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PERSEVERANCIA....

Publicado por VISIONARIO el 10/11/2008 a las 22:19 . 0 comentarios. Permalink.

Aunque al principio parezca difícil creerlo, especialmente cuando nos encontramos en medio de tantas dificultades, la felicidad si existe y es posible. ¿Por qué resignarse a vivir  a medias? ¿Por qué seguir sumergidos en el dolor, las preocupaciones o el negativismo?  Vernos a nosotros mismos y ver la realidad de otra manera, debería ser nuestra meta.

Con frecuencia la gente dice o piensa “no puedo ser como quisiera ser, porque soy muy gordo(a); no tengo buenas conexiones, no soy tan inteligente, tengo demasiado trabajo, no tengo tiempo o mis hijos no me dan tregua”. La verdad es que hay que comenzar donde uno está y echar para adelante. Olvídese de las excusas y, sobre todo, no se sabotee así mismo(a).Muévase.

Nadie quiere oír una queja más. ¡Ni siquiera usted! Hay quienes se ponen horas exactas para dar gritos y sacar todo lo que tiene dentro. Pero hasta allí, eso de andar quejándose todo el día, no solo impide “descubrir” qué anda mal con uno, sino conlleva a que nos desvaloricemos a nosotros mismos. Y ¿Quien quiere estar cerca de un perdedor, a no ser que tenga intenciones de  hacer algo de caridad? Como si fuera un bebe, vaya paso a paso hacia su ideal. Si quiere, por ejemplo, mejorar sus relaciones con sus hijos, dedíqueles diez minutos extras al día o propóngase no criticarlos en las próximas 24 horas. Tampoco se critique a si mismo.

Los triunfadores siempre se concentran en las posibilidades, jamás en los problemas. Cuando les sucede algo malo, lo ven como un obstáculo momentáneo, no como pruebas de que no pueden alcanzar lo que desean; Algunas veces la mejor manera de hacer cambios es dejar de centrarse en uno mismo. Evaluarse constantemente no solo puede estresarle, sino impedirle ver el final del arco iris. Mientras se esta ocupado(a) en algo significativo como ayudar a los otros, las respuestas con respecto a la propia problemática surgen espontáneamente. Si esperamos lo mejor y no nos dedicamos a poner obstáculos, podremos obtener  lo que necesitamos.

Enfrente la vida con una actitud positiva de gratitud. Esto puede sonar sin sentido, pero cosas tan sencillas como despertar y dar las gracias por el nuevo día ayudan a sentir que se tiene una vida más satisfactoria, si usted piensa que las cosas saldrán bien, así será. Y viceversa. En vez de ver el vaso vacío, mire lo que aun contiene.

Alguien que está logrando ganancias no vive preocupado(a)  porque hace un tiempo tuvo un año malo. Por el contrario, se concentra en lo que puede hacer en el momento. En cualquier circunstancia en la vida, hay que olvidarse del pasado. Ese ya pasó, ya se vivió, y al igual que un rió sin agua no se detiene ni se devuelve. El presente es muy importante y no hay razón para perdérselo.

Muchas personas buscan gratificaciones inmediatas y si no las logran, se dan por vencidas rápidamente. La perseverancia y la gratitud son la clave para llegar a ser lo que quiere o lograr lo que se desea.

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y  con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.

 (Filipenses 4:6)

LA DEBILIDAD...

Publicado por VISIONARIO el 6/11/2008 a las 20:31 . 0 comentarios. Permalink.

 Cuando una persona se mueve en un estilo afectivo que es dependiente y débil, su necesidad no es la de ser amado, como sucede en otros estilos de afectos; Sino la de ser protegida. La clave de su personalidad es “Soy débil” y “Necesito alguien mas fuerte a mi lado en quien pueda confiar”. La motivación es buscar a alguien quien los cuide y los defienda. Su manera de vincularse es infantil e inmadura, además de interesada. En su interior creen sinceramente que aman  a su pareja, pero en realidad lo que demandan es seguridad. Jamás amarían a una persona más débil, porque lo que pretenden obtener del intercambio afectivo es la fortaleza del guardián.

El objetivo principal es mantener la relación a toda costa y pese a cualquier circunstancia para evitar sentirse desvalidos. Puede mostrarse como especialmente complacientes, amables y “con gran capacidad de entrega”, pero esta actitud, supuestamente amorosa, esconde subordinación y dependencia. Se debe adular y cuidar al amo para que no los deje.

Lo que sostiene la relación es el miedo a enfrentar el mundo de manera solitaria. Creer que la pareja es mas fuerte y competente va generando, con el tiempo, cierta veneración y la convicción esclavista de que el cónyuge es más importante que ellos.

Una cosa es necesitar a alguien, y otra, amarle. Las personas que se sienten frágiles confunden el amor con el temor a la soledad: Pero no es soledad afectiva (“necesito que me quieran”), sino incapacidad de sobrevivir sin apoyo. Miedo a vivir. Terror de tener que afrontar una realidad impredecible y potencialmente peligrosa. Algo similar a eso que le ocurre al niño que despierta solo en su cuarto y, presa de pánico, llama a su madre o a su padre para que se hagan cargo de él.

Y suele suceder que el origen de este modo asustadizo y enclenque de amar debe buscarse en los aprendizajes tempranos y no en la genética. La causa parece ser más social que biológica.

Unos padres sobreprotectores y extremadamente aprensivos le impedirán al niño explorar cómodamente su medio. No dejaran que el principio natural del ensayo y error actúe. Pensaran por él y harán las veces de improvisados oráculos. Verán peligros donde no los hay y alertaran innecesariamente al menor. Como pájaros de mal agüero señalaran y anticiparan constantemente los riesgos eventuales.

Es apenas natural que ante semejante panorama, los pequeños lleguen a ciertas conclusiones respecto a sus posibilidades de supervivencia; “El mundo es terriblemente dañino”. “Si me cuidan tanto, debe ser porque no es recomendable estar solo” o “No tienen confianza en mí”. Cuando estos mensajes llegan a la base de datos y se afianzan, aparecen los paradigmas. Y es en ese punto donde se configura un semblante erróneo del amor. Es aquí cuando el desamor se confunde con el desamparo, y los aspectos calidos y amables se revuelven con la sensación de ayuda y sostén. Quizás exista un código genético desconocido que durante la infancia  mezcle cariño y salvaguardia. No obstante, en la vida adulta, decir  “te quiero” no es lo mismo que pedir auxilio (aunque a veces se parezcan).

Decimos autoeficacia a la confianza básica de poder alcanzar exitosamente las metas, pero no de manera omnipotente. Todos esperamos que la persona amada esté ahí cuando la necesitemos. Un hombro en el cual reposar nunca está de más y es un complemento importante, yo diría imprescindible, del vínculo afectivo. Pero “hacerse cargo” del otro o “adoptar” la pareja, ya no es cuestión de amor, sino de beneficencia.   

La persona que ama no tiene miedo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el verdadero amor quita el miedo…….

