. 63.

Sciencia et potentia in idem coincident (11).tío)Dios, hombre y mundo desde Descartes a Niet&che, Ed. Claridad,

140

LA SOCIOLOGÍA DE LA RELIGIÓN Y EL FENÓMENO RELIGIOSO

rectamente en todo nuestro mundo y que presta un cimiento metafísico a las

ideas de libertad, de personalidad, del yo autónomo, y que sigue operando

aún en esos casos de discusión y de negación del fenómeno» (12).

Y es precisamente el proceso de elaboración de este individualismo lo

que configura y da significación al protestantismo. Su transmisión al amplio

aspecto de la vida general resulta claro que ha tenido que cooperar de modo

considerable en la creación del mundo moderno.

Los fundamentos del mundo moderno en lo que respecta al Estado, la

sociedad, la economía y el arte se genera con independencia del protestantismo.

Se trata, como ya hemos indicado, de una simple continuación de los

desarrollos de la baja Edad Media y, en parte, del Renacimiento, especialmente

del Renacimiento asimilado por e! protestantismo. Esta recepción fue lograda

en las naciones católicas, como Austria, Italia, España y, especialmente, Francia,

después que hubo surgido el protestantismo y junto a él. No obstante,

se hace difícil negar su gran influencia y significación en el origen del mundo

moderno.

b)

Viejo y nuevo protestantismo: calvinismo y luteranismo

La reforma protestante ha sido simplificada por los historiadores y socio'

logos de la religión, encuadrando bajo un mismo concepto tanto sus princi'

pios como su actualidad. Troeltsch ha analizado con espíritu crítico el fenómeno

del protestantismo llegando a la conclusión de que se ha cometido un

error esencial. En unas cuantas páginas muy densas rompe con los viejos esquemas

y nos presenta toda una diferenciación sobre los dos tipos de protestantismo

que según él deben distinguirse. El viejo protestantismo, anclado en

la cultura eclesiástica y sobrenatural, sin jerarquía, descansando en una autoridad

directa y rigurosamente delimitable, diferenciable de lo secular. Todo

ello aun reconociendo la interioridad de su sentir y pese a su sacerdocio universalista.

La fuerza milagrosa de la Biblia sustituye a la jerarquía y a la encarnación

de Cristo que en ella se prolonga. La Biblia es una fuente en perpetua

producción: la prolongación protestante de la encarnación de Dios.

El protestantismo primitivo luterano y el calvinismo representan, pese a

su oposición de la doctrina del libre albedrío católico, una genuina cultura

eclesiástica, en la línea de la ortodoxia medieval, y trata de encuadrar el estado,.

(12) E. TROELTSCH: Op. cit., pág. 26.

147

JOSÉ SÁNCHEZ CANO

la sociedad, el derecho, la educación, la economía y la ciencia según los cri'

terios sobrenaturales de la revelación. Siguiendo los criterios de la Edad Media,

incorpora la

Troe'.tsch escribe a este respecto «... desde fines del siglo XVH, el protestantismo

moderno ha entrado en el terreno del estado, que admite una paridad

religiosa o que es religiosamente indiferente, y ha transferido en principio la

organización religiosa y la formación de la comunidad religiosa a la espontaneidad

y a la convicción personal, reconociendo fundamentalmente la diversidad

de convicciones y comunidades religiosas que conviven unas junto

a otras» {13).

Troeltsch sostiene la tesis de que el viejo protestantismo niega la validez

de la idea de una cultura eclesiástica y la no admisión de semejante tipo de

la necesidad de cultura en la revelación. A lo anterior se añade, extraído de

ahí por la Iglesia, una cristianización de la vida en forma más o menos

coactiva.

El protestantismo nuevo al realizar la idea de una cultura de base estrictamente

eclesiástica, pudo poner en funcionamiento, como principios genuinamente

protestantes el fomento, en conciencia, de la crítica histórica-filosófica.

Para el viejo protestantismo era causa de condena la formación de comunidades

libres del estado y la doctrina, a través del «naturalismo», así como

la doctrina en la convicción e iluminación, mediante el «entusiasmo fanático».

Estas posiciones las modifica sustancialmente el nuevo protestantismo reconsiderándolas

de una manera epistemológica.

Troeltsch analiza una última diferenciación entre un tipo y otro de protestantismo.

En el viejo protestantismo nos encontramos con dos puntos de

vista perfectamente definidos: luteranismo y calvinismo. Esta diferencia no

es el resultado de los distintos ambientes culturales en que ambos crecen y se

desarrollan, sino que la diferencia es necesario buscarla en la personalidad de

Lutero y Calvino, así como una situación de totalidad significadamente diferente.

