Orgullo Barriero | |
Entrevista al Barrio Los barrieros. Así llaman a los seguidores de El Barrio. Él les ha escrito una canción, Orgullo, con la que cierra sus conciertos. “Es un orgullo el tener tantos amigos que se enfundan un sombrero como yo... Cuando estoy cantando, veo sus caras... Sólo abrir los brazos noto que estoy entrando dentro de ellos. Me encanta."
![]() En la música de nuestro país se siguen produciendo de vez en cuando auténticos fenómenos paranormales. El Barrio es uno de ellos. A sus 37 años, este cantautor gaditano del barrio de Santa María arrasa con cada nuevo disco que lanza desde una compañía independiente sevillana. Sin gran apoyo mediático, sin sonar en las principales emisoras del país ni aparecer en programas televisivos, El Barrio ve como un público fiel le sigue después de once años de carrera y las entradas para sus conciertos se agotan. Es lo que ocurre ahora en la larga gira por España en la que presenta su octavo álbum, La voz de mi silencio. En algunas ciudades, el cartel de completo se colgó meses antes del concierto, lo que le ha obligado a duplicar sus actuaciones, por ejemplo, en Salamanca, Badalona y Madrid.
Sus seguidores lo idolatran con una fe casi religiosa. Para otros no es más que un cantante de “flamenquito” que se oculta tras un enigmático sombrero negro. Un accesorio importante para él: “El sombrero es mi interruptor: el paso de José Luis Figuereo Franco a El Barrio. Soy una persona tímida que se engrandece en el escenario a partir de la tercera canción: en las dos primeras estoy siempre acojonado, cante ante cien personas o ante treinta mil”. Su actual espectáculo es un impresionante despliegue de luces, pantallas, vídeos y sonido, con un montaje de calidad internacional. Musicalmente, él se considera un heredero del rock sinfónico andaluz. En su último disco, no ha tenido reparos en componer una versión casi heavy del Llorando por Granada, de Los Puntos. Con este nuevo trabajo ha vuelto a ser número uno de ventas. “El título, La voz de mi silencio, hace referencia a lo que piensas y no puedes, o no quieres, decir. El silencio es el don más preciado, el don de la armonía. Es lo único que no tiene la Tierra ni se puede comprar con nada. Vete al monte más elevado y más solitario del mundo, que el viento se encargará de que no haya silencio. Hablan de que hay un silencio eterno, pero eso sólo ocurre cuando uno se va.” ![]() El primer single de este octavo álbum se llama Buena, bonita y barata, y en su videoclip El Barrio es tentado por un diablo disfrazado de distintos personajes, obispo incluido, que intentan comprar su alma. “Todos quisiéramos en algún momento vender el alma, pero sólo por amor y cuando estás muy, muy enamorado. Hay una frase muy bonita en esta canción que dice: ‘Antes de ser anonimato de las curvas que tiene tu cuerpo, yo vendo mi alma’. En el vídeo, el diablo te va tentando y te ofrece un contrato para que le vendas su alma. Yo le digo que no, y le rompo el papel, pero al final llega la que tiene que llegar y firmo.” La letra de Buena, bonita y barata no es autobiográfica, explica el cantautor. “Yo mi alma no la vendería porque soy muy religioso y sé a quién pertenece la mía. No creo en los capillitas, no creo en los curas, no creo en el Papa”, afirma contundente. Añade que ha leído la Biblia y muchos libros sobre religión y los ha adaptado a su forma de vida. “A mí que no venga a explicarme nada alguien que viste de blanco, que vive en el Vaticano y que dice ser Dios en la Tierra –continúa–. Para poder ver a esa persona desde la cuarta fila, te cobra dos mil pesetas, y si te pones en la tercera, te cobra tres mil. Ahora tienes que pagar la silla, cuando la palabra de Dios nunca costó dinero. Hay demasiadas contradicciones, y se ha matado en nombre de la cruz cuatro mil veces. La religión se ha utilizado para muchas cosas, pero yo sólo la utilizo para mí. Si no me respetan, que no me respeten, porque yo no les respeto a ellos.” Para quienes le consideran el Fito Cabrales del sur, su autenticidad está fuera de dudas. “Estoy orgulloso de no haberme prostituido: he estado bien llevado. No quiero ser popular, quiero salir en mis dos o tres medios y mantenerme alejado. ¿Tú sabes lo que debe de ser no poder ir al mercado sin que te den la murga? Eso no me gusta. Me gusta estar en el anonimato y presentarme en público sólo cuando trabajo. Veo a esos personajes asediados por cámaras todo el día y yo no lo aguantaría.” El Barrio llegó a Madrid muy joven para trabajar en los tablaos de la capital. Allí tocó para grandes bailaores como Antonio Canales o Sara Baras y les acompañó por todo el mundo en sus espectáculos. “Tenía 16 o 17 años y lo pasé muy bien porque conocí a muchos compañeros que hoy son grandes figuras. Conocí la última parte de la xenofobia del flamenco, la que te hacía estar tocando toda la noche para un señorito que luego te metía mil duros en el bolsillo. Yo era muy chico, veía lo que era la noche, lo bueno, lo malo... La droga, la delincuencia y la prostitución. En ti está el hacerlo o no hacerlo. Yo no lo hice. Pero estas cosas te curten en la vida, porque si no eres un artista plastificado. No tienes nada que contar si no has visto en la calle la realidad de la vida. Yo me he formado en la calle, siempre he sido un niño de barrio. Y todo eso te sirve para expresarte y que se identifiquen contigo otras almas cuando te escuchen.” ![]() En sus nuevos conciertos hay un momento en que se disfraza de La Muerte. “Es cuando interpreto la canción El gran circo de la vida presenta su espectáculo: ahora que vamos despacio vamos a contar verdades. Imagínate, con ese título tan largo, cómo es la cosa. Me gusta tratar temas sociales distintos al amor o el desamor. Este tema habla de la muerte, que viene a llevarse a la música porque está ya destruida por la crisis que sufre. La muerte le dice cosas maravillosas como que no tema, que la llevará a un sitio donde la respetan, aunque al sitio donde va hay cosas que poco a poco van muriendo: ‘La ilusión del 6 de enero, el ratoncito Pérez, o miles de almas de mujeres maltratadas que por el alcohol o por los celos cayeron ante la mano del hombre que ahora se ahoga en el valor de un pordiosero’.” El Barrio es una persona muy apegada a sus raíces, un enamorado del mar que prefiere mil veces un paseo con su barco que el frenético ritmo diario de las estrellas musicales. Se libró de la mili por asmático y ahora se enfrenta cada noche a largos conciertos en recintos cerrados llenos de humo donde sus seguidores no paran de fumar –y no sólo cigarrillos– sin cumplir la ley Antitabaco. Además, se declara insomne permanente: “Hay algo en mí que no me deja dormir bien. Si me despierto y estoy en casa, me pongo un chándal y me voy a andar. Así, cuando vengo, estoy más cansado y al amanecer me quedo dormido. Siempre me preocupan cosas, soy muy inquieto. Hay mucha gente que me dice que yo genero estrés, pero, dentro de mi estrés, sé vivir. Lo cierto es que tengo una insatisfacción permanente, y eso es peligrosísimo”. – ¿Cuántas veces ha pensado que sería más feliz si se hubiera quedado trabajando en los astilleros como su padre? – Lo pienso solamente por una cosa: porque dormiría y comería siempre en mi casa. Pero yo llevaba algo dentro que necesitaba expresar desde chico. Y eso no me lo daban los astilleros: eso me lo da la música. Fuente: Magazine
Texto: Montserrat Velando
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