(1Juan4:18)BSL

SOLEDAD...

Publicado por VISIONARIO el 13/10/2008 a las 01:26 . 0 comentarios. Permalink.

Aunque la soledad puede ser una condición relativamente normal en la vida humana, la falta de compañía en muchos casos o el apego genera miedo e intensifica el temor ante determinadas situaciones, es un estado generado por la falta de compañía que aparece cuando deseamos estar con otro ser.

Hay la soledad sana que se genera cuando hay ausencia del otro, pero con la seguridad de que al buscar apoyo aparecerán figuras de confianza que responderán adecuadamente cuando se les solicite (amigos, familiares, etc.). También hay la soledad insana o neurótica: va acompañada con ansiedad y necesidad de apoyo permanente. Es un sentimiento de ausencia del otro que es capaz de derrumbarnos, interfiere con el placer (no nos deja gozar), con la productividad, y nos deja extenuados.

La permanencia al lado de otros, en un ambiente personal y familiar, hace que la persona se mantenga en un entorno relativamente seguro y alejado de riesgos que en caso contrario debería enfrentar. Estar en compañía de sus seres queridos obviamente le trae beneficios, usted se siente apoyado, querido, amparado y protegido, pero cuando el apego es muy fuerte comienzan los problemas.

A cualquier edad, el ser humano puede mostrarse muy apegado a ciertas personas y por eso recibe muchos calificativos como celoso, posesivo, codicioso, inmaduro, dependiente, entre otros. El apego fuerte hace que la soledad insana se acreciente cuando la persona se siente realmente sola. Y por eso teme no tener cerca una figura de afecto que le responda adecuadamente.

Hay algunos sentimientos básicos que el ser humano experimenta, ante la realidad o posibilidad de que no aparezca una figura de apoyo (en caso de estar solo). Uno es el temor a ser heridos o a perder algo. Sea el temor real o imaginario, el sentimiento es el mismo. La ansiedad varía desde la leve aprensión hasta el pánico, donde no se pueden controlar las funciones corporales. Entre estos dos extremos se encuentra el temor, el miedo, la irritabilidad, la impotencia, la inseguridad, la tensión, el nerviosismo, la cobardía, el terror, etc. La intensidad de la ansiedad depende de la severidad de la perdida, de la cercanía de la amenaza, de la fuerza para afrontar la perdida y de sus defensas. Cuando nos sentimos ansiosos, estamos percibiendo la amenaza, aún cuando no tengamos conciencia de ello.

Otro puede ser la rabia, que es el sentimiento de irritación, frustración, furia e ira. Nos enojamos cuando nos han herido y por ello todos tenemos sentimientos de rabia de vez en cuando. La expresión de rabia contra la herida, y lo que la provocó, permite que ésta cicatrice. Es una respuesta natural saludable y necesaria para mantener el equilibrio emocional, siempre que no se convierta en una respuesta violenta. La rabia bloquea a la persona y se queda en el interior, cuando no es posible llegar al origen de la herida, o es inaceptable para la persona. La rabia guardada se dirige a sí misma.

Otro sentimiento es la culpa, que es el resultado de reprimir tanto tiempo el enojo. Es un sentimiento que nos hace ver como no merecedores, malvados, crueles y llenos de reproche contra nosotros mismos. Las personas que se sienten culpables tienden a enfatizar lo negativo del mundo, carecen de alegría y su actitud provoca rechazo y agotamiento. Y está también la depresión que llega cuando el enojo es el prisionero de nuestro interior. Es el sentimiento de una profunda tristeza, infelicidad y melancolía. El paisaje es negro y no se puede disfrutar de lo que nos rodea. La tristeza prolongada, sin comprender qué significa, nos da como resultado la depresión, nos sentimos desvalorizados, enojados, agotados y hasta enfermos. Es el sentimiento más grande que genera la soledad dolorosa.

Cuando por alguna circunstancia se enfrente a la soledad, recuerde que con seguridad si busca apoyo aparecerán figuras de confianza que responderán adecuadamente cuando se les solicite. Y si ciertamente buscas la compañía de Dios él te llenara de fortaleza, consuelo, y será tu dulce compañía.

Ciertamente consolará Dios a su pueblo: consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como paraíso, y su soledad como huerto de Dios; se hallara  en ellos alegría y gozo, alabanza y voz de cantar.

ACUÉRDATE ....

Publicado por VISIONARIO el 10/10/2008 a las 16:34 . 0 comentarios. Permalink.

Considerando la historia de la Humanidad se hace evidente la gran paradoja de nuestro tiempo. Que tengamos edificios más altos pero el espíritu tan bajo; autopistas más anchas, pero puntos de vista tan estrechos.

Gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas; más comodidades, pero menos tiempo. Tenemos más diplomas, pero menos sabiduría; más conocimientos, pero menos criterio; más expertos, y sin embargo más problemas; más medicina, pero menos salud.

Bebemos mucho, fumamos mucho, gastamos imprudentemente, reímos poco, conducimos muy rápido, nos enojamos demasiado. Nos acostamos muy tarde, nos levantamos muy cansados, leemos poco, vemos demasiada TV, raramente oramos.

Hemos multiplicado nuestro patrimonio, pero reducido nuestros valores.
Hablamos demasiado, amamos muy poco, y odiamos con demasiada frecuencia. 

Hemos aprendido a ganarnos el pan, pero no una vida. Hemos agregado años a la vida pero no vida a los años. Hemos ido y vuelto de la Luna, pero tenemos dificultad para cruzar la calle para saludar a un nuevo vecino.

Hemos conquistado el espacio exterior, pero no el espacio interior. Hemos hecho cosas más grandes pero no mejores cosas. Estamos saneado el aire, pero contaminado el alma. Conquistamos el átomo, pero no a nuestros prejuicios.

Escribimos más, pero aprendemos menos. Planificamos más, pero realizamos menos. Hemos aprendido a agilizarnos, pero no a esperar.

Construimos más computadoras para acumular más información, para producir más copias que nunca, pero nos comunicamos cada vez menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestiones lentas, de grandes hombres y personalidades pequeñas; de altos dividendos pero relaciones superficiales. Estos son los tiempos de dos sueldos pero más divorcios;
lujosas casas pero hogares con grietas.

Es un tiempo en el que hay mucho en la vidriera y nada en el depósito.
Un tiempo en el que la tecnología puede llevarte estas palabras, y un tiempo en que podéis elegir: compartir estos pensamientos o simplemente hacer clic en el botón Suprimir.

Acuérdate de pasar más tiempo con aquellos a quienes quieres, porque no estarán a tu alcance por siempre. Y acuérdate de decirle algo cariñoso a alguien que te está observando con admiración, porque esa personita crecerá pronto y se alejará de tu lado. Dale un fuerte abrazo al que tienes cerca tuyo, porque eso es lo único valioso que podes ofrecer desde tu corazón, y no cuesta ni un centavo.