Estas diferencias no sustanciales que en un principio se presentan como

conceptos diferentes, devienen posteriormente en un desarrollo propio que las

va a hacer diverger especialmente, tanto que no es factible la admisión de

un solo tipo de protestantismo en razón a su religiosidad ética, sino que estamos

ante dos tipos de protestantismo diferentes.

Troeltsch considera primordial el análisis psicológico como base de diferenciación

del calvinismo y el luteranismo. «... Para nuestra cuestión —escribe

Troeltsch— la significación del calvinismo es mucho mayor que la del

Lex Natwe como idéntica, originalmente, con la ley de Dios.

(13) Ibid., pág. 31.

148

LA SOCIOLOGÍA DE LA RELIGIÓN Y EL. FENÓMENO RELIGIOSO

luteranismo y será menester un frío análisis psicológico para destacar en cada,

caso la conexión pertinente» (14).

En la formación del mundo moderno ambas posiciones han seguido direc--

ciones muy diversas, y como el desarrollo del calvinismo ha supuesto una

ruptura con el luteranismo conservador, hasta el punto, como mostró Max

Weber, de convertirse en una potencia universal, tenemos que llegar a la

conclusión de que en todas las cuestiones éticas, de organización, económicas,

políticas y sociales, su significación e influencia han sido mayores.

c)

católicos

Protestantismo: prolongación de planteamientos

La iniciación del protestantismo y el punto de arranque de Lutero al

efectuar la reforma de la Iglesia, desde una perspectiva eclesiástica dogmática,

supone un planteamiento fundamentado en la ortodoxia, una transformación

de algunos postulados del catolicismo a los que se trata de ofrecer una nueva

respuesta. Y es precisamente esa respuesta la que va a producir consecuencias

histérico-religiosas radicales y sólo cuando se produce la descomposición de

la primera forma de protestantismo se maniñesta que esas consecuencias iban

más allá de la simple contestación a viejas cuestiones.

Las palabras de Lutero sobre el origen del protestantismo son reveladoras:

«... Hasta que apiadándose Dios de mí, mientras meditaba día y noche, se

me alcanzó el sentido de la expresión, a saber: la Justicia de Dios se revela

en El como está escrito: el justo vive de la fe. En aquel momento comencé

a entender la justicia de Dios como la justicia por la que el justo vive por

don de Dios, es decir, por la fe; y que éste era el sentido: por el Evangelio

se revela la justicia de Dios, es decir, la justicia pasiva, por la que Dios mi'

sericordioso nos justifica mediante la fe, como está escrito. El justo vive de

la fe. En ese momento sentí que realmente había nacido de nuevo y que había

entrado en el paraíso por las puertas abiertas de par en par. A partir de

ese momento la escritura según la recordaba de memoria e iba deduciendo

la analogía con otras expresiones como: la obra de Dios, es decir, la que

Dios realiza en nosotros; el poder de Dios, con el que nos hace poderosos;

la sabiduría de Dios con la que nos hace sabios; la fortaleza divina, la salvación

divina, la gloria divina» (15).

(14) Ibid., pág. 35.

(15) M. LUTERO: «LOS grandes escritos reformadores», del

Comentario a ]a epístola

a los romanos,

Ed. Paidós, 1967, pág. 56.

149

JOSÉ SÁNCHEZ CANO

El protestantismo va a realizar una transformación revolucionaria en la

concepción individual de la relación hombre-Dios: responderá a la cuestión

de la certeza de la salvación remitiéndonos a una fe sencilla y radical dentro

de la decisión personal, nos da la certeza del perdón de los pecados en Cristo

gracias a la sobrenatural revelación divina de la Biblia, y saca de esta certeza

todas las consecuencias éticas de la reconciliación y la unión de Dios con el

alma del hombre. Al mismo tiempo rechaza la jerarquía salvadora de la

iglesia sacerdotal y el valor de los sacramentos apoyados en la voluntad.

Entre el nuevo y el viejo protestantismo existe un elemento común originario

: la predestinación. La predestinación se transforma en el punto omega

de la doctrina protestante en interés de la certeza de la salvación. Esta coincidencia

prioritaria se da tanto en Lutero como en Zwinglio y Calvino. Troeltsch

aclara estas convergencias al escribir: «... el calvinismo ha ido convirtiendo

de modo creciente esta doctrina en el gozne de su sistema y ha recogido de

ella para sus grandes luchas universales la fuerza firme que le suministra la

conciencia de la elección, pero ha sacrificado para ello la racionalidad y la

bondad universal del concepto de Dios, mientras que el luteranismo ha ido

debilitando la doctrina de su predestinación para proteger esas ideas, pero con

esto ha ido despojando a sus pensamientos del temple heroico y acerado» (16).