Acuérdate de decirle “te quiero” a tu cónyuge y a tus seres queridos, pero sólo si eso es sincero. Un beso y un abrazo curarán cualquier herida cuando salen de lo profundo. Acuérdate de tenerte de la mano y apreciar la ocasión, porque puede llegar el momento en que esa persona no vuelva a estar allí. Date tiempo para amar, date tiempo para hablar, y date tiempo para compartir tus pensamientos.

Y finalmente, acuérdate siempre que la vida no se mide por la cantidad de veces que respiras, sino por los momentos que te quitan la respiración.

 

CONVERSEMOS......

Publicado por VISIONARIO el 9/10/2008 a las 01:12 . 0 comentarios. Permalink.

Comunicarle  a  alguien  que  perdió  su  empleo, solicitar  aumento  de  sueldo, presentar  excusas, explicarle  a  su  hijo  por  qué  no  debe  fumar, romper  una  relación  sentimental  o  decirle  a  su  pareja  algo  que  le  molesta, son  conversaciones  en  la  que  cualquiera  puede  sentirse  paralizado, dominado  por  el pánico  y con  deseos  de salir  corriendo.

Pero, lejos de  ser  una  zona  de  guerra  o  un  encuentro  en el  que  las  palabras  sean  mal interpretadas, las  expresiones  queden  a  medias  o  se  afecten  las  relaciones  personales, estas  conversaciones   difíciles  deben  convertirse  en  un  campo  de  comprensión, aprendizaje  e intercambio  de  sentimientos. Para  poder  enfrentar  cualquier  tipo  de  conversación  tanto en  su  vida  íntima  como  en  la  laboral, se  debe  mejorar  las  habilidades  expresivas  y la  actitud  en  su  forma  de pensar.

Para  comunicarse  con  claridad  y  fuerza, usted   debe  estar convencido  de  que  eso que  quiere  decir  es  digno  de  ser  expresado  y  creer  que  sus  puntos  de vista  y  sus  sentimientos  son  tan  importantes  como  los  de  cualquiera. Desde luego  tenga  en  cuenta  que  si  lo  que  va  a decir, es  realmente  beneficioso, y  trae  con  ello  bendición. Si  con   lo  que  piensa  expresar   trae  paz  y  unidad, y  no  daño  o  conflicto, y  de  esta manera  empeorar las  cosas.

Tenga  claro  lo  que  quiere  decir. No  intente  deducir  o  adivinar  las  intenciones  de  la  otra  persona. Eso  afectara  su  manera  de  pensar  sobre  ella  y  la  forma  en  que  se  desarrolle  la  conversación. Tenga   presente que  no  importa  dónde  quiera  llegar; la  comprensión  debe  ser  su  primer paso. Recuerde  que  comprender  la  versión  de  la  otra  persona   no  quiere  decir  que  usted  tenga  que estar  de acuerdo  con ella   ni  que  deba  renunciar  ala  suya. El  hecho  de  que  usted   esté   en  disposición de  entender  al  otro  no disminuye  su  poder  para poner  en  práctica  su  decisión  y  dejar  claro  que  es  definitiva. No  olvide  que  nunca  podrá  redirigir  la  conversión  en  un sentido  más   positivo, mientras  la  otra  persona  no  se  sienta  escuchada  y  comprendida. Más  bien  usted  puede  utilizar  la  facultad  de  escuchar  para  dirigir  la  conversación.

Evite  que  la  conversación  se  convierta en  un  simple intercambio  de  conclusiones. Este  dispuesto  a  cambiar  de posición, a  escuchar  percepciones  distintas  y  a  aportar  información. Siempre   habrá  mucho  qué  aprender  de  las  otras  personas  y  ellas  también   necesitan  aprender  de  nosotros. En  lugar  de  preguntarse ¿cómo  puede  pensar  eso? Pregúntese ¿cuál  será  la  información  que  él  tiene  y  yo no?

Deje  de centrar  la  conversación  en quien  tiene la  culpa  o  la  razón. Discutir  no  lo  llevará a  ninguna  parte. Sólo  conseguirá  que  los  dos  se  sientan  maltratados, frustrados  y  alejados. Es  bueno  pedirle  a  la  otra  persona  que  le  diga  lo  que  entendió  es  una  manera  de  verificar  si  usted  está  hablando  claro, y  no  se  de  a  malos  entendidos. Hágale  saber  a la  otra  persona   que  cuanto  ha  dicho  ha  dejado  una  impresión  en  usted, que  sus  sentimientos  le  importan  y  que  se  está  esforzando  por  comprenderlos.

No  debe  olvidar  que  no  importa  quienes  seamos, qué  tan  indignos  nos   sintamos, qué  tan  poderosos  nos  creamos; Todos  merecemos  ser  tratados  con  dignidad  y  respecto. El  modo  de decir  lo que  usted  quiere  determinará, en  parte, cómo  le  respondan  los  otros  y  cómo  marchará  la  conversación. Palabras  como: “Yo  siento” le  pueden  evitar  caer  en  la trampa  de juzgar o  acusar. Así  su  interlocutor  estará  menos  dispuesto  a   ponerse ala  defensiva  y  querrá  conversar  sobre  los  sentimientos  de  ambos. Es  diferente  decir: “Pegarle  a  los   niños  está  mal  hecho”  a  “No    por  qué  siento  esto, pero  creo  que  pegarles  a  los  niños  por  eso  esta  mal”.

Piense  que  lo  primero  no  es  persuadir, impresionar, enredar  o  ser  más  ingenioso  que  la  otra  persona : Lo  prioritario  es  expresar  lo  que  usted  ve  y  por qué    lo  ve  de  ese  modo, cómo  se  siente y  quién es  usted.

Por  otra  parte  nunca  deje  de  expresar  pensamientos  importantes, recuerde  que  los  costos  del  silencio  pueden  ser  mayores,  pues  le  pueden  hacer  daño  a  sus relaciones. Expresar  puede  ser  difícil  y  desagradable, pero  les  da  a las  relaciones  la  oportunidad  de  cambiar  y  volverse  más  fuertes.

que  su  conversación  sea  siempre  amena, con gracia  y  de  buen  gusto, para  que  sepáis  cómo  debes respondera  cada  persona.        (Colosenses  4:6)

EL DESTINO........

Publicado por VISIONARIO el 1/10/2008 a las 08:47 . 0 comentarios. Permalink.

Cuando en ocasiones todo parece confabularse en nuestra contra y la probabilidad se vuelve sospechosa le echamos la culpa al destino (“Estoy marcado”), a Dios (“¿Porqué nunca se acuerda de mi?”) a la vida (“Desgraciada existencia!”) o a la energía negativa (“Voy a tener que colocar la cama mirando para otra parte”). Poner el control afuera nos excusa de toda responsabilidad y nos aproxima peligrosamente al pensamiento mágico e ingenuo de la antigüedad, que todo era culpa de los “dioses”. De hecho, si todo lo que me ocurre se debe a las inclemencias externas o a los imponderables sobrenaturales y cósmicos, no queda más que sentarse a esperar, quemar incienso o trasnochar en cualquier ritual de ultratumba. Depositar las posibilidades de cambio en los designios foráneos olvidando las posibilidades que tenemos es desconocer la esencia humana.

Los que prefieren ubicar el punto de control por fuera de su territorio suelen ser fatalistas y resignados antes de tiempo. Utilizan el típico pensamiento evitativo: “Nada puede hacerse”, porque no tiene sentido luchar contra lo incontrolable. Se olvidan que a veces hay que intentarlo. Nadie niega que hay cosas que se escapan del control personal, como por ejemplo las influencias genéticas en nuestra manera de ser o el impacto de alguna “Tormenta perfecta” sobre la estabilidad afectiva o laboral (seria demasiado irracional atribuirse el dominio total). No obstante, al menos en lo que corresponde a la propia vida, tenemos más peso del creemos. Dios nos da el papel y la tinta, pero cada uno escribe su historia. Construimos gran parte del ecosistema social/afectivo en el que habitamos. En cierta medida, somos “La suerte”, sea buena o mala.

Vivir es elegir. Podemos seleccionar infinidad de cosas, salirnos del camino y volver a entrar. Podemos protestar, decir No con mayúsculas, escribir “uevo” sin hache o desperdiciar la vida como más nos plazca. En cada acto de decisión, por acción u omisión, construimos el  supuesto destino. Esa es la verdad.

Soy el resultado, no solamente de los medios de educación y la publicidad, sino de mi actitud frente a ellos, de mi valentía o mi obsecuencia, de mis temores y mis odios; y aunque mi aporreado “yo” tenga que aguantárselas, debo hacerme cargo de cada metida de pata, de cada error y cada acierto: Quizás de una u otra forma pueda decir que vivió intensamente aprendiendo a ser lo que es, de salto en salto y de tumbo en tumbo, asumiendo sus propias consecuencias. La doble función del que no se ubica tan lejos ni tan cerca, sino en el medio justo, ante la arrogancia del que se cree mucho y la conformidad del que no se siente capaz.

…..OS HE PUESTO DELANTE LA VIDA Y LA MUERTE, LA BENDICIÓN Y LA MALDICIÓN; ESCOGE, PUES, LA VIDA, PARA QUE VIVAS TÚ Y TU DESCENDENCIA……

NO ME INTERESA...

Publicado por VISIONARIO el 30/09/2008 a las 20:06 . 0 comentarios. Permalink.

La vida afectiva, el vínculo que establecemos con las otras personas nos convierten en individuos socializados. No se puede vivir sin amor. Venimos preparados para intercambiar impresiones y entrelazarnos con los demás. Aunque algunos se replieguen, se enrosquen y esquiven el alud amoroso que llega desde afuera, no hay vuelta de hoja, las relaciones interpersonales son el motor del proceso de humanización. La mente no es solamente un fenómeno biológico, sino social/vivencial. El contacto con la gente es tan natural como respirar y su ausencia enferma y limita severamente las capacidades de adaptación al mundo.

Pese a lo anterior, hay sujetos (más hombres que mujeres) afectivamente empobrecidos y desvinculados. Individuos que han hecho un corte radical con sus emociones y la expresión de las mismas. Planos, apagados y sin ganas de establecer lazo alguno, viven en una realidad cada vez más desolada. Si bien a veces pueden llegar a deprimirse, no hay deseo que los mueva ni pasión que los empuje más allá de su limitado territorio sentimental. Carecen de la energía y vitalidad requeridas para intercambiar amor. No les interesa. Las relaciones de noviazgo o cualquier tipo de compromiso similar son vistas como una intromisión indiscreta o un obstáculo para la autonomía. Si la independencia se convierte en obsesión, estamos a un paso de constituir un prototipo de personas con trastornos, que se manifiesta con: alejamiento, restricción afectiva, carencia de hedonismo y algo de paranoia. Nada los sacude, ni la critica, ni la desaprobación ni la devoción. Inmutables.

Volverse un “lobo solitario” para evitar que los otros se entrometan, no tiene nada de ejemplar. El retraimiento sano (investigación de uno mismo) no elimina la posibilidad de amar, la deja en suspenso o la trasciende en algún ideal, pero no la destruye. Los ermitaños afectivos son apáticos y malos lectores de sentimientos, porque aparentemente no los necesitan. Hay cierta autosuficiencia fastidiosa en ellos, una autoimagen inflada: “Puedo prescindir de ti”. Es posible que no se de cuenta de que los amen, ni de que están enamorados. Su clave es el recogimiento y la muerte afectiva. Obviamente el romanticismo está totalmente aplacado y por ende el contacto físico. Hay una frialdad implícita, casi descarada, que brota desde lo más profundo, sin tapujos ni disimulos. La negligencia en el querer es como una frigidez del alma. Este estilo configura una dimensión, es decir, un continuo. Habrá algunos que puntúen diez y otros, apenas uno. Podemos ser muy insensibles y desconectarnos del cariño que nos prodigan, o sólo hacerlo de vez en cuando. La pobreza amorosa suele estar acompañada de cierta vaguedad en el modo de pensar.

 Los que no son capaces de conmoverse, también pierden agudeza, humor y la chispa de la jovialidad. O sea, aburrimiento crónico y, por desgracia, contagioso. Convivir con ellos puede resultar imposible. No solamente porque la indeferencia genera rechazo y pérdida de autoestima, sino porque la vida cotidiana requiere un mínimo de comunicación y respeto. Por definición, la insensibilidad y la falta de interés de la pareja siempre son ofensivas y dolorosas. El primer requerimiento de cualquier relación saludable es la necesidad de ser amado. Sentir que nos hace falta un abrazo caluroso, un apretón, el gesto amable, la caricia oportuna o inoportuna, el mimo y el embeleco, es un buen comienzo.

No me refiero al desespero de mercadearnos “sin ton ni son” para que nos quieran. De lo que hablo es del derecho a realizarnos en el acto de permutar complacencia, simpatía, ternura y proximidad apasionada. Me refiero al don y al placer de extasiarse en el otro hasta desfallecer y viceversa. Algo de lo cual, los encapsulados y los ermitaños afectivos ni siquiera se enteran. Hay una gracia especial en la comunicación que al perderse contamina.

 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados…. (Hebreos 12:15).

EN TIEMPOS DE ANGUSTIA...

Publicado por VISIONARIO el 29/09/2008 a las 16:29 . 0 comentarios. Permalink.

Hace algún tiempo decía una mujer tuve un problema con mi amiga Flor. Su esposo la había abandonado dos semanas antes, y ella lucía terrible. Sus ojos estaban enrojecidos y sus manos temblando. Lo que debí haber hecho, como amiga, era levantarle el ánimo y darle un abrazo, o llevarla a la cafetería más cercana para ofrecerle un café y un poco de compañía. En lugar de eso, comentaba esta mujer, me ofusque y le pregunté que si estaba bien, en un tono que claramente exigía una respuesta positiva. Cuando me dijo que estaba bien, con una voz vacilante, yo acogí esa pequeña y valiente mentira con una aceptación que no sólo era inapropiada sino cruel. Termino contando que después de una breve charla sobre el estado del tiempo, se despidió con un jovial adiós, y se fue, dejando a su amiga allí abrazando su dolor.

Muchas amistades aparentemente sólidas, están construidas sobre arenas movedizas. “La relación está basada en estructuras frágiles de reglas sociales no establecidas”. La idea es que la pasan muy bien juntas con “exigencias” y “motivaciones” normales. Sin embargó, cuando una de las dos personas está en crisis, todas estas reglas y con ellas las expectativas, de repente cambian, y algunos de los llamados amigos descubren que no pueden manejar la situación.

A otras personas, en cambio, las aterroriza la depresión, creen que puede ser contagiosa, de manera que desaparecen antes de que el mal se propague”.

Muchas veces una pareja de amigos puede sentir que la persona que está sola de nuevo es una amenaza para sus “vidas”. Empiezan a sentirse inseguros pensando que también les puede pasar a ellos y, entonces, la tendencia es tratar de forzarle a que vuelva con su pareja o rechazarle del todo. Es un hecho triste que cuando una persona se encuentra más vulnerable y necesita confiar en sus amigos, éstos estén temerosos y se alejen.

A veces los amigos desean ayudar, pero están demasiado

preocupados por trazar una línea invisible entre ser un soporte y ser un intruso. Pero esto es exactamente lo que nadie quiere que pase cuando la autoestima está por el piso.

En su lugar, se necesitan amigos bien intencionados que no se sientan paralizados al tomar el toro por los cuernos y que se pregunten cómo pueden servir de ayuda. Si usted sabe que su amigo vive en dificultades, haga algo al respecto. Diga: “No estoy muy seguro(a) de cómo manejar esto, pero en realidad me gustaría ayudar”. No es bueno esperar a que su amigo(a) venga a pedir ayuda. El puede estar en casa pensando: ¿Por qué no está ninguno de mis amigos para apoyarme?

Sin embargo dos personas que tienen una relación amistosa deben cuidarse de caer en la trampa de la dependencia. Los amigos bien intencionados no pueden llevar toda la carga de lo que está pasando.

Existen muchas razones por las cuales una crisis puede construir o acabar una relación. Algunas veces, la persona que está sufriendo vive rodeada de amigos que están presentes en las buenas épocas y desaparecen ante el primer signo de problema, pero la realidad es que con frecuencia, es más complicado que eso.

En muchos casos, las relaciones amistosas tambalean porque la persona en crisis falla en la forma de exponer sus necesidades. “Usted tiene que pedir ayuda, no trate de sobrellevar solo(a) una dificultad. Mientras algunas personas descubren que un amigo en necesidad es un “ex amigo”, otros afrontan las crisis formando vínculos más fuertes y más profundos que antes.

Saber escuchar es la clave para ser un buen soporte en una crisis; sin embargo, no es tan fácil como parece. No se sienta obligado a tener una solución, a veces sólo escuchar puede ser de gran ayuda, anime a su amigo para que se desahogue con preguntas que requieren más que un sí o un no como respuesta. Reconozca lo profundo de su sufrimiento, aunque usted nunca lo haya experimentado.

EN TODO TIEMPO AMA EL AMIGO, Y ES COMO UN HERMANO EN TIEMPO DE ANGUSTIA.

                                        (Proverbios 17:17).

 

AUTORRESPETO..........

Publicado por VISIONARIO el 28/09/2008 a las 20:54 . 0 comentarios. Permalink.

Nuestra cultura pondera mas el “sí” que el “no”. El “si” esta asociado a amabilidad, comprensión  y tolerancia, mientras el “no” lo referimos a antipatía, egoísmo e intransigencia. Enseñamos la actitud de servicio, la ayuda y la generosidad, como  valores determinantes de todo humanismo, y desestimamos los que se oponen, rehúsan o simplemente protestan. Sentar precedentes y manifestar el “disconfort” no es bien visto, al menos para los que quieren congratularse con el orden establecido.

Esta manera de “caer bien” y evitar la expresión de desacuerdos, ha creado una filosofía de la mansedumbre. Admiramos la sumisión y el silencio cómplice: Agachar la cabeza es símbolo de “queridura” no importa que nos la corten.

Confundimos sencillez con subyugación, y no es lo mismo. La persona que practica la humildad sanamente, se inclina a veces, pero no se quiebra. Es dócil hasta que toquen sus principios, porque la querencia tiene un límite: el de la Dignidad personal.

La cultura del sometimiento persigue, al  menos dos objetivos. Por una parte intenta apaciguar o agradar a los otros (miedo).Por otra, sentirse “bueno” y limpio. Sin embargo, bondad no es autocastigo, porque  el amor siempre empieza por casa “Ama a tu prójimo, como a ti mismo”.

Solamente en el autorrespeto, está el respeto al prójimo.

Nadie niega  que a veces el prójimo es mas importante que uno y que si hay amor de por medio estamos dispuestos a entregar la vida si fuera necesario. Pero aun  en los actos mas desprendidos de altruismo, el  decoro está presente. Puedo reconocer mis defectos o incluso capitular, pero  sin denigrar de mi mismo. (Valorarse a si mismo, es importante).

No estoy promulgando la insensibilidad y la avaricia, sino la defensa de los derechos personales. Tengo el derecho a decir “no”, a expresar desacuerdos, a oponerme, a ofuscarme, a expresar sentimientos negativos y ser consecuente con mis creencias. Obviamente no tengo que violar los derechos ajenos para ejercer los míos. Simplemente se trata de moverme dentro del territorio de mis valores y al mismo tiempo ser compasivo. Si transo con mis principios, ¿Qué queda de mí?

Cuando en situaciones no negociables, decimos “si”, queriendo decir “no”, algo desagradable ocurre en nuestro interior. Algo se rompe. Un dejo de vergüenza nos levanta a medianoche, esquivamos los espejos y la mirada interior se vuelve insoportable. Y cuando consultamos con la almohada, sólo queda la sensación desagradable del autorreproche: ¿Por qué no dije no?

En muchas situaciones somos incapaces de defendernos de los aprovechados. Preferimos callar, aunque nos de úlcera. Si estamos en una fila y alguien se nos cuela, sentimos ira, pero otorgamos  el puesto resignadamente. En otras circunstancias, aunque la consecuencia sea funesta, nos cuesta decir “no” (Por ejemplo, negarse a consumir drogas).

La asertividad es la capacidad que tienen las  personas para defender sus derechos personales, sin violar los ajenos. La asertividad es autoafirmación y honorabilidad para con nosotros mismos. Es un acto de autoestima. Es sentar el precedente de que el amor no es obediencia debida y menos en situaciones que pasen por encima  de  nuestros valores y respeto.

En cuestiones intrascendentes déjalo pasar (no tiene sentido ser un rebelde sin causa) En lo fundamental, di lo que verdaderamente  piensas y sientes. Exprésalo. Con respeto, empatía y hasta con una sonrisa si te queda aliento (lo cortés no quita lo valiente), pero no te quedes callado. El arte de ser asertivo es la habilidad de balancear los derechos y deberes sin enredarlos. Es la ciencia compleja de crear un espacio de convivencia respetuosa, donde los demás están bien, PERO TÚ TAMBIEN

PRIVILEGIO DE POCOS?....

Publicado por VISIONARIO el 26/09/2008 a las 18:58 . 2 comentarios. Permalink.
 

Tener una vida maravillosa no es producto de los factores externos, dentro de sí encontrará el secreto para ser feliz, pero la mayoría de personas siempre buscamos la felicidad en factores externos, en lugar de volcar los ojos a nuestro interior. Es allí en nuestro interior, en nuestra alma donde están los sentimientos, las emociones, los pensamientos más sublimes para ser personas que disfrutemos de la felicidad, fuimos creados por amor y se nos lleno de amor. Pero en muchas ocasiones el egoísmo o quizás las heridas causadas por el abuso o desprecio de otros, han minado de tal manera que ya nos da temor dejar florecer y disfrutar de una vida en armonía y más exitosa.

Usted debe conocer personas que parecen tener una vida maravillosa, independiente de su situación  económica, personal o laboral. Su secreto: desarrollaron la capacidad para manejar sabia y serenamente todas las situaciones de la vida diaria, sin que nada las altere. Pero ¿Cómo lo lograron? Las personas que parecen tener vidas encantadas no tienen un asistente mágico, ni son mejores o más brillantes que los demás. Simplemente pusieron en práctica, a conciencia o no, las actitudes, aptitudes, tendencias que orquestan circunstancias armoniosas y indiscutiblemente han llenado su vida de principios que le han formado patrones  para un mejor vivir, con respeto, integridad ante Dios y la sociedad.

Si alguien aprende estas cosas en su juventud, empezará muy bien .Pero también pueden aprenderlas más tarde y disfrutar igualmente de los beneficios y, tal vez, apreciarlos más. Sin tener en cuenta en qué momento se descubren estos preceptos, ponerlos en practica le ayudará a crearse una buena vida, satisfactoria, significativa y manejable. Así es como puede empezar.

Descubra la cosas buenas que tiene en su experiencia, ¿De donde viene? ¿De qué se siente orgulloso(a)? ¿A quien ha ayudado? ¿Qué maravillosos seres humanos ha elegido ser sus amigos, o su pareja? Ese es su principal capital de trabajo. Sea consciente de él y siéntase agradecido(a) por tenerlo. No hay nada más tiste que ver a una persona que tiene amplias posibilidades de tener una buena vida, pero que simplemente no las ve.

¿Qué tanto de su tiempo, esfuerzo y atención está encaminado a tener éxito en lo más importante? Relaciones bien establecidas, y aspiraciones bien dirigidas. No es muy popular hacer énfasis en esto; parece demasiado real y demasiado peligroso para el débil corazón. No obstante, lo único que se necesita es hacer un cambio de prioridades, no tener un día con más horas. Usted  puede crearse una vida mejor haciendo unas pocas cosas que todavía no hace. Tendrá tiempo para hacerlas una vez que elimine de su vida eso que no le esta sirviendo, entonces hará el resto con gran estilo. 

Decida cómo es la vida que quiere llevar, esta es una idea, pero puede cambiar, cuantas veces quiera, su forma de percibir la vida ideal. En este punto, no se censure. Así como es mas fácil para los niños pequeños aprender a escribir si tienen lápices grandes y gruesos, también lo es crear una buena vida si tenemos sueños grandes y gruesos.

No se preocupe si parecen irrealizables o están llenos de contradicciones. Crear una buena vida es, en principio, un asunto espiritual. Aunque la cotidianidad tiene aspectos tan triviales como tender la cama, la base para vivir bien es una creciente convicción de que estamos aquí por una razón y  un propósito. Porque a la verdad el propósito de tu vida excede en mucho a tus propios logros, a tu tranquilidad o incluso a tu felicidad. Es mucho más grande que tu familia, tu carrera o aun tus sueños y anhelos más vehementes. Si deseas saber la razón de por que estamos aquí, debemos empezar con Dios. Pues fuimos creados por su voluntad y  para su propósito.

Escuche a su corazón. Ejecute buenas acciones para que al final del día mire hacia atrás y encuentre por lo menos un recuerdo calido o una historia conmovedora.

Tómese tiempo para brillar (pero no acapare todo, también  permítale espacios a los demás para que brillen). Brillar significa ser reconocido o admirado por algo, pero no olvide que esto es cíclico, a veces brillará, pero después se opacará; es algo perfectamente normal. Emociónese con cada nueva experiencia y disfrútela al máximo.

Evite hábitos que le roben en ocasiones  la paz, como hablar demasiado y sin sabiduría, dormir poco, fijarse metas irreales, decir una cosa y hacer otra, chismosear y sermonear.

Identifique la montaña que le está bloqueando el camino hacia lo que desea, sea discreto (a), así se protegerá a sí mismo(a) preservará su honor y conservará su poder; amplié su mundo. No necesita de mucho dinero, sino ganas de aprender. Disfrute el amor, cultive la compasión, disfrute de su hogar, acepte la imperfección, recuerde nadie es perfecto.

No siga pensando que tener una vida llena de encanto es un asunto de magia o un privilegio de unos pocos, todos podemos hacerlo si nos lo proponemos, al rendir muestra razón delante de nuestro creador, Dios se complace en guiarnos para vivir una vida  de verdadera felicidad.

DESICIONES....

Publicado por VISIONARIO el 25/09/2008 a las 19:30 . 2 comentarios. Permalink.

El síndrome es cada vez más común, y todos, infortunadamente, lo conocemos demasiado bien: vivimos llenos de compromisos y con frecuencia hasta quedar exhaustos. La familia, el trabajo, las relaciones sociales, las reuniones para una cosa y para otra; en fin, también cumplimos. Sin embargo, nos invade la sensación de que el tiempo no alcanza para nada y que la vida, en vez de ampliarnos horizontes, nos va estrechando el vínculo. Muchas veces nos sentimos estancados y la situación actual es tan complicada que si tenemos el privilegio de tener un empleo, así no sea estimulante, y de contar con un techo y una familia relativamente armónica, nos sentimos tan agradecidos que preferimos dejar las cosas como están y no emproblemarnos mas. Pero ¿eso es vida? La verdad es que por muy cómodos que estemos, si no nos sentimos realizados, por disculpas que nos inventemos, lo que hacemos es vegetar. Los retos, a pesar de los miedos y temores, son fundamentales para sentir que la sangre nos corre por las venas y que estamos vivos. Aprender nuevas cosas y relacionarnos de otra manera con el entorno y las personas, incrementa las expectativas de vida y la vitalidad. Si usted es de las miles de personas que se sienten estancadas y que definitivamente quiere darle un giro a su existencia, debe de enfrentar y tomar decisiones, pues es posible que pueda no estar yendo a ninguna parte. Para salirse de algo, hay que estar en algo, a muchas personas les aterroriza dejar lo que tiene y cambiar su rutina. Sin embargo, cuando se ven obligadas a hacerlo, porque perdieron el trabajo, les ofrecieron una oportunidad en otra ciudad o las circunstancias le llevaron a un cambio radical, terminan preguntándose por qué no lo habían hecho antes o por qué insistieron en aferrase a un esquema agotado. Por supuesto, no nos damos cuenta en que estábamos metidos hasta que lo abandonamos. Se hace necesario tomar tiempo para si mismos y evaluar lo que estamos haciendo, esos patrones cotidianos, y ver realmente hasta que punto son productivos, de esta manera será más fácil saber cuáles son los que se deben cambiar. Se debe aclarar y definir lo que realmente estimula y trae crecimiento integral en nuestras vidas, puede ser que halla muchas cosas que se deben reorganizar; Si bien es cierto que muchas personas dicen saber lo que lo que quieren, la mayoría de la gente no tiene claro o no está segura de lo que quiere. Los más afortunados creen saber par dónde van, pero muchas veces, al confrontarse a si mismos, descubren que entre lo que piensan, lo que sienten, y lo que verdaderamente desean hay grandes abismos. Luche a pesar de los temores y dé el primer paso. Una vez tenga idea de lo que quiere, no permita que las dudas lo saboteen. Entienda y dígase constantemente que la resistencia es una respuesta natural al cambio. Es más: la resistencia tiene muchas caras. ¿Le es familiar eso de “sí claro, pero estoy muy viejo(a) para eso” o sí pero no tengo la experiencia para eso o me falta conocimiento? Uno de los mayores errores es asumir que eso que pensamos es correcto y que esa es la verdad. El paso crucial es cambiar la perspectiva con respeto a asumir los retos. Por ejemplo, si se quiere una promoción en el trabajo, es posible que no se la den, pero, si ni siquiera la solicita, arriesga a quedarse donde está el resto de su vida. No olvide que cuando se busca o se solicita algo, lo único que se “arriesga” es un sí, es decir, siempre hay algo para ganar. Cualquier persona está más propensa a poner manos a la obra si está persuadida de que los beneficios valen la pena los obstáculos que debe enfrentar. Empiece por poco, pero hágalo ya. Se llega más lejos, si se mantienen planes viables en vez de pensar en extremos. Las personas se convencen a sí mismas de que debe ser todo o nada. Alguien que racionaliza algo así “como detesto mi trabajo, voy a renunciar y me voy a vivir al lado del mar”, seguramente no irá ni a la esquina. En este caso, el costo sería muy alto. Pero aun, entre más tiempo se piensa en esos términos, más tiempo permanece estancado(a). La decisión verdadera para hacer seriamente cambios en la vida es empezar a dar pasos para lograr esa meta, pero hacerlo Ya. No se desanime, romper patrones es de las cosas más difíciles, pero cuando se sabe qué se quiere, siempre se encuentra la manera de lograrlo. Y recuerde que no está solo, si buscas la guía y dirección de Dios, él mismo dice: YO ESTARÉ CONTIGO EN DONDEQUIERA QUE VAYAS.

RESIGNACION......

Publicado por VISIONARIO el 25/09/2008 a las 04:08 . 3 comentarios. Permalink.

Ni todo sufrimiento es malo, ni todo sufrimiento es bueno. Ni búsqueda desenfrenada de placer ni fanatismo masoquista. Hay aflicciones que son imprescindibles para el ser humano, y otras que sobran. Hay dolores productivos que nos hacen crecer y avanzar, y otros que son una especie de vía crucis rumbo a nada: el tormento por el tormento.

Un buen ejemplo de este sufrimiento justificado es el duelo. En situaciones de pérdida. Como la muerte de un ser querido o la separación conyugal, la biología nos impone el principio de realidad. El duelo nos enseña que hay que saber perder y ante lo irremediable, la mejor opción es la humilde aceptación. Si no fuera así, el organismo se desgastaría tratando inútilmente de recuperar un imposible. Moriríamos en el intento. El reconocimiento de que “Se acabo” y que “ya no hay nada que hacer” nos libera de una estéril y dolorosa espera. Y reposar con confianza en las promesas que Dios nos da en su palabra de moradas eternas para los que parten de este mundo.

El duelo normalmente posee varias etapas. Una es el embotamiento o entumecimiento de la sensibilidad, en la cual la persona se siente aturdida e incapaz de entender lo ocurrido; puede durar horas o semanas.

En una segunda etapa, de anhelo y búsqueda, la persona no acepta que la perdida sea permanente. Aquí pueden aparecer manifestaciones como llanto, congoja, insomnio, pensamientos obsesivos, sensaciones de presencia del muerto (muchos equivocadamente recurren a visitas a videntes y brujos), cólera y rabia, en fin, en esta etapa se intenta restablecer inútilmente el vínculo que se ha roto. Es una etapa de ansia y desesperación; puede durar de dos a tres meses.

En la tercera fase, pese al dolor, se comienza a aceptar la perdida y aparece una fase realista y depresiva; el tiempo promedio es de dos a tres meses. Finalmente, se entra a la fase de reorganización, donde, ya si, se comienza a renunciar definitivamente a la angustia, el dolor y la persona recupera la iniciativa y las ganas de vivir.

Se calcula que un duelo bien elaborado puede durar de seis meses a un año, dependiendo de la cultura y la historia previa de la persona. Algunas personas crean un duelo crónico, es decir, se quedan ancladas en la tercera etapa (Depresión). Otras, pueden permanecer en la primera etapa, y configuran lo que se llama ausencia de aflicción consciente. En ambos casos, el proceso se estancia y las remembranzas se transforman en calvario.

“Elaborar” adecuadamente un duelo afectivo implica que la mente y el organismo puedan procesar, aceptar, absorber, decodificar o asimilar la ausencia definitiva de la persona amada. Quiere decir que al pasar por estas etapas, el duelo admite y asume, así sea a regañadientes, el hecho de la perdida. No significa insensibilidad ante la muerte, ni olvido inclemente, sino nostalgia de la buena. Recuerdos modulados por el amor en vez de angustia de separación. No hay ansiedad descontrolada, sino mansedumbre afectiva. Se fue, pero quedan los años vividos, la dicha de haberlo tenido, la memoria teñida de momentos inolvidables y la añoranza limpia de toda ira. En un buen duelo no hay egoísmos, apropiaciones indebidas, posesiones a destiempo, ni celos retrospectivos. Aunque es recomendable llorar hasta el cansancio, no suele haber mártires, estancamientos suicidas o autolaceraciones.

Tarde que temprano, el vendaval del desconsuelo cede paso a una sosegada calma que surge desde adentro. Y es cuando comprendemos que todo ese sufrimiento, ese desgarrador padecimiento, cumplió su cometido. No fue en vano. Había que sufrir para empezar de nuevo. Así es la sana resignación del que sabe perder. Pero que puede descansar en la bendita esperanza de una vida eterna con Dios.

LA PRIMERA VEZ......

Publicado por VISIONARIO el 22/09/2008 a las 11:23 . 0 comentarios. Permalink.

La añoranza a veces es un encarte, porque quedamos atados a un pasado que no nos deja avanzar. No cabe duda, algunos recuerdos llevan el veneno del resentimiento y nos chuzan cada vez que los traemos a la memoria. Sin embargo, en el fondo, no somos más que historia hecha presente. Cada uno es el resultado de una narración singular, única e irrepetible. Un cuento donde somos los protagonistas principales.

Pero, curiosamente, sufrimos de una extraña forma de amnesia autobiográfica. Se nos pierden las huellas. El camino que hemos transitado, de pronto, nos resulta irreconocible. La omisión retrospectiva del yo. Como si se tratara una espora o un hongo que nace por generación espontánea, los orígenes dejan de existir.

Olvidar de dónde venimos es negar el linaje personal. Y no hablo de la  obsesión por las nacionalidades, la insoportable alcurnia de arrastrar la carga de unos cuantos apellidos o mandar a enmarcar el “escudo familiar”, tratando así de reivindicar una aristocracia folclórica pasada de moda, sino del lugar afectivo donde se gesto nuestra mente. La memoria profunda, las confesiones y los episodios que nos marcaron. La red interpersonal donde enredamos la humanidad que nos compete.

Las primeras experiencias: ahí radica nuestra esencia. No en las más frecuentes, las penúltimas o las antepenúltimas, sino en las primeras. Aquellas que llenaron el alma y dejaron su marca en el disco duro.

El primer “amiguito”, y las penurias de tener que compartir lo que nos querríamos entregar. Ahí nació, con seguridad, el primer esbozo de envidia. El primer cumpleaños, que no era de uno, sino de los papás. El primer día de colegio: la gran tortura de estudiar y la dicha del recreo. Fue cuando entendimos eso de la socialización, la primera maestra, de la que nos enamoramos aunque fuera malgeniada.

La primera ida al circo: lo monstruoso de los payasos, el susto por los acróbatas que nunca se caían. El primer hermanito o hermanita, y la terrible frustración de tener que renunciar de mala gana a un pedazo de mamá. El primer regaño consciente y la primera pela (castigo): el ego maltratado, un dolorcito en el corazón y descubrir que, pese a todo, nos seguían queriendo. La primera caries y el ruido penetrante del torno manejado por un señor de bata  blanca y con cara de dentista.

El primer baile, el primer amor, el primer beso, el primer velorio y  los llantos colectivos que nos hacían llorar sin entender qué pasaba. El primer matrimonio de alguien cercano, y el primer ataque de soledad.

El primer día  de universidad, el primer día de trabajo, el primer sueldo, la primera casa, el primer coche, el primer hijo y así  sucesivamente. Pasó a paso. Acumulando reseñas y trepando escalones que apenas recordamos. Definitivamente, estamos llenos de “primeras veces”.

Aunque no seamos muy amigos de la remembranza, hagamos el intento. Sentémonos a pensar cualquier noche de estas. A recapitular en cámara lenta, sin afanes. Cuando nadie este despierto, saquemos los momentos vividos. No necesitamos música, ni trago, ni recordatorios artificiales, solamente estar cara a cara con el pasado. Y recordar esos momentos especiales que pasamos con los nuestros, con tu pareja, con tus padres, con tus hijos y llenar con esos momentos inolvídales, los vacíos o incertidumbres que a veces quieran robar el gozo y la armonía.

Los padres deberían filmar la vida de sus hijos a escondidas. Y un buen día, hacerles llegar unos DVD repletos de imágenes indiscretas, muecas indescifrables y sonrisas mal disimuladas; Pero desde luego poder disfrutar de esos momentos únicos que nos han llevado a ver lo hermoso de la vida y el disfrute de la bendición, es un regalo para tener en cuenta, y una historia singular, que no seria para contar, sino para degustar.

  Nosotros hablaremos del poder, belleza y majestad de tus hechos maravillosos; yo pensaré mucho en ellos y los daré a conocer a mis propios hijos. (Salmos 145: 4-6) BLS

EL AMOR.......

Publicado por VISIONARIO el 16/09/2008 a las 16:50 . 0 comentarios. Permalink.

El amor tiene un lenguaje especial que no siempre puede verbalizarse. A veces, cuando se nos enreda la lengua y el cerebro entra en inhibición, la mirada, el guiño hablan por nosotros. Lo sorprendente es que pese a su antigüedad, el callado idioma del amor puede ser mucho más elocuente que veinte tomos de literatura romántica.

Existe una forma de descodificación afectiva donde las neuronas sobran y el corazón se hace cargo. Las claves dejan de ser lingüísticas para volverse gestuales, indiscretas y hasta desfachatadas. En el amor, las emociones desconocen la razón y se mandan a si mismas.

Algo se transmite cuando estamos frente a frente con “la traga”, algo nos delata y nos pone en evidencia. Se nota y “hablamos hasta por los codos”. Y no necesariamente es rubor, tartamudez crónica o incapacidad vergonzante, sino datos invisibles. Información que no se ve, pero se siente, o mejor, se huele.

Lo cierto es que la comunicación amorosa no puede contenerse en ninguna frase (aunque los poetas se aproximan bastante), porque la letra es otra. Sus enunciados son los balbuceos, los suspiros, uno que otro gruñido bien intencionado y los consabidos alaridos.

No estoy diciendo que debemos volvernos sordomudos, sino que seria interesante recuperar las primeras vías de intercambio afectivo. Acariciar, abrazar y besar son otras formas de decir. Son manifestaciones del ser que ama. Cuando se pierde el valor del dialogo, los silencios son molestos y la mímica se vuelve incomprensible. Nos cuesta  entender que el amor interpersonal no sólo se vale de los órganos del lenguaje para sentar precedentes. Si estamos enamorados, todos los sentidos se aúnan para conformar un nuevo dialecto, una nueva gramática.

Sin embargo, el lenguaje natural del amor no garantiza la convivencia

(Aunque debería ser así). Es probable que la haga más llevadera, más agradable y emocionante, pero no es suficiente. Esto debido a que nuestros paradigmas y expectativas, así como la manera civilizadamente errónea de procesar la información altera la conexión del emisor y el dador.

Cuando la mente irracional interviene, con sus miedos, inseguridades y prevenciones, la coexistencia deja de ser pacífica para convertirse en una guerra campal. Proyectamos lo que no somos capaces de resolver y las dudas nos carcomen el alma. Nos atrincheramos y sacamos a relucir lo peor que tenemos.

Una comunicación sana, apacible y cariñosa necesita de escucha activa (tratar de entender correctamente lo que me están diciendo), atenci