El protestantismo pretendía una reforma global de la iglesia y sólo ante

la imposibilidad de imponer su idea con la ayuda de los Gobiernos tuvo que

renunciar a ese ideal, sin renunciar a la idea de la Iglesia como una institución

sobrenatural salvadora. Únicamente no admite el derecho divino de la jerarquía

y la subordinación del poder estatal, pero mantiene la idea de la iglesia

como instituto sobrenatural de salvación aunque lo constituye, únicamente,

a base de la Biblia.

El problema contemporáneo de las relaciones entre iglesia-estado no existe

para el protestantismo. No se trata de dos organizaciones separadas, sino únicamente

dos funciones diferentes, dentro de un mismo cuerpo social indivisible:

el

corpus christianum.

Desde Martín Lutero la palabra autocefalia ha contribuido a desarrollar el

deseo de multitud de cristianos que aspiran a tener una Iglesia nacional absolutamente

nacional. Por ello autocefalia tiene un sentido marcadamente sacramental,

como si fuera un dogma, o la misma confesión de fe. En este sentido

cabe apreciar en el protestantismo una fuerte tendencia a la autocefalia. «... Reforma,

restaurar la forma, volver al estado primitivo de la Iglesia, ha sido

la misión de los grandes reformadores. Sólo unos pocos de estos reformadores

han creado algo verdaderamente nuevo. El método empleado no ha sido siem-

(16) E. TROELTSCH: Op. c¡t., pág. 40.

150

LA SOCIOLOGÍA DE LA RELIGIÓN Y EL FENÓMENO RELIGIOSO

pre lo suficientemente ortodoxo... La mejor demostración de ello es la consideración

objetiva del movimiento reformista iniciado por Lutero y la historia

del movimiento autocefalista ucraniano» (17).

La consideración del protestantismo como autocéfalo implica una diferenciación

del concepto de Iglesia autónoma. La Iglesia autocéfala es independiente;

la segunda goza de una independencia relativa. Con lo anterior

deseo expresar que la diferencia fundamental entre la Iglesia autocéfala y

la autonomía radica en que, al ser declarada la autocefalia eclesiástica, no

existe posibilidad de intervención de cualquier tipo, por parte de otra iglesia,

en la que respeta al gobierno y la administración de los asuntos eclesiásticos;

mientras que la iglesia de simple autonomía admite ciertos grados

de dependencia, con respecto a- la Iglesia de la cual se ha separado canónicamente.

Esta dependencia se refiere a determinados aspectos particulares,

pero los más frecuentes hacen referencia al derecho que se reserva la «Iglesia

madre» de ordenar y aprobar al supremo jerarca de la Iglesia autónoma

la obligación de pedir los Santos Óleos y conmemorar en la liturgia al primado

de la Iglesia madre.

La diferencia entre la Iglesia autocéfala y autónoma es capital, ya que los

autocefalistas recurren a la historia para probar la necesidad de la autocefalia

eclesiástica, aferrándose a la máxima de que antiguamente todas las iglesias

eran autocéfalas en el sentido estricto de la palabra, y siguiendo esta máxima

interpretar todos los documentos históricos que hablan de la simple autonomía

(18).

El luteranismo a pesar de su carácter renovador comprendió que sus verdaderas

pretensiones reformistas llegaban más lejos dé lo que intentaba alcanzar.

En todo momento se inclinó ante las autoridades y propulsó el desarrollo

absolutista de los principados alemanes. Por el contrario el calvinismo fue

menos conservador, más activo y agresivo, y también más metódico y riguroso.

La República fundada por Calvino, discípulo de humanistas y juristas,

se hallaba impregnada de racionalismo. Acomoda su Iglesia en el

corpus cfm'stianum

común, admite la sumisión del clero a la autoridad civil, pero crea todo

un cuerpo de doctrina con una autoridad bíblica constituida eclesiásticamente

•que prácticamente hacía de la Iglesia un poder autocéfalo.

El calvinismo es el campo del dogma, es de una espiritualidad superior al

luteranismo, pero en la práctica es inflexible e intransigente, acogiéndose a las

reglas bíblicas y buscando consejo en el Antiguo Testamento.

(17) José SÁNCHEZ CANO: «La nacionalidad y la consagración conciliar en la Iglesia

ortodoxa ucraniana», en

(18) Ibid., págs. 262-63.

Rev